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Por Redacción

Salud bucal infantil



Dentro de todas las responsabilidades que un padre debe tener, tal vez, esta es una a la que se le presta poca atención. Sin embargo, es preciso comprender la importancia del cuidado bucal del pequeño desde que aparece su primer diente. Desde este momento inicial -que suele pasar desapercibido para la limpieza-  y en lo sucesivo,  serán los buenos hábitos adquiridos los que puedan otorgarle la posibilidad de tener una buena dentadura en su adultez.


Hay que recalcar que es de vital importancia no sólo cuidar la dentadura final, sino procurar que los dientes de leche estén en su lugar el mayor tiempo posible. Los dientes temporarios, además de la función masticatoria, facilitan la formación y el correcto desarrollo del arco para recibir los dientes definitivos. Si se pierde alguno de leche antes de tiempo es muy posible que los definitivos salgan torcidos o en lugares equivocados.


En primera instancia es primordial que el adulto asuma la responsabilidad de la limpieza bucal de los más pequeños. Debe hacerlo desde el primer diente, ya que los primeros meses hay que pasarle una gasita suave; después, cuando aparezcan los restantes, se pueden utilizar cepillos de dedos suaves. Es bueno consultar con un profesional cuándo y qué tipo de pasta dental usar.


Por otro lado,  se debe evitar el almidón y los azúcares. Hay bebés que reciben chupetes mojados en miel, lo que destruye los dientes; otros suelen tomar mamaderas con líquidos azucarados por la noche, cualquier hábito similar a estos contribuirá a debilitar la primera dentadura. Una dieta balanceada es necesaria para que los pequeños desarrollen dientes fuertes y resistentes a las caries. Además de la gama completa de vitaminas y minerales, la dieta de un niño debe incluir mucho calcio, fósforo y los niveles apropiados de flúor.


Otro punto importante a tener en cuenta es qué hacer ante la rotura de un diente. Primero que nada mantener la calma  para actuar con eficacia y siempre hay que acudir al profesional. Si el diente está roto en su totalidad incluyendo la raíz, se debe colocarlo bajo tu lengua (no bajo la suya porque podría tragárselo) y acudir de inmediato al dentista, tardar entre media y una hora hace que el diente tenga menos posibilidades de arraigar. Si la rotura es parcial, el odontólogo determinará la salud de la raíz para evitar dolencias futuras y qué tratamiento es correcto para solucionar el problema.


Hay que recordar que los niños aprenden de los adultos, por ello es fundamental que tengan la oportunidad de verlos practicar buenos hábitos que luego puedan imitar.


Consejos para enseñar a los pequeños:



  • Cepillar los dientes al menos dos veces al día con pasta dentífrica que contenga flúor para eliminar la placa bacteriana (película pegajosa que se adhiere a los dientes y principal causa de las caries). Lo ideal sería un cepillado después de cada comida.

  • Utilizar hilo dental o cepillo interdental todos los días para eliminar la placa bacteriana que se deposita entre los dientes y debajo de la encía. Si no se remueve se endurece y se convierte en sarro, el que sólo puede quitarse con limpieza profesional. Éste, produce caries, daña el esmalte y causa infecciones. El uso de estos productos es recomendable a partir de los cuatro años con ayuda de un adulto.

  • Usar enjuague bucal antes o después de cepillarse los dientes.

  • Tener una dieta balanceada que evite el consumo de almidones y azúcares. Lo ideal es mantener una alimentación variada y equilibrada. De consumir estos alimentos nocivos para los dientes, se recomienda hacerlo con las comidas y no entre ellas porque la saliva adicional que se produce en una comida ayuda a enjuagar los alimentos de la boca. También es óptimo un cepillado inmediato. Hay dulces que se adhieren a la superficie dentaria como los caramelos masticables, otros que permanecen durante mucho tiempo como los chupetines. Un chocolate o un alfajor son mucho más saludables para la salud dental.

  • Limitar el consumo de gaseosas porque son especialmente agresivas para la dentadura, pueden corroer el esmalte de los dientes. Por lo contrario, el consumo de agua es un buen aliado para luchar contra las caries y poseer una buena dentadura, ya que en ella se concentran grandes cantidades de flúor.

  • Utilizar productos dentales que  posean flúor, incluida la pasta de dientes.

  • Concurrir al odontólogo/a al menos dos veces al año.

  • No compartir el cepillo de dientes porque el sangrado de las encías puede transmitir enfermedades.

  • Renovar el cepillo cada tres meses. Debe ser de tamaño adecuado para la boca del niño, tener un cabezal pequeño que pueda llegar a los recovecos y disponer de fibras que no sean ni muy duras ni demasiado blandas.

  • Lavar tanto la superficie externa como la interna de los dientes y también la lengua para remover bacterias.


Si bien no existe un secreto para mantener una dentadura sana porque ello depende de factores genéticos y hereditarios que pueden diagnosticarse, estos sencillos hábitos de higiene pueden disminuir sus enfermedades en medida considerable. Enseñarlos a los niños es una inversión en salud que les proporcionarán beneficios para toda la vida y cuánto mejor, si se les educa a través del ejemplo. Nada de esto tiene que ser tedioso, la higiene bucal puede ser una tarea divertida si se practica como un juego más de los que es grato compartir con los pequeños.


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Salud bucal infantil

Dentro de todas las responsabilidades que un padre debe tener, tal vez, esta es una a la que se le presta poca atención. Sin embargo, es preciso comprender la importancia del cuidado bucal del pequeño desde que aparece su primer diente. Desde este momento inicial -que suele pasar desapercibido para la limpieza-  y en lo sucesivo,  serán los buenos hábitos adquiridos los que puedan otorgarle la posibilidad de tener una buena dentadura en su adultez.

Hay que recalcar que es de vital importancia no sólo cuidar la dentadura final, sino procurar que los dientes de leche estén en su lugar el mayor tiempo posible. Los dientes temporarios, además de la función masticatoria, facilitan la formación y el correcto desarrollo del arco para recibir los dientes definitivos. Si se pierde alguno de leche antes de tiempo es muy posible que los definitivos salgan torcidos o en lugares equivocados.

En primera instancia es primordial que el adulto asuma la responsabilidad de la limpieza bucal de los más pequeños. Debe hacerlo desde el primer diente, ya que los primeros meses hay que pasarle una gasita suave; después, cuando aparezcan los restantes, se pueden utilizar cepillos de dedos suaves. Es bueno consultar con un profesional cuándo y qué tipo de pasta dental usar.

Por otro lado,  se debe evitar el almidón y los azúcares. Hay bebés que reciben chupetes mojados en miel, lo que destruye los dientes; otros suelen tomar mamaderas con líquidos azucarados por la noche, cualquier hábito similar a estos contribuirá a debilitar la primera dentadura. Una dieta balanceada es necesaria para que los pequeños desarrollen dientes fuertes y resistentes a las caries. Además de la gama completa de vitaminas y minerales, la dieta de un niño debe incluir mucho calcio, fósforo y los niveles apropiados de flúor.

Otro punto importante a tener en cuenta es qué hacer ante la rotura de un diente. Primero que nada mantener la calma  para actuar con eficacia y siempre hay que acudir al profesional. Si el diente está roto en su totalidad incluyendo la raíz, se debe colocarlo bajo tu lengua (no bajo la suya porque podría tragárselo) y acudir de inmediato al dentista, tardar entre media y una hora hace que el diente tenga menos posibilidades de arraigar. Si la rotura es parcial, el odontólogo determinará la salud de la raíz para evitar dolencias futuras y qué tratamiento es correcto para solucionar el problema.

Hay que recordar que los niños aprenden de los adultos, por ello es fundamental que tengan la oportunidad de verlos practicar buenos hábitos que luego puedan imitar.

Consejos para enseñar a los pequeños:

  • Cepillar los dientes al menos dos veces al día con pasta dentífrica que contenga flúor para eliminar la placa bacteriana (película pegajosa que se adhiere a los dientes y principal causa de las caries). Lo ideal sería un cepillado después de cada comida.
  • Utilizar hilo dental o cepillo interdental todos los días para eliminar la placa bacteriana que se deposita entre los dientes y debajo de la encía. Si no se remueve se endurece y se convierte en sarro, el que sólo puede quitarse con limpieza profesional. Éste, produce caries, daña el esmalte y causa infecciones. El uso de estos productos es recomendable a partir de los cuatro años con ayuda de un adulto.
  • Usar enjuague bucal antes o después de cepillarse los dientes.
  • Tener una dieta balanceada que evite el consumo de almidones y azúcares. Lo ideal es mantener una alimentación variada y equilibrada. De consumir estos alimentos nocivos para los dientes, se recomienda hacerlo con las comidas y no entre ellas porque la saliva adicional que se produce en una comida ayuda a enjuagar los alimentos de la boca. También es óptimo un cepillado inmediato. Hay dulces que se adhieren a la superficie dentaria como los caramelos masticables, otros que permanecen durante mucho tiempo como los chupetines. Un chocolate o un alfajor son mucho más saludables para la salud dental.
  • Limitar el consumo de gaseosas porque son especialmente agresivas para la dentadura, pueden corroer el esmalte de los dientes. Por lo contrario, el consumo de agua es un buen aliado para luchar contra las caries y poseer una buena dentadura, ya que en ella se concentran grandes cantidades de flúor.
  • Utilizar productos dentales que  posean flúor, incluida la pasta de dientes.
  • Concurrir al odontólogo/a al menos dos veces al año.
  • No compartir el cepillo de dientes porque el sangrado de las encías puede transmitir enfermedades.
  • Renovar el cepillo cada tres meses. Debe ser de tamaño adecuado para la boca del niño, tener un cabezal pequeño que pueda llegar a los recovecos y disponer de fibras que no sean ni muy duras ni demasiado blandas.
  • Lavar tanto la superficie externa como la interna de los dientes y también la lengua para remover bacterias.

Si bien no existe un secreto para mantener una dentadura sana porque ello depende de factores genéticos y hereditarios que pueden diagnosticarse, estos sencillos hábitos de higiene pueden disminuir sus enfermedades en medida considerable. Enseñarlos a los niños es una inversión en salud que les proporcionarán beneficios para toda la vida y cuánto mejor, si se les educa a través del ejemplo. Nada de esto tiene que ser tedioso, la higiene bucal puede ser una tarea divertida si se practica como un juego más de los que es grato compartir con los pequeños.

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