Nosotros y la nueva Ruta de la Seda
Cargando...
Por Emilio Luis Magnaghi
publicidad"

Nosotros y la nueva Ruta de la Seda

Decíamos en nuestro artículo anterior que ante una probable guerra global debíamos optar por una postura de “no beligerancia” en apoyo de los EE.UU. y de sus aliados occidentales, pero nunca en la neutralidad, la cual en las dos guerras mundiales nos trajeron grandes consecuencias a posteriori por parte de los aliados que obtuvieron la victoria.

 

Agregábamos que dicha actitud tenía un posible aspecto negativo, cual era nuestra cada vez más estrecha relación con China, la que bien podría formar en el campo contrario (cliquear: http://www.ciudadanodiario.com.ar/o/2017-4-21-10-10-14--neutralidad-o-no-beligerancia).

 

En aquellos momentos, no estaba demasiado claro quién sería el tercero excluido del triángulo de poder conformado por los EE.UU., Rusia y China. Es más, las promesas de campaña de Donald Trump hacían anticipar, al menos, una guerra económica con el Imperio Celeste.

 

Sin embargo, hay una serie de hechos que nos permiten concluir que ese tercero será la Rusia de Putin y no la China de Xi Ping.

 

Para empezar, podemos citar dos hechos, no casualmente simultáneos, como lo fueron el ataque misilístico de la Administración norteamericana a una base aérea militar siria en represalia por el uso de armas químicas, mientras su titular recibía en su residencia de verano a su contraparte chino.

 

Se suman a ello las campañas de mutua demonización entre los EE.UU. y Rusia en sus respectivos medios de prensa, lo que no permite augurar nada bueno. Mientras que, por lo contrario, todo parece mucho más suave entre los EE.UU. y China, en la que no han faltado declaraciones de mutuo elogio entre sus respectivos mandatarios. 

 

Para seguir, nos debemos adentrar en un tema geopolítico que fuera el tema central de la mencionada reunión. Y que constituye una ventana de oportunidad para nuestra nación. 

 

Nos referimos a la denominada “Nueva Ruta de la Seda”, que promete convertirse en la nueva plataforma económica para el planeta.

 

 

Sabemos que el término “Ruta de la Seda” fue creado por el geógrafo alemán Ferdinand von Richthofen para designar a una red de rutas comerciales organizadas a partir del negocio de la seda china, y que desde el siglo I a. C. se extendía por todo el continente asiático, conectando a China con Mongolia, el subcontinente indio, Persia, Arabia, Siria, Turquía, Europa y África.

 

Una ruta que reconoce profundos antecedentes históricos de conveniencia que se remontan tan lejos como las principales rutas inmigratorias usadas por nuestros antepasados más lejanos y los famosos viajes de Marco Polo. 

 

Hoy, la legendaria ruta vuelve a querer hacer historia, pues este 14 y 15 de mayo se reunirán más de 20 jefes de Estado y 3.000 expertos de todo el mundo en Pekín para relanzarla.

 

La reunión cobra especial valor en momentos en que los EE.UU. y China deciden concretar una alianza estratégica, mientras el sistema financiero basado en la Cuenca del Atlántico sufre una grave crisis que puede llevarlo a su  desintegración sistémica, como lo insinúan el Brexit y en otras decisiones similares que pueden llegar a tener lugar luego de varias elecciones presidenciales en la UE durante este año y el que viene.

 

Concretamente, China está cerca de ser la primera economía del planeta. Pero, aún más relevante es el hecho que ella está invirtiendo a gran escala en otros países, pues sabe que necesita de estos para sustentar su crecimiento.

 

Por ejemplo, Pekín le ha ofrecido a varios gobiernos construir uno o varios ferrocarriles bioceánicos para conectar las costas del Atlántico y del Pacífico en Sudamérica. Empresas chinas han ofrecido erigir un Gran Canal Interoceánico en Nicaragua. También, ha hecho lo propio con los gobiernos de Brasil, de Perú y de Ecuador para conectar la rica Cuenca Amazónica con la muy bien ubicada del Orinoco.

 

Sabemos que, en nuestro caso, nos encontramos próximos a salvar los inconvenientes técnicos que habían paralizado la construcción de dos centrales hidroeléctricas sobre el curso del río Santa Cruz y que contaban con empresas y con financiamiento chino.

 

En este sentido, no nos vendría nada mal impulsar nuestro propio corredor bioceánico y que permitiera unir las ciudades de la Cuenca del Paraná con los puertos del Océano Pacífico. Una conexión que podría tener el beneficio adicional de ayudar a relanzar al alicaído Mercosur. 

 

Todas estas conexiones permitirían enlazar al Continente Americano, no sólo en forma bioceánica, sino también de Sur a Norte. Vale decir, conectar a Sudamérica con América Central, México y Norteamérica. Pues, ya se piensa en un Puente Terrestre Eurasiático que una nuestro continente con Asia mediante un túnel debajo del Estrecho de Bering.

 

En pocas palabras, debemos inclinarnos por esta opción geopolítica que nos permita sobrevivir y prosperar ante la previsible crisis de la UE y unirnos a la Nueva Ruta de la Seda. 

 

Nuestro Presidente visitó ayer al mandatario de los EE.UU. y al de China lo verá en unos días más. Haría bien que sus asesores lo pusieran en conocimiento de estas circunstancias que nos permitirían una buena defensa de nuestros intereses nacionales.

 

 

El Doctor Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

Compartir en facebook
Compartir en twitter

Nosotros y la nueva Ruta de la Seda

Decíamos en nuestro artículo anterior que ante una probable guerra global debíamos optar por una postura de “no beligerancia” en apoyo de los EE.UU. y de sus aliados occidentales, pero nunca en la neutralidad, la cual en las dos guerras mundiales nos trajeron grandes consecuencias a posteriori por parte de los aliados que obtuvieron la victoria.

 

Agregábamos que dicha actitud tenía un posible aspecto negativo, cual era nuestra cada vez más estrecha relación con China, la que bien podría formar en el campo contrario (cliquear: http://www.ciudadanodiario.com.ar/o/2017-4-21-10-10-14--neutralidad-o-no-beligerancia).

 

En aquellos momentos, no estaba demasiado claro quién sería el tercero excluido del triángulo de poder conformado por los EE.UU., Rusia y China. Es más, las promesas de campaña de Donald Trump hacían anticipar, al menos, una guerra económica con el Imperio Celeste.

 

Sin embargo, hay una serie de hechos que nos permiten concluir que ese tercero será la Rusia de Putin y no la China de Xi Ping.

 

Para empezar, podemos citar dos hechos, no casualmente simultáneos, como lo fueron el ataque misilístico de la Administración norteamericana a una base aérea militar siria en represalia por el uso de armas químicas, mientras su titular recibía en su residencia de verano a su contraparte chino.

 

Se suman a ello las campañas de mutua demonización entre los EE.UU. y Rusia en sus respectivos medios de prensa, lo que no permite augurar nada bueno. Mientras que, por lo contrario, todo parece mucho más suave entre los EE.UU. y China, en la que no han faltado declaraciones de mutuo elogio entre sus respectivos mandatarios. 

 

Para seguir, nos debemos adentrar en un tema geopolítico que fuera el tema central de la mencionada reunión. Y que constituye una ventana de oportunidad para nuestra nación. 

 

Nos referimos a la denominada “Nueva Ruta de la Seda”, que promete convertirse en la nueva plataforma económica para el planeta.

 

 

Sabemos que el término “Ruta de la Seda” fue creado por el geógrafo alemán Ferdinand von Richthofen para designar a una red de rutas comerciales organizadas a partir del negocio de la seda china, y que desde el siglo I a. C. se extendía por todo el continente asiático, conectando a China con Mongolia, el subcontinente indio, Persia, Arabia, Siria, Turquía, Europa y África.

 

Una ruta que reconoce profundos antecedentes históricos de conveniencia que se remontan tan lejos como las principales rutas inmigratorias usadas por nuestros antepasados más lejanos y los famosos viajes de Marco Polo. 

 

Hoy, la legendaria ruta vuelve a querer hacer historia, pues este 14 y 15 de mayo se reunirán más de 20 jefes de Estado y 3.000 expertos de todo el mundo en Pekín para relanzarla.

 

La reunión cobra especial valor en momentos en que los EE.UU. y China deciden concretar una alianza estratégica, mientras el sistema financiero basado en la Cuenca del Atlántico sufre una grave crisis que puede llevarlo a su  desintegración sistémica, como lo insinúan el Brexit y en otras decisiones similares que pueden llegar a tener lugar luego de varias elecciones presidenciales en la UE durante este año y el que viene.

 

Concretamente, China está cerca de ser la primera economía del planeta. Pero, aún más relevante es el hecho que ella está invirtiendo a gran escala en otros países, pues sabe que necesita de estos para sustentar su crecimiento.

 

Por ejemplo, Pekín le ha ofrecido a varios gobiernos construir uno o varios ferrocarriles bioceánicos para conectar las costas del Atlántico y del Pacífico en Sudamérica. Empresas chinas han ofrecido erigir un Gran Canal Interoceánico en Nicaragua. También, ha hecho lo propio con los gobiernos de Brasil, de Perú y de Ecuador para conectar la rica Cuenca Amazónica con la muy bien ubicada del Orinoco.

 

Sabemos que, en nuestro caso, nos encontramos próximos a salvar los inconvenientes técnicos que habían paralizado la construcción de dos centrales hidroeléctricas sobre el curso del río Santa Cruz y que contaban con empresas y con financiamiento chino.

 

En este sentido, no nos vendría nada mal impulsar nuestro propio corredor bioceánico y que permitiera unir las ciudades de la Cuenca del Paraná con los puertos del Océano Pacífico. Una conexión que podría tener el beneficio adicional de ayudar a relanzar al alicaído Mercosur. 

 

Todas estas conexiones permitirían enlazar al Continente Americano, no sólo en forma bioceánica, sino también de Sur a Norte. Vale decir, conectar a Sudamérica con América Central, México y Norteamérica. Pues, ya se piensa en un Puente Terrestre Eurasiático que una nuestro continente con Asia mediante un túnel debajo del Estrecho de Bering.

 

En pocas palabras, debemos inclinarnos por esta opción geopolítica que nos permita sobrevivir y prosperar ante la previsible crisis de la UE y unirnos a la Nueva Ruta de la Seda. 

 

Nuestro Presidente visitó ayer al mandatario de los EE.UU. y al de China lo verá en unos días más. Haría bien que sus asesores lo pusieran en conocimiento de estas circunstancias que nos permitirían una buena defensa de nuestros intereses nacionales.

 

 

El Doctor Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

Descargate nuestra App!

imagen imagen
imagen imagen
Login