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Niños en vacaciones: la casa, una trampa mortal
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Por Redacción

Niños en vacaciones: la casa, una trampa mortal



El lugar que se supone más seguro para los niños puede convertirse en el de mayor riego por ignorancia, negligencia o descuido. Según la Sociedad Argentina de Pediatría, los accidentes domésticos constituyen, luego de los siniestros viales, la principal causa de muerte entre los niños. Además pueden dejar secuelas irreparables.

Por ello, es fundamental extremar las medidas de precaución y prevención. En este sentido, es de vital importancia adquirir un rol adulto responsable para observarlos y resguardarlos en forma permanente y es preciso que tanto mayores como menores adopten conductas seguras.

Las siguientes son medidas pertinentes para evitar accidentes dentro de casa, según el área donde se encuentre el pequeño:


Cocina:

– Evitar que los pequeños jueguen en ella porque implica gran cantidad de riesgos; es el lugar más peligroso de la casa.

– Utilizar las hornallas traseras y orientar sartenes u otros recipientes con el mango hacia atrás o hacia los lados, para que no queden al alcance de los niños.

– Enseñar a los menores a no tocar nunca el horno, incluso cuando no está encendido.

– Supervisar el uso del microondas: pueden quemarse con los alimentos calentados en él.

– No colocar en alacenas debajo de la mesada productos tóxicos por contacto o ingesta, entre otros: limpiahornos, lavandina e insecticidas.

– Manipular con especial cuidado líquidos calientes para evitar derramarlos sobre ellos. No permitir que los pequeños manipulen líquidos a altas temperaturas.

– Quitar de su alcance elementos cortantes o punzantes, como cuchillos y tenedores.

– No cocinar con un niño en brazos.

– Cerrar la llave de gas toda vez que no se precise el servicio.


Baño:

– No dejar nunca a los pequeños solos.

– Tener a mano, antes de comenzar, todos los elementos necesarios para la higiene.

– No dejar a menores de 6 años solos cuando la bañera esté llena, aunque esté fuera de ella o vestido.

– No tener puerta con mecanismo de cierre interno (llaves o trabas). Son óptimas las cerraduras que permiten abrirla tanto desde adentro como desde afuera.

– Colocar alfombras antideslizantes en el piso y dentro de la bañera.

– Supervisar la temperatura del agua de la bañera o la ducha.

– Mantener cerrada la tapa del inodoro.

– Mantener cerrada la puerta de acceso al baño.

– No instalar el calefón en él.


Living comedor:

– Tener especial cuidado con desniveles, alfombras, cables de luminarias y picos encerrados porque pueden ocasionar caídas traumáticas.

– Despejar del alcance de los niños elementos decorativos que puedan romperse y causar heridas cortantes.

– Evitar manteles con caída a los lados porque pueden ser jalados, con la consecuente ruptura de los elementos que se encuentren sobre él y ocasionar traumatismos o heridas.

– Asegurar bien a los pequeños a las sillas altas utilizadas para darles de comer.

– Proteger con tapas los enchufes de toda la casa y a la vivienda con disyuntores y llaves térmicas: los pequeños que gatean sienten una fuerte atracción por introducir sus dedos en los orificios del tomacorriente. Vigilar de cerca los enchufes múltiples (zapatillas), los prolongadores y cables largos.

– Prohibir que manipulen controles remotos: contienen pilas de tamaño diminuto que al ingerirse causan serias consecuencias.

– No exagerar el encerado o la plastificación de pisos para evitar caídas.

– No dejar televisores pesados a su alcance, pueden caérseles encima y provocar lesiones de diferente gravedad.


Dormitorio:

– Acompañar a los niños cuando jueguen en la cama de los padres ya que son habituales las caídas desde ella.

– Cubrir con protectores plásticos los ángulos riesgosos de mesas de luz y cómodas.

– No colocar medicamentos en cajones a su alcance, ni ningún elemento de riesgo.

– No dejar nunca solo a un bebé en un cambiador.

– Evitar llaves en las puertas de los placares.

– Colocar en puertas trabas diseñadas con el fin de impedir que los niños se dañen las manos al cerrarlas.

– Montar la cuna del bebé sobre patas firmes, sin ruedas y con una baranda de 60 cm. de alto como mínimo. El colchón deber ser semi rígido y ocupar toda la superficie de apoyo.


Ventanas y balcones:

– Cerrarlos con distintas protecciones hasta por lo menos 1.70 mts. de altura.

– Controlar que los niños no arrojen juguetes u objetos a través de ellos.

– Enseñarles a que no se asomen.

– Colocar lejos sillas y camas.


Escaleras:

– Disponer una barrera que no pueda ser accionada por los pequeños, tanto en el acceso inferior como en el superior.

– Enseñarles a ascender y descender despacio, tomándose siempre de la baranda.


Garaje:

– Prohibir la entrada y permanencia de los pequeños sin supervisión adulta. Es en sí un área alto riesgo por todos los peligros que implican los elementos que suele albergar, entre otros: herramientas, desinfectantes, latas de pintura e insecticidas.

– No permitir que jueguen allí aunque el vehículo no esté en él.

– No dejar jamás la lleve puesta en el arranque.

– Agudizar el cuidado al momento se salir con el auto en marcha atrás por el peligro de No visualizar y atropellar a un niño pequeño. Antes de ponerlo en marcha hay que conocer el lugar donde se encuentran los niños.


Patios y jardines:

– Evitar irregularidades en el piso, baldosas rotas y césped crecido para proteger a los pequeños de caídas que por lo general producen contusiones o fracturas.

– Vaciar baldes y palanganas y controlar de cerca piletas inflables: generan riesgo de inmersiones prolongadas que podrían resultar fatales.


Armas:

– Tener armas blancas o de fuego dentro de la casa es un riesgo extremo. Aun cuando no están a la vista ni al alcance de los menores, lamentables casos dan cuenta de que pueden hallarlas y provocar consecuencias irreversibles.


Hay que tener en cuenta, que en general, ni las casas ni los muebles se construyen pensando en la seguridad de los chicos y que los más pequeños tienen noción del peligro recién entre los cuatro y los cinco años, por lo que hasta esa edad dependen de los adultos para no accidentarse.

La mejor manera de prevenir es que los menores de cuatro años estén siempre sujetos a la supervisión de un adulto, que tenga la suficiente aptitud física como para contenerlos. Esto significa que un abuelo de 80 años o un pre-adolescente de 12, por mejor buena voluntad que expresen, son sólo relativamente responsables de la seguridad del pequeño.

Ese adulto no sólo debe cuidarlo en forma directa sino también indirecta, es decir, debe otorgarle una casa que no se convierta una trampa.


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Niños en vacaciones: la casa, una trampa mortal

El lugar que se supone más seguro para los niños puede convertirse en el de mayor riego por ignorancia, negligencia o descuido. Según la Sociedad Argentina de Pediatría, los accidentes domésticos constituyen, luego de los siniestros viales, la principal causa de muerte entre los niños. Además pueden dejar secuelas irreparables.
Por ello, es fundamental extremar las medidas de precaución y prevención. En este sentido, es de vital importancia adquirir un rol adulto responsable para observarlos y resguardarlos en forma permanente y es preciso que tanto mayores como menores adopten conductas seguras.
Las siguientes son medidas pertinentes para evitar accidentes dentro de casa, según el área donde se encuentre el pequeño:

Cocina:
– Evitar que los pequeños jueguen en ella porque implica gran cantidad de riesgos; es el lugar más peligroso de la casa.
– Utilizar las hornallas traseras y orientar sartenes u otros recipientes con el mango hacia atrás o hacia los lados, para que no queden al alcance de los niños.
– Enseñar a los menores a no tocar nunca el horno, incluso cuando no está encendido.
– Supervisar el uso del microondas: pueden quemarse con los alimentos calentados en él.
– No colocar en alacenas debajo de la mesada productos tóxicos por contacto o ingesta, entre otros: limpiahornos, lavandina e insecticidas.
– Manipular con especial cuidado líquidos calientes para evitar derramarlos sobre ellos. No permitir que los pequeños manipulen líquidos a altas temperaturas.
– Quitar de su alcance elementos cortantes o punzantes, como cuchillos y tenedores.
– No cocinar con un niño en brazos.
– Cerrar la llave de gas toda vez que no se precise el servicio.

Baño:
– No dejar nunca a los pequeños solos.
– Tener a mano, antes de comenzar, todos los elementos necesarios para la higiene.
– No dejar a menores de 6 años solos cuando la bañera esté llena, aunque esté fuera de ella o vestido.
– No tener puerta con mecanismo de cierre interno (llaves o trabas). Son óptimas las cerraduras que permiten abrirla tanto desde adentro como desde afuera.
– Colocar alfombras antideslizantes en el piso y dentro de la bañera.
– Supervisar la temperatura del agua de la bañera o la ducha.
– Mantener cerrada la tapa del inodoro.
– Mantener cerrada la puerta de acceso al baño.
– No instalar el calefón en él.

Living comedor:
– Tener especial cuidado con desniveles, alfombras, cables de luminarias y picos encerrados porque pueden ocasionar caídas traumáticas.
– Despejar del alcance de los niños elementos decorativos que puedan romperse y causar heridas cortantes.
– Evitar manteles con caída a los lados porque pueden ser jalados, con la consecuente ruptura de los elementos que se encuentren sobre él y ocasionar traumatismos o heridas.
– Asegurar bien a los pequeños a las sillas altas utilizadas para darles de comer.
– Proteger con tapas los enchufes de toda la casa y a la vivienda con disyuntores y llaves térmicas: los pequeños que gatean sienten una fuerte atracción por introducir sus dedos en los orificios del tomacorriente. Vigilar de cerca los enchufes múltiples (zapatillas), los prolongadores y cables largos.
– Prohibir que manipulen controles remotos: contienen pilas de tamaño diminuto que al ingerirse causan serias consecuencias.
– No exagerar el encerado o la plastificación de pisos para evitar caídas.
– No dejar televisores pesados a su alcance, pueden caérseles encima y provocar lesiones de diferente gravedad.

Dormitorio:
– Acompañar a los niños cuando jueguen en la cama de los padres ya que son habituales las caídas desde ella.
– Cubrir con protectores plásticos los ángulos riesgosos de mesas de luz y cómodas.
– No colocar medicamentos en cajones a su alcance, ni ningún elemento de riesgo.
– No dejar nunca solo a un bebé en un cambiador.
– Evitar llaves en las puertas de los placares.
– Colocar en puertas trabas diseñadas con el fin de impedir que los niños se dañen las manos al cerrarlas.
– Montar la cuna del bebé sobre patas firmes, sin ruedas y con una baranda de 60 cm. de alto como mínimo. El colchón deber ser semi rígido y ocupar toda la superficie de apoyo.

Ventanas y balcones:
– Cerrarlos con distintas protecciones hasta por lo menos 1.70 mts. de altura.
– Controlar que los niños no arrojen juguetes u objetos a través de ellos.
– Enseñarles a que no se asomen.
– Colocar lejos sillas y camas.

Escaleras:
– Disponer una barrera que no pueda ser accionada por los pequeños, tanto en el acceso inferior como en el superior.
– Enseñarles a ascender y descender despacio, tomándose siempre de la baranda.

Garaje:
– Prohibir la entrada y permanencia de los pequeños sin supervisión adulta. Es en sí un área alto riesgo por todos los peligros que implican los elementos que suele albergar, entre otros: herramientas, desinfectantes, latas de pintura e insecticidas.
– No permitir que jueguen allí aunque el vehículo no esté en él.
– No dejar jamás la lleve puesta en el arranque.
– Agudizar el cuidado al momento se salir con el auto en marcha atrás por el peligro de No visualizar y atropellar a un niño pequeño. Antes de ponerlo en marcha hay que conocer el lugar donde se encuentran los niños.

Patios y jardines:
– Evitar irregularidades en el piso, baldosas rotas y césped crecido para proteger a los pequeños de caídas que por lo general producen contusiones o fracturas.
– Vaciar baldes y palanganas y controlar de cerca piletas inflables: generan riesgo de inmersiones prolongadas que podrían resultar fatales.

Armas:
– Tener armas blancas o de fuego dentro de la casa es un riesgo extremo. Aun cuando no están a la vista ni al alcance de los menores, lamentables casos dan cuenta de que pueden hallarlas y provocar consecuencias irreversibles.

Hay que tener en cuenta, que en general, ni las casas ni los muebles se construyen pensando en la seguridad de los chicos y que los más pequeños tienen noción del peligro recién entre los cuatro y los cinco años, por lo que hasta esa edad dependen de los adultos para no accidentarse.
La mejor manera de prevenir es que los menores de cuatro años estén siempre sujetos a la supervisión de un adulto, que tenga la suficiente aptitud física como para contenerlos. Esto significa que un abuelo de 80 años o un pre-adolescente de 12, por mejor buena voluntad que expresen, son sólo relativamente responsables de la seguridad del pequeño.
Ese adulto no sólo debe cuidarlo en forma directa sino también indirecta, es decir, debe otorgarle una casa que no se convierta una trampa.

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