Cargando...
Por Redacción

“Si hay ganas, se puede”



A la economía social o economía solidaria se la conoce como un sector que se encuentra a mitad de camino entre el privado y el público. Hablamos de cooperativas, empresas de trabajo asociado, organizaciones no lucrativas, asociaciones benéficas y organizaciones como El Hormiguero.


Igual que las hormigas


El Hormiguero nació hace un año y medio como un proyecto socioproductivo dentro de otra organización, y desde el mes de mayo existe como asociación, y sus miembros tramitan por estos días su conformación legal.


Es difícil entender la lógica de trabajo de esta flamante organización, por lo que para hacerlo debemos pensar justamente en un hormiguero real, con todas sus hormigas trabajando en pos del bien común. Esa metáfora no es sólo la que le da nombre a esta plataforma productiva, sino también la que define su razón de ser.


Héctor, un diseñador gráfico oriundo de Valparaíso y radicado en Mendoza desde hace 12 años, es quien nos introduce en este micromundo:


“El Hormiguero es una empresa social basada en la educación popular y en la economía social y solidaria; se entiende como una corporación que tienen diferentes áreas productivas, como por ejemplo, el catering que es un emprendimiento comunitario donde participan todos los emprendedores y se recibe la mayor parte de conocimiento”, afirma Héctor, mientras a unos metros se puede observar cómo seis emprendedores realizan tartas dulces dentro de su capacitación de repostería.


En su mayoría son mujeres y tienen entre 19 y 26 años y muchas cosas en común: una realidad difícil, derechos vulnerados o falta de oportunidades, pero sobre todo comparten las ganas de salir adelante.


“Trabajamos con una franja etaria que tiene la particularidad de no tener oficios ni aprendidos ni heredados y tampoco posee una fuerte relación con sus padres. Empezamos con la capacitación en gastronomía porque la cocina tiene varias etapas: podés empezar lavando platos, después aprender a usar cuchillos y luego estar a cargo del fuego”, resume nuestro interlocutor.


Las tres patas del proyecto


A la charla que mantenemos con Héctor se suman las voces de Fernando, Cristian y Andrés. Cada uno de ellos tiene un rol importantísimo, tanto como el de cada una de las personas que colabora con el proyecto, como el de cada hormiga en su comunidad. Fernando, por ejemplo, trabaja en el Ministerio de Desarrollo Social y colabora aportando ideas desde el área de Economía Social; Cristian es empleado desde hace muchos años del área de Niñez, también del Ministerio, y su trabajo le ha permitido aprender desde las instituciones conocimientos para aportar a la causa, mientras que Andrés se denomina “el facilitador del espacio”, algo así como la persona que junto al reconocido chef Lucas Bustos les ceden no sólo el lugar para que los jóvenes se capaciten y los utensilios para trabajar, sino que como empresarios gastronómicos se encargaron de que este grupo de chicos preparara hace muy poquito tiempo el catering para un evento de una bodega, en el que 400 personas disfrutaron de las exquisiteces que han aprendido a preparar.


Decimos las tres patas porque para que este tipo de emprendimiento (casi utópico) funcione hace falta el apoyo del Estado, a través de líneas de financiamiento para emprendedores; una organización que los nuclee, como es el caso de El Hormiguero, y que el empresariado apueste por este tipo de emprendimientos sociales como una forma de dar oportunidades.


Transmitir enseñanzas


“Todo el proceso de capacitación se hace con mucho apoyo humano brindando acompañamiento, herramientas para defenderse de la vulneración de derechos que sufren algunas personas, generando puentes para acceder a esas herramientas y para que aprendan y sientan que sí pueden hacerlo, sobre todo si trabajan solidariamente para salir adelante. Es fundamental la solidaridad y la educación en pos del trabajo”, explica Héctor.


Actualmente, El Hormiguero tiene tres proyectos funcionando: el de catering, estampado de distintos elementos –como tazas, llaveros, gorras, etcétera– y panificación, y además está en proceso uno de peluquería, principalmente, porque a través de la educación y la capacitación en El Hormiguero se busca “que cada uno cumpla su sueño, como el de Nani, una de las chicas que sueña con ser peluquera”, por lo que en la organización están proyectando no sólo su capacitación, sino que a mediano plazo sea rentable para ella.


La solidaridad es la base


Si bien lo aclaramos al principio de la nota, es válido recordar que el objetivo central de la ONG es crear vínculos solidarios entre los integrantes, capacitadores, empresarios y distintas áreas gubernamentales.


“Buscamos que sea un lugar de encuentro en una sociedad muy fracturada. Deseamos ser puentes donde nos encontremos y realmente mirar a la otra persona y reconocernos. Que además sea un momento de educación y trabajo”, resume Héctor, quien también relata que como la mayoría de los emprendedores –todos jóvenes– vive en la zona conocida como los 5.000 Lotes, de Las Heras y está gestionando el festejo del Día del Diño para los chicos del lugar en el que también están incluidos sus hijos.


El ejemplo como enseñanza


En El Hormiguero saben de la importancia de formar y apoyar emprendimientos, pero sin que los integrantes pierdan su identidad, su amor por el lugar donde nacieron y su familia. Es por eso que los hijos de estos emprendedores acompañan a sus padres durante las capacitaciones.


Los emprendedores vienen con sus niños y no hay mejor ejemplo para ellos que ver a sus padres aprendiendo, trabajando en armonía y dándose una mano. Y es la mejor enseñanza porque el trabajo, la solidaridad y la educación no la van a tener que aprender, sino que va a estar presente en cada niño”, explica Héctor convencido.


Las puertas de esta organización que trabaja desde Godoy Cruz están abiertas para jóvenes que deseen capacitarse, personas que quieran enseñar algo de lo que saben y, por supuesto, para empresas que trabajen en responsabilidad social empresaria y deseen ayudar a otros a forjarse un futuro mejor./ Rebeca Rodríguez


comentarios

Compartir en facebook
Compartir en twitter
imagen

“Si hay ganas, se puede”

A la economía social o economía solidaria se la conoce como un sector que se encuentra a mitad de camino entre el privado y el público. Hablamos de cooperativas, empresas de trabajo asociado, organizaciones no lucrativas, asociaciones benéficas y organizaciones como El Hormiguero.

Igual que las hormigas

El Hormiguero nació hace un año y medio como un proyecto socioproductivo dentro de otra organización, y desde el mes de mayo existe como asociación, y sus miembros tramitan por estos días su conformación legal.

Es difícil entender la lógica de trabajo de esta flamante organización, por lo que para hacerlo debemos pensar justamente en un hormiguero real, con todas sus hormigas trabajando en pos del bien común. Esa metáfora no es sólo la que le da nombre a esta plataforma productiva, sino también la que define su razón de ser.

Héctor, un diseñador gráfico oriundo de Valparaíso y radicado en Mendoza desde hace 12 años, es quien nos introduce en este micromundo:

“El Hormiguero es una empresa social basada en la educación popular y en la economía social y solidaria; se entiende como una corporación que tienen diferentes áreas productivas, como por ejemplo, el catering que es un emprendimiento comunitario donde participan todos los emprendedores y se recibe la mayor parte de conocimiento”, afirma Héctor, mientras a unos metros se puede observar cómo seis emprendedores realizan tartas dulces dentro de su capacitación de repostería.

En su mayoría son mujeres y tienen entre 19 y 26 años y muchas cosas en común: una realidad difícil, derechos vulnerados o falta de oportunidades, pero sobre todo comparten las ganas de salir adelante.

“Trabajamos con una franja etaria que tiene la particularidad de no tener oficios ni aprendidos ni heredados y tampoco posee una fuerte relación con sus padres. Empezamos con la capacitación en gastronomía porque la cocina tiene varias etapas: podés empezar lavando platos, después aprender a usar cuchillos y luego estar a cargo del fuego”, resume nuestro interlocutor.

Las tres patas del proyecto

A la charla que mantenemos con Héctor se suman las voces de Fernando, Cristian y Andrés. Cada uno de ellos tiene un rol importantísimo, tanto como el de cada una de las personas que colabora con el proyecto, como el de cada hormiga en su comunidad. Fernando, por ejemplo, trabaja en el Ministerio de Desarrollo Social y colabora aportando ideas desde el área de Economía Social; Cristian es empleado desde hace muchos años del área de Niñez, también del Ministerio, y su trabajo le ha permitido aprender desde las instituciones conocimientos para aportar a la causa, mientras que Andrés se denomina “el facilitador del espacio”, algo así como la persona que junto al reconocido chef Lucas Bustos les ceden no sólo el lugar para que los jóvenes se capaciten y los utensilios para trabajar, sino que como empresarios gastronómicos se encargaron de que este grupo de chicos preparara hace muy poquito tiempo el catering para un evento de una bodega, en el que 400 personas disfrutaron de las exquisiteces que han aprendido a preparar.

Decimos las tres patas porque para que este tipo de emprendimiento (casi utópico) funcione hace falta el apoyo del Estado, a través de líneas de financiamiento para emprendedores; una organización que los nuclee, como es el caso de El Hormiguero, y que el empresariado apueste por este tipo de emprendimientos sociales como una forma de dar oportunidades.

Transmitir enseñanzas

“Todo el proceso de capacitación se hace con mucho apoyo humano brindando acompañamiento, herramientas para defenderse de la vulneración de derechos que sufren algunas personas, generando puentes para acceder a esas herramientas y para que aprendan y sientan que sí pueden hacerlo, sobre todo si trabajan solidariamente para salir adelante. Es fundamental la solidaridad y la educación en pos del trabajo”, explica Héctor.

Actualmente, El Hormiguero tiene tres proyectos funcionando: el de catering, estampado de distintos elementos –como tazas, llaveros, gorras, etcétera– y panificación, y además está en proceso uno de peluquería, principalmente, porque a través de la educación y la capacitación en El Hormiguero se busca “que cada uno cumpla su sueño, como el de Nani, una de las chicas que sueña con ser peluquera”, por lo que en la organización están proyectando no sólo su capacitación, sino que a mediano plazo sea rentable para ella.

La solidaridad es la base

Si bien lo aclaramos al principio de la nota, es válido recordar que el objetivo central de la ONG es crear vínculos solidarios entre los integrantes, capacitadores, empresarios y distintas áreas gubernamentales.

“Buscamos que sea un lugar de encuentro en una sociedad muy fracturada. Deseamos ser puentes donde nos encontremos y realmente mirar a la otra persona y reconocernos. Que además sea un momento de educación y trabajo”, resume Héctor, quien también relata que como la mayoría de los emprendedores –todos jóvenes– vive en la zona conocida como los 5.000 Lotes, de Las Heras y está gestionando el festejo del Día del Diño para los chicos del lugar en el que también están incluidos sus hijos.

El ejemplo como enseñanza

En El Hormiguero saben de la importancia de formar y apoyar emprendimientos, pero sin que los integrantes pierdan su identidad, su amor por el lugar donde nacieron y su familia. Es por eso que los hijos de estos emprendedores acompañan a sus padres durante las capacitaciones.

Los emprendedores vienen con sus niños y no hay mejor ejemplo para ellos que ver a sus padres aprendiendo, trabajando en armonía y dándose una mano. Y es la mejor enseñanza porque el trabajo, la solidaridad y la educación no la van a tener que aprender, sino que va a estar presente en cada niño”, explica Héctor convencido.

Las puertas de esta organización que trabaja desde Godoy Cruz están abiertas para jóvenes que deseen capacitarse, personas que quieran enseñar algo de lo que saben y, por supuesto, para empresas que trabajen en responsabilidad social empresaria y deseen ayudar a otros a forjarse un futuro mejor./ Rebeca Rodríguez

comentarios

imagen imagen
Login