Sendas victorias de Trump en Michigan y Misisipi
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Por Redacción

Sendas victorias de Trump en Michigan y Misisipi



La primera duda tras el “Supermartes” del 1 de marzo, al parecer, ya está resuelta: Donald Trump no pierde empuje.


En el punto intermedio entre los dos grandes martes de las primarias republicanas, el millonario volvió a demostrar que tiene ritmo de carrera presidencial lo suficientemente amplio como para alcanzar la nominación, aunque todavía queda más de la mitad de camino por recorrer y le resten muchos delegados para alcanzar los 1.237 necesarios (la mitad más uno).


El favorito del partido de Abraham Lincoln volvió a reivindicarse en un Estado del sur, esta vez en Misisipi, demostrando que es el prospecto más fuerte, incluso entre los cristianos evangélicos, por encima de uno de sus autodeclarados miembros,Ted Cruz, según las encuestas a pie de urna.


En Michigan, el norte industrial castigado por la crisis del sector automovilístico, los llamados blue collar (clase trabajadora blanca), el otro estanque en el que está pescando el neoyorquino, fueron decisivos para su triunfo, obteniendo alrededor del 50% de los votos.  También en Hawai, según informan los medios de televisión estadounidenses, Trump ha logrado su tercera victoria de la noche. De hecho, el millonario ha escrito en su cuenta de la red social Twitter: “Gracias, Hawai”.


La carrera demócrata fue más equitativa. Con sólo dos Estados en competición, Hillary Clinton se llevó Misisipi y Sanders, Michigan. De nuevo, la ex secretaria de Estado se mostró intratable en el sur, donde abunda la población afroamericana, masivamente favorable. Pero la victoria mínima del senador socialista en el estado del norte contiene un doble aviso para Clinton: por extensión, el vecino Ohio puede complicarle las cosas el próximo martes a la candidata, contando además con que repartirá delegados por el sistema mayoritario (el ganador se lleva todo); la segunda lectura, resultado de combinar las victorias de Sanders y de Trump en Michigan, donde abunda la clase media trabajadora blanca, lo que podría leerse como una advertencia para quien aspira a ser la primera presidenta de Estados Unidos, pues es uno de los grupos que más se le resiste.



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La primera duda tras el “Supermartes” del 1 de marzo, al parecer, ya está resuelta: Donald Trump no pierde empuje.

En el punto intermedio entre los dos grandes martes de las primarias republicanas, el millonario volvió a demostrar que tiene ritmo de carrera presidencial lo suficientemente amplio como para alcanzar la nominación, aunque todavía queda más de la mitad de camino por recorrer y le resten muchos delegados para alcanzar los 1.237 necesarios (la mitad más uno).

El favorito del partido de Abraham Lincoln volvió a reivindicarse en un Estado del sur, esta vez en Misisipi, demostrando que es el prospecto más fuerte, incluso entre los cristianos evangélicos, por encima de uno de sus autodeclarados miembros,Ted Cruz, según las encuestas a pie de urna.

En Michigan, el norte industrial castigado por la crisis del sector automovilístico, los llamados blue collar (clase trabajadora blanca), el otro estanque en el que está pescando el neoyorquino, fueron decisivos para su triunfo, obteniendo alrededor del 50% de los votos.  También en Hawai, según informan los medios de televisión estadounidenses, Trump ha logrado su tercera victoria de la noche. De hecho, el millonario ha escrito en su cuenta de la red social Twitter: “Gracias, Hawai”.

La carrera demócrata fue más equitativa. Con sólo dos Estados en competición, Hillary Clinton se llevó Misisipi y Sanders, Michigan. De nuevo, la ex secretaria de Estado se mostró intratable en el sur, donde abunda la población afroamericana, masivamente favorable. Pero la victoria mínima del senador socialista en el estado del norte contiene un doble aviso para Clinton: por extensión, el vecino Ohio puede complicarle las cosas el próximo martes a la candidata, contando además con que repartirá delegados por el sistema mayoritario (el ganador se lleva todo); la segunda lectura, resultado de combinar las victorias de Sanders y de Trump en Michigan, donde abunda la clase media trabajadora blanca, lo que podría leerse como una advertencia para quien aspira a ser la primera presidenta de Estados Unidos, pues es uno de los grupos que más se le resiste.

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