Bombas atómicas y relaciones internacionales
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Por Emilio Luis Magnaghi
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Bombas atómicas y relaciones internacionales

Poseer los mortíferos artefactos no le garantiza a nadie tener el poder absoluto del destino del mundo. Hay ejemplos de ello en la historia reciente.

No son pocos los expertos en Estrategia que sostienen que es una creencia errónea el sostener que la posesión de un arma atómica, "la bomba",  otorga una suerte de talismán de invencibilidad a sus felices poseedores en el caótico campo de las relaciones internacionales.

 

Entre los más conocidos se encuentran el renombrado experto británico Sir Basill Liddel Hart, autor del libro Estrategia indirecta,  y el profesor de Historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Martin van Creveld, autor de La transformación de la guerra.

 

Para ellos, el primer y más evidente argumento es que ellas no le han otorgado ninguna ventaja política y/o estratégica a sus poseedores. Por ejemplo, cuando los EE.UU. ejerció la posesión de su monopolio, no le impidió tener que ceder a China la mitad de la Península de Corea, aunque ésta última no tuviera "la bomba".

 

Agregan que lo mismo le volvió a ocurrir a los EE.UU. en Vietnam, más tarde a Rusia en Afganistán y finalmente a China en su guerra regional contra el Vietnam unificado.

 

Rematan diciendo que, tampoco, le ha servido de mucho al Estado de Israel, el que no puede vivir en paz desde hace años con sus vecinos y que debe apelar a toda una parafernalia de armas y tácticas para sobrevivir en su peligroso vecindario.

 

Concretamente, van Creveld cita en su libro el hecho de que los israelíes estuvieron a punto de usar sus misiles nucleares Jericó tras la perforación de la Línea Bar Lev por parte de un exitoso ataque egipcio durante la Guerra de Octubre de 1973. 

 

El historiador agrega que fue el propio Presidente de los EE.UU. quien disuadió al primer ministro israelí de no hacerlo, si vamos a creerle a un famoso artículo de la revista Times de la época.

 

Según estos expertos, las armas atómicas no pueden ser utilizadas porque son extremadamente destructivas. Mucho más si nuestro adversario, igualmente,  las posee; pues en ese caso, lo único que queda asegurado es la destrucción mutua. Sin mencionar que el vencedor es quien se tiene que hacer cargo de los costos de la reconstrucción, tal como le ocurrió a los EE.UU. tras Hiroshima y Nagasaki.

 

Otros más pragmáticos señalan la actual composición del Consejo de Seguridad de la ONU como un ejemplo de su utilidad, ya que la misma responde a una realidad política de fines de la 2da GM y de quienes poseían esas armas en ese momento.  

 

Otro interrogante más difícil de argumentar, todavía, lo plantean otros países poseedores de "la bomba", tales como Pakistán, la India y Corea del Norte, que han gastado fortunas para desarrollarlas, probarlas y tenerlas operativas en cantidades suficientes.

 

Aquí solo cabe contestar como lo hizo el presidente de Pakistán, Ali Buttho, padre de la bomba atómica de su país, cuando prometió que Pakistán tendría la bomba atómica aunque los pakistaníes tuvieran que comer pasto. Para desgracia o para la suerte de su país, Buttho cumplió con ambas promesas.

 

Valga todo lo dicho para encuadrar la presente estrategia en desarrollo por parte del régimen de Corea del Norte. Uno que, literalmente, hace vivir a millones de sus habitantes en situaciones de hambre para disponer de estos artefactos.

 

Los teóricos de la inutilidad de "la bomba" sostienen que esta pequeña nación asiática, rodeada de gigantes como China Rusia y Japón, solo busca negociar su desarme nuclear a cambio de ventajas comerciales.

 

Agregan que su caricaturesco dirigente no comprende muy bien que en el hipotético caso de que usara sus 5 ó 10 bombas atómicas contra alguno de sus vecinos, la respuesta de sus enemigos sería tan aterradora, ya que convertiría a su país en una playa de estacionamiento por los próximos 500 años.

 

Puede ser que así sea. Espero que nunca sepamos la verdad. Pero unas recientes declaraciones del presidente de Rusia, Vladimir Putin, pueden echar una luz de diferente color sobre el tema.

 

Si bien Putin, al inicio de su exposición, condena las amenazas norcoreanas, justifica que su líder  busque poseer bombas atómicas como un reaseguro para su propia supervivencia.

 

Al respecto, ejemplificaba su postura diciendo que Saddam Hussein, luego de intentar producirlas, renunció a las mismas, solo para ser invadido por EE.UU. con la excusa de que esto no era cierto. Cuando la realidad es que el dictador iraquí había cumplido su promesa.

 

En pocas palabras, disponer de "la bomba" es para algunos lo mismo que un auto caro estacionado frente una casa pobre. Para otros, posiblemente, una loca minoría, la póliza de seguro de su propia supervivencia.

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Bombas atómicas y relaciones internacionales

Poseer los mortíferos artefactos no le garantiza a nadie tener el poder absoluto del destino del mundo. Hay ejemplos de ello en la historia reciente.

No son pocos los expertos en Estrategia que sostienen que es una creencia errónea el sostener que la posesión de un arma atómica, "la bomba",  otorga una suerte de talismán de invencibilidad a sus felices poseedores en el caótico campo de las relaciones internacionales.

 

Entre los más conocidos se encuentran el renombrado experto británico Sir Basill Liddel Hart, autor del libro Estrategia indirecta,  y el profesor de Historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Martin van Creveld, autor de La transformación de la guerra.

 

Para ellos, el primer y más evidente argumento es que ellas no le han otorgado ninguna ventaja política y/o estratégica a sus poseedores. Por ejemplo, cuando los EE.UU. ejerció la posesión de su monopolio, no le impidió tener que ceder a China la mitad de la Península de Corea, aunque ésta última no tuviera "la bomba".

 

Agregan que lo mismo le volvió a ocurrir a los EE.UU. en Vietnam, más tarde a Rusia en Afganistán y finalmente a China en su guerra regional contra el Vietnam unificado.

 

Rematan diciendo que, tampoco, le ha servido de mucho al Estado de Israel, el que no puede vivir en paz desde hace años con sus vecinos y que debe apelar a toda una parafernalia de armas y tácticas para sobrevivir en su peligroso vecindario.

 

Concretamente, van Creveld cita en su libro el hecho de que los israelíes estuvieron a punto de usar sus misiles nucleares Jericó tras la perforación de la Línea Bar Lev por parte de un exitoso ataque egipcio durante la Guerra de Octubre de 1973. 

 

El historiador agrega que fue el propio Presidente de los EE.UU. quien disuadió al primer ministro israelí de no hacerlo, si vamos a creerle a un famoso artículo de la revista Times de la época.

 

Según estos expertos, las armas atómicas no pueden ser utilizadas porque son extremadamente destructivas. Mucho más si nuestro adversario, igualmente,  las posee; pues en ese caso, lo único que queda asegurado es la destrucción mutua. Sin mencionar que el vencedor es quien se tiene que hacer cargo de los costos de la reconstrucción, tal como le ocurrió a los EE.UU. tras Hiroshima y Nagasaki.

 

Otros más pragmáticos señalan la actual composición del Consejo de Seguridad de la ONU como un ejemplo de su utilidad, ya que la misma responde a una realidad política de fines de la 2da GM y de quienes poseían esas armas en ese momento.  

 

Otro interrogante más difícil de argumentar, todavía, lo plantean otros países poseedores de "la bomba", tales como Pakistán, la India y Corea del Norte, que han gastado fortunas para desarrollarlas, probarlas y tenerlas operativas en cantidades suficientes.

 

Aquí solo cabe contestar como lo hizo el presidente de Pakistán, Ali Buttho, padre de la bomba atómica de su país, cuando prometió que Pakistán tendría la bomba atómica aunque los pakistaníes tuvieran que comer pasto. Para desgracia o para la suerte de su país, Buttho cumplió con ambas promesas.

 

Valga todo lo dicho para encuadrar la presente estrategia en desarrollo por parte del régimen de Corea del Norte. Uno que, literalmente, hace vivir a millones de sus habitantes en situaciones de hambre para disponer de estos artefactos.

 

Los teóricos de la inutilidad de "la bomba" sostienen que esta pequeña nación asiática, rodeada de gigantes como China Rusia y Japón, solo busca negociar su desarme nuclear a cambio de ventajas comerciales.

 

Agregan que su caricaturesco dirigente no comprende muy bien que en el hipotético caso de que usara sus 5 ó 10 bombas atómicas contra alguno de sus vecinos, la respuesta de sus enemigos sería tan aterradora, ya que convertiría a su país en una playa de estacionamiento por los próximos 500 años.

 

Puede ser que así sea. Espero que nunca sepamos la verdad. Pero unas recientes declaraciones del presidente de Rusia, Vladimir Putin, pueden echar una luz de diferente color sobre el tema.

 

Si bien Putin, al inicio de su exposición, condena las amenazas norcoreanas, justifica que su líder  busque poseer bombas atómicas como un reaseguro para su propia supervivencia.

 

Al respecto, ejemplificaba su postura diciendo que Saddam Hussein, luego de intentar producirlas, renunció a las mismas, solo para ser invadido por EE.UU. con la excusa de que esto no era cierto. Cuando la realidad es que el dictador iraquí había cumplido su promesa.

 

En pocas palabras, disponer de "la bomba" es para algunos lo mismo que un auto caro estacionado frente una casa pobre. Para otros, posiblemente, una loca minoría, la póliza de seguro de su propia supervivencia.

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