Intencional necedad mendocina sobre la violencia de género
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Intencional necedad mendocina sobre la violencia de género

Por Daniel Gallardo Periodista de El Ciudadano

 

La violenta muerte de Genaro Fortunato en manos de su pareja Julieta Silva es para escribir una abultada crónica policial. Además, deja mucho contenido en el análisis de la criminología por los entretelones que tiene este caso que repercutió, inclusive, en la prensa nacional. Lo increíble del mismo es que apareció, con mucha más virulencia que el hecho en sí, el debate sobre la violencia de género y la recriminación de algunos sectores de por qué no se hacía una marcha para pedir por “Ni uno menos”.

 

Ante esto, se encendieron las luces rojas de la vida de los mendocinos por que se estaría ante una clara demostración que la chatura social se ha profundizado en vastos sectores de la comunidad local. Que para nada se ha entendido el significado de #Ni Una Menos y que esto implicaría que la violencia sobre nuestras niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres adultas se ha profundizado en vez de retroceder ante los fuertes pronunciamientos que ha tenido aquel costado sensato y comprometido de Mendoza.

 

Lo del joven rugbier de sur mendocino es una dolorosa tragedia que en manos de la Justicia queda investigar, procesar y juzgar. Pero es inadmisible que se distorsione y se lo coloque como un episodio de violencia de género, so pena de faltarle groseramente el respeto a una persona que perdió la vida de esta manera y dejar al descubierto una ignorante mirada sobre lo que aún ocurre con la mujer mendocina.

 

Las redes sociales, como lo vienen siendo en los últimos tiempos, son el campo del gran debate. Allí comenzaron aparecer las inaceptables expresiones y hasta con sarcasmo de… ”y ahora, ¿no, aparecen las marchas pidiendo #Ni Uno Menos?”. Interrogante disparador de aquellos otros desgraciados dichos que mostraron insulto hacia la mujer mendocina y todo lo que viene padeciendo la misma desde siempre. Además una falta total de conocimiento de un aspecto que, por lo que se ve, deberá tener más atentos a todos los organismos que fueron necesarios crearlos para detener todo tipo de vejaciones, lesiones y muertes dentro de la casa y fuera de la casa de cientos de seres del sexo femenino.

 

Es de no creer, pero la patética postura existe y está muy bien ensamblada en la vida de los mendocinos. Así piensan y actúan muchos de ellos. Lamentablemente no son la excepción. Esto implica gran preocupación para todos, porque incide en la educación social y sistemática de nuestros jóvenes. Porque también indica que la violencia de género está muy lejos de apaciguarse.

 

Entonces, en nombre de ese patriarcado que se resiste a replegarse en el tiempo y el soberbio machismo, puntos con los que se cubren muchas consciencias de hombres y mujeres de aquí, continuarán los padecimientos que al momento de hacer este escrito se multiplican por doquier. Algo como para entender por qué solo se horroriza el morbo ciudadano cuando una nena con solo diez años dio a luz a ese bebé fruto de una violación, o por la adolescente violada en pleno centro. Y entender aun más las cifras de maltrato infra y extra familiar que con saña crecen sobre la osamenta de toda mujer. Donde nadie propone nuevas marchas para que esto termine y no cada vez que se produce una víctima más.

 

Todo un incomprensible cuadro de situación en el que solo se debe esperar por aquellas marchas en uno y otro doloroso hecho sobre mujeres mendocinas, en las que se siga pregonando por la calles de la provincia #Ni Una Menos.

 

Daniel Gallardo – Periodista Medios del Grupo Cooperativa

 

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Intencional necedad mendocina sobre la violencia de género

 

La violenta muerte de Genaro Fortunato en manos de su pareja Julieta Silva es para escribir una abultada crónica policial. Además, deja mucho contenido en el análisis de la criminología por los entretelones que tiene este caso que repercutió, inclusive, en la prensa nacional. Lo increíble del mismo es que apareció, con mucha más virulencia que el hecho en sí, el debate sobre la violencia de género y la recriminación de algunos sectores de por qué no se hacía una marcha para pedir por “Ni uno menos”.

 

Ante esto, se encendieron las luces rojas de la vida de los mendocinos por que se estaría ante una clara demostración que la chatura social se ha profundizado en vastos sectores de la comunidad local. Que para nada se ha entendido el significado de #Ni Una Menos y que esto implicaría que la violencia sobre nuestras niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres adultas se ha profundizado en vez de retroceder ante los fuertes pronunciamientos que ha tenido aquel costado sensato y comprometido de Mendoza.

 

Lo del joven rugbier de sur mendocino es una dolorosa tragedia que en manos de la Justicia queda investigar, procesar y juzgar. Pero es inadmisible que se distorsione y se lo coloque como un episodio de violencia de género, so pena de faltarle groseramente el respeto a una persona que perdió la vida de esta manera y dejar al descubierto una ignorante mirada sobre lo que aún ocurre con la mujer mendocina.

 

Las redes sociales, como lo vienen siendo en los últimos tiempos, son el campo del gran debate. Allí comenzaron aparecer las inaceptables expresiones y hasta con sarcasmo de… ”y ahora, ¿no, aparecen las marchas pidiendo #Ni Uno Menos?”. Interrogante disparador de aquellos otros desgraciados dichos que mostraron insulto hacia la mujer mendocina y todo lo que viene padeciendo la misma desde siempre. Además una falta total de conocimiento de un aspecto que, por lo que se ve, deberá tener más atentos a todos los organismos que fueron necesarios crearlos para detener todo tipo de vejaciones, lesiones y muertes dentro de la casa y fuera de la casa de cientos de seres del sexo femenino.

 

Es de no creer, pero la patética postura existe y está muy bien ensamblada en la vida de los mendocinos. Así piensan y actúan muchos de ellos. Lamentablemente no son la excepción. Esto implica gran preocupación para todos, porque incide en la educación social y sistemática de nuestros jóvenes. Porque también indica que la violencia de género está muy lejos de apaciguarse.

 

Entonces, en nombre de ese patriarcado que se resiste a replegarse en el tiempo y el soberbio machismo, puntos con los que se cubren muchas consciencias de hombres y mujeres de aquí, continuarán los padecimientos que al momento de hacer este escrito se multiplican por doquier. Algo como para entender por qué solo se horroriza el morbo ciudadano cuando una nena con solo diez años dio a luz a ese bebé fruto de una violación, o por la adolescente violada en pleno centro. Y entender aun más las cifras de maltrato infra y extra familiar que con saña crecen sobre la osamenta de toda mujer. Donde nadie propone nuevas marchas para que esto termine y no cada vez que se produce una víctima más.

 

Todo un incomprensible cuadro de situación en el que solo se debe esperar por aquellas marchas en uno y otro doloroso hecho sobre mujeres mendocinas, en las que se siga pregonando por la calles de la provincia #Ni Una Menos.

 

Daniel Gallardo – Periodista Medios del Grupo Cooperativa

 

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