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Sólo una de cada diez familias podría ahorrar
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Por Redacción

Sólo una de cada diez familias podría ahorrar



La vieja y conocida frase popular “el ahorro es la base de la fortuna” parece haber quedado desterrada para el bolsillo de los argentinos. Y no es por falta de convicción, sino porque hoy consideran que no tienen la posibilidad. Sólo uno de cada 10 hogares declaró capacidad de ahorro, según datos del informe anual del Barómetro de la Deuda Social, que publicó la Universidad Católica Argentina (UCA).


“Tras un fortalecimiento en 2011, la capacidad de ahorro se redujo durante el período 2011-2014, con un descenso abrupto en el último año”, señaló el estudio, que también publicó que tres de cada 10 argentinos son pobres. Desde la perspectiva subjetiva de las familias, la autopercepción de ingresos suficientes es entre 5 y 7 veces mayor en los niveles socioeconómicos bajos.


“Los sectores que evidenciaron un mayor empeoramiento de su situación fueron los más desfavorecidos de la sociedad en términos económicos, ocupacionales y residenciales, especialmente los de hogares ubicados en villas y asentamientos precarios”, continuó el informe, sobre un relevamiento de 5.700 hogares en 25 aglomerados urbanos del país.


Bajo el precepto de guardar el dinero que sobra a fin de mes, el ahorro suele ser protagonista en los hogares una vez que se efectúan todos los gastos del período. Pero en un contexto de alta inflación y caída del poder adquisitivo, la mayoría de los argentinos dejan de lado el ahorro tradicional -como el que se destina para comprar una casa- y se vuelcan al consumo.


¿Qué pasa con las cuotas?


“El consumidor retomó la compra en cuotas y así siente que está ahorrando”, aseguró Patricia Sosa, directora de negocios de CCR, a cargo del informe “Pulso Social 2015” que publica anualmente la consultora. A través de 1.500 entrevistas, el informe concluyó que un 80% de los encuestados declaró que “no sobra nada” después de pagar los gastos del hogar y pagar tanto bienes como servicios para vivir.

Mientras que en la clase alta el 41% de los hogares declaró que puede ahorrar a fin de mes, ocho de cada 10 hogares de sectores socioeconómicos bajos declararon que no tienen capacidad de ahorro. “Y los que pueden ahorrar, dedican esos pesos sobre todo a esparcimiento”, destacó Sosa.


Como el ahorro tradicional implica “esfuerzo y privación”, la necesidad de tener liquidez para imprevistos es reemplazada por las oportunidades. Si hay promociones o descuentos en algún momento de la semana o el mes, las compras se postergan y se espera el momento indicado. El consumidor oportunista llegó para quedarse en todos los niveles económicos. Y según Sosa, “los que pueden, retomaron la compra en cuotas para viajar”, tanto fuera como dentro del país.


El estudio de CCR también arrojó que dos tercios de los encuestados consideró que su capacidad de compra es “mucho o bastante peor” que en 2014, mientras que siete de cada 10 estimó que su poder adquisitivo se deterioró en el último año.


Para los consumidores entre 18 y 65 años, la incertidumbre por el año electoral también influye en cómo gastan su dinero: buscan satisfacción en el corto plazo, y por eso recurren a las cuotas sin interés. “Hasta 12 pagos se considera un beneficio, pero más cuotas ya resulta una preocupación”, dijo Sosa. Y explicó: “No quieren pagar tantas cuotas sin saber quién ocupará el próximo Gobierno”./ Fuente: Infobae.com


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La vieja y conocida frase popular “el ahorro es la base de la fortuna” parece haber quedado desterrada para el bolsillo de los argentinos. Y no es por falta de convicción, sino porque hoy consideran que no tienen la posibilidad. Sólo uno de cada 10 hogares declaró capacidad de ahorro, según datos del informe anual del Barómetro de la Deuda Social, que publicó la Universidad Católica Argentina (UCA).

“Tras un fortalecimiento en 2011, la capacidad de ahorro se redujo durante el período 2011-2014, con un descenso abrupto en el último año”, señaló el estudio, que también publicó que tres de cada 10 argentinos son pobres. Desde la perspectiva subjetiva de las familias, la autopercepción de ingresos suficientes es entre 5 y 7 veces mayor en los niveles socioeconómicos bajos.

“Los sectores que evidenciaron un mayor empeoramiento de su situación fueron los más desfavorecidos de la sociedad en términos económicos, ocupacionales y residenciales, especialmente los de hogares ubicados en villas y asentamientos precarios”, continuó el informe, sobre un relevamiento de 5.700 hogares en 25 aglomerados urbanos del país.

Bajo el precepto de guardar el dinero que sobra a fin de mes, el ahorro suele ser protagonista en los hogares una vez que se efectúan todos los gastos del período. Pero en un contexto de alta inflación y caída del poder adquisitivo, la mayoría de los argentinos dejan de lado el ahorro tradicional -como el que se destina para comprar una casa- y se vuelcan al consumo.

¿Qué pasa con las cuotas?

“El consumidor retomó la compra en cuotas y así siente que está ahorrando”, aseguró Patricia Sosa, directora de negocios de CCR, a cargo del informe “Pulso Social 2015” que publica anualmente la consultora. A través de 1.500 entrevistas, el informe concluyó que un 80% de los encuestados declaró que “no sobra nada” después de pagar los gastos del hogar y pagar tanto bienes como servicios para vivir.
Mientras que en la clase alta el 41% de los hogares declaró que puede ahorrar a fin de mes, ocho de cada 10 hogares de sectores socioeconómicos bajos declararon que no tienen capacidad de ahorro. “Y los que pueden ahorrar, dedican esos pesos sobre todo a esparcimiento”, destacó Sosa.

Como el ahorro tradicional implica “esfuerzo y privación”, la necesidad de tener liquidez para imprevistos es reemplazada por las oportunidades. Si hay promociones o descuentos en algún momento de la semana o el mes, las compras se postergan y se espera el momento indicado. El consumidor oportunista llegó para quedarse en todos los niveles económicos. Y según Sosa, “los que pueden, retomaron la compra en cuotas para viajar”, tanto fuera como dentro del país.

El estudio de CCR también arrojó que dos tercios de los encuestados consideró que su capacidad de compra es “mucho o bastante peor” que en 2014, mientras que siete de cada 10 estimó que su poder adquisitivo se deterioró en el último año.

Para los consumidores entre 18 y 65 años, la incertidumbre por el año electoral también influye en cómo gastan su dinero: buscan satisfacción en el corto plazo, y por eso recurren a las cuotas sin interés. “Hasta 12 pagos se considera un beneficio, pero más cuotas ya resulta una preocupación”, dijo Sosa. Y explicó: “No quieren pagar tantas cuotas sin saber quién ocupará el próximo Gobierno”./ Fuente: Infobae.com

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