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Por Redacción

Plan de vacunas extras



Hasta el 31 de octubre, todos los niños de uno a cuatro años recibirán una dosis extra, obligatoria y gratuita en los vacunatorios de la provincia. Esta acción se enmarca en la campaña nacional “Sano creceré porque me vacuné”, cuyo objetivo es realizar un seguimiento que se hace cada cinco años para evitar “susceptibles”; es decir, detectar a potenciales personas que puedan enfermar. Se espera así, sostener los logros alcanzados por nuestro país en lo que refiere a la eliminación del sarampión, la rubeola, la rubeola congénita y la polio.


Se profundiza esta acción de prevención para, por un lado, revertir la acumulación de personas que nunca se vacunaron o que se vacunaron pero no tuvieron una respuesta inmune adecuada frente a la vacuna; y por otro, para descartar la posibilidad de que Argentina vuelva a presentar casos, ya que en otros países aún existen.


Para que los pequeños reciban esta dosis extra no se precisa orden médica, basta con acercarse a los vacunatorios de hospitales o de centros de salud, o bien al Vacunatorio Central, en calle San Martín 488, de Ciudad, de lunes a viernes de 7.30 a 13.30 y de 14.30 a 17.30.


Como hace tiempo no se habla sobre estas enfermedades y los motivos por los cuales, en su momento, se luchó en forma insistente contra ellas, es necesario recordarlas para comprender la importancia de no detectarlas otra vez en la Argentina.


Rubeola: también conocida como sarampión alemán, o sarampión de tres días, es una infección vírica contagiosa, por lo general leve, que se propaga a través del aire o por contacto cercano: estornudos, tos o contacto con superficies contaminadas (pañuelos, vasos o manos). Una persona enferma puede infectar a otros desde una semana antes a la aparición de su típica erupción hasta una o dos semanas después de que ésta aparece; es del 90 % la posibilidad de que alguien no vacunado adquiera la enfermedad si convive con quien sí la tiene. Al respecto, se destaca que un bebé que se infecta durante el embarazo puede contagiar durante muchos meses después de nacer. Sin embargo, también es bueno aclarar que una vez que se padece la enfermedad, el paciente adquiere inmunidad permanente.


Cuando una persona adquiere el virus, este se introduce en el organismo, pasa a la sangre y ataca a los glóbulos blancos, así la infección llega a las vías respiratorias, la piel y otros órganos. Aunque muchos niños no llegan a padecerla, es grave, sobretodo en mujeres embarazadas. Una mujer infectada durante las primeras 16 semanas (en lo particular en las primeras 8 o 10) de embarazo puede abortar, dar a luz un bebé muerto o tener un bebé con defectos congénitos. En aproximación, del 10 al 15 % de las mujeres adultas jóvenes nunca tuvieron Rubeola, por lo que pueden correr el riesgo de tener hijos con graves defectos congénitos si se infectan al comienzo del embarazo: pérdida de visión y ceguera, pérdida de audición, patologías cardíacas, retraso y parálisis cerebral o dificultades a la hora de empezar a caminar; por otro lado suelen tener bajo peso al nacer, diarrea, neumonía y meningitis.


La única forma de prevención es la vacunación, gracias a las dosis contra la rubeola y la triple viral, contra ella, el sarampión y las paperas, estas enfermedades son poco comunes. No obstante, si algún niño no se vacunó o no creó las defensas necesarias, o si algún adulto perdiese su efecto, podrían estar menos protegidos o sin nada de protección.


Por ello, en algunas circunstancias son indispensables las dosis de refuerzo. Es bueno recordar que la dosis contra esta enfermedad se coloca por primera vez entre los 12 y 15 meses de edad y su refuerzo se administra entre los cuatro y los seis años. Por su parte, mediante un examen sanguíneo se puede detectar si una mujer en edad de procrear tiene o no inmunidad; de no tenerla debe vacunarse y esperar 28 días para recién buscar su embarazo. No debe aplicarse la vacuna si ya está embarazada, como tampoco a las personas con cáncer, las que estén medicadas con corticoides o reciban radiación.


Los síntomas de la rubeola comienzan entre los 14 y los 21 días después de la infección. Se caracteriza por la aparición –uno o dos días después del contagio– de pequeñas erupciones en la piel de un color rosáceo que se inician en la cabeza y progresan hacia los pies, se hacen más intensas en el tronco, no provocan picores ni molestias y suelen desaparecer en pocos días. Junto a ellas se manifiestan síntomas similares a los de la gripe: malestar general, fiebre poco intensa, enrojecimiento de los ojos, dolor de garganta (faringitis) y de cabeza, e inflamación dolorosa de ganglios alrededor de la nuca y en la región posterior de las orejas. Otros síntomas pueden abarcar: hematomas (raro), inflamación de los ojos (ojos inyectados de sangre) y dolor muscular o articular.


Mientras que en los niños la rubéola suele revestir escasa gravedad, acompañándose algunas veces de otitis (infecciones de oídos), es más frecuente su complicación en los adultos, quienes pueden sufrir otras patologías más graves provocadas por bacterias, como neumonía o encefalitis (en uno de cada 1000 casos). Esta última consiste en una infección que afecta al cerebro y conlleva un riesgo inmediato de coma, retraso mental a largo plazo, epilepsia e incluso muerte del paciente.


Cabe decir que no existe un tratamiento específico para la rubeola, sólo se intenta mitigar la fiebre y el malestar general, como si se tratara de un proceso gripal; pero se recomienda reposo y aislamiento del paciente para evitar nuevos contagios.


Sarampión: es una enfermedad viral muy contagiosa que se propaga con gotitas provenientes de la nariz, la boca o la garganta de una persona infectada, como las del estornudo y la tos. También puede propagarse cuando se tocan superficies u objetos contaminados, donde el virus puede vivir hasta dos horas. Si se habla de su historia en el país, cabe destacar que desde 2009 en adelante refiere a casos importados, ya que en el año 2000 se erradicaron los autóctonos.


Aquellas personas que tuvieron una infección de sarampión activa o que fueron vacunadas contra la enfermedad tienen inmunidad contra ella. Antes de la fuerte lucha que la vacunación dio en su contra, el sarampión era una enfermedad tan común en la infancia que la mayoría de las personas la padecía antes de llegar a los 20 años. El número de casos de sarampión descendió en forma notable en las últimas décadas; sin embargo, las tasas comienzan a elevarse otra vez.


Respecto a sus síntomas, comienzan, por lo general, de 8 a 12 días después de la exposición al virus y pueden abarcar: ojos inyectados en sangre, tos, fiebre, sensibilidad a la luz (fotofobia), dolor muscular, erupción cutánea que aparece de 3 a 5 días después de los primeros signos de la enfermedad y puede durar de 4 a 7 días; suele comenzar en la cabeza para luego extenderse por el cuerpo en forma plana y decolorada o en forma sólida, roja y levantada; además produce prurito y picazón. A su vez, otros síntomas pueden ser: enrojecimiento e irritación de los ojos (conjuntivitis), dolor de cabeza y de garganta: y diminutas manchas blancas dentro de la boca (manchas de Koplik).


Si bien no existe un tratamiento específico para el sarampión, los síntomas pueden aliviarse con reposo en cama, paracetamol y vaporizaciones. Por su parte, la recuperación suele llegar en dos o tres semanas y suele ser buena, a no ser que surjan complicaciones como neumonía, meningoencefalitis, infección al oído, convulsiones, bronquitis o diarreas intensas; además, en casos extremos puede ocasionar la muerte. Es letal del 3% al 6% de los casos y los que corren más peligro son los bebés entre los 6 y los 11 meses de edad. Para reducir su posibilidad de morir o las complicaciones, los niños pueden necesitar suplementos de vitamina A, en tanto se estima que las personas que no reciben suficiente de esta vitamina tienen mayor probabilidad de contraer infecciones como ésta. No obstante, hay que recalcar que afecta sobre todo a los niños y los casos más graves se dan en lactantes desnutridos menores de 5 años y en adultos con inmunodeficiencias. Sin embargo, cualquier persona expuesta puede ser afectada por el virus.


En cuanto a su prevención, la vacunación es muy efectiva, por lo tanto, quienes no recibieron la vacunación completa tienen alto riesgo de contraer la enfermedad. La vacuna contra el Sarampión es una vacuna a virus vivo atenuado que se asocia con la vacuna de la Papera y Rubeola en la vacuna Triple Viral. Es obligatoria y debe aplicarse a los pequeños al cumplir el año de vida con un refuerzo al ingreso escolar. Luego se coloca una dosis a los 11 años a quienes no recibieron las dos dosis correspondientes.


Poliomielitis: es una infección causada por el polio virus capaz de afectar los nervios y llevar a parálisis total o parcial; afecta con mayor frecuencia a lactantes y niños pequeños. Se contagia por contacto directo de persona a persona, con moco o flema infectados de la nariz o la boca, o por contacto con heces infectadas. El virus entra a través de la boca y la nariz, se multiplica en la garganta y en el tubo digestivo, luego la sangre y el sistema linfático lo absorben y diseminan por el organismo. El tiempo que pasa desde el momento de infectarse hasta la aparición de los síntomas oscila entre 5 y 35 días.


En referencia a los síntomas, existen tres patrones básicos de infección por Polio. La mayoría de las personas presentan infecciones subclínicas y es posible que no tengan síntomas; no obstante, pueden sentir molestia general, dolor de cabeza, garganta enrojecida, fiebre leve y vómitos. Por otra parte, la poliomielitis clínica afecta al sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) y se divide en las formas no paralítica y paralítica; aquí la persona puede manifestar reflejos anormales, rigidez en la espalda, dificultad para levantar la cabeza o las piernas cuando está acostada boca arriba y/o para doblar el cuello.


Tampoco cuenta con un tratamiento específico, sólo se pretende controlar los síntomas mientras la infección sigue su curso, aunque las personas con complicaciones graves pueden necesitar respiración mecánica, antibióticos, calor húmedo para reducir el dolor y los espasmos musculares, analgésicos, fisioterapia, dispositivos ortopédicos, zapatos correctivos o cirugías ortopédicas para ayudar a recuperar la fuerza y la funcionalidad muscular. El pronóstico de recuperación depende si la enfermedad es subclínica o paralítica y de la parte del cuerpo afectada. La mayoría de las veces se alcanza en plenitud si la médula espinal o el cerebro no están comprometidos, si lo están, la polio puede provocar parálisis y por lo tanto discapacidad o problemas respiratorios que podrían ser letales.


Entre las complicaciones derivadas de esta enfermedad se encuentran: neumonía, falta de movimiento, problemas pulmonares, miocarditis, pérdida de la función intestinal (íleo paralítico), insuficiencia cardíaca, shock e infecciones urinarias, entre otras. Además, algunos pacientes, 30 o más años después de su infección inicial pueden desarrollar síndrome postpoliomielítico, por el cual los músculos debilitados se debilitan aún más o bien se debilitan nuevos músculos. Por ello es tan importante su prevención: la vacuna, que tiene una efectividad superior al 90 %, se coloca a los 2, 4 y 6 meses, a los 18 meses y durante el ingreso escolar. Otras formas de prevención son: lavarse las manos después de ir al baño y no beber agua contaminada. De esta manera se evita la transmisión de la enfermedad en sitios donde circula el virus.


Rubeola, sarampión y poliomielitis se previenen por vacunación, si bien existe un control efectivo sobre su propagación en el país, la presencia de casos llegados desde el exterior hace que se refuercen sus dosis cada vez que se lo considera necesario o bien cada cinco años. Este es el momento de aplicar la dosis extra a los pequeños, es gratis y está a disposición. Es tarea de todos contribuir a erradicarlas y mantener protegida a nuestra población.


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Plan de vacunas extras

Hasta el 31 de octubre, todos los niños de uno a cuatro años recibirán una dosis extra, obligatoria y gratuita en los vacunatorios de la provincia. Esta acción se enmarca en la campaña nacional “Sano creceré porque me vacuné”, cuyo objetivo es realizar un seguimiento que se hace cada cinco años para evitar “susceptibles”; es decir, detectar a potenciales personas que puedan enfermar. Se espera así, sostener los logros alcanzados por nuestro país en lo que refiere a la eliminación del sarampión, la rubeola, la rubeola congénita y la polio.

Se profundiza esta acción de prevención para, por un lado, revertir la acumulación de personas que nunca se vacunaron o que se vacunaron pero no tuvieron una respuesta inmune adecuada frente a la vacuna; y por otro, para descartar la posibilidad de que Argentina vuelva a presentar casos, ya que en otros países aún existen.

Para que los pequeños reciban esta dosis extra no se precisa orden médica, basta con acercarse a los vacunatorios de hospitales o de centros de salud, o bien al Vacunatorio Central, en calle San Martín 488, de Ciudad, de lunes a viernes de 7.30 a 13.30 y de 14.30 a 17.30.

Como hace tiempo no se habla sobre estas enfermedades y los motivos por los cuales, en su momento, se luchó en forma insistente contra ellas, es necesario recordarlas para comprender la importancia de no detectarlas otra vez en la Argentina.

Rubeola: también conocida como sarampión alemán, o sarampión de tres días, es una infección vírica contagiosa, por lo general leve, que se propaga a través del aire o por contacto cercano: estornudos, tos o contacto con superficies contaminadas (pañuelos, vasos o manos). Una persona enferma puede infectar a otros desde una semana antes a la aparición de su típica erupción hasta una o dos semanas después de que ésta aparece; es del 90 % la posibilidad de que alguien no vacunado adquiera la enfermedad si convive con quien sí la tiene. Al respecto, se destaca que un bebé que se infecta durante el embarazo puede contagiar durante muchos meses después de nacer. Sin embargo, también es bueno aclarar que una vez que se padece la enfermedad, el paciente adquiere inmunidad permanente.

Cuando una persona adquiere el virus, este se introduce en el organismo, pasa a la sangre y ataca a los glóbulos blancos, así la infección llega a las vías respiratorias, la piel y otros órganos. Aunque muchos niños no llegan a padecerla, es grave, sobretodo en mujeres embarazadas. Una mujer infectada durante las primeras 16 semanas (en lo particular en las primeras 8 o 10) de embarazo puede abortar, dar a luz un bebé muerto o tener un bebé con defectos congénitos. En aproximación, del 10 al 15 % de las mujeres adultas jóvenes nunca tuvieron Rubeola, por lo que pueden correr el riesgo de tener hijos con graves defectos congénitos si se infectan al comienzo del embarazo: pérdida de visión y ceguera, pérdida de audición, patologías cardíacas, retraso y parálisis cerebral o dificultades a la hora de empezar a caminar; por otro lado suelen tener bajo peso al nacer, diarrea, neumonía y meningitis.

La única forma de prevención es la vacunación, gracias a las dosis contra la rubeola y la triple viral, contra ella, el sarampión y las paperas, estas enfermedades son poco comunes. No obstante, si algún niño no se vacunó o no creó las defensas necesarias, o si algún adulto perdiese su efecto, podrían estar menos protegidos o sin nada de protección.

Por ello, en algunas circunstancias son indispensables las dosis de refuerzo. Es bueno recordar que la dosis contra esta enfermedad se coloca por primera vez entre los 12 y 15 meses de edad y su refuerzo se administra entre los cuatro y los seis años. Por su parte, mediante un examen sanguíneo se puede detectar si una mujer en edad de procrear tiene o no inmunidad; de no tenerla debe vacunarse y esperar 28 días para recién buscar su embarazo. No debe aplicarse la vacuna si ya está embarazada, como tampoco a las personas con cáncer, las que estén medicadas con corticoides o reciban radiación.

Los síntomas de la rubeola comienzan entre los 14 y los 21 días después de la infección. Se caracteriza por la aparición –uno o dos días después del contagio– de pequeñas erupciones en la piel de un color rosáceo que se inician en la cabeza y progresan hacia los pies, se hacen más intensas en el tronco, no provocan picores ni molestias y suelen desaparecer en pocos días. Junto a ellas se manifiestan síntomas similares a los de la gripe: malestar general, fiebre poco intensa, enrojecimiento de los ojos, dolor de garganta (faringitis) y de cabeza, e inflamación dolorosa de ganglios alrededor de la nuca y en la región posterior de las orejas. Otros síntomas pueden abarcar: hematomas (raro), inflamación de los ojos (ojos inyectados de sangre) y dolor muscular o articular.

Mientras que en los niños la rubéola suele revestir escasa gravedad, acompañándose algunas veces de otitis (infecciones de oídos), es más frecuente su complicación en los adultos, quienes pueden sufrir otras patologías más graves provocadas por bacterias, como neumonía o encefalitis (en uno de cada 1000 casos). Esta última consiste en una infección que afecta al cerebro y conlleva un riesgo inmediato de coma, retraso mental a largo plazo, epilepsia e incluso muerte del paciente.

Cabe decir que no existe un tratamiento específico para la rubeola, sólo se intenta mitigar la fiebre y el malestar general, como si se tratara de un proceso gripal; pero se recomienda reposo y aislamiento del paciente para evitar nuevos contagios.

Sarampión: es una enfermedad viral muy contagiosa que se propaga con gotitas provenientes de la nariz, la boca o la garganta de una persona infectada, como las del estornudo y la tos. También puede propagarse cuando se tocan superficies u objetos contaminados, donde el virus puede vivir hasta dos horas. Si se habla de su historia en el país, cabe destacar que desde 2009 en adelante refiere a casos importados, ya que en el año 2000 se erradicaron los autóctonos.

Aquellas personas que tuvieron una infección de sarampión activa o que fueron vacunadas contra la enfermedad tienen inmunidad contra ella. Antes de la fuerte lucha que la vacunación dio en su contra, el sarampión era una enfermedad tan común en la infancia que la mayoría de las personas la padecía antes de llegar a los 20 años. El número de casos de sarampión descendió en forma notable en las últimas décadas; sin embargo, las tasas comienzan a elevarse otra vez.

Respecto a sus síntomas, comienzan, por lo general, de 8 a 12 días después de la exposición al virus y pueden abarcar: ojos inyectados en sangre, tos, fiebre, sensibilidad a la luz (fotofobia), dolor muscular, erupción cutánea que aparece de 3 a 5 días después de los primeros signos de la enfermedad y puede durar de 4 a 7 días; suele comenzar en la cabeza para luego extenderse por el cuerpo en forma plana y decolorada o en forma sólida, roja y levantada; además produce prurito y picazón. A su vez, otros síntomas pueden ser: enrojecimiento e irritación de los ojos (conjuntivitis), dolor de cabeza y de garganta: y diminutas manchas blancas dentro de la boca (manchas de Koplik).

Si bien no existe un tratamiento específico para el sarampión, los síntomas pueden aliviarse con reposo en cama, paracetamol y vaporizaciones. Por su parte, la recuperación suele llegar en dos o tres semanas y suele ser buena, a no ser que surjan complicaciones como neumonía, meningoencefalitis, infección al oído, convulsiones, bronquitis o diarreas intensas; además, en casos extremos puede ocasionar la muerte. Es letal del 3% al 6% de los casos y los que corren más peligro son los bebés entre los 6 y los 11 meses de edad. Para reducir su posibilidad de morir o las complicaciones, los niños pueden necesitar suplementos de vitamina A, en tanto se estima que las personas que no reciben suficiente de esta vitamina tienen mayor probabilidad de contraer infecciones como ésta. No obstante, hay que recalcar que afecta sobre todo a los niños y los casos más graves se dan en lactantes desnutridos menores de 5 años y en adultos con inmunodeficiencias. Sin embargo, cualquier persona expuesta puede ser afectada por el virus.

En cuanto a su prevención, la vacunación es muy efectiva, por lo tanto, quienes no recibieron la vacunación completa tienen alto riesgo de contraer la enfermedad. La vacuna contra el Sarampión es una vacuna a virus vivo atenuado que se asocia con la vacuna de la Papera y Rubeola en la vacuna Triple Viral. Es obligatoria y debe aplicarse a los pequeños al cumplir el año de vida con un refuerzo al ingreso escolar. Luego se coloca una dosis a los 11 años a quienes no recibieron las dos dosis correspondientes.

Poliomielitis: es una infección causada por el polio virus capaz de afectar los nervios y llevar a parálisis total o parcial; afecta con mayor frecuencia a lactantes y niños pequeños. Se contagia por contacto directo de persona a persona, con moco o flema infectados de la nariz o la boca, o por contacto con heces infectadas. El virus entra a través de la boca y la nariz, se multiplica en la garganta y en el tubo digestivo, luego la sangre y el sistema linfático lo absorben y diseminan por el organismo. El tiempo que pasa desde el momento de infectarse hasta la aparición de los síntomas oscila entre 5 y 35 días.

En referencia a los síntomas, existen tres patrones básicos de infección por Polio. La mayoría de las personas presentan infecciones subclínicas y es posible que no tengan síntomas; no obstante, pueden sentir molestia general, dolor de cabeza, garganta enrojecida, fiebre leve y vómitos. Por otra parte, la poliomielitis clínica afecta al sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) y se divide en las formas no paralítica y paralítica; aquí la persona puede manifestar reflejos anormales, rigidez en la espalda, dificultad para levantar la cabeza o las piernas cuando está acostada boca arriba y/o para doblar el cuello.

Tampoco cuenta con un tratamiento específico, sólo se pretende controlar los síntomas mientras la infección sigue su curso, aunque las personas con complicaciones graves pueden necesitar respiración mecánica, antibióticos, calor húmedo para reducir el dolor y los espasmos musculares, analgésicos, fisioterapia, dispositivos ortopédicos, zapatos correctivos o cirugías ortopédicas para ayudar a recuperar la fuerza y la funcionalidad muscular. El pronóstico de recuperación depende si la enfermedad es subclínica o paralítica y de la parte del cuerpo afectada. La mayoría de las veces se alcanza en plenitud si la médula espinal o el cerebro no están comprometidos, si lo están, la polio puede provocar parálisis y por lo tanto discapacidad o problemas respiratorios que podrían ser letales.

Entre las complicaciones derivadas de esta enfermedad se encuentran: neumonía, falta de movimiento, problemas pulmonares, miocarditis, pérdida de la función intestinal (íleo paralítico), insuficiencia cardíaca, shock e infecciones urinarias, entre otras. Además, algunos pacientes, 30 o más años después de su infección inicial pueden desarrollar síndrome postpoliomielítico, por el cual los músculos debilitados se debilitan aún más o bien se debilitan nuevos músculos. Por ello es tan importante su prevención: la vacuna, que tiene una efectividad superior al 90 %, se coloca a los 2, 4 y 6 meses, a los 18 meses y durante el ingreso escolar. Otras formas de prevención son: lavarse las manos después de ir al baño y no beber agua contaminada. De esta manera se evita la transmisión de la enfermedad en sitios donde circula el virus.

Rubeola, sarampión y poliomielitis se previenen por vacunación, si bien existe un control efectivo sobre su propagación en el país, la presencia de casos llegados desde el exterior hace que se refuercen sus dosis cada vez que se lo considera necesario o bien cada cinco años. Este es el momento de aplicar la dosis extra a los pequeños, es gratis y está a disposición. Es tarea de todos contribuir a erradicarlas y mantener protegida a nuestra población.

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