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“Somos perfectibles, no perfectos”
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Por Redacción

“Somos perfectibles, no perfectos”



Mano a mano con la referente de la ‘biodanza’, el sistema que ayuda a desarrollar potenciales, Haydée Fraidenrai, asegura que “somos perfectibles, no perfectos”. La mujer cumplió 20 años de capacitación de la mano del creador de la disciplina y 14 años formando profesores en Mendoza, Chile y Europa.


De aprendiz a formadora

Haydée se autodefine como “mendocina de pura cepa” aunque vivió cerca de 10 años en Buenos Aires, es psicóloga de profesión, madre de dos jóvenes, abuela y artista por elección. “Siempre quise ser música, pero mi madre que fue una psicóloga reconocida en la provincia, consideraba que eso era un hobby”, quizás por eso se recibió de psicóloga, pero nunca jamás se apartó de la música, desde muy pequeña con su guitarra y de adolescente e incluso adulta integrando una banda de rock. En su casa se huele arte, suena jazz y cada uno de los muebles tienen una historia para contar, la de una mujer que se animó a romper con sus propios miedos y sus estructuras.


Biodanza

Según la web oficial de la Fundación Internacional Biocéntrica Biodanza es un sistema de integración humana, renovación orgánica, reeducación afectiva y reaprendizaje de las funciones originarias de vida. Su metodología consiste en inducir vivencias integradoras por medio de la música, del canto, del movimiento y de situaciones de encuentro en grupo.

“La biodanza es danzar nuestra emoción plena de sentido: poder ser coherente entre lo que siento, lo que pienso y lo que hago lo que expreso. Somos perfectibles, no perfectos, por eso el camino del conocimiento de uno mismo no termina nunca”, asegura la mujer y a partir de allí recordó su historia de las últimas dos décadas.

“El sistema biodanza aparece en mi vida en el año 94, habían venido unas personas de Chile que me invitaron a una sesión. Me gustó y nada más. Hoy sé que no era biodanza, al mes siguiente me llamó una colega psicóloga que era mi amiga del secundario y me dijo que otra colega estaba buscando gente para hacer un taller, eso fue un fin de semana completo y lo venía a dar quien hoy es el presidente de la Fundación Biocéntrica Internacional de Biodanza y, a la media hora de estar ahí, dije ‘yo quiero hacer esto. ¿Cómo se hace esto?’”.

Ahí empezó a capacitarse una vez por mes, con quien dejó Rolando Toro, (creador del sistema de biodanza) a cargo del movimiento a nivel mundial. Al año siguiente se abrió la formación en Buenos Aires. “Así que allá fui, viajé durante 3 años una vez por mes, incluso con mis hijos chiquitos y así logré ser la primera profesora de biodanza en Mendoza”, relató Haydée.


Preguntas impostergables

Cuando Haydée habla de Rolando, hace alusión a su maestro Rolando Toro, psicólogo y antropólogo, creador del movimiento, y a quien se lo nominó con uno de los postulantes al Nobel de la Paz y que desarrolló sus estudios en su Chile natal, hasta que la dictadura lo obligó a refugiarse en nuestro país de donde también tuvo que irse por la misma razón y que continuó en Brasil tiempo después. Primero fue la psicodanza, para llegar luego a lo que conocemos como biodanza. “Rolando era brillante, tomó una parte de cada una de las ciencias del hombre y, a través de sus investigaciones y luego de muchos estudios, llegó la conclusión de que hay tres preguntas existenciales: ¿con quién quiero vivir?, ¿dónde quiero vivir? y ¿cómo o haciendo qué quiero vivir? . Todas esas preguntas y algunas más se hizo Haydée en un momento de su vida y entre muchas otras cosas volvió a vivir en Mendoza, a dedicarse de lleno a la biodanza, lo que significó empezar de cero y reaprender muchas otras cosas también.


Líneas vivenciales

“Biodanza funciona como si vos te fueras sacando cáscaras, como una cebolla, tenemos un psiquismo que tiene un inconsciente maravilloso, que guarda toda la información. Buscamos ser felices siendo amados, teniendo a alguien que nos nutra, haciendo lo que nos gusta, etcétera. Toro después de muchas investigaciones llegó a la conclusión de que los seres humanos nos manifestamos, movemos y mostramos a través de cinco formas diferentes que llamamos ‘líneas de vivencia’ y que son: la afectividad, la vitalidad, la creatividad, la sexualidad y la trascendencia”, explicó la representante de este sistema en la provincia.

“En el transcurso de su vida, las personas desarrollan estas cinco funciones fundamentales. Muchas, sin embargo, refuerzan algunas de ellas a expensas de las otras y, rara vez, expresan la totalidad de sus potencialidades, debido a los obstáculos encontrados en la expresión originaria de los mismos”. La biodanza trabaja estimulando las funciones poco desarrolladas para poder integrarlas en toda su plenitud y armonizarlas con las otras”, agregó.


www.biodanza.org

Haydée hizo un repaso de situaciones domésticas que vivimos desde que nacemos, esas que nos definen pero también nos llenan de miedo. El amor o desamor con el que una mamá atienda a su bebé recién nacido, la cantidad de negativas para hacer tal o cual cosa que encontramos desde nuestros primeros pasos, el maltrato de un docente que nos dice lisa y llanamente que no servimos para esa actividad, la obligación de cumplir con ciertos mandatos para así “encajar” en el sistema; todo, absolutamente todo, nos define pero también nos trunca potencialidades que están en nuestro ADN. “Somos adultos y tenemos que tomar decisiones importantes en la vida y no sabemos cómo hacerlo porque creemos que no tenemos las herramientas. Una de esas herramientas es la creatividad que muchas veces se ve disminuida por tener que cumplir con ciertos mandatos sociales”, detalló Haydée.

“Si no tenemos una buena creatividad nuestra sexualidad no es buena, tu vitalidad está fuera de combate porque no se te ocurre qué hacer para estar mejor, como por ejemplo, descansar, la vitalidad no es hacer muchas cosas, eso se llama estrés, tu trascendencia es poder darnos cuenta como seres humanos que somos parte de algo más, no es trascender desde las religiones, sino salir de mi ombligo, abrirme a la posibilidad de que haya otro primero, comunidad, especie, un sistema y un sistema más grande, trascender es sentir que soy algo más que esto singular que me creo”, expresó la profesora.

En el movimiento biocéntrico todo gira en torno a la vida, quizás sea por eso que la disciplina se fue abriendo camino, presentando su propia investigación con casos clínicos concretos, lo que no sólo le significó ser reconocida a nivel mundial, sino también que muchos profesionales de la psicología y la medicina la receten a sus pacientes: “Hay tantas causas como individuos, pero en definitiva, todos vamos hacia el mismo lugar porque necesitamos hacer algo con nosotros porque no estamos felices. La biodanza es un acelerador de procesos, mejora la calidad de vida porque se plantea la coherencia entre lo que pienso, lo que siento y lo que hago y eso repercute en nuestro cuerpo”, puntualizó la mujer y concluyó: “Algún día llegará el momento en el que la humanidad se abrace y de la vuelta al mundo, ese era el sueño de Rolando, un sueño de paz”./ Rebeca Rodriguez


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“Somos perfectibles, no perfectos”

Mano a mano con la referente de la ‘biodanza’, el sistema que ayuda a desarrollar potenciales, Haydée Fraidenrai, asegura que “somos perfectibles, no perfectos”. La mujer cumplió 20 años de capacitación de la mano del creador de la disciplina y 14 años formando profesores en Mendoza, Chile y Europa.

De aprendiz a formadora
Haydée se autodefine como “mendocina de pura cepa” aunque vivió cerca de 10 años en Buenos Aires, es psicóloga de profesión, madre de dos jóvenes, abuela y artista por elección. “Siempre quise ser música, pero mi madre que fue una psicóloga reconocida en la provincia, consideraba que eso era un hobby”, quizás por eso se recibió de psicóloga, pero nunca jamás se apartó de la música, desde muy pequeña con su guitarra y de adolescente e incluso adulta integrando una banda de rock. En su casa se huele arte, suena jazz y cada uno de los muebles tienen una historia para contar, la de una mujer que se animó a romper con sus propios miedos y sus estructuras.

Biodanza
Según la web oficial de la Fundación Internacional Biocéntrica Biodanza es un sistema de integración humana, renovación orgánica, reeducación afectiva y reaprendizaje de las funciones originarias de vida. Su metodología consiste en inducir vivencias integradoras por medio de la música, del canto, del movimiento y de situaciones de encuentro en grupo.
“La biodanza es danzar nuestra emoción plena de sentido: poder ser coherente entre lo que siento, lo que pienso y lo que hago lo que expreso. Somos perfectibles, no perfectos, por eso el camino del conocimiento de uno mismo no termina nunca”, asegura la mujer y a partir de allí recordó su historia de las últimas dos décadas.
“El sistema biodanza aparece en mi vida en el año 94, habían venido unas personas de Chile que me invitaron a una sesión. Me gustó y nada más. Hoy sé que no era biodanza, al mes siguiente me llamó una colega psicóloga que era mi amiga del secundario y me dijo que otra colega estaba buscando gente para hacer un taller, eso fue un fin de semana completo y lo venía a dar quien hoy es el presidente de la Fundación Biocéntrica Internacional de Biodanza y, a la media hora de estar ahí, dije ‘yo quiero hacer esto. ¿Cómo se hace esto?’”.
Ahí empezó a capacitarse una vez por mes, con quien dejó Rolando Toro, (creador del sistema de biodanza) a cargo del movimiento a nivel mundial. Al año siguiente se abrió la formación en Buenos Aires. “Así que allá fui, viajé durante 3 años una vez por mes, incluso con mis hijos chiquitos y así logré ser la primera profesora de biodanza en Mendoza”, relató Haydée.

Preguntas impostergables
Cuando Haydée habla de Rolando, hace alusión a su maestro Rolando Toro, psicólogo y antropólogo, creador del movimiento, y a quien se lo nominó con uno de los postulantes al Nobel de la Paz y que desarrolló sus estudios en su Chile natal, hasta que la dictadura lo obligó a refugiarse en nuestro país de donde también tuvo que irse por la misma razón y que continuó en Brasil tiempo después. Primero fue la psicodanza, para llegar luego a lo que conocemos como biodanza. “Rolando era brillante, tomó una parte de cada una de las ciencias del hombre y, a través de sus investigaciones y luego de muchos estudios, llegó la conclusión de que hay tres preguntas existenciales: ¿con quién quiero vivir?, ¿dónde quiero vivir? y ¿cómo o haciendo qué quiero vivir? . Todas esas preguntas y algunas más se hizo Haydée en un momento de su vida y entre muchas otras cosas volvió a vivir en Mendoza, a dedicarse de lleno a la biodanza, lo que significó empezar de cero y reaprender muchas otras cosas también.

Líneas vivenciales
“Biodanza funciona como si vos te fueras sacando cáscaras, como una cebolla, tenemos un psiquismo que tiene un inconsciente maravilloso, que guarda toda la información. Buscamos ser felices siendo amados, teniendo a alguien que nos nutra, haciendo lo que nos gusta, etcétera. Toro después de muchas investigaciones llegó a la conclusión de que los seres humanos nos manifestamos, movemos y mostramos a través de cinco formas diferentes que llamamos ‘líneas de vivencia’ y que son: la afectividad, la vitalidad, la creatividad, la sexualidad y la trascendencia”, explicó la representante de este sistema en la provincia.
“En el transcurso de su vida, las personas desarrollan estas cinco funciones fundamentales. Muchas, sin embargo, refuerzan algunas de ellas a expensas de las otras y, rara vez, expresan la totalidad de sus potencialidades, debido a los obstáculos encontrados en la expresión originaria de los mismos”. La biodanza trabaja estimulando las funciones poco desarrolladas para poder integrarlas en toda su plenitud y armonizarlas con las otras”, agregó.

www.biodanza.org
Haydée hizo un repaso de situaciones domésticas que vivimos desde que nacemos, esas que nos definen pero también nos llenan de miedo. El amor o desamor con el que una mamá atienda a su bebé recién nacido, la cantidad de negativas para hacer tal o cual cosa que encontramos desde nuestros primeros pasos, el maltrato de un docente que nos dice lisa y llanamente que no servimos para esa actividad, la obligación de cumplir con ciertos mandatos para así “encajar” en el sistema; todo, absolutamente todo, nos define pero también nos trunca potencialidades que están en nuestro ADN. “Somos adultos y tenemos que tomar decisiones importantes en la vida y no sabemos cómo hacerlo porque creemos que no tenemos las herramientas. Una de esas herramientas es la creatividad que muchas veces se ve disminuida por tener que cumplir con ciertos mandatos sociales”, detalló Haydée.
“Si no tenemos una buena creatividad nuestra sexualidad no es buena, tu vitalidad está fuera de combate porque no se te ocurre qué hacer para estar mejor, como por ejemplo, descansar, la vitalidad no es hacer muchas cosas, eso se llama estrés, tu trascendencia es poder darnos cuenta como seres humanos que somos parte de algo más, no es trascender desde las religiones, sino salir de mi ombligo, abrirme a la posibilidad de que haya otro primero, comunidad, especie, un sistema y un sistema más grande, trascender es sentir que soy algo más que esto singular que me creo”, expresó la profesora.
En el movimiento biocéntrico todo gira en torno a la vida, quizás sea por eso que la disciplina se fue abriendo camino, presentando su propia investigación con casos clínicos concretos, lo que no sólo le significó ser reconocida a nivel mundial, sino también que muchos profesionales de la psicología y la medicina la receten a sus pacientes: “Hay tantas causas como individuos, pero en definitiva, todos vamos hacia el mismo lugar porque necesitamos hacer algo con nosotros porque no estamos felices. La biodanza es un acelerador de procesos, mejora la calidad de vida porque se plantea la coherencia entre lo que pienso, lo que siento y lo que hago y eso repercute en nuestro cuerpo”, puntualizó la mujer y concluyó: “Algún día llegará el momento en el que la humanidad se abrace y de la vuelta al mundo, ese era el sueño de Rolando, un sueño de paz”./ Rebeca Rodriguez

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