Urgen políticas diferenciadas para las economías regionales
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Urgen políticas diferenciadas para las economías regionales

Por Martín Gastañaga Periodista de El Ciudadano

 

Mientras ejercemos nuestra obligación de votar entre informaciones que revelan una situación agridulce –algunos indicadores muestran signos positivos y otros persisten en suministrar tragos amargos- vale la pena detenerse en las diferentes performances que revelan algunas razones insoslayables.

 

Una de ellas, tal vez la principal, es que mientras los signos alentadores se dan en la Pampa húmeda, las economías regionales no salen de su letargo y no encuentran políticas que ayuden. Ejemplo: el sector maquinarias agrícolas dejó un aumento anual de facturación de 93% para el segundo trimestre del año en relación a igual período de 2016, informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El total facturado ascendió a $8.277 millones de pesos, con alzas de 126% en la facturación por la compra de cosechadoras; 96% en implementos; 78% en tractores; y 75% en sembradoras.

 

Las medidas evidentemente han resultado en esas áreas, pero claro, la producción agraria de Mendoza no tiene nada que ver con aquella, es opuesto el recurso de mano de obra –aquí intensivo- y la baja de retenciones no tuvo efecto en nuestros productos. También son diferentes los mercados de destino y los niveles de valor agregado.

 

Si vemos los datos del último informe de coyuntura del IERAL, el relieve de los diferentes desempeños queda patente: “Tomando como referencia el tercer trimestre de 2015, en promedio la recuperación del nivel de actividad es apenas moderado (por el efecto de la recesión de 2016), lo que aumenta la incidencia de los factores locales en la evolución de los indicadores de producción, consumo y empleo. Las diferencias entre provincias están asociadas al tipo de actividad principal (petróleo, minería, agro, industria) y también a la holgura fiscal de cada jurisdicción”.

 

 

En lo medular, resalta que “Varias provincias de la región pampeana, del NOA y del NEA, logran índices de nivel de actividad entre 3% y 5% superiores a los registrados en el tercer trimestre de 2015. En algunos de esos casos, el empleo privado muestra también variaciones positivas, pero más acotadas. En Cuyo las mejoras son imperceptibles respecto del período base, mientras que la Patagonia muestra caídas significativas, que afectan el empleo”, y también señala que “la herencia de graves desequilibrios fiscales de 2015 ha complicado el ritmo de la recuperación de provincias como Buenos Aires, Mendoza y Santa Cruz”.

 

Donde sí los signos son alentadores en casi todos lados, es en el rubro construcción. “El empleo en la construcción crece 4,4 % interanual en promedio, pero con marcadas diferencias regionales. Los datos corresponden a los cinco primeros meses de 2017, y es de casi 10 puntos porcentuales la brecha entre la suba de 9,3 % interanual correspondiente al NOA y la caída de 0,3 % de la Patagonia. Dentro de esa franja se anotan las variaciones de 5,4 % de la región pampeana, de 2,2 % de Cuyo y de 0,9 % del NEA. Siempre comparando con igual período de 2016, el ranking de mejora es liderado por La Rioja (55 % interanual), seguida de Catamarca (32 %), Chaco (24,9 %), Jujuy (13,7 %), Santa Fe (12,1 %) y Mendoza (10,7 %)”.

 

En el caso de la construcción debe quedar claro que, como lo han reconocido todos los actores del ramo, la reactivación es impulsada fundamentalmente por la obra pública, y en lo privado comienza a movilizarse fundamentalmente por la agresiva política de créditos hipotecarios.

 

La conclusión cae de maduro: quienes tienen el dinero, adentro o afuera, aún no encuentran la suficiente motivación y confianza para invertir. La Pampa Húmeda encontró los incentivos, fundamentalmente, por la reducción de la presión tributaria y porque el factor mano de obra no incide tanto (la densidad de trabajadores por hectárea es diez veces menor que en Mendoza).

 

Es hora ya de que se pongan en marcha políticas específicas para las economías regionales, equivalentes a las del complejo granario y oleaginoso, para que el crecimiento sea equitativo. En ese terreno, justo hoy que se vota, ya juega la política.

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Urgen políticas diferenciadas para las economías regionales

 

Mientras ejercemos nuestra obligación de votar entre informaciones que revelan una situación agridulce –algunos indicadores muestran signos positivos y otros persisten en suministrar tragos amargos- vale la pena detenerse en las diferentes performances que revelan algunas razones insoslayables.

 

Una de ellas, tal vez la principal, es que mientras los signos alentadores se dan en la Pampa húmeda, las economías regionales no salen de su letargo y no encuentran políticas que ayuden. Ejemplo: el sector maquinarias agrícolas dejó un aumento anual de facturación de 93% para el segundo trimestre del año en relación a igual período de 2016, informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El total facturado ascendió a $8.277 millones de pesos, con alzas de 126% en la facturación por la compra de cosechadoras; 96% en implementos; 78% en tractores; y 75% en sembradoras.

 

Las medidas evidentemente han resultado en esas áreas, pero claro, la producción agraria de Mendoza no tiene nada que ver con aquella, es opuesto el recurso de mano de obra –aquí intensivo- y la baja de retenciones no tuvo efecto en nuestros productos. También son diferentes los mercados de destino y los niveles de valor agregado.

 

Si vemos los datos del último informe de coyuntura del IERAL, el relieve de los diferentes desempeños queda patente: “Tomando como referencia el tercer trimestre de 2015, en promedio la recuperación del nivel de actividad es apenas moderado (por el efecto de la recesión de 2016), lo que aumenta la incidencia de los factores locales en la evolución de los indicadores de producción, consumo y empleo. Las diferencias entre provincias están asociadas al tipo de actividad principal (petróleo, minería, agro, industria) y también a la holgura fiscal de cada jurisdicción”.

 

 

En lo medular, resalta que “Varias provincias de la región pampeana, del NOA y del NEA, logran índices de nivel de actividad entre 3% y 5% superiores a los registrados en el tercer trimestre de 2015. En algunos de esos casos, el empleo privado muestra también variaciones positivas, pero más acotadas. En Cuyo las mejoras son imperceptibles respecto del período base, mientras que la Patagonia muestra caídas significativas, que afectan el empleo”, y también señala que “la herencia de graves desequilibrios fiscales de 2015 ha complicado el ritmo de la recuperación de provincias como Buenos Aires, Mendoza y Santa Cruz”.

 

Donde sí los signos son alentadores en casi todos lados, es en el rubro construcción. “El empleo en la construcción crece 4,4 % interanual en promedio, pero con marcadas diferencias regionales. Los datos corresponden a los cinco primeros meses de 2017, y es de casi 10 puntos porcentuales la brecha entre la suba de 9,3 % interanual correspondiente al NOA y la caída de 0,3 % de la Patagonia. Dentro de esa franja se anotan las variaciones de 5,4 % de la región pampeana, de 2,2 % de Cuyo y de 0,9 % del NEA. Siempre comparando con igual período de 2016, el ranking de mejora es liderado por La Rioja (55 % interanual), seguida de Catamarca (32 %), Chaco (24,9 %), Jujuy (13,7 %), Santa Fe (12,1 %) y Mendoza (10,7 %)”.

 

En el caso de la construcción debe quedar claro que, como lo han reconocido todos los actores del ramo, la reactivación es impulsada fundamentalmente por la obra pública, y en lo privado comienza a movilizarse fundamentalmente por la agresiva política de créditos hipotecarios.

 

La conclusión cae de maduro: quienes tienen el dinero, adentro o afuera, aún no encuentran la suficiente motivación y confianza para invertir. La Pampa Húmeda encontró los incentivos, fundamentalmente, por la reducción de la presión tributaria y porque el factor mano de obra no incide tanto (la densidad de trabajadores por hectárea es diez veces menor que en Mendoza).

 

Es hora ya de que se pongan en marcha políticas específicas para las economías regionales, equivalentes a las del complejo granario y oleaginoso, para que el crecimiento sea equitativo. En ese terreno, justo hoy que se vota, ya juega la política.

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