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SIDA: el peor diagnóstico es el tardío.
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Por Redacción

SIDA: el peor diagnóstico es el tardío.



El Área de Vigilancia Epidemiológica de la provincia da a conocer un informe que releva los principales aspectos de la epidemia del VIH/Sida en Mendoza desde el primer caso que se registra en 1984 hasta el 30 de septiembre de este año. En él se comparan los distintos periodos de la epidemia y la distribución de la población afectada para comprender su evolución histórica.


Para su elaboración se tienen en cuentas hitos fundamentales desde sus comienzos a la actualidad y se pone especial atención en los momentos en que suceden, para determinar ciertas transformaciones que se observan en el comportamiento de la epidemia.  Así, en 1982 se diagnostica el primer caso de VIH/Sida en Argentina y dos años después el primero en la provincia; en 1988 se diagnostica aquí el primer caso en una mujer y a los dos años el primer caso de diagnóstico por vía de transmisión vertical, es decir, de una mamá a su bebé. En 1991 se incorpora el análisis obligatorio de VIH de la sangre y sus derivados antes de utilizarse en trasplantes y transfusiones; ese mismo año se promulga la Ley Nacional de Sida y se crea la actual Dirección Nacional de Sida y Enfermedades de Transmisión Sexual. Luego, en 1995 comienza el uso de la triterapia antirretroviral para el tratamiento de la enfermedad y al año siguiente se implementa el tratamiento de profilaxis para la prevención de la transmisión vertical. Seis años después de que  se promulga la Ley Nacional, es decir, en 1997, Mendoza tiene la propia y crea el Programa Provincial de Sida. A su vez, en 2002, se promulga otra ley nacional que tiene como objetivo realizar a toda mujer embarazada el test de VIH.


Desde el primer caso que se registra en la provincia, en 1984, al 31 de septiembre de este año, se registran 3312 casos de infección por VIH, de los cuales alrededor del 34 % alcanzó una etapa de Sida, es decir, desarrolló la enfermedad; y poco más del 15 % falleció, ambas cosas indican que existe un aumento en la cantidad de infecciones. Sin embargo y se tiene en cuenta a las personas infectadas, hay una disminución en el porcentaje de enfermos y fallecidos; lo que podría relacionarse a un mejor acceso al diagnóstico y al tratamiento. No obstante, esta epidemia hoy tiene mayor impacto en la sociedad mendocina que en años anteriores y su tendencia va en aumento, lo que queda en evidencia si se tiene en cuenta que el 80 % del total de los casos se diagnosticaron del 2000 a la fecha, y aún más, el 36 % de los diagnósticos de esos casos se dieron en los últimos tres años.


Se estima que el incremento considerable de casos, en especial desde 2006 a 2008, coinciden con la implementación de políticas de promoción del testeo y el uso de nuevas tecnologías que aceleraron los procesos de diagnóstico. Respecto a la tasa de nuevos casos de Sida y a la de defunción, también se visualiza una tendencia creciente vinculada tanto a diagnósticos y tratamientos tardíos como a otras variadas causas, entre ellas, la adherencia al tratamiento antirretroviral.


Cabe destacar que al hablar de diagnóstico tardío se hace referencia a que la persona ya presenta síntomas cuando se le descubre el virus, o bien, los manifiesta un año después de ese diagnóstico. En este sentido y si se observa el total de la población con VIH, hoy existe mayor acceso al diagnóstico temprano; las cifras dan cuenta que del 2000 al 2004 había un 34 % de diagnósticos tardíos mientras que de 2010 a la actualidad un 20 % de los casos presentan esta característica. Se estima que esta baja en el porcentaje es producto de tener más acceso al diagnóstico; lo que a su vez implica, primero, que las instituciones de salud cuentan con más recursos para realizar testeos; y segundo, que existen factores subjetivos vinculados al conocimiento que las personas tienen de la enfermedad y a partir de allí deciden o no realizarse un test.


De lo expuesto se releva que si bien mejora el acceso al diagnóstico temprano, el tardío tiene estrecha relación con la probabilidad de desarrollar una enfermedad marcadora de Sida, por lo que es primordial acceder al test en forma rápida para prevenir la enfermedad y las defunciones. Aún en la actualidad se da un aumento sostenido de cosos de Sida a pesar de contar con tratamientos antirretrovirales  de alta eficacia y accesibilidad al testeo, ambos en forma gratuita. El problema más grande radica en que el 94 % de los diagnósticos tardíos corresponde a personas que ya tenían la enfermedad por lo que su situación de salud era delicada. Es decir, casi el total de las personas que desarrollan Sida en Mendoza, lo hace por no tener un diagnóstico temprano, esto lo hace imprescindible a la hora de evitar nuevos casos.


Cabe recordar que desde el momento de la infección hasta que se presentan síntomas menores o enfermedades marcadoras de Sida transcurren entre cuatro y ocho años, e incluso más. Una persona tiene todo ese tiempo para realizar un testeo y descubrir el virus antes de que se convierta en enfermedad, dejar de lado esta oportunidad implica un diagnóstico tardío con todas las consecuencias que ello implica. Pero además, una persona que desconoce poseer el virus, hasta ser diagnosticada, puede transmitirlo a otras. En síntesis, desconocer que se posee la infección puede ser letal tanto para el que la posee como para sus vínculos, tener conductas de autocuidado es fundamental pero también lo es conocer la situación de salud mediante la realización del test correspondiente.


Respecto a los casos según el género, de los 3312 casos registrados en Mendoza hasta el momento, 2447 son masculinos y 865 son femeninos. Poco más del 94 % de ellos se diagnosticó entre los 15 y 59 años, sin embargo, tanto esta franja etaria como la que va de los 60 años en adelante, presenta aumentos constantes. En contraposición, cada vez hay menos casos en menores de 14 años. Aunque continúa en crecimiento la participación de la mujer en la epidemia, éste es cada vez menos intenso y en cifras redondas, existe un diagnóstico femenino por cada 3 masculinos. Por otra parte, las edades centrales entre 20 y 40 años comprenden el 68.48 % de los casos. La edad promedio de diagnóstico para ambos sexos es de 34 años, no obstante, se observa un aumento distintivo en la población femenina mayor de 40 años y aunque el comportamiento masculino es similar, no es tan notorio. A su vez, desciende la participación de las personas entre 20 y 30 años. Hay que resaltar así, que no sólo aumenta la edad al momento del diagnóstico sino también la edad al momento de la enfermedad, es especial en el caso de las mujeres.


Otro aspecto importante a tener en cuenta es que el 96 % de la población vivía en Mendoza al momento del diagnóstico y que las personas que vienen de otros lugares bajan su participación en la epidemia. De este porcentaje de mendocinos diagnosticados el 80 % residía en el Gran Mendoza, el mayor número de ellos en Ciudad, Guaymallén y Las Heras. Luego, el 8.6 % de los casos corresponden al Este (San Martín, Rivadavia y Junín). Esta región y la del Valle de Uco aumentan en forma constante su participación mientras que el Gran Mendoza tiende a disminuirla en forma paulatina, al igual que el Sur y el Noreste.


El informe otorgado por el Área de Epidemiología incluye además la variante que refiere a la escolaridad. El relevamiento muestra que la población más afectada por el VIH/Sida es la que finalizó sus estudios secundarios (44.14 %), a la vez se evidencia un crecimiento en la participación de los niveles terciarios y universitarios completos; y un descenso en quienes terminaron la primaria. Es decir, se destaca un aumento sostenido en la participación de la epidemia de la población con altos estudios.


En todo aspecto, para que la epidemia frene su desarrollo es preciso tener en cuenta las vías de transmisión y actuar en consecuencia, ya que su desarrollo lo determinan las personas con prácticas sexuales desprotegidas. Este sector de la población aumenta en forma sostenida mientras que disminuye la participación de los usuarios de drogas intravenosas, la transmisión vertical y los receptores de sangre o hemoderivados. Esto encuentra sus motivos en que hoy las principales sustancias ilegales adictivas en Argentina  se consumen por ingesta oral o nasal; en los actuales protocolos de profilaxis y obligatoriedad del testeo en mujeres embarazadas; y en el examen obligatorio de VIH en sangre a trasfundir y de sus derivados. En este sentido cabe destacar, que no existen nuevos casos derivados de transmisión vertical (mamá a bebé) ni de transfundidos. Por otro lado, si bien se implementan medidas para evitar las prácticas sexuales desprotegidas, como el acceso gratuito al preservativo y su correcto uso, éstas no pueden regularse por ley en tanto pertenecen al ámbito privado de las personas. En síntesis, es decisión individual protegerse o no al momento de una práctica sexual, tal vez saber que el 97.30 % de los casos de VIH/Sida son consecuencia de no tomar este fundamental recaudo, ayude a tomar conciencia.


En este sentido, también se abordan las prácticas sexuales según la identidad de género, lo que posibilita incluir en el estudio a mujeres travestis y/o transexuales. Así mismo, esta mirada permite incorporar de manera diferenciada a varones que tienen prácticas con mujeres travestis y/o transexuales; y a lesbianas. Según estos aspectos, existen tres sectores relevantes que aportan a la epidemia del VIH: prácticas heterosexuales, 56.28 % de los casos, prácticas entre varones, 30.69 % y  prácticas de varones bisexuales, 12.51 %. Existen otras tres categorías pero ellas están por debajo del 1 % de la población total diagnosticada, son las que corresponden a prácticas entre varones y travestis/transexuales; varones con varones, mujeres, travestis y transexuales; y mujeres con mujeres y varones. En otras palabras, la población con prácticas heterosexuales tiene una participación en aumento constante en la epidemia, al igual que lo tienen las prácticas entre varones.


En síntesis, son muchas las variables a tener en cuanta si se quiere conocer la situación y el desarrollo del VIH/Sida en la población de Mendoza, no queda fuera de ello la necesidad de entender que hasta las vías de transmisión se relacionan con los diagnósticos tardíos que hay que erradicar. Tal es así, que los varones heterosexuales tienen menor accesibilidad al diagnóstico porque, a su vez, tienen menor conciencia de las situaciones de vulnerabilidad; los varones que tienen sexo con varones presentan el menor porcentaje de diagnósticos tardíos. Además, las mujeres trans tienen poco acceso al diagnóstico temprano; los varones bisexuales mejoran cada vez más su acceso; las mujeres heterosexuales son las que más diagnósticos temprano logran por su contacto periódico con el sistema de salud y las mujeres bisexuales no poseen diagnósticos tardíos.


Para culminar, vale destacar que el VIH no es exclusivo de ciertas personas con ciertas prácticas sexuales, sino que cualquier persona, de cualquier edad, que mantenga una práctica sexual desprotegida es vulnerable, puede estar expuesta a la infección. Si bien existen medidas de regulación sobre algunas acciones que pretenden evitar el desarrollo de la epidemia, la medida más efectiva reviste carácter personal y privado. La práctica sexual cuidada y consciente es la barrera más eficaz para limitarla, ya que esa es la vía de transmisión más frecuente y continua. Esto es primordial para evitar contraer VIH/Sida, como lo es el diagnóstico temprano para poder controlarlo y acceder a un tratamiento que permita conservar la calidad de vida. Toda persona que tuvo una relación sexual sin preservativo se encuentra, en lo potencial, expuesta a la posibilidad de tener el virus y/o desarrollar la enfermedad, por ende, cada una de estas personas debería realizarse un test que la descarte o le permita acceder a su tratamiento. Los miedos, los estigmas y la discriminación frenan la oportunidad de conocer la propia situación de salud, ninguno de estas cosas salva a la hora de un diagnóstico tardío. Atreverse implica salvar la vida.



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SIDA: el peor diagnóstico es el tardío.

El Área de Vigilancia Epidemiológica de la provincia da a conocer un informe que releva los principales aspectos de la epidemia del VIH/Sida en Mendoza desde el primer caso que se registra en 1984 hasta el 30 de septiembre de este año. En él se comparan los distintos periodos de la epidemia y la distribución de la población afectada para comprender su evolución histórica.

Para su elaboración se tienen en cuentas hitos fundamentales desde sus comienzos a la actualidad y se pone especial atención en los momentos en que suceden, para determinar ciertas transformaciones que se observan en el comportamiento de la epidemia.  Así, en 1982 se diagnostica el primer caso de VIH/Sida en Argentina y dos años después el primero en la provincia; en 1988 se diagnostica aquí el primer caso en una mujer y a los dos años el primer caso de diagnóstico por vía de transmisión vertical, es decir, de una mamá a su bebé. En 1991 se incorpora el análisis obligatorio de VIH de la sangre y sus derivados antes de utilizarse en trasplantes y transfusiones; ese mismo año se promulga la Ley Nacional de Sida y se crea la actual Dirección Nacional de Sida y Enfermedades de Transmisión Sexual. Luego, en 1995 comienza el uso de la triterapia antirretroviral para el tratamiento de la enfermedad y al año siguiente se implementa el tratamiento de profilaxis para la prevención de la transmisión vertical. Seis años después de que  se promulga la Ley Nacional, es decir, en 1997, Mendoza tiene la propia y crea el Programa Provincial de Sida. A su vez, en 2002, se promulga otra ley nacional que tiene como objetivo realizar a toda mujer embarazada el test de VIH.

Desde el primer caso que se registra en la provincia, en 1984, al 31 de septiembre de este año, se registran 3312 casos de infección por VIH, de los cuales alrededor del 34 % alcanzó una etapa de Sida, es decir, desarrolló la enfermedad; y poco más del 15 % falleció, ambas cosas indican que existe un aumento en la cantidad de infecciones. Sin embargo y se tiene en cuenta a las personas infectadas, hay una disminución en el porcentaje de enfermos y fallecidos; lo que podría relacionarse a un mejor acceso al diagnóstico y al tratamiento. No obstante, esta epidemia hoy tiene mayor impacto en la sociedad mendocina que en años anteriores y su tendencia va en aumento, lo que queda en evidencia si se tiene en cuenta que el 80 % del total de los casos se diagnosticaron del 2000 a la fecha, y aún más, el 36 % de los diagnósticos de esos casos se dieron en los últimos tres años.

Se estima que el incremento considerable de casos, en especial desde 2006 a 2008, coinciden con la implementación de políticas de promoción del testeo y el uso de nuevas tecnologías que aceleraron los procesos de diagnóstico. Respecto a la tasa de nuevos casos de Sida y a la de defunción, también se visualiza una tendencia creciente vinculada tanto a diagnósticos y tratamientos tardíos como a otras variadas causas, entre ellas, la adherencia al tratamiento antirretroviral.

Cabe destacar que al hablar de diagnóstico tardío se hace referencia a que la persona ya presenta síntomas cuando se le descubre el virus, o bien, los manifiesta un año después de ese diagnóstico. En este sentido y si se observa el total de la población con VIH, hoy existe mayor acceso al diagnóstico temprano; las cifras dan cuenta que del 2000 al 2004 había un 34 % de diagnósticos tardíos mientras que de 2010 a la actualidad un 20 % de los casos presentan esta característica. Se estima que esta baja en el porcentaje es producto de tener más acceso al diagnóstico; lo que a su vez implica, primero, que las instituciones de salud cuentan con más recursos para realizar testeos; y segundo, que existen factores subjetivos vinculados al conocimiento que las personas tienen de la enfermedad y a partir de allí deciden o no realizarse un test.

De lo expuesto se releva que si bien mejora el acceso al diagnóstico temprano, el tardío tiene estrecha relación con la probabilidad de desarrollar una enfermedad marcadora de Sida, por lo que es primordial acceder al test en forma rápida para prevenir la enfermedad y las defunciones. Aún en la actualidad se da un aumento sostenido de cosos de Sida a pesar de contar con tratamientos antirretrovirales  de alta eficacia y accesibilidad al testeo, ambos en forma gratuita. El problema más grande radica en que el 94 % de los diagnósticos tardíos corresponde a personas que ya tenían la enfermedad por lo que su situación de salud era delicada. Es decir, casi el total de las personas que desarrollan Sida en Mendoza, lo hace por no tener un diagnóstico temprano, esto lo hace imprescindible a la hora de evitar nuevos casos.

Cabe recordar que desde el momento de la infección hasta que se presentan síntomas menores o enfermedades marcadoras de Sida transcurren entre cuatro y ocho años, e incluso más. Una persona tiene todo ese tiempo para realizar un testeo y descubrir el virus antes de que se convierta en enfermedad, dejar de lado esta oportunidad implica un diagnóstico tardío con todas las consecuencias que ello implica. Pero además, una persona que desconoce poseer el virus, hasta ser diagnosticada, puede transmitirlo a otras. En síntesis, desconocer que se posee la infección puede ser letal tanto para el que la posee como para sus vínculos, tener conductas de autocuidado es fundamental pero también lo es conocer la situación de salud mediante la realización del test correspondiente.

Respecto a los casos según el género, de los 3312 casos registrados en Mendoza hasta el momento, 2447 son masculinos y 865 son femeninos. Poco más del 94 % de ellos se diagnosticó entre los 15 y 59 años, sin embargo, tanto esta franja etaria como la que va de los 60 años en adelante, presenta aumentos constantes. En contraposición, cada vez hay menos casos en menores de 14 años. Aunque continúa en crecimiento la participación de la mujer en la epidemia, éste es cada vez menos intenso y en cifras redondas, existe un diagnóstico femenino por cada 3 masculinos. Por otra parte, las edades centrales entre 20 y 40 años comprenden el 68.48 % de los casos. La edad promedio de diagnóstico para ambos sexos es de 34 años, no obstante, se observa un aumento distintivo en la población femenina mayor de 40 años y aunque el comportamiento masculino es similar, no es tan notorio. A su vez, desciende la participación de las personas entre 20 y 30 años. Hay que resaltar así, que no sólo aumenta la edad al momento del diagnóstico sino también la edad al momento de la enfermedad, es especial en el caso de las mujeres.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es que el 96 % de la población vivía en Mendoza al momento del diagnóstico y que las personas que vienen de otros lugares bajan su participación en la epidemia. De este porcentaje de mendocinos diagnosticados el 80 % residía en el Gran Mendoza, el mayor número de ellos en Ciudad, Guaymallén y Las Heras. Luego, el 8.6 % de los casos corresponden al Este (San Martín, Rivadavia y Junín). Esta región y la del Valle de Uco aumentan en forma constante su participación mientras que el Gran Mendoza tiende a disminuirla en forma paulatina, al igual que el Sur y el Noreste.

El informe otorgado por el Área de Epidemiología incluye además la variante que refiere a la escolaridad. El relevamiento muestra que la población más afectada por el VIH/Sida es la que finalizó sus estudios secundarios (44.14 %), a la vez se evidencia un crecimiento en la participación de los niveles terciarios y universitarios completos; y un descenso en quienes terminaron la primaria. Es decir, se destaca un aumento sostenido en la participación de la epidemia de la población con altos estudios.

En todo aspecto, para que la epidemia frene su desarrollo es preciso tener en cuenta las vías de transmisión y actuar en consecuencia, ya que su desarrollo lo determinan las personas con prácticas sexuales desprotegidas. Este sector de la población aumenta en forma sostenida mientras que disminuye la participación de los usuarios de drogas intravenosas, la transmisión vertical y los receptores de sangre o hemoderivados. Esto encuentra sus motivos en que hoy las principales sustancias ilegales adictivas en Argentina  se consumen por ingesta oral o nasal; en los actuales protocolos de profilaxis y obligatoriedad del testeo en mujeres embarazadas; y en el examen obligatorio de VIH en sangre a trasfundir y de sus derivados. En este sentido cabe destacar, que no existen nuevos casos derivados de transmisión vertical (mamá a bebé) ni de transfundidos. Por otro lado, si bien se implementan medidas para evitar las prácticas sexuales desprotegidas, como el acceso gratuito al preservativo y su correcto uso, éstas no pueden regularse por ley en tanto pertenecen al ámbito privado de las personas. En síntesis, es decisión individual protegerse o no al momento de una práctica sexual, tal vez saber que el 97.30 % de los casos de VIH/Sida son consecuencia de no tomar este fundamental recaudo, ayude a tomar conciencia.

En este sentido, también se abordan las prácticas sexuales según la identidad de género, lo que posibilita incluir en el estudio a mujeres travestis y/o transexuales. Así mismo, esta mirada permite incorporar de manera diferenciada a varones que tienen prácticas con mujeres travestis y/o transexuales; y a lesbianas. Según estos aspectos, existen tres sectores relevantes que aportan a la epidemia del VIH: prácticas heterosexuales, 56.28 % de los casos, prácticas entre varones, 30.69 % y  prácticas de varones bisexuales, 12.51 %. Existen otras tres categorías pero ellas están por debajo del 1 % de la población total diagnosticada, son las que corresponden a prácticas entre varones y travestis/transexuales; varones con varones, mujeres, travestis y transexuales; y mujeres con mujeres y varones. En otras palabras, la población con prácticas heterosexuales tiene una participación en aumento constante en la epidemia, al igual que lo tienen las prácticas entre varones.

En síntesis, son muchas las variables a tener en cuanta si se quiere conocer la situación y el desarrollo del VIH/Sida en la población de Mendoza, no queda fuera de ello la necesidad de entender que hasta las vías de transmisión se relacionan con los diagnósticos tardíos que hay que erradicar. Tal es así, que los varones heterosexuales tienen menor accesibilidad al diagnóstico porque, a su vez, tienen menor conciencia de las situaciones de vulnerabilidad; los varones que tienen sexo con varones presentan el menor porcentaje de diagnósticos tardíos. Además, las mujeres trans tienen poco acceso al diagnóstico temprano; los varones bisexuales mejoran cada vez más su acceso; las mujeres heterosexuales son las que más diagnósticos temprano logran por su contacto periódico con el sistema de salud y las mujeres bisexuales no poseen diagnósticos tardíos.

Para culminar, vale destacar que el VIH no es exclusivo de ciertas personas con ciertas prácticas sexuales, sino que cualquier persona, de cualquier edad, que mantenga una práctica sexual desprotegida es vulnerable, puede estar expuesta a la infección. Si bien existen medidas de regulación sobre algunas acciones que pretenden evitar el desarrollo de la epidemia, la medida más efectiva reviste carácter personal y privado. La práctica sexual cuidada y consciente es la barrera más eficaz para limitarla, ya que esa es la vía de transmisión más frecuente y continua. Esto es primordial para evitar contraer VIH/Sida, como lo es el diagnóstico temprano para poder controlarlo y acceder a un tratamiento que permita conservar la calidad de vida. Toda persona que tuvo una relación sexual sin preservativo se encuentra, en lo potencial, expuesta a la posibilidad de tener el virus y/o desarrollar la enfermedad, por ende, cada una de estas personas debería realizarse un test que la descarte o le permita acceder a su tratamiento. Los miedos, los estigmas y la discriminación frenan la oportunidad de conocer la propia situación de salud, ninguno de estas cosas salva a la hora de un diagnóstico tardío. Atreverse implica salvar la vida.

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