El peronismo dividido, ¿volverá a ser vencido?
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Por Redacción

El peronismo dividido, ¿volverá a ser vencido?

 

Prácticamente pasaron dos años cuando el justicialismo perdió el poder del país y de la provincia. En esta última se demostró lo que sucedería en el resto de la nación con el movimiento creado por el extinto tres veces presidente de la nación Juan Domingo Perón. Un proceso que ya había comenzado a principios de la gestión de Francisco Pérez, cuando a los principales dirigentes del PJ mendocino no les cayó bien la intromisión directa en sus decisiones por la entonces presidenta Cristina Kirchner. En ese momento la mujer fuerte de Argentina con total gesto muy lejano al liderazgo y absolutamente autoritario, ordenó desde su púlpito de La Rosada lugares claves para la Legislatura de Mendoza y el Congreso Nacional. Así en las parlamentarias de ese año (2013)eran elegidos Anabel Fernández Sagasti y Lucas Ilardo, dos desconocidos jóvenes del riñón de la Cámpora, quienes junto a Guillermo Carmona, un exiliado del justicialismo local y apadrinado por la Casa Rosada ocuparían los principales ingresos a las Cámaras de Diputados de la Provincia y de la Nación. La denominada grieta comenzaba a germinar dentro del peronismo mendocino. Una cuestión de la que solo se hablaba entre dientes y se hacía esfuerzos denodados para no mostrar públicamente, mientras se fortalecían históricas líneas internas como los azules, el kirchnerismo en su universo de agrupaciones y los que intentaban no quedar afuera en el sur provincial y el Gran Mendoza.

 

El año 2015 con su catarata de elecciones entre PASO y generales propiamente dicha exhibió al PJ local perdiendo terreno y mostrando, como nunca antes, una preocupante disgregación de su poderío como partido político. La devaluada y desfinanciada gestión de Francisco Pérez, el desgaste y descrédito del gobierno de Cristina Kirchner, la profundización de golpes bajos entre dirigentes locales y la paliza electoral de ese año en cada contienda dejó muy mal parado al peronismo mendocino.

 

Hoy el panorama no es diferente. Por el contrario se agudiza por algunos motivos como la disgregación interna de una de sus tradicionales líneas, que tras la muerte de Juan Carlos “Chueco” Mazzón los azules terminaron en crisis de liderazgo y fugando hacia distintas direcciones del golpeado movimiento. Lo otro es la desgarradora cinchada nacional tras la pérdida del poder real del país por parte del kirchnerismo. Allí donde los “muchos ultra K” mostraron que no eran tales y los leales solo se abroquelan como pueden tras la figura de Cristina Fernández, intentando hacer acuerdos con los pocos dirigentes del país que todavía los escuchan. Ante esto y solo en cuestión de meses los peronistas mendocinos concretaron la ruptura que no se animaron hacer hacen dos años atrás. Con una cuestionada jugada rápida hicieron añicos el Frente para la Victoria, volvieron a la vieja sigla PJ y abrieron un frente interno, que por estrategia o casualidad lo van a terminar de dirimir en las PASO del próximo mes de agosto. Fecha en la que el PJ local no solo pondrá a disposición de la ciudadanía sus mejores figuras para ocupar cargos legislativos, sino para instalar liderazgo y poder real del principal partido de la oposición. Donde además se tiene que tener en cuenta un punto clave para todo esto, “la real y definitiva renovación de los cuadros partidarios” de un añejo Movimiento Nacional Justicialista distrito Mendoza. Aspecto del que todos ven al  líder de La Cámpora Lucas Ilardo enfrentando a popes que están desde hace mucho atornillados en puestos claves de la estructura partidaria y eternos candidatos en cada elección. Una cuestión que no es nueva y que se dejó ver por primera vez, cuando el joven legislador fue candidato a intendente de Godoy Cruz. En ese momento tuvo que batallar con el poderío ganador de Alfredo Cornejo y su delfín  Tadeo García Zalazar, solo acompañado por jóvenes de su línea y algunos otros dirigentes.

 

Las cartas están echadas para el justicialismo mendocino. Es quizá el tiempo más dramático de su historia. Esto último estratégicamente necesario, dicen los observadores. Otros, en cambio, aseguran que será una innecesaria sangría que se podría haber evitado haciendo esa estructural autocrítica a finales del 2015, o más tardar a principios del 2016; para no llegar a ese peligroso abismo donde el popular cántico “el justicialismo unido, ¡jamás será vencido!” sea invertido por cachetazos de la historia actual con “el peronismo dividido, ¿volverá a ser vencido?”.

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El peronismo dividido, ¿volverá a ser vencido?

 

Prácticamente pasaron dos años cuando el justicialismo perdió el poder del país y de la provincia. En esta última se demostró lo que sucedería en el resto de la nación con el movimiento creado por el extinto tres veces presidente de la nación Juan Domingo Perón. Un proceso que ya había comenzado a principios de la gestión de Francisco Pérez, cuando a los principales dirigentes del PJ mendocino no les cayó bien la intromisión directa en sus decisiones por la entonces presidenta Cristina Kirchner. En ese momento la mujer fuerte de Argentina con total gesto muy lejano al liderazgo y absolutamente autoritario, ordenó desde su púlpito de La Rosada lugares claves para la Legislatura de Mendoza y el Congreso Nacional. Así en las parlamentarias de ese año (2013)eran elegidos Anabel Fernández Sagasti y Lucas Ilardo, dos desconocidos jóvenes del riñón de la Cámpora, quienes junto a Guillermo Carmona, un exiliado del justicialismo local y apadrinado por la Casa Rosada ocuparían los principales ingresos a las Cámaras de Diputados de la Provincia y de la Nación. La denominada grieta comenzaba a germinar dentro del peronismo mendocino. Una cuestión de la que solo se hablaba entre dientes y se hacía esfuerzos denodados para no mostrar públicamente, mientras se fortalecían históricas líneas internas como los azules, el kirchnerismo en su universo de agrupaciones y los que intentaban no quedar afuera en el sur provincial y el Gran Mendoza.

 

El año 2015 con su catarata de elecciones entre PASO y generales propiamente dicha exhibió al PJ local perdiendo terreno y mostrando, como nunca antes, una preocupante disgregación de su poderío como partido político. La devaluada y desfinanciada gestión de Francisco Pérez, el desgaste y descrédito del gobierno de Cristina Kirchner, la profundización de golpes bajos entre dirigentes locales y la paliza electoral de ese año en cada contienda dejó muy mal parado al peronismo mendocino.

 

Hoy el panorama no es diferente. Por el contrario se agudiza por algunos motivos como la disgregación interna de una de sus tradicionales líneas, que tras la muerte de Juan Carlos “Chueco” Mazzón los azules terminaron en crisis de liderazgo y fugando hacia distintas direcciones del golpeado movimiento. Lo otro es la desgarradora cinchada nacional tras la pérdida del poder real del país por parte del kirchnerismo. Allí donde los “muchos ultra K” mostraron que no eran tales y los leales solo se abroquelan como pueden tras la figura de Cristina Fernández, intentando hacer acuerdos con los pocos dirigentes del país que todavía los escuchan. Ante esto y solo en cuestión de meses los peronistas mendocinos concretaron la ruptura que no se animaron hacer hacen dos años atrás. Con una cuestionada jugada rápida hicieron añicos el Frente para la Victoria, volvieron a la vieja sigla PJ y abrieron un frente interno, que por estrategia o casualidad lo van a terminar de dirimir en las PASO del próximo mes de agosto. Fecha en la que el PJ local no solo pondrá a disposición de la ciudadanía sus mejores figuras para ocupar cargos legislativos, sino para instalar liderazgo y poder real del principal partido de la oposición. Donde además se tiene que tener en cuenta un punto clave para todo esto, “la real y definitiva renovación de los cuadros partidarios” de un añejo Movimiento Nacional Justicialista distrito Mendoza. Aspecto del que todos ven al  líder de La Cámpora Lucas Ilardo enfrentando a popes que están desde hace mucho atornillados en puestos claves de la estructura partidaria y eternos candidatos en cada elección. Una cuestión que no es nueva y que se dejó ver por primera vez, cuando el joven legislador fue candidato a intendente de Godoy Cruz. En ese momento tuvo que batallar con el poderío ganador de Alfredo Cornejo y su delfín  Tadeo García Zalazar, solo acompañado por jóvenes de su línea y algunos otros dirigentes.

 

Las cartas están echadas para el justicialismo mendocino. Es quizá el tiempo más dramático de su historia. Esto último estratégicamente necesario, dicen los observadores. Otros, en cambio, aseguran que será una innecesaria sangría que se podría haber evitado haciendo esa estructural autocrítica a finales del 2015, o más tardar a principios del 2016; para no llegar a ese peligroso abismo donde el popular cántico “el justicialismo unido, ¡jamás será vencido!” sea invertido por cachetazos de la historia actual con “el peronismo dividido, ¿volverá a ser vencido?”.

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