Portezuelo: 60 años de historia y un año de avances
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Por Redacción
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Portezuelo: 60 años de historia y un año de avances



1950. El primer gobierno de Juan Domingo Perón plantea la posibilidad de construir una presa reguladora de aguas y generadora de energía sobre el Río Grande. Allí nacía el proyecto de Portezuelo del Viento. Pasaron desde entonces más de 66 años, toda una vida.


La historia de Portezuelo puede escribirse en paralelo a la del país en los últimos sesenta años. Idas y venidas, interrupciones, olvidos, avances mínimos, discursos altisonantes y resultados magros. Portezuelo estuvo durante décadas empantanado, sin avanzar.


Lo estuvo porque su concreción exige al menos tres cosas: coordinación entre provincias y Estado Nacional, una mirada de largo plazo que excede lo meramente electoral, y financiación que viene atada a la confianza y previsibilidad.


En el último año, algo cambió. Por primera vez aparecen 3 mil millones de pesos en el Presupuesto Nacional para la construcción de la obra.


Por primera vez también, en una estrategia inteligente y sólida, el gobierno de Mendoza se sentó a negociar en el COIRCO, con los gobiernos de otras provincias involucradas, y a fuerza de argumentos y estudios, está logrado aislar al inmovilismo y confrontación permanente de algunos gobiernos provinciales. Y la semana pasada, ante el escepticismo de algunos, coronamos el gran año de Portezuelo. El Gobierno Nacional cumplió lo acordado e inició los procesos licitatorios.


Solo algunos datos de lo que significará la presa, pueden ayudarnos a tener una idea de lo que esta obra implica. Con Portezuelo construido, podremos avanzar con la obra complementaria del trasvase del Grande al Atuel y duplicar el caudal del río y con ello solucionar los conflictos con la provincia de La Pampa y potenciar de manera extraordinaria  la economía del Sur de Mendoza.


En la construcción de la presa, se emplearán entre 2.500 y 3.000 trabajadores mendocinos y además, participarán pequeñas y medianas empresas locales prestadoras de servicios que dinamizarán la economía de Malargüe y San Rafael.


El dinero incorporado en el Presupuesto 2017, ya sancionado por ambas Cámaras del Congreso Nacional, asciende a 2.750 millones de pesos. La Nación afrontará la totalidad de la inversión, cuestión no menor en el marco de la situación financiera provincial.


Es cierto que el avance del proyecto tiene una piedra en el zapato: la posición obstructiva de la La Pampa, cuyo gobierno sostiene una postura inconducente.


No obstante eso, la piedra en el zapato se quita con la llave de oro que tiene Mendoza: el compromiso del Gobierno Nacional que contrasta no solo con la intransigencia de La Pampa, sino también con el desinterés que durante décadas mantuvo el poder central frente a esta obra trascendental para Mendoza y el país.


El Convenio marco que firmaron la Provincia y el Estado Nacional y que ayer ratificó el Senado, es histórico. Es la coronación de horas y horas de negociación y días enteros de trabajo de los equipos técnicos del gobierno de Mendoza, que a fuerza de planificación, planeamiento, estudios y sólidos argumentos, ha conseguido torcer la inercia de una historia que indicaba para Portezuelo un final anunciado, sin obra, con promesas incumplidas y frustraciones permanentes.


En 60 años nunca habíamos llegado tan lejos. Nuestra generación dirigencial, que muchas veces se cuestiona a sí misma por no haber podido evitar el deterioro de Mendoza en los últimos años, tiene en sus manos una oportunidad de resarcirse.


Portezuelo debe ser una política de Estado que una a Mendoza entorno a valores y principios inalterables: la generación de energía, el cuidado del recurso hídrico, la generación de empleo genuino y la planificación con objetivos de mediano y largo alcance de la provincia que queremos ser. Ayer, dimos un paso trascendental para que así sea.


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Portezuelo: 60 años de historia y un año de avances

1950. El primer gobierno de Juan Domingo Perón plantea la posibilidad de construir una presa reguladora de aguas y generadora de energía sobre el Río Grande. Allí nacía el proyecto de Portezuelo del Viento. Pasaron desde entonces más de 66 años, toda una vida.

La historia de Portezuelo puede escribirse en paralelo a la del país en los últimos sesenta años. Idas y venidas, interrupciones, olvidos, avances mínimos, discursos altisonantes y resultados magros. Portezuelo estuvo durante décadas empantanado, sin avanzar.

Lo estuvo porque su concreción exige al menos tres cosas: coordinación entre provincias y Estado Nacional, una mirada de largo plazo que excede lo meramente electoral, y financiación que viene atada a la confianza y previsibilidad.

En el último año, algo cambió. Por primera vez aparecen 3 mil millones de pesos en el Presupuesto Nacional para la construcción de la obra.

Por primera vez también, en una estrategia inteligente y sólida, el gobierno de Mendoza se sentó a negociar en el COIRCO, con los gobiernos de otras provincias involucradas, y a fuerza de argumentos y estudios, está logrado aislar al inmovilismo y confrontación permanente de algunos gobiernos provinciales. Y la semana pasada, ante el escepticismo de algunos, coronamos el gran año de Portezuelo. El Gobierno Nacional cumplió lo acordado e inició los procesos licitatorios.

Solo algunos datos de lo que significará la presa, pueden ayudarnos a tener una idea de lo que esta obra implica. Con Portezuelo construido, podremos avanzar con la obra complementaria del trasvase del Grande al Atuel y duplicar el caudal del río y con ello solucionar los conflictos con la provincia de La Pampa y potenciar de manera extraordinaria  la economía del Sur de Mendoza.

En la construcción de la presa, se emplearán entre 2.500 y 3.000 trabajadores mendocinos y además, participarán pequeñas y medianas empresas locales prestadoras de servicios que dinamizarán la economía de Malargüe y San Rafael.

El dinero incorporado en el Presupuesto 2017, ya sancionado por ambas Cámaras del Congreso Nacional, asciende a 2.750 millones de pesos. La Nación afrontará la totalidad de la inversión, cuestión no menor en el marco de la situación financiera provincial.

Es cierto que el avance del proyecto tiene una piedra en el zapato: la posición obstructiva de la La Pampa, cuyo gobierno sostiene una postura inconducente.

No obstante eso, la piedra en el zapato se quita con la llave de oro que tiene Mendoza: el compromiso del Gobierno Nacional que contrasta no solo con la intransigencia de La Pampa, sino también con el desinterés que durante décadas mantuvo el poder central frente a esta obra trascendental para Mendoza y el país.

El Convenio marco que firmaron la Provincia y el Estado Nacional y que ayer ratificó el Senado, es histórico. Es la coronación de horas y horas de negociación y días enteros de trabajo de los equipos técnicos del gobierno de Mendoza, que a fuerza de planificación, planeamiento, estudios y sólidos argumentos, ha conseguido torcer la inercia de una historia que indicaba para Portezuelo un final anunciado, sin obra, con promesas incumplidas y frustraciones permanentes.

En 60 años nunca habíamos llegado tan lejos. Nuestra generación dirigencial, que muchas veces se cuestiona a sí misma por no haber podido evitar el deterioro de Mendoza en los últimos años, tiene en sus manos una oportunidad de resarcirse.

Portezuelo debe ser una política de Estado que una a Mendoza entorno a valores y principios inalterables: la generación de energía, el cuidado del recurso hídrico, la generación de empleo genuino y la planificación con objetivos de mediano y largo alcance de la provincia que queremos ser. Ayer, dimos un paso trascendental para que así sea.

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