El kirchnerismo mendocino a la espera de una limosna partidaria
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Por Redacción

El kirchnerismo mendocino a la espera de una limosna partidaria

 

Al no tener fuerza territorial, el kirchnerismo mendocino depende de la caridad de los dirigentes del PJ para ser incluidos en sus listas. Es el precio que deberán pagar por su soberbia y falta de autocrítica, aferrándose a un pasado nefasto que le hizo mucho mal a nuestra provincia.

 

Hay políticos que dicen una cosa y hacen otra, y el resultado se puede ver cuando la conveniencia es considerada más importante que las ideas. Un claro ejemplo de ello son los dirigentes del kirchnerismo mendocino, quienes relegando al olvido su reciente pasado y tragándose sus palabras, integrarán el frente Somos Mendoza, creado por la cúpula del Partido Justicialista mendocino. 

 

Esos mismos dirigentes justicialistas que hoy los acogen, son los mismos a quienes los K hasta hace unos días los trataban de “tibios” y “complacientes con (el gobernador Alfredo) Cornejo”, “no son el futuro”, “actúan de mala fe cooperativa sin vocación”, entre otros agravios, cuando la conducción del PJ decidió terminar con el sello FpV.

 

Pero como reza el dicho: “el hambre no es zonzo”, y a la hora de integrar listas prefieren hacerlo con los tienen mas posibilidades, aunque tengan que tragar sapos. Por eso el kirchnerismo menduco es la clara representación de la hipocresía y dualidad política, dejando bien en claro y a la vista, el vicio de pensar con el bolsillo olvidándose de los supuestos ideales que dicen tener.

 

Mochila de plomo

En el último congreso partidario del justicialismo, la nueva conducción, representada por los caciques departamentales y el presidente Omar Félix, dieron muestras de querer sacudirse de todo lo que represente al FpV. Allí empezaron por enterrar el sello y después modificar una cláusula de la Carta Orgánica destinada a los díscolos dirigentes kirchneristas de la provincia, que prevé sanciones a quienes no acaten los mandatos partidarios.

 

De ese modo, los “picudos K”, como les dice Cornejo, en vez de enfrentarlos al estilo Cristina y crear su propio ámbito político, prefirieron poner la cola entre las piernas y participar en el mismo frente con quienes ellos tanto denostaban.

 

La nueva conducción y el hombre de a pie saben que el kirchnerismo por estos lares es una mochila de plomo, que se aferra al pasado y no da muestras de la más mínima autocrítica, siguen defendiendo a delincuentes comunes, como la familia de Nélida Rojas, procesada por varios delitos, y que últimamente parece tener más autos que Lázaro Báez. Pero claro, ellos prefieren decir que es una persecución política.

 

El mendocino respeta a las oposiciones constructivas que marcan sus diferencias con civilidad y pensando en el bien de la provincia por sobre las conveniencias partidarias, algo que nunca tuvo el kirchnerismo.

 

Por eso será que los dirigentes que conducen actualmente al justicialismo, por lo bajo dicen: “Nos hubiera convenido que conformaran su propio partido como lo hizo Cristina. Nos salen caros, no tienen representación territorial y, para colmo, son piantavotos”. De esta manera, hacen alusión al apoyo público de los K mendocinos al gobierno de Venezuela, a Milagro Sala, Hebe de Bonafini y a CFK, que puede tener aceptación en la Matanza pero en Mendoza no suma, sino todo lo contrario. 

 

Además, la virulencia de los ataques permanentes hacia el Gobierno no hacen otra cosa más que poner en evidencia que son oposición por la oposición misma, sin aportes que redunden en beneficio de la provincia.

 

No resisten un archivo

Ahora que son parte del mismo frente, quizás quieran olvidar y borrar de su memoria lo que dijeron hasta hace unos días. Por ejemplo, Guillermo Carmona –al parecer el más interesado en arreglar con el PJ– decía de sus ahora nuevamente compañeros de ruta que “son los mismos que ganaron elecciones gracias al sello FpV e invocaban a Néstor y Cristina, hoy rompen el consenso para darle la espalda a la historia. Actuaron de mala fe, no estaba en el temario cambiar el nombre, son dirigentes que actúan presionados por Alfredo Cornejo”. 

 

Por su parte, la senadora nacional Anabel Fernández Sagasti fue aún más dura con los dirigentes del PJ mendocino cuando les dijo: “Ustedes no son el futuro, porque el futuro no se construye negando todo lo positivo que construimos durante doce años, se construye reivindicando lo que hicimos bien y corrigiendo errores. Tomaron una medida sin consenso y no es momento para tibios. Iremos a las PASO con lista propia, no tememos perder, porque a nosotros nos quieren poner como el pasado, pero estamos sembrando el futuro. El justicialismo mendocino es una cooperativa sin vocación...”.

 

Sumándose a estas lacrimógenas críticas, su marido, Lucas Ilardo –quien dice ser peronista por herencia familiar y kirchnerista por convicción propia– refunfuñaba: “Nosotros entendemos que ellos creen que con esto se pueden lavar la cara, pero no van a ser lo que viene, ni van a ser el futuro”.

 

Sin embargo, con una violenta marcha atrás después de todos los improperios vertidos, estos dirigentes dicen al unísono: “Ahora somos Mendoza”.

 

Cuando prima la conveniencia

Queda claramente en evidencia  la difícil convivencia que de ahora en más habrá entre el PJ y los K, pero también queda bien claro que estos últimos, con Guillermo Carmona a la cabeza, han priorizado su propia conveniencia por sus verdaderos o supuestos ideales y a esta altura ya no se sabe qué piensan o a quiénes representan. 

 

En definitiva, terminó siendo más auténtica y consecuente con sus ideas Cristina Kirchner, quien no dudó en irse del PJ y crear su propio partido. Es muy pobre el papel que desempeña el kirchnerismo mendocino, con críticas permanentes aún en temas superficiales. Le da lo mismo opinar de la infortunada caída de una grúa, de un viento fuerte que tira una pantalla o de política económica.

 

Parece actuar sin un rumbo definido, lo que hace errático su rol como dirigente de la oposición, y se puede observar a simple vista las carencias de ideas, la mezquindad política, las criticas sin sentido y la nula autocrítica por los estropicios que dejó en la provincia el gobierno del FpV.

 

Evidentemente, a Carmona, Fernández Sagasti e Ilardo les cae como anillo al dedo ese viejo dicho que reza: “Uno es amo de su silencio y esclavo de sus palabras”.

 

Ahora, a esperar una limosna de esos dirigentes a los que tanto criticaron.

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Al no tener fuerza territorial, el kirchnerismo mendocino depende de la caridad de los dirigentes del PJ para ser incluidos en sus listas. Es el precio que deberán pagar por su soberbia y falta de autocrítica, aferrándose a un pasado nefasto que le hizo mucho mal a nuestra provincia.

 

Hay políticos que dicen una cosa y hacen otra, y el resultado se puede ver cuando la conveniencia es considerada más importante que las ideas. Un claro ejemplo de ello son los dirigentes del kirchnerismo mendocino, quienes relegando al olvido su reciente pasado y tragándose sus palabras, integrarán el frente Somos Mendoza, creado por la cúpula del Partido Justicialista mendocino. 

 

Esos mismos dirigentes justicialistas que hoy los acogen, son los mismos a quienes los K hasta hace unos días los trataban de “tibios” y “complacientes con (el gobernador Alfredo) Cornejo”, “no son el futuro”, “actúan de mala fe cooperativa sin vocación”, entre otros agravios, cuando la conducción del PJ decidió terminar con el sello FpV.

 

Pero como reza el dicho: “el hambre no es zonzo”, y a la hora de integrar listas prefieren hacerlo con los tienen mas posibilidades, aunque tengan que tragar sapos. Por eso el kirchnerismo menduco es la clara representación de la hipocresía y dualidad política, dejando bien en claro y a la vista, el vicio de pensar con el bolsillo olvidándose de los supuestos ideales que dicen tener.

 

Mochila de plomo

En el último congreso partidario del justicialismo, la nueva conducción, representada por los caciques departamentales y el presidente Omar Félix, dieron muestras de querer sacudirse de todo lo que represente al FpV. Allí empezaron por enterrar el sello y después modificar una cláusula de la Carta Orgánica destinada a los díscolos dirigentes kirchneristas de la provincia, que prevé sanciones a quienes no acaten los mandatos partidarios.

 

De ese modo, los “picudos K”, como les dice Cornejo, en vez de enfrentarlos al estilo Cristina y crear su propio ámbito político, prefirieron poner la cola entre las piernas y participar en el mismo frente con quienes ellos tanto denostaban.

 

La nueva conducción y el hombre de a pie saben que el kirchnerismo por estos lares es una mochila de plomo, que se aferra al pasado y no da muestras de la más mínima autocrítica, siguen defendiendo a delincuentes comunes, como la familia de Nélida Rojas, procesada por varios delitos, y que últimamente parece tener más autos que Lázaro Báez. Pero claro, ellos prefieren decir que es una persecución política.

 

El mendocino respeta a las oposiciones constructivas que marcan sus diferencias con civilidad y pensando en el bien de la provincia por sobre las conveniencias partidarias, algo que nunca tuvo el kirchnerismo.

 

Por eso será que los dirigentes que conducen actualmente al justicialismo, por lo bajo dicen: “Nos hubiera convenido que conformaran su propio partido como lo hizo Cristina. Nos salen caros, no tienen representación territorial y, para colmo, son piantavotos”. De esta manera, hacen alusión al apoyo público de los K mendocinos al gobierno de Venezuela, a Milagro Sala, Hebe de Bonafini y a CFK, que puede tener aceptación en la Matanza pero en Mendoza no suma, sino todo lo contrario. 

 

Además, la virulencia de los ataques permanentes hacia el Gobierno no hacen otra cosa más que poner en evidencia que son oposición por la oposición misma, sin aportes que redunden en beneficio de la provincia.

 

No resisten un archivo

Ahora que son parte del mismo frente, quizás quieran olvidar y borrar de su memoria lo que dijeron hasta hace unos días. Por ejemplo, Guillermo Carmona –al parecer el más interesado en arreglar con el PJ– decía de sus ahora nuevamente compañeros de ruta que “son los mismos que ganaron elecciones gracias al sello FpV e invocaban a Néstor y Cristina, hoy rompen el consenso para darle la espalda a la historia. Actuaron de mala fe, no estaba en el temario cambiar el nombre, son dirigentes que actúan presionados por Alfredo Cornejo”. 

 

Por su parte, la senadora nacional Anabel Fernández Sagasti fue aún más dura con los dirigentes del PJ mendocino cuando les dijo: “Ustedes no son el futuro, porque el futuro no se construye negando todo lo positivo que construimos durante doce años, se construye reivindicando lo que hicimos bien y corrigiendo errores. Tomaron una medida sin consenso y no es momento para tibios. Iremos a las PASO con lista propia, no tememos perder, porque a nosotros nos quieren poner como el pasado, pero estamos sembrando el futuro. El justicialismo mendocino es una cooperativa sin vocación...”.

 

Sumándose a estas lacrimógenas críticas, su marido, Lucas Ilardo –quien dice ser peronista por herencia familiar y kirchnerista por convicción propia– refunfuñaba: “Nosotros entendemos que ellos creen que con esto se pueden lavar la cara, pero no van a ser lo que viene, ni van a ser el futuro”.

 

Sin embargo, con una violenta marcha atrás después de todos los improperios vertidos, estos dirigentes dicen al unísono: “Ahora somos Mendoza”.

 

Cuando prima la conveniencia

Queda claramente en evidencia  la difícil convivencia que de ahora en más habrá entre el PJ y los K, pero también queda bien claro que estos últimos, con Guillermo Carmona a la cabeza, han priorizado su propia conveniencia por sus verdaderos o supuestos ideales y a esta altura ya no se sabe qué piensan o a quiénes representan. 

 

En definitiva, terminó siendo más auténtica y consecuente con sus ideas Cristina Kirchner, quien no dudó en irse del PJ y crear su propio partido. Es muy pobre el papel que desempeña el kirchnerismo mendocino, con críticas permanentes aún en temas superficiales. Le da lo mismo opinar de la infortunada caída de una grúa, de un viento fuerte que tira una pantalla o de política económica.

 

Parece actuar sin un rumbo definido, lo que hace errático su rol como dirigente de la oposición, y se puede observar a simple vista las carencias de ideas, la mezquindad política, las criticas sin sentido y la nula autocrítica por los estropicios que dejó en la provincia el gobierno del FpV.

 

Evidentemente, a Carmona, Fernández Sagasti e Ilardo les cae como anillo al dedo ese viejo dicho que reza: “Uno es amo de su silencio y esclavo de sus palabras”.

 

Ahora, a esperar una limosna de esos dirigentes a los que tanto criticaron.

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