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Por Redacción

No son sólo las elecciones – Las claves de un año electoral complicado



La carrera electoral comenzó siendo auspiciosa para los candidatos de la oposición en dos importantes distritos del país. Aunque, justo es decirlo, los resultados no fueron sorpresa para nadie. Tanto el ajustado triunfo del PRO en Santa Fe, como el holgado de la UCR en Mendoza se daban por descontados.


Cambio o continuidad

Debemos ser muy cautos a la hora de sacar conclusiones y proyectar hacia el futuro estos resultados. Los distintos sectores de la oposición, sobre todo, deben ser muy prudentes a la hora de estimar sus posibilidades.

Las encuestas se han convertido en una herramienta más de campaña y las diferencias en sus predicciones contribuyen a aumentar la confusión previa y posterior, a cada acto electoral.

A pesar de ello, pueden rescatarse algunas conclusiones que permiten interpretar el comportamiento del electorado. Los encuestadores coinciden en que hay una gran parte de la población que está reclamando un cambio –en esto coinciden casi todos– y, en sintonía con esta tendencia, algunas agrupaciones políticas han hecho del supuesto “cambio” una bandera de campaña, en muchos casos sin saber a ciencia cierta de qué se trata.

Una ecuación que no se alcanza a entender si consideramos que también algunos encuestadores hablan sobre una importante parte del electorado de la provincia de Buenos Aires –el distrito más importante del país–, que parece ver en la figura de Daniel Scioli más cambio que continuidad, siendo como es, el candidato más destacado del oficialismo.

No hay que olvidar la preeminencia que la provincia de Buenos Aires, por cantidad de habitantes y por características propias, tiene en cualquier elección. El padrón bonaerense representa, nada más y nada menos, que el 37,3% del total nacional, y ningún candidato que aspire a la presidencia de la Nación puede dejar de inquietarse por el resultado de una elección en este distrito.

Si damos vuelta la ecuación –para verla desde la perspectiva del distrito electoral más importante–, vemos que un 30% del padrón electoral que prefiere la continuidad no es poca cosa.

Gran parte del esfuerzo de campaña de los candidatos de la oposición debiera apuntar también a ese sector que reclama continuidad. En este sentido, la oposición está incurriendo en una actitud estratégica negligente. Obra detrás de los acontecimientos y deja toda la iniciativa al oficialismo.

Tomando distancia y viendo el mapa electoral del país en su conjunto, podemos ver algo mucho más complicado: la manera particular de votar que tiene cada provincia. Electoralmente no se comportan igual Mendoza, Santa Fe o Buenos Aires. Y la prueba la tendremos próximamente en la Ciudad Autónoma. Un electorado completamente distinto.

Las elecciones de este domingo, 26 de abril, tienen rasgos particulares que las diferencian de todas las demás. La Ciudad de Buenos Aires es un distrito peculiar donde el voto independiente es el que prevalece y así fue siempre. En ella, no sólo estarán en juego los distintos cargos y postulaciones, sino que este resultado medirá la gestión del actual jefe de Gobierno, Mauricio Macri.

En el recuento de esos votos estará impresa la calificación que le otorgan los ciudadanos de su propio distrito a quien aspira a gobernar la Argentina a partir de diciembre de este año. Uno de los candidatos a presidente que más mide en las encuestas.


Las otras complicaciones

Pero lo que se vive este año no es sólo la carrera política por la presidencia de la Argentina. Hay batallas que se están librando por fuera del tablero electoral y sus efectos influirán, asimismo, sobre el resultado de los comicios, principalmente sobre el resultado final.

No hablamos de las causas por corrupción que parecen tener muy poco efecto sobre los votantes, por lo menos en lo que se refiere a volcar la preferencia de la gente hacia uno u otro sector. En la sociedad argentina la corrupción pareciera no mover el amperímetro electoral.

La que manda, como siempre, es la economía y el termómetro preferido de los argentinos en ese sentido, es el consumo. Algunos guardan la esperanza de que, en algún momento y a causa de la economía, se despierten ciertos demonios relacionados con la corrupción.

El mantenimiento del nivel de consumo es para el Gobierno un factor primordial. Mantener los actuales guarismos, aún a costa de mayor emisión monetaria o endeudamiento externo, es una necesidad electoral imperiosa.

Lejos de la economía, tal vez la complicación más dramática sea la carrera contra el tiempo que se corre por afuera del andarivel electoral. Es una lucha sorda que se está librando entre la Justicia y el oficialismo. Entre bambalinas, se miden fuerzas en un duro conflicto que no tiene cuartel.

El pliego de Roberto Carlés, postulado por el Gobierno para reemplazar a Eugenio Zaffaroni, quedó congelado en la Cámara alta. Esto ocurrió apenas antes del cuestionamiento que hiciera el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, sobre la pretensión del Gobierno de ampliar el número de integrantes del máximo tribunal.

Esta semana, la Corte declaró la nulidad de la lista de conjueces designados por el Gobierno para integrar el máximo tribunal judicial. Una medida que marcó el endurecimiento de la Justicia, y un nuevo intento de rebeldía tardía, por no someterse a la voluntad de otro poder del Estado.

Un escenario en el que, mientras el oficialismo juega sus fichas como si ya diera por sentado que ha ganado la elección, la oposición todavía está intentando interpretar la voluntad popular. Una buena porción de ese electorado –el más informado– se pregunta qué parte del “acuerden un frente amplio y competitivo” no entendieron.


Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.


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No son sólo las elecciones – Las claves de un año electoral complicado

La carrera electoral comenzó siendo auspiciosa para los candidatos de la oposición en dos importantes distritos del país. Aunque, justo es decirlo, los resultados no fueron sorpresa para nadie. Tanto el ajustado triunfo del PRO en Santa Fe, como el holgado de la UCR en Mendoza se daban por descontados.

Cambio o continuidad
Debemos ser muy cautos a la hora de sacar conclusiones y proyectar hacia el futuro estos resultados. Los distintos sectores de la oposición, sobre todo, deben ser muy prudentes a la hora de estimar sus posibilidades.
Las encuestas se han convertido en una herramienta más de campaña y las diferencias en sus predicciones contribuyen a aumentar la confusión previa y posterior, a cada acto electoral.
A pesar de ello, pueden rescatarse algunas conclusiones que permiten interpretar el comportamiento del electorado. Los encuestadores coinciden en que hay una gran parte de la población que está reclamando un cambio –en esto coinciden casi todos– y, en sintonía con esta tendencia, algunas agrupaciones políticas han hecho del supuesto “cambio” una bandera de campaña, en muchos casos sin saber a ciencia cierta de qué se trata.
Una ecuación que no se alcanza a entender si consideramos que también algunos encuestadores hablan sobre una importante parte del electorado de la provincia de Buenos Aires –el distrito más importante del país–, que parece ver en la figura de Daniel Scioli más cambio que continuidad, siendo como es, el candidato más destacado del oficialismo.
No hay que olvidar la preeminencia que la provincia de Buenos Aires, por cantidad de habitantes y por características propias, tiene en cualquier elección. El padrón bonaerense representa, nada más y nada menos, que el 37,3% del total nacional, y ningún candidato que aspire a la presidencia de la Nación puede dejar de inquietarse por el resultado de una elección en este distrito.
Si damos vuelta la ecuación –para verla desde la perspectiva del distrito electoral más importante–, vemos que un 30% del padrón electoral que prefiere la continuidad no es poca cosa.
Gran parte del esfuerzo de campaña de los candidatos de la oposición debiera apuntar también a ese sector que reclama continuidad. En este sentido, la oposición está incurriendo en una actitud estratégica negligente. Obra detrás de los acontecimientos y deja toda la iniciativa al oficialismo.
Tomando distancia y viendo el mapa electoral del país en su conjunto, podemos ver algo mucho más complicado: la manera particular de votar que tiene cada provincia. Electoralmente no se comportan igual Mendoza, Santa Fe o Buenos Aires. Y la prueba la tendremos próximamente en la Ciudad Autónoma. Un electorado completamente distinto.
Las elecciones de este domingo, 26 de abril, tienen rasgos particulares que las diferencian de todas las demás. La Ciudad de Buenos Aires es un distrito peculiar donde el voto independiente es el que prevalece y así fue siempre. En ella, no sólo estarán en juego los distintos cargos y postulaciones, sino que este resultado medirá la gestión del actual jefe de Gobierno, Mauricio Macri.
En el recuento de esos votos estará impresa la calificación que le otorgan los ciudadanos de su propio distrito a quien aspira a gobernar la Argentina a partir de diciembre de este año. Uno de los candidatos a presidente que más mide en las encuestas.

Las otras complicaciones
Pero lo que se vive este año no es sólo la carrera política por la presidencia de la Argentina. Hay batallas que se están librando por fuera del tablero electoral y sus efectos influirán, asimismo, sobre el resultado de los comicios, principalmente sobre el resultado final.
No hablamos de las causas por corrupción que parecen tener muy poco efecto sobre los votantes, por lo menos en lo que se refiere a volcar la preferencia de la gente hacia uno u otro sector. En la sociedad argentina la corrupción pareciera no mover el amperímetro electoral.
La que manda, como siempre, es la economía y el termómetro preferido de los argentinos en ese sentido, es el consumo. Algunos guardan la esperanza de que, en algún momento y a causa de la economía, se despierten ciertos demonios relacionados con la corrupción.
El mantenimiento del nivel de consumo es para el Gobierno un factor primordial. Mantener los actuales guarismos, aún a costa de mayor emisión monetaria o endeudamiento externo, es una necesidad electoral imperiosa.
Lejos de la economía, tal vez la complicación más dramática sea la carrera contra el tiempo que se corre por afuera del andarivel electoral. Es una lucha sorda que se está librando entre la Justicia y el oficialismo. Entre bambalinas, se miden fuerzas en un duro conflicto que no tiene cuartel.
El pliego de Roberto Carlés, postulado por el Gobierno para reemplazar a Eugenio Zaffaroni, quedó congelado en la Cámara alta. Esto ocurrió apenas antes del cuestionamiento que hiciera el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, sobre la pretensión del Gobierno de ampliar el número de integrantes del máximo tribunal.
Esta semana, la Corte declaró la nulidad de la lista de conjueces designados por el Gobierno para integrar el máximo tribunal judicial. Una medida que marcó el endurecimiento de la Justicia, y un nuevo intento de rebeldía tardía, por no someterse a la voluntad de otro poder del Estado.
Un escenario en el que, mientras el oficialismo juega sus fichas como si ya diera por sentado que ha ganado la elección, la oposición todavía está intentando interpretar la voluntad popular. Una buena porción de ese electorado –el más informado– se pregunta qué parte del “acuerden un frente amplio y competitivo” no entendieron.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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