Macri mal asesorado
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Macri mal asesorado

Como sabemos nuestro presidente se reunió este martes con el secretario general de la ONU, António Guterres, con quien abordó la situación en Venezuela.  En la reunión, Macri le pidió a Guterres la intervención de ese organismo para garantizar la “asistencia sanitaria de la población en Venezuela ante la grave crisis que está provocando la falta de medicamentos e insumos para la atención de la salud”.

Inocente como suena el pedido, dista mucho de serlo. Veamos.

Empecemos diciendo que la ONU desde su fundación en 1945, se impuso el objetivo de preservar el orden y la paz mundial. A diferencia de otras organizaciones similares, ella aportó dos novedades muy importantes; a saber un consejo ejecutivo que podía tomar decisiones en nombre de la comunidad internacional y la posibilidad de imponerlas por la fuerza si fuera necesario mediante el instituto de las operaciones de paz.

Si bien sus comienzos fueron bastante humildes mediante misiones de interposición en ceses del fuego acordados entre las partes, tras la caída del Muro de Berlín, se pasó a tareas de imposición de la paz, la masa de ellas en Estados fallidos del Tercer Mundo.

En forma paralela, cuando la ONU no disponía de la capacidad operativa para misiones más difíciles le dio su bendición a alianzas internacionales lideras por los EEUU o por la OTAN como fueron los casos de Afganistán, Kosovo y, más recientemente, de Libia.

Últimamente, algunos Estados poderosos han propugnado el empleo de una fuerza multinacional para el restablecimiento de los DDHH o la entrega de ayuda humanitaria en países que no los garanticen a sus ciudadanos.

En este último sentido, el pedido de una intervención humanitaria a Venezuela. Es un hecho que creemos, que no solo viola, tanto la letra como el espíritu de la Carta de la ONU, de paso, uno que configuraría una soberana estupidez, porque no tendría otro efecto que consolidar al régimen que condena.

Muy probablemente, nuestro presidente que no es un especialista en la materia, debe haber seguido el consejo de sus asesores. Muy probablemente de su Canciller y de nuestro Embajador ante la ONU.

Ambos deberían haber tenido en cuenta que ese pedido se encuentra en abierta contradicción con toda nuestra tradición jurídica nacional. Una basada en nuestros valores, anunciados por la Revolución de Mayo, esparcidos por medio continente por las campañas libertadoras del General San Martín y consagradas en principios internacionales por nuestro Premio Nobel de la Paz, Saavedra Lamas.

También, una afirmada por nuestra larga y fructífera participación en misiones de paz de la ONU que no han hecho otra cosa que difundir y  consolidar los valores señalados en  el párrafo precedente.

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Como sabemos nuestro presidente se reunió este martes con el secretario general de la ONU, António Guterres, con quien abordó la situación en Venezuela.  En la reunión, Macri le pidió a Guterres la intervención de ese organismo para garantizar la “asistencia sanitaria de la población en Venezuela ante la grave crisis que está provocando la falta de medicamentos e insumos para la atención de la salud”.

Inocente como suena el pedido, dista mucho de serlo. Veamos.

Empecemos diciendo que la ONU desde su fundación en 1945, se impuso el objetivo de preservar el orden y la paz mundial. A diferencia de otras organizaciones similares, ella aportó dos novedades muy importantes; a saber un consejo ejecutivo que podía tomar decisiones en nombre de la comunidad internacional y la posibilidad de imponerlas por la fuerza si fuera necesario mediante el instituto de las operaciones de paz.

Si bien sus comienzos fueron bastante humildes mediante misiones de interposición en ceses del fuego acordados entre las partes, tras la caída del Muro de Berlín, se pasó a tareas de imposición de la paz, la masa de ellas en Estados fallidos del Tercer Mundo.

En forma paralela, cuando la ONU no disponía de la capacidad operativa para misiones más difíciles le dio su bendición a alianzas internacionales lideras por los EEUU o por la OTAN como fueron los casos de Afganistán, Kosovo y, más recientemente, de Libia.

Últimamente, algunos Estados poderosos han propugnado el empleo de una fuerza multinacional para el restablecimiento de los DDHH o la entrega de ayuda humanitaria en países que no los garanticen a sus ciudadanos.

En este último sentido, el pedido de una intervención humanitaria a Venezuela. Es un hecho que creemos, que no solo viola, tanto la letra como el espíritu de la Carta de la ONU, de paso, uno que configuraría una soberana estupidez, porque no tendría otro efecto que consolidar al régimen que condena.

Muy probablemente, nuestro presidente que no es un especialista en la materia, debe haber seguido el consejo de sus asesores. Muy probablemente de su Canciller y de nuestro Embajador ante la ONU.

Ambos deberían haber tenido en cuenta que ese pedido se encuentra en abierta contradicción con toda nuestra tradición jurídica nacional. Una basada en nuestros valores, anunciados por la Revolución de Mayo, esparcidos por medio continente por las campañas libertadoras del General San Martín y consagradas en principios internacionales por nuestro Premio Nobel de la Paz, Saavedra Lamas.

También, una afirmada por nuestra larga y fructífera participación en misiones de paz de la ONU que no han hecho otra cosa que difundir y  consolidar los valores señalados en  el párrafo precedente.

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