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Prevención del suicidio
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Por Redacción

Prevención del suicidio



Este año, con el patrocinio de la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) insta a preconizar terapias adecuadas y medidas de seguimiento para quienes intentaron suicidarse y pide a los medios de comunicación un tratamiento mesurado del suicidio. Frente a esta problemática, la Dirección Nacional y Provincial de Salud Mental, adhieren al pedido con un trabajo orientado a derribar preconceptos y estigmas sobre el hecho y sobre la persona que lo comete o lo intenta, lo que implica enfrentar las múltiples y complejas causan que lo promueven.


En el mundo se suicidan casi un millón de personas al año, lo que supone una tasa de mortalidad “global” de 16 por cada 100.000, o una muerte cada 40 segundos. En los últimos 45 años las tasas aumentaron 60% a nivel mundial. El suicidio es una de las tres primeras causas de defunción entre las personas de 15 a 44 años en algunos países y la segunda en el grupo de 10 a 24 años; sin contar las tentativas de suicidio, se estima que por año más de 20 millones lo intentan. Aunque las muertes por esta causa son más en varones de edad avanzada, los últimos años muestran un incremento significativo entre los jóvenes, hoy se constituyen como el grupo de mayor riesgo en un tercio de los países,  tanto en el mundo desarrollado como en el mundo en desarrollo. También Mendoza presenta este aumento particular y en lo general, tiene sus lamentables muertes: 137 suicidios se registran en 2013 y alrededor de 91 en lo que va de este año.


El suicidio es un problema complejo, en el que intervienen factores psicológicos, sociales, biológicos, culturales y ambientales, por eso la OSM pide una labor de concientización y de prevención en la que intervengan profesionales calificados y con un compromiso que garantice la adopción de medidas prácticas y efectivas. Ello implica tanto decisión política como responsabilidad social.


Por ello, Mendoza adhiere a este llamado mediante un abordaje multidisciplinario y además dispone del Servicio de Asistencia Telefónica en Crisis del 911; el que se inició en 2009 con un trabajo conjunto de los Ministerios de Salud y Seguridad. Se trata de un sistema de escucha destinado a prevenir y asistir las crisis psicológicas de quienes en forma voluntaria se comunican en busca de ayuda de 10 a 22hs. Detrás de la línea hay seis psicólogos que asisten a la persona en crisis para contenerla y derivarla para que reciba ayuda específica y pertinente. Se considera un servicio fundamental en tanto el suicidio es prevenible y previsible. No obstante, también es primordial que se extienda el horario de atención pues es acotado para quienes pueden necesitarlo, más si se tiene en cuenta que las horas de la noche suelen incidir en la profundización de la depresión y la angustia, entre otras situaciones de riesgo.


La prevención del suicidio requiere, además, la intervención de sectores distintos de la salud y exige un enfoque integral y multisectorial. Por ello,  se ofrece capacitaciones a escuelas y operadores del 911 para saber cómo prevenir esta situación y cómo actuar ante determinadas señales. Es preciso saber que la OSM define al suicidio como “todo acto por el que un individuo se causa a sí mismo una lesión o daño con un grado variable en la intención de morir, cualquiera sea el grado de la intención letal o de conocimiento del verdadero móvil”. La representación más extendida sobre el suicidio se asocia a la imagen de un acto individual con un propósito claro; sin embargo, hay que entenderlo en toda su complejidad.


Las conductas suicidas abarcas un amplio espectro: desde la ideación suicida, la elaboración de un plan,  la obtención de medios para concretarlo, hasta la posible consumación del acto. Aunque no puedan alinearse en forma lineal y consecutiva, es primordial considerar el riesgo que cada una de estas manifestaciones conlleva más allá de la supuesta intencionalidad. Así, se considera intento de suicidio a toda acción auto infligida con el propósito de generarse un daño que puede ser letal.


Sus causas más comunes y los factores de riesgo entre los que presentan cierta predisposición son:



  • Problemas psiquiátricos: trastornos depresivos, psicosis, enfermedad bipolar, desesperanza, incapacidad para continuar la vida cotidiana.

  • Sentimiento de soledad y carencia de vínculos sociales.

  • Pérdida de seres queridos.

  • Problemas económicos, familiares, laborales.

  • Vivir en zonas con escasa luz de día.

  • Casos de suicidio en la familia, con su correlato genético y social.

  • Abuso de alcohol y drogas.

  • Ser víctima de abuso físico o sexual en la niñez.

  • Ser víctima de enfermedades físicas que provoquen discapacidad y/o causantes de mucho e interminable dolor.

  • Tener acceso a medios para cometer el suicidio (venenos, armas, entre otros).

  • En los jóvenes el riesgo aumenta en familias mono parentales y en zonas de menor densidad geográfica y cobertura de servicios.


Es bueno saber que la mayoría de los suicidios pueden prevenirse si se reconocen algunas señales que indican peligro: cambios notorios en el carácter  como retraimiento, apatía e insomnio; referencias reiteradas a la muerte o al deseo de morir y amenazas de suicidio. Ante estas señales, es importante conocer que son claves en la recuperación la identificación temprana de posibles víctimas y el tratamiento adecuado; que los grupos de ayuda son efectivos en el tratamiento de personas en situación de crisis porque, entre varias cosas, fomentan la comunicación de los propios sentimientos, lo que es relevante para la curación; y que existe una nueva generación de fármacos más efectiva y con menos contraindicaciones. Por otro lado, hay que limitar el acceso a posibles medios para cometer el suicidio: cuidar el acceso a insecticidas, instalar protecciones en los puentes, proteger la electrificación de las vías férreas y concientizar sobre la posesión de armas de fuego.


En caso de que una persona piense en quitarse la vida o haya que asistir a alguien en esa situación, es relevante no intentar arreglar la situación a solas, hay que pedir ayuda a alguna persona cercana para que preste su ayuda y pedírsela, lo antes posible, a un profesional: médico de familia, psiquiatra, psicólogo o cuidador. Nunca hay que dejar sola a una persona que atraviese por esta instancia hasta que sea contenida por una persona capacitada y que pueda sacarla de la situación en forma efectiva.  Mientras que llegue la ayuda se aconseja reflexionar acerca de que el suicidio no algo correcto ni incorrecto, ni un defecto del carácter o la moral, sino un desequilibrio entre el dolor y los recursos para vencerlo; por lo tanto puede derrotárselo al encontrar  la manera de reducir ese dolor y /o al aumentar los recursos para hacerle frente.


Quienes lo han intentado y sobrevivido, insisten en que no hay remedios mágicos pero proponen tomar al suicidio como una solución permanente e irreversible de un problema que no es más que pasajero; y a su vez, piden tomar conciencia de que al estar deprimidos se tiene una visión estrecha y poco objetiva de las cosas, por lo que con el paso de los días todo podría cambiar para bien. También afirman que luego de fracasar en el intento de estar muertos, se alegran y agradecen el estar vivos y reconocen que no querían poner fin a su vida, sino evitar la pena y el dolor.


En otro orden, es preciso que los medios de comunicación cuiden en extremo la información sobre suicidios y la forma de exponerlos, tanto en las imágenes que se muestran, como en el tono de voz y el lenguaje utilizados. Es clave que la cobertura sea profesional, sin juicios de valor ni exaltación del método utilizado, pues algunos estudios sostienen que muchas personas que piensan en suicidarse imitan algunos actos expuestos en los medios. Los organismos especializados los invitan a tener en cuenta que la persona que llega a esta instancia pasa por un momento de real desesperación a la cual no le encuentra salida, pero, además, piden tener en cuenta a sus seres queridos a quienes les resulta difícil de entender la  decisión de quien ahora está muerto; se sienten en la mayoría de los casos con culpa por lo ocurrido y  repiten el hecho una y otra vez, cada vez que el medio lo refiere, con todo el dolor que ello implica.


Quién necesite profundizar en el tema puede ingresar al siguiente link del Ministerio de Salud de la Nación: http://www.msal.gov.ar/index.php/home/certificaciones/215-suicidio o al de la Asociación de Supervivientes de una Muerte por Suicidio:  http://www.suicidioprevencion.com/ donde hay consejos y ayuda para quien piense en la posibilidad de terminar con su vida o para familiares que, por su causa, sufren la pérdida de un ser querido.


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Prevención del suicidio

Este año, con el patrocinio de la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) insta a preconizar terapias adecuadas y medidas de seguimiento para quienes intentaron suicidarse y pide a los medios de comunicación un tratamiento mesurado del suicidio. Frente a esta problemática, la Dirección Nacional y Provincial de Salud Mental, adhieren al pedido con un trabajo orientado a derribar preconceptos y estigmas sobre el hecho y sobre la persona que lo comete o lo intenta, lo que implica enfrentar las múltiples y complejas causan que lo promueven.

En el mundo se suicidan casi un millón de personas al año, lo que supone una tasa de mortalidad “global” de 16 por cada 100.000, o una muerte cada 40 segundos. En los últimos 45 años las tasas aumentaron 60% a nivel mundial. El suicidio es una de las tres primeras causas de defunción entre las personas de 15 a 44 años en algunos países y la segunda en el grupo de 10 a 24 años; sin contar las tentativas de suicidio, se estima que por año más de 20 millones lo intentan. Aunque las muertes por esta causa son más en varones de edad avanzada, los últimos años muestran un incremento significativo entre los jóvenes, hoy se constituyen como el grupo de mayor riesgo en un tercio de los países,  tanto en el mundo desarrollado como en el mundo en desarrollo. También Mendoza presenta este aumento particular y en lo general, tiene sus lamentables muertes: 137 suicidios se registran en 2013 y alrededor de 91 en lo que va de este año.

El suicidio es un problema complejo, en el que intervienen factores psicológicos, sociales, biológicos, culturales y ambientales, por eso la OSM pide una labor de concientización y de prevención en la que intervengan profesionales calificados y con un compromiso que garantice la adopción de medidas prácticas y efectivas. Ello implica tanto decisión política como responsabilidad social.

Por ello, Mendoza adhiere a este llamado mediante un abordaje multidisciplinario y además dispone del Servicio de Asistencia Telefónica en Crisis del 911; el que se inició en 2009 con un trabajo conjunto de los Ministerios de Salud y Seguridad. Se trata de un sistema de escucha destinado a prevenir y asistir las crisis psicológicas de quienes en forma voluntaria se comunican en busca de ayuda de 10 a 22hs. Detrás de la línea hay seis psicólogos que asisten a la persona en crisis para contenerla y derivarla para que reciba ayuda específica y pertinente. Se considera un servicio fundamental en tanto el suicidio es prevenible y previsible. No obstante, también es primordial que se extienda el horario de atención pues es acotado para quienes pueden necesitarlo, más si se tiene en cuenta que las horas de la noche suelen incidir en la profundización de la depresión y la angustia, entre otras situaciones de riesgo.

La prevención del suicidio requiere, además, la intervención de sectores distintos de la salud y exige un enfoque integral y multisectorial. Por ello,  se ofrece capacitaciones a escuelas y operadores del 911 para saber cómo prevenir esta situación y cómo actuar ante determinadas señales. Es preciso saber que la OSM define al suicidio como “todo acto por el que un individuo se causa a sí mismo una lesión o daño con un grado variable en la intención de morir, cualquiera sea el grado de la intención letal o de conocimiento del verdadero móvil”. La representación más extendida sobre el suicidio se asocia a la imagen de un acto individual con un propósito claro; sin embargo, hay que entenderlo en toda su complejidad.

Las conductas suicidas abarcas un amplio espectro: desde la ideación suicida, la elaboración de un plan,  la obtención de medios para concretarlo, hasta la posible consumación del acto. Aunque no puedan alinearse en forma lineal y consecutiva, es primordial considerar el riesgo que cada una de estas manifestaciones conlleva más allá de la supuesta intencionalidad. Así, se considera intento de suicidio a toda acción auto infligida con el propósito de generarse un daño que puede ser letal.

Sus causas más comunes y los factores de riesgo entre los que presentan cierta predisposición son:

  • Problemas psiquiátricos: trastornos depresivos, psicosis, enfermedad bipolar, desesperanza, incapacidad para continuar la vida cotidiana.
  • Sentimiento de soledad y carencia de vínculos sociales.
  • Pérdida de seres queridos.
  • Problemas económicos, familiares, laborales.
  • Vivir en zonas con escasa luz de día.
  • Casos de suicidio en la familia, con su correlato genético y social.
  • Abuso de alcohol y drogas.
  • Ser víctima de abuso físico o sexual en la niñez.
  • Ser víctima de enfermedades físicas que provoquen discapacidad y/o causantes de mucho e interminable dolor.
  • Tener acceso a medios para cometer el suicidio (venenos, armas, entre otros).
  • En los jóvenes el riesgo aumenta en familias mono parentales y en zonas de menor densidad geográfica y cobertura de servicios.

Es bueno saber que la mayoría de los suicidios pueden prevenirse si se reconocen algunas señales que indican peligro: cambios notorios en el carácter  como retraimiento, apatía e insomnio; referencias reiteradas a la muerte o al deseo de morir y amenazas de suicidio. Ante estas señales, es importante conocer que son claves en la recuperación la identificación temprana de posibles víctimas y el tratamiento adecuado; que los grupos de ayuda son efectivos en el tratamiento de personas en situación de crisis porque, entre varias cosas, fomentan la comunicación de los propios sentimientos, lo que es relevante para la curación; y que existe una nueva generación de fármacos más efectiva y con menos contraindicaciones. Por otro lado, hay que limitar el acceso a posibles medios para cometer el suicidio: cuidar el acceso a insecticidas, instalar protecciones en los puentes, proteger la electrificación de las vías férreas y concientizar sobre la posesión de armas de fuego.

En caso de que una persona piense en quitarse la vida o haya que asistir a alguien en esa situación, es relevante no intentar arreglar la situación a solas, hay que pedir ayuda a alguna persona cercana para que preste su ayuda y pedírsela, lo antes posible, a un profesional: médico de familia, psiquiatra, psicólogo o cuidador. Nunca hay que dejar sola a una persona que atraviese por esta instancia hasta que sea contenida por una persona capacitada y que pueda sacarla de la situación en forma efectiva.  Mientras que llegue la ayuda se aconseja reflexionar acerca de que el suicidio no algo correcto ni incorrecto, ni un defecto del carácter o la moral, sino un desequilibrio entre el dolor y los recursos para vencerlo; por lo tanto puede derrotárselo al encontrar  la manera de reducir ese dolor y /o al aumentar los recursos para hacerle frente.

Quienes lo han intentado y sobrevivido, insisten en que no hay remedios mágicos pero proponen tomar al suicidio como una solución permanente e irreversible de un problema que no es más que pasajero; y a su vez, piden tomar conciencia de que al estar deprimidos se tiene una visión estrecha y poco objetiva de las cosas, por lo que con el paso de los días todo podría cambiar para bien. También afirman que luego de fracasar en el intento de estar muertos, se alegran y agradecen el estar vivos y reconocen que no querían poner fin a su vida, sino evitar la pena y el dolor.

En otro orden, es preciso que los medios de comunicación cuiden en extremo la información sobre suicidios y la forma de exponerlos, tanto en las imágenes que se muestran, como en el tono de voz y el lenguaje utilizados. Es clave que la cobertura sea profesional, sin juicios de valor ni exaltación del método utilizado, pues algunos estudios sostienen que muchas personas que piensan en suicidarse imitan algunos actos expuestos en los medios. Los organismos especializados los invitan a tener en cuenta que la persona que llega a esta instancia pasa por un momento de real desesperación a la cual no le encuentra salida, pero, además, piden tener en cuenta a sus seres queridos a quienes les resulta difícil de entender la  decisión de quien ahora está muerto; se sienten en la mayoría de los casos con culpa por lo ocurrido y  repiten el hecho una y otra vez, cada vez que el medio lo refiere, con todo el dolor que ello implica.

Quién necesite profundizar en el tema puede ingresar al siguiente link del Ministerio de Salud de la Nación: http://www.msal.gov.ar/index.php/home/certificaciones/215-suicidio o al de la Asociación de Supervivientes de una Muerte por Suicidio:  http://www.suicidioprevencion.com/ donde hay consejos y ayuda para quien piense en la posibilidad de terminar con su vida o para familiares que, por su causa, sufren la pérdida de un ser querido.

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