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Otra forma de proteger
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Por Redacción

Otra forma de proteger



Darío Carrizo está dentro de la fuerza policial desde hace 13 años. Eligió esta actividad mitad por la admiración que le provocaba su hermano, también oficial, y mitad por el trabajo de amigos policías.

Pero no es un funcionario más, ya que su trabajo tiene un valor agregado: movilizó a sus compañeros para colaborar con las escuelas albergue de Malargüe, actividad que lo enorgullece. “La Policía me abrió muchas puertas para conocer gente y así he llegado a realizar cosas que no sabía que podía hacer”, explica.

“Siempre fui una persona que anduvo en la calle: antes de ser policía era preventista, así que siempre me relacioné con la gente, pero cuando entrás a cumplir esta función también te relacionás con gente que tiene problemas, porque entonces sos psicólogo, enfermero; sos todo más allá de que tenés que proteger a la sociedad”, resume en pocas palabras lo significativo de su trabajo.


Gajes del oficio

Este policía, que desde hace un tiempo lleva adelante campañas solidarias –tarea en la que es acompañado por su esposa Andrea y sus tres hijos, que lo alientan a seguir adelante con sus acciones–, también se ha enfrentado con situaciones extremas, de las cuales ha aprendido mucho: “He tenido muchas situaciones cuando andaba en la calle y me mandaban a lugares que no sabía como me iban a recibir”, relata, y da innumerables ejemplos que van desde mujeres a punto de dar a luz, peleas familiares o entre vecinos en las que tuvo que mediar, o situaciones que lo marcaron como la que le tocó vivir unos siete años atrás, cuando rescató a un niño que cayó al agua en Blanco Encalada.

“Le hice los primeros auxilios hasta que llegó el helicóptero de la Policía. El nene llegó con signos vitales hasta el helipuerto pero minutos después falleció camino al Hospital Notti”, comenta Darío.

También recuerda otras situaciones, como ver morir a compañeros, personas heridas de gravedad, incluso un asalto hace unos años donde fue baleado, hechos que le han ayudado ser más fuerte.


Padrinazgo

La acción de colaborar con las escuelas albergue del sur mendocino nació en el 2011 con Roberto Munives, cuando éste era jefe de la Departamental de Malargüe. Allí, el funcionario se relacionó con el director de la escuela Peregrina Canto, ubicada en Bardas Blancas, a 70 kilómetros de la ciudad cabecera de ese departamento.

Tiempo después, Munives asumió como jefe de la Policía Vial de Mendoza y Darío empiezó a cumplir su función como chofer. Allí, entre charla y charla, el jefe les propone a sus oficiales a cargo realizar una tarea en la escuela Canto. La propuesta fue bien recibida, los oficiales –entre los que estaba Darío– comenzaron a juntar donaciones y un día partieron seis de ellos en moto, más dos vehículos llenos de libros y ropa hacia el colegio.


Solidaridad gratificante

“Los chicos de allá nunca habían visto una moto policial, así que llegamos tocando sirena; fue algo muy lindo, tan lindo que nos costó despedirnos después. Nos quedamos todo el fin de semana y nos hicimos amigos del director, un tipo excelente: el docente Pablo Sasso. Aprovechamos el fin de semana para compartir tiempo con los chicos y uno de mis compañeros les dio una charla sobre nociones básicas de seguridad vial”, explica Darío.

“Me sorprendió la educación pero también el respeto de estos chicos que pasan 18 días al mes en una escuela albergue, hasta que la movilidad los lleva de vuelta al puesto donde viven. Y también me sorprendió cómo esos docentes se transforman en sus padres mientras los tienen a cargo”, dice Darío, y además confiesa que apenas llegó a su casa le dijo a su esposa que iban a ir juntos, porque quería que sus hijos conocieran y se relacionaran con los alumnos de esta escuela.


Apuesta redoblada

Después de aquella experiencia, el mentor de la actividad preguntó a su grupo si les interesaba seguir haciendo cosas con la escuela y la respuesta fue más que “afirmativa”.

“Todo eso de a poquito fue creciendo, porque los chicos empezaron a hacer sus viajes de estudio a la ciudad de Mendoza. Entonces nosotros los esperábamos acá y los custodiábamos desde la calle Paso hasta la Ciudad, y después los llevábamos a conocer el Zoológico, al cine, a la reserva Divisadero Largo, Puente del Inca, el metrotranvía, y el último día los llevábamos a una pileta y les hacíamos un asado. Días después viajábamos nosotros para allá para acompañarlos en su acto de fin de año”, cuenta entusiasmado el auxiliar.


Homenaje

“En el transcurso de este tiempo, mientras colaborábamos con la escuelita, falleció un compañero nuestro en Santa Rosa en un accidente vial, y si bien él no estaba en el grupo solidario, nos pareció una buena idea homenajearlo poniéndole el nombre ‘Oficial Principal Walter Arias’ a la biblioteca que inauguraron en la escuela”, relata Darío.


El gran desafío

En diciembre pasado Darío viajó a la escuela y se encontró con dos novedades: la primera es que Pablo Sasso ya no es el director del colegio de Bardas Blancas, y la segunda es que el educador ahora tiene a su cargo las once escuelas albergue ubicadas en Malargüe, por lo que le ofreció hacer en todas lo mismo que con la escuela Canto: “apadrinarlas”.

A esta ayuda se suman algunas ideas que Darío tiene en mente para mejorar la calidad de vida de los alumnos, cuya aplicación no depende de la solidaridad de los mendocinos, sino de una decisión política: “He pensado que los equipos de comunicaciones que la Policía ya no usa desde que se instaló el sistema Tetra pueden ser de mucha ayuda en aquellas escuelas que están más alejadas para que puedan estar en contacto, ya que no hay ni señal de celular”.

Otra de las ideas responde al problema de transporte que tienen las escuelas albergue, que podría solucionarse con algunos vehículos depositados en la playa San Agustín, los que serían de mucha utilidad para transportar a un niño enfermo o con una picadura de araña hasta el centro de salud más cercano.

Roberto Munives se retiró y el resto de los compañeros ha sido designado en otros lugares y tareas. Aún así, este policía acepta el desafío de colaborar con todas las escuelas, por lo que ya empezó a recolectar ropa de abrigo y de cama, elementos de higiene personal, útiles escolares, libros y todo lo que pueda ayudar a los chicos que pasan muchos días alejados de sus familias educándose en una escuela albergue.


contacto:

dariocarrizo914@gmail.com


/ Rebeca Rodriguez


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Otra forma de proteger

Darío Carrizo está dentro de la fuerza policial desde hace 13 años. Eligió esta actividad mitad por la admiración que le provocaba su hermano, también oficial, y mitad por el trabajo de amigos policías.
Pero no es un funcionario más, ya que su trabajo tiene un valor agregado: movilizó a sus compañeros para colaborar con las escuelas albergue de Malargüe, actividad que lo enorgullece. “La Policía me abrió muchas puertas para conocer gente y así he llegado a realizar cosas que no sabía que podía hacer”, explica.
“Siempre fui una persona que anduvo en la calle: antes de ser policía era preventista, así que siempre me relacioné con la gente, pero cuando entrás a cumplir esta función también te relacionás con gente que tiene problemas, porque entonces sos psicólogo, enfermero; sos todo más allá de que tenés que proteger a la sociedad”, resume en pocas palabras lo significativo de su trabajo.

Gajes del oficio
Este policía, que desde hace un tiempo lleva adelante campañas solidarias –tarea en la que es acompañado por su esposa Andrea y sus tres hijos, que lo alientan a seguir adelante con sus acciones–, también se ha enfrentado con situaciones extremas, de las cuales ha aprendido mucho: “He tenido muchas situaciones cuando andaba en la calle y me mandaban a lugares que no sabía como me iban a recibir”, relata, y da innumerables ejemplos que van desde mujeres a punto de dar a luz, peleas familiares o entre vecinos en las que tuvo que mediar, o situaciones que lo marcaron como la que le tocó vivir unos siete años atrás, cuando rescató a un niño que cayó al agua en Blanco Encalada.
“Le hice los primeros auxilios hasta que llegó el helicóptero de la Policía. El nene llegó con signos vitales hasta el helipuerto pero minutos después falleció camino al Hospital Notti”, comenta Darío.
También recuerda otras situaciones, como ver morir a compañeros, personas heridas de gravedad, incluso un asalto hace unos años donde fue baleado, hechos que le han ayudado ser más fuerte.

Padrinazgo
La acción de colaborar con las escuelas albergue del sur mendocino nació en el 2011 con Roberto Munives, cuando éste era jefe de la Departamental de Malargüe. Allí, el funcionario se relacionó con el director de la escuela Peregrina Canto, ubicada en Bardas Blancas, a 70 kilómetros de la ciudad cabecera de ese departamento.
Tiempo después, Munives asumió como jefe de la Policía Vial de Mendoza y Darío empiezó a cumplir su función como chofer. Allí, entre charla y charla, el jefe les propone a sus oficiales a cargo realizar una tarea en la escuela Canto. La propuesta fue bien recibida, los oficiales –entre los que estaba Darío– comenzaron a juntar donaciones y un día partieron seis de ellos en moto, más dos vehículos llenos de libros y ropa hacia el colegio.

Solidaridad gratificante
“Los chicos de allá nunca habían visto una moto policial, así que llegamos tocando sirena; fue algo muy lindo, tan lindo que nos costó despedirnos después. Nos quedamos todo el fin de semana y nos hicimos amigos del director, un tipo excelente: el docente Pablo Sasso. Aprovechamos el fin de semana para compartir tiempo con los chicos y uno de mis compañeros les dio una charla sobre nociones básicas de seguridad vial”, explica Darío.
“Me sorprendió la educación pero también el respeto de estos chicos que pasan 18 días al mes en una escuela albergue, hasta que la movilidad los lleva de vuelta al puesto donde viven. Y también me sorprendió cómo esos docentes se transforman en sus padres mientras los tienen a cargo”, dice Darío, y además confiesa que apenas llegó a su casa le dijo a su esposa que iban a ir juntos, porque quería que sus hijos conocieran y se relacionaran con los alumnos de esta escuela.

Apuesta redoblada
Después de aquella experiencia, el mentor de la actividad preguntó a su grupo si les interesaba seguir haciendo cosas con la escuela y la respuesta fue más que “afirmativa”.
“Todo eso de a poquito fue creciendo, porque los chicos empezaron a hacer sus viajes de estudio a la ciudad de Mendoza. Entonces nosotros los esperábamos acá y los custodiábamos desde la calle Paso hasta la Ciudad, y después los llevábamos a conocer el Zoológico, al cine, a la reserva Divisadero Largo, Puente del Inca, el metrotranvía, y el último día los llevábamos a una pileta y les hacíamos un asado. Días después viajábamos nosotros para allá para acompañarlos en su acto de fin de año”, cuenta entusiasmado el auxiliar.

Homenaje
“En el transcurso de este tiempo, mientras colaborábamos con la escuelita, falleció un compañero nuestro en Santa Rosa en un accidente vial, y si bien él no estaba en el grupo solidario, nos pareció una buena idea homenajearlo poniéndole el nombre ‘Oficial Principal Walter Arias’ a la biblioteca que inauguraron en la escuela”, relata Darío.

El gran desafío
En diciembre pasado Darío viajó a la escuela y se encontró con dos novedades: la primera es que Pablo Sasso ya no es el director del colegio de Bardas Blancas, y la segunda es que el educador ahora tiene a su cargo las once escuelas albergue ubicadas en Malargüe, por lo que le ofreció hacer en todas lo mismo que con la escuela Canto: “apadrinarlas”.
A esta ayuda se suman algunas ideas que Darío tiene en mente para mejorar la calidad de vida de los alumnos, cuya aplicación no depende de la solidaridad de los mendocinos, sino de una decisión política: “He pensado que los equipos de comunicaciones que la Policía ya no usa desde que se instaló el sistema Tetra pueden ser de mucha ayuda en aquellas escuelas que están más alejadas para que puedan estar en contacto, ya que no hay ni señal de celular”.
Otra de las ideas responde al problema de transporte que tienen las escuelas albergue, que podría solucionarse con algunos vehículos depositados en la playa San Agustín, los que serían de mucha utilidad para transportar a un niño enfermo o con una picadura de araña hasta el centro de salud más cercano.
Roberto Munives se retiró y el resto de los compañeros ha sido designado en otros lugares y tareas. Aún así, este policía acepta el desafío de colaborar con todas las escuelas, por lo que ya empezó a recolectar ropa de abrigo y de cama, elementos de higiene personal, útiles escolares, libros y todo lo que pueda ayudar a los chicos que pasan muchos días alejados de sus familias educándose en una escuela albergue.

contacto:
dariocarrizo914@gmail.com

/ Rebeca Rodriguez

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