Los desastres enseñan
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Por Carlos Pissolito

Los desastres enseñan

Ya lo decía Séneca: "Sólo en la fortuna adversa se hallan las grandes lecciones del heroísmo." Más humildes, nosotros podemos afirmar que en las malas se ven los buenos.

 

Hoy está de moda alabar al marketing y a su socio psicológico el coaching. Todo bien, pero qué ocurre cuando enfrentamos un problema serio. Uno de esos que la vida nos plantea cada tanto.

 

¿Alcanza con venderse bien? ¿Con comunicarse adecuadamente? Veamos.

 

Hace más de 100 años se hundía en aguas del Atlántico Norte el transatlántico "Titanic". No hace tantos, sufría un grave percance marinero el crucero de lujo "Costa Concordia".

 

El inconveniente no está en que los grandes buques naufraguen. Como lo sabe cualquier buen marinero, las desgracias ocurren en la mar. El problema radica en lo que hicieron ambos capitanes después de cada uno de sus respectivos accidentes.

 

Hasta donde sabemos sendos oficiales eran hombres bien entrenados y de larga experiencia. Sin embargo ambos cometieron errores de conducción garrafales que costaron vidas humanas.

 

A saber, el segundo de ellos, el italiano Francesco Schettino, perdió precisos minutos informando mediante su  teléfono celular a sus patrones sobre la situación, antes que abocarse a tomar medidas concretas para evacuar su nave.

 

Igualmente, el primero de ellos, el inglés  Edward Smith, pese a no disponer de un teléfono celular, tenía la presencia del dueño de la compañía naviera que lo empleaba a bordo. Fue en conversaciones con él que perdió su  valioso tiempo.

 

En ambos casos, los capitanes evaluaron que era más importante comunicarse con sus respectivos empleadores que cumplir con el mandato supremo de todo capitán, cual es el de preservar la vida de sus pasajeros.

 

En otras palabras eligieron no ponerse al frente y hacerse cargo de la situación, de su tripulación y de su pasaje.

 

Probablemente, el hecho de encontrase a cargo de verdaderos hoteles de lujo flotante los alejó de los cánones del liderazgo. Una ciencia y un arte que nos enseña el manejo de situaciones límite para el comportamiento humano.

 

Mucho tiempo antes lo habían abandonado. Pues, habían dejado de ser capitanes para convertirse en meros empleados que pedían y recibían instrucciones de sus patrones.

 

Smith se hundió con su "Titanic"; Schetino, por su parte, se autoevacuó antes que sus propios pasajeros en peligro.

 

Una doble prueba de que puede haber incompetentes que se comportan como es debido y de que nadie manda una organización si no es poniendo en riesgo su propia vida.

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Los desastres enseñan

Ya lo decía Séneca: "Sólo en la fortuna adversa se hallan las grandes lecciones del heroísmo." Más humildes, nosotros podemos afirmar que en las malas se ven los buenos.

 

Hoy está de moda alabar al marketing y a su socio psicológico el coaching. Todo bien, pero qué ocurre cuando enfrentamos un problema serio. Uno de esos que la vida nos plantea cada tanto.

 

¿Alcanza con venderse bien? ¿Con comunicarse adecuadamente? Veamos.

 

Hace más de 100 años se hundía en aguas del Atlántico Norte el transatlántico "Titanic". No hace tantos, sufría un grave percance marinero el crucero de lujo "Costa Concordia".

 

El inconveniente no está en que los grandes buques naufraguen. Como lo sabe cualquier buen marinero, las desgracias ocurren en la mar. El problema radica en lo que hicieron ambos capitanes después de cada uno de sus respectivos accidentes.

 

Hasta donde sabemos sendos oficiales eran hombres bien entrenados y de larga experiencia. Sin embargo ambos cometieron errores de conducción garrafales que costaron vidas humanas.

 

A saber, el segundo de ellos, el italiano Francesco Schettino, perdió precisos minutos informando mediante su  teléfono celular a sus patrones sobre la situación, antes que abocarse a tomar medidas concretas para evacuar su nave.

 

Igualmente, el primero de ellos, el inglés  Edward Smith, pese a no disponer de un teléfono celular, tenía la presencia del dueño de la compañía naviera que lo empleaba a bordo. Fue en conversaciones con él que perdió su  valioso tiempo.

 

En ambos casos, los capitanes evaluaron que era más importante comunicarse con sus respectivos empleadores que cumplir con el mandato supremo de todo capitán, cual es el de preservar la vida de sus pasajeros.

 

En otras palabras eligieron no ponerse al frente y hacerse cargo de la situación, de su tripulación y de su pasaje.

 

Probablemente, el hecho de encontrase a cargo de verdaderos hoteles de lujo flotante los alejó de los cánones del liderazgo. Una ciencia y un arte que nos enseña el manejo de situaciones límite para el comportamiento humano.

 

Mucho tiempo antes lo habían abandonado. Pues, habían dejado de ser capitanes para convertirse en meros empleados que pedían y recibían instrucciones de sus patrones.

 

Smith se hundió con su "Titanic"; Schetino, por su parte, se autoevacuó antes que sus propios pasajeros en peligro.

 

Una doble prueba de que puede haber incompetentes que se comportan como es debido y de que nadie manda una organización si no es poniendo en riesgo su propia vida.

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