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Por Redacción

Racing es dueño de Avellaneda



No hubo equivalencias en un ‘Cilindro’ que explotó en el clásico de Avellaneda. Racing le ganó 1-0 a Independiente con total justicia; aunque por el desarrollo del partido, el resultado es exiguo, ya que el local hizo méritos como para golear (ya sea en el desarrollo en sí mismo como en las situaciones de gol generadas), pero no tuvo contundencia, malogrando chances concretas aún dentro del área chica.


Para esto, fue fundamental la actuación de su capitán y emblema, Diego Milito, quien fue la figura del clásico. No sólo porque convirtió el gol del triunfo, convirtiendo un penal muy bien convalidado; sino también por lo que jugó. Es cierto que malogró una chance de gol clara, pero más cierto es que jugó e hizo jugar, pivoteó, sacó diferencia de espaldas y potenció al resto de sus compañeros.


Igualmente, más allá de la jerarquía del “Príncipe”, el principal motivo por el cual se dio el triunfo de Racing es por la diferencia de jerarquía que tiene con Independiente. La “Academia” tiene grandes valores en todas sus líneas; mientras que también funcionó como equipo. En cambio, el “Rojo” fue un ‘manojo’ de intentos individuales, con graves problemas defensivos, en la generación de juego y en el ‘peso’ en ataque.


Este Racing se pareció al campeón: sólido, con manejo criterioso de la pelota, rápido, equilibrado y preciso. Sólo le faltó su también característica contundencia. Así, fue el dueño del partido durante los 90 minutos, aunque en ambos períodos bajo aristas distintas. En los primeros 45 minutos, manejó el balón y se posicionó en campo contrario; mientras que en el complemento, se retrasó algunos metros (no se defendió tan cerca de su área) y generó mucho peligro a través de la salida rápida.


¿E Independiente? Fue un equipo tibio, sin actitud, juego ni personalidad. Más allá de las intenciones que tiene de ser prolijo, esto luego se transforma en parsimonioso y previsible, con grandes errores en todas las líneas. Defensivamente jugó un muy flojo partido (Toledo, el de más bajo nivel), el mediocampo estuvo irresoluto y los delanteros aislados, ya que Pisano fue intrascendente.


En definitiva, el clásico de Avellaneda fue el fiel reflejo de lo que hoy es la actualidad de ambos equipos. Racing, el campeón, con una identidad y un juego claro; Independiente, a la deriva y sin el más mínimo intento de recuperación.


¿Qué queda luego de este resultado? La “Academia”, que jugó con todos los titulares, llega entonado al partido del jueves ante Guaraní por la revancha de los Cuartos de Final de la Copa Libertadores, partido que está obligado a ganar para avanzar a la Semi. Por su parte, en el “Rojo”, su técnico, Almirón, quedó en la cuerda floja y cada vez con menos margen de error.


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No hubo equivalencias en un ‘Cilindro’ que explotó en el clásico de Avellaneda. Racing le ganó 1-0 a Independiente con total justicia; aunque por el desarrollo del partido, el resultado es exiguo, ya que el local hizo méritos como para golear (ya sea en el desarrollo en sí mismo como en las situaciones de gol generadas), pero no tuvo contundencia, malogrando chances concretas aún dentro del área chica.

Para esto, fue fundamental la actuación de su capitán y emblema, Diego Milito, quien fue la figura del clásico. No sólo porque convirtió el gol del triunfo, convirtiendo un penal muy bien convalidado; sino también por lo que jugó. Es cierto que malogró una chance de gol clara, pero más cierto es que jugó e hizo jugar, pivoteó, sacó diferencia de espaldas y potenció al resto de sus compañeros.

Igualmente, más allá de la jerarquía del “Príncipe”, el principal motivo por el cual se dio el triunfo de Racing es por la diferencia de jerarquía que tiene con Independiente. La “Academia” tiene grandes valores en todas sus líneas; mientras que también funcionó como equipo. En cambio, el “Rojo” fue un ‘manojo’ de intentos individuales, con graves problemas defensivos, en la generación de juego y en el ‘peso’ en ataque.

Este Racing se pareció al campeón: sólido, con manejo criterioso de la pelota, rápido, equilibrado y preciso. Sólo le faltó su también característica contundencia. Así, fue el dueño del partido durante los 90 minutos, aunque en ambos períodos bajo aristas distintas. En los primeros 45 minutos, manejó el balón y se posicionó en campo contrario; mientras que en el complemento, se retrasó algunos metros (no se defendió tan cerca de su área) y generó mucho peligro a través de la salida rápida.

¿E Independiente? Fue un equipo tibio, sin actitud, juego ni personalidad. Más allá de las intenciones que tiene de ser prolijo, esto luego se transforma en parsimonioso y previsible, con grandes errores en todas las líneas. Defensivamente jugó un muy flojo partido (Toledo, el de más bajo nivel), el mediocampo estuvo irresoluto y los delanteros aislados, ya que Pisano fue intrascendente.

En definitiva, el clásico de Avellaneda fue el fiel reflejo de lo que hoy es la actualidad de ambos equipos. Racing, el campeón, con una identidad y un juego claro; Independiente, a la deriva y sin el más mínimo intento de recuperación.

¿Qué queda luego de este resultado? La “Academia”, que jugó con todos los titulares, llega entonado al partido del jueves ante Guaraní por la revancha de los Cuartos de Final de la Copa Libertadores, partido que está obligado a ganar para avanzar a la Semi. Por su parte, en el “Rojo”, su técnico, Almirón, quedó en la cuerda floja y cada vez con menos margen de error.

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