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Por Redacción
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Principio de acuerdo entre Cuba y EE.UU.: Un cambio que beneficia a todos



Al parecer el entendimiento entre los mandatarios de Estados Unidos y de Cuba (Barack Obama, y Raúl Castro), no es sólo una tregua de fin de año –un alto el fuego de navidad-, sino un auténtico cambio en la política de la Región, digna de la mejor escuela de “realpolitik” internacional. Y es que, cuando las papas queman, todos, hasta los más porfiados dictadores de izquierda, parecen volverse realistas.


Después de la muerte de Hugo Chávez, tanto Raúl, como el propio Fidel, advirtieron que la suerte de Cuba estaba echada, atada a la endeble economía de Venezuela.


La economía lo hizo posible


No sucedió de un día para otro

–como algunos pueden creer-, fue un proceso lento, como lo exige el devenir de una dictadura que lleva ya más de cincuenta años en el poder;

pero que finalmente tiene que llegar a su fin, como todo proceso político en el mundo. La economía y la caída del precio del petróleo terminaron por dar el último golpe de gracia que aceleró esta etapa final.


Jaqueada por la tremenda baja del petróleo, la economía venezolana, que ya presentaba gravísimos problemas macroeconómicos con precios del barril bastante más auspiciosos, no podrá sostener por mucho más tiempo al régimen cubano.


La intervención y los buenos oficios del papa Francisco y de Canadá han sido importantes sin duda, pero nada de esto hubiese ocurrido sin la voluntad de ambas partes para alcanzar un acercamiento y, principalmente, la flexibilización del gobierno cubano.


Las dudas que tenían muchos analistas, sobre si el Papa sudamericano iba a ser un actor relevante de la política mundial, se fue despejando gradualmente desde su asunción; y si aún cabía alguna duda, su intervención en este caso, ha terminado por quitarla definitivamente.


Pero la realidad es que Cuba cambió la estrategia al advertir la decadencia del chavismo en Venezuela. El acercamiento a los Estados Unidos que la semana pasada concretó el gobierno cubano, a través de mensajes contundentes como la liberación de prisioneros y concesiones económicas para aumentar el intercambio comercial y el turismo, muestran que el instinto de supervivencia del castrismo es más fuerte que cualquier consideración ideológica


Los números de la economía venezolana son cada vez más alarmantes. La más alta inflación del mundo, una enorme brecha cambiaria que fomenta oscuros negocios y corrupción estatal y el racionamiento de productos de primera necesidad, nos hablan de una economía que atraviesa una profunda crisis. La nueva y estrepitosa caída del precio del petróleo está representando para Venezuela una reducción en el ingreso per cápita y una caída monumental en su PBI, muy difícil de asimilar por un país que ha malgastado durante años la ventaja que significa contar con abundancia de ese recurso natural.


Todos pueden ganar


¿Qué se puede esperar de este proceso que se ha iniciado hace poco más de dos años y que ha alcanzado un punto relevante en estos últimos días? Por un lado, tal vez lo más importante sea el mejoramiento progresivo de la calidad de vida de los propios cubanos. No sólo con el acceso a las nuevas tecnologías y al mundo, sino principalmente con lo que hace a las libertades individuales; la reconciliación paulatina de sectores del pueblo cubano que hasta hoy se consideraban enemigos y, si todo marcha bien, al final del camino que se ha iniciado, la instauración de una democracia moderna y verdaderamente progresista.


Lo más cercano parece ser la posibilidad de nuevas oportunidades económicas para los cubanos y los propios norteamericanos, en Centroamérica y en el Caribe. Es posible que importantes capitales de cubanos estadounidenses, después de asimilar el nuevo estatus de esta relación, ingresen (regresen) a Cuba, produciendo un verdadero boom en la frágil economía de la Isla.


Como es de prever, el mayor aporte lo puede hacer la tecnología que podrá producir una efectiva renovación de la mano de las comunicaciones. Cuba podría, en corto plazo, actualizar y ampliar sus sistemas de televisión, internet y telefonía. Si bien la isla posee a través de la empresa ITECSA el monopolio en esa materia, es muy probable que, profundizándose la apertura y el intercambio, empresas norteamericanas y latinoamericanas empiecen a competir para mejorar la deficiente infraestructura actual. Proporcionar servicios que amplíen las posibilidades de comunicación de los cubanos entre sí y con otros países.


Pero el gradual cierre de una relación conflictiva que lleva tantos años no sólo llevará tranquilidad y progreso a Cuba, también se beneficiarán los Estados Unidos, al resolver un problema en su patio trasero, que le otorgue una mayor libertad de acción para concentrar su atención en otros conflictos globales más importantes y peligrosos.


No debemos olvidarnos de la Región. Porque, tal vez, este acuerdo sea el primer acto que permita ir arriando la porfiada bandera de los populismos en Latinoamérica. De a poco, es posible que vaya desapareciendo el mal ejemplo que tantos aprendices de dictadores de la América latina siguieron y que, en la práctica, ha resultado siempre perjudicial para nuestros pueblos. El fin de un mito que ha hecho creer a muchos que hay dictaduras buenas y dictaduras malas.


Un hecho como este podría traer grandes esperanzas a la Región. No es necesario suponer cambios rápidos ni violentos; bastará pensar en lo que puede significar esta novedad para los países del continente, para imaginar el fortalecimiento de las democracias y la construcción de un camino más digno y en paz.


Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional “Santa Romana”. Autor de “El Momento es Ahora” y “El ABC de la Defensa Nacional”.



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Principio de acuerdo entre Cuba y EE.UU.: Un cambio que beneficia a todos

Al parecer el entendimiento entre los mandatarios de Estados Unidos y de Cuba (Barack Obama, y Raúl Castro), no es sólo una tregua de fin de año –un alto el fuego de navidad-, sino un auténtico cambio en la política de la Región, digna de la mejor escuela de “realpolitik” internacional. Y es que, cuando las papas queman, todos, hasta los más porfiados dictadores de izquierda, parecen volverse realistas.

Después de la muerte de Hugo Chávez, tanto Raúl, como el propio Fidel, advirtieron que la suerte de Cuba estaba echada, atada a la endeble economía de Venezuela.

La economía lo hizo posible

No sucedió de un día para otro
–como algunos pueden creer-, fue un proceso lento, como lo exige el devenir de una dictadura que lleva ya más de cincuenta años en el poder;
pero que finalmente tiene que llegar a su fin, como todo proceso político en el mundo. La economía y la caída del precio del petróleo terminaron por dar el último golpe de gracia que aceleró esta etapa final.

Jaqueada por la tremenda baja del petróleo, la economía venezolana, que ya presentaba gravísimos problemas macroeconómicos con precios del barril bastante más auspiciosos, no podrá sostener por mucho más tiempo al régimen cubano.

La intervención y los buenos oficios del papa Francisco y de Canadá han sido importantes sin duda, pero nada de esto hubiese ocurrido sin la voluntad de ambas partes para alcanzar un acercamiento y, principalmente, la flexibilización del gobierno cubano.

Las dudas que tenían muchos analistas, sobre si el Papa sudamericano iba a ser un actor relevante de la política mundial, se fue despejando gradualmente desde su asunción; y si aún cabía alguna duda, su intervención en este caso, ha terminado por quitarla definitivamente.

Pero la realidad es que Cuba cambió la estrategia al advertir la decadencia del chavismo en Venezuela. El acercamiento a los Estados Unidos que la semana pasada concretó el gobierno cubano, a través de mensajes contundentes como la liberación de prisioneros y concesiones económicas para aumentar el intercambio comercial y el turismo, muestran que el instinto de supervivencia del castrismo es más fuerte que cualquier consideración ideológica

Los números de la economía venezolana son cada vez más alarmantes. La más alta inflación del mundo, una enorme brecha cambiaria que fomenta oscuros negocios y corrupción estatal y el racionamiento de productos de primera necesidad, nos hablan de una economía que atraviesa una profunda crisis. La nueva y estrepitosa caída del precio del petróleo está representando para Venezuela una reducción en el ingreso per cápita y una caída monumental en su PBI, muy difícil de asimilar por un país que ha malgastado durante años la ventaja que significa contar con abundancia de ese recurso natural.

Todos pueden ganar

¿Qué se puede esperar de este proceso que se ha iniciado hace poco más de dos años y que ha alcanzado un punto relevante en estos últimos días? Por un lado, tal vez lo más importante sea el mejoramiento progresivo de la calidad de vida de los propios cubanos. No sólo con el acceso a las nuevas tecnologías y al mundo, sino principalmente con lo que hace a las libertades individuales; la reconciliación paulatina de sectores del pueblo cubano que hasta hoy se consideraban enemigos y, si todo marcha bien, al final del camino que se ha iniciado, la instauración de una democracia moderna y verdaderamente progresista.

Lo más cercano parece ser la posibilidad de nuevas oportunidades económicas para los cubanos y los propios norteamericanos, en Centroamérica y en el Caribe. Es posible que importantes capitales de cubanos estadounidenses, después de asimilar el nuevo estatus de esta relación, ingresen (regresen) a Cuba, produciendo un verdadero boom en la frágil economía de la Isla.

Como es de prever, el mayor aporte lo puede hacer la tecnología que podrá producir una efectiva renovación de la mano de las comunicaciones. Cuba podría, en corto plazo, actualizar y ampliar sus sistemas de televisión, internet y telefonía. Si bien la isla posee a través de la empresa ITECSA el monopolio en esa materia, es muy probable que, profundizándose la apertura y el intercambio, empresas norteamericanas y latinoamericanas empiecen a competir para mejorar la deficiente infraestructura actual. Proporcionar servicios que amplíen las posibilidades de comunicación de los cubanos entre sí y con otros países.

Pero el gradual cierre de una relación conflictiva que lleva tantos años no sólo llevará tranquilidad y progreso a Cuba, también se beneficiarán los Estados Unidos, al resolver un problema en su patio trasero, que le otorgue una mayor libertad de acción para concentrar su atención en otros conflictos globales más importantes y peligrosos.

No debemos olvidarnos de la Región. Porque, tal vez, este acuerdo sea el primer acto que permita ir arriando la porfiada bandera de los populismos en Latinoamérica. De a poco, es posible que vaya desapareciendo el mal ejemplo que tantos aprendices de dictadores de la América latina siguieron y que, en la práctica, ha resultado siempre perjudicial para nuestros pueblos. El fin de un mito que ha hecho creer a muchos que hay dictaduras buenas y dictaduras malas.

Un hecho como este podría traer grandes esperanzas a la Región. No es necesario suponer cambios rápidos ni violentos; bastará pensar en lo que puede significar esta novedad para los países del continente, para imaginar el fortalecimiento de las democracias y la construcción de un camino más digno y en paz.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional “Santa Romana”. Autor de “El Momento es Ahora” y “El ABC de la Defensa Nacional”.

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