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Por Redacción

Narcotráfico: Un problema que exige imaginación y coraje



La imaginación y el coraje son las cualidades que convierten a un político mediocre en estadista. Ocurre que, para alcanzar soluciones a los problemas –de cualquier tipo-, es necesario tener imaginación para descubrir su naturaleza y valor para enfrentarlo. Hoy observamos estas carencias en el tema del narcotráfico.


Es verdad lo que afirmó al respecto esta semana el Padre Pepe (José María Di Paola): “Nadie puede decir éste no es mi problema”. Porque es un tema que nos incumbe a todos, pero la responsabilidad de imaginar el futuro es de la clase política. El ciudadano común no tiene tiempo ni dispone de medios e información suficiente, para ejercitar esas capacidades sin la ayuda decisiva del Estado, más allá de su propia familia, de la escuela en que estudian sus hijos y del pequeño ámbito donde transcurren sus actividades.



Imaginar escenarios


Imaginar el futuro ayuda a diseñar estrategias competentes para enfrentar el problema y sus derivaciones, porque permite evaluar causas y consecuencias; descubrir oportunidades y riesgos y encontrar soluciones adecuadas. Pensar el problema de la droga es imaginar la evolución que tendrá en el corto, mediano y largo plazo, y el efecto que producirá sobre nuestra sociedad y las instituciones del País. El simple ejercicio de diseñar escenarios futuros podría ayudar a tomar conciencia de la dimensión de este problema.


De alguna manera, al corto plazo lo estamos viviendo ya. Vemos cómo los narcos amenazan y atentan, inicialmente, a periodistas, que son los que denuncian. No ocurre esto con políticos y policías porque, en esta etapa, tanto los políticos como los policías, por acción u omisión, no representan para ellos un problema. Esto está ocurriendo hoy en la Argentina. Salvo el caso del atentado contra el gobernador de Santa Fe, no se han registrado serias amenazas contra funcionarios ni agentes del orden.


La gente a veces interpreta las cosas erróneamente. Que se haya tiroteado la casa de un gobernador significa, curiosamente, que ese gobierno ha hecho algo bien contra estos delincuentes. Lo que interesa no es si hay más narcotráfico en esa provincia, que en otros lugares del País; lo importante sería descubrir qué cosa se ha hecho bien en ese lugar. Hacia el final de esta etapa, que no está muy lejano en el tiempo, asistiremos a la transformación de las bandas en verdaderos carteles con predominio territorial.


En el mediano plazo podemos ver un escenario donde los carteles del narcotráfico disputan entre sí, y contra las fuerzas del orden, la autoridad y el control del territorio. Traficantes, maleantes y sicarios. En este escenario ya se amenaza y se atenta contra políticos y policías -aquellos que hayan asumido la responsabilidad de combatirlos decididamente-; y esto es en el mejor de los casos, porque significaría que algunos funcionarios y policías se han comprometidos resueltamente en esa lucha.


También en el mediano plazo empezará a verse la acción escandalosa del “fetichismo solidario”; un recurso que los narcos utilizan para ganarse el apoyo y aprecio de la población más vulnerable; donde las organizaciones delictivas (las bandas y carteles) empiezan a reemplazar la gestión social del Estado. Esto ocurre en países como Méjico, donde el Estado ha fracasado.


Nadie parece querer imaginar y medir las consecuencias que, en el largo plazo, tendrá para los argentinos el problema de la droga. No sólo la población de menores recursos es vulnerable. El consumo de droga –la barata es la peor- nos dejará una sociedad con problemas físicos, psíquicos y éticos. Y eso no es todo. La decadencia moral que producen el tráfico, el consumo y los negocios colaterales de la droga, provocarán mayor corrupción, delincuencia común, abandono de personas y crímenes cada vez más aberrantes.


Las dificultades abarcarán todos los ámbitos del Estado, acarreando problemas políticos, económicos y sociales. Llegar a este escenario de largo plazo no sólo significará el fracaso del Estado, sino la imposibilidad de revertir el problema.


No será fácil


Tomar el problema a tiempo significa empezar ya mismo a combatir el narcotráfico desde todas sus aristas, pensando tanto en el tiempo presente (la coyuntura), como en el futuro. Hay que construir un escenario donde sea inviable o, por lo menos, difícil el negocio de la droga. Hacérselas difícil a los narcotraficantes. Donde existan barreras al ingreso y la circulación de drogas, a la producción y el fraccionamiento, al lavado de dinero de cualquier origen y, también, al consumo.


No se trata sólo de frenar a la droga en la frontera –como algunos parecen creer–, hay que penalizar severamente el lavado de dinero, investigar casas de juego, controlar los negocios inmobiliarios de dudoso origen, combatir el tráfico de armas y personas. Se debe obstaculizar la circulación del formidable producto financiero que este negocio origina. Hace falta legislar para controlar la corrupción estatal y privada.


Crear barreras al consumo de drogas no significa castigar al adicto, significa educar sobre el daño que producen; fortalecer y apoyar a la familia, desde la escuela y desde las instituciones del Estado, para que pueda cumplir con el rol preventivo y profiláctico que le corresponde. Crear instituciones que permitan la rehabilitación y reinserción del adicto.


Debemos hacerlo cuanto antes, con imaginación y coraje, porque no será fácil. Ya hemos perdido mucho tiempo. Este es un tema en el que todos los políticos del País, del gobierno y la oposición, más allá de los tiempos electorales y sin mezquindades, deben ponerse rápidamente de acuerdo. Hay mucho que hacer, y no hay tiempo que perder.


Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional “Santa Romana”. Autor de “El momento es ahora” y “El ABC de la Defensa Nacional”.


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Narcotráfico: Un problema que exige imaginación y coraje

La imaginación y el coraje son las cualidades que convierten a un político mediocre en estadista. Ocurre que, para alcanzar soluciones a los problemas –de cualquier tipo-, es necesario tener imaginación para descubrir su naturaleza y valor para enfrentarlo. Hoy observamos estas carencias en el tema del narcotráfico.

Es verdad lo que afirmó al respecto esta semana el Padre Pepe (José María Di Paola): “Nadie puede decir éste no es mi problema”. Porque es un tema que nos incumbe a todos, pero la responsabilidad de imaginar el futuro es de la clase política. El ciudadano común no tiene tiempo ni dispone de medios e información suficiente, para ejercitar esas capacidades sin la ayuda decisiva del Estado, más allá de su propia familia, de la escuela en que estudian sus hijos y del pequeño ámbito donde transcurren sus actividades.

Imaginar escenarios

Imaginar el futuro ayuda a diseñar estrategias competentes para enfrentar el problema y sus derivaciones, porque permite evaluar causas y consecuencias; descubrir oportunidades y riesgos y encontrar soluciones adecuadas. Pensar el problema de la droga es imaginar la evolución que tendrá en el corto, mediano y largo plazo, y el efecto que producirá sobre nuestra sociedad y las instituciones del País. El simple ejercicio de diseñar escenarios futuros podría ayudar a tomar conciencia de la dimensión de este problema.

De alguna manera, al corto plazo lo estamos viviendo ya. Vemos cómo los narcos amenazan y atentan, inicialmente, a periodistas, que son los que denuncian. No ocurre esto con políticos y policías porque, en esta etapa, tanto los políticos como los policías, por acción u omisión, no representan para ellos un problema. Esto está ocurriendo hoy en la Argentina. Salvo el caso del atentado contra el gobernador de Santa Fe, no se han registrado serias amenazas contra funcionarios ni agentes del orden.

La gente a veces interpreta las cosas erróneamente. Que se haya tiroteado la casa de un gobernador significa, curiosamente, que ese gobierno ha hecho algo bien contra estos delincuentes. Lo que interesa no es si hay más narcotráfico en esa provincia, que en otros lugares del País; lo importante sería descubrir qué cosa se ha hecho bien en ese lugar. Hacia el final de esta etapa, que no está muy lejano en el tiempo, asistiremos a la transformación de las bandas en verdaderos carteles con predominio territorial.

En el mediano plazo podemos ver un escenario donde los carteles del narcotráfico disputan entre sí, y contra las fuerzas del orden, la autoridad y el control del territorio. Traficantes, maleantes y sicarios. En este escenario ya se amenaza y se atenta contra políticos y policías -aquellos que hayan asumido la responsabilidad de combatirlos decididamente-; y esto es en el mejor de los casos, porque significaría que algunos funcionarios y policías se han comprometidos resueltamente en esa lucha.

También en el mediano plazo empezará a verse la acción escandalosa del “fetichismo solidario”; un recurso que los narcos utilizan para ganarse el apoyo y aprecio de la población más vulnerable; donde las organizaciones delictivas (las bandas y carteles) empiezan a reemplazar la gestión social del Estado. Esto ocurre en países como Méjico, donde el Estado ha fracasado.

Nadie parece querer imaginar y medir las consecuencias que, en el largo plazo, tendrá para los argentinos el problema de la droga. No sólo la población de menores recursos es vulnerable. El consumo de droga –la barata es la peor- nos dejará una sociedad con problemas físicos, psíquicos y éticos. Y eso no es todo. La decadencia moral que producen el tráfico, el consumo y los negocios colaterales de la droga, provocarán mayor corrupción, delincuencia común, abandono de personas y crímenes cada vez más aberrantes.

Las dificultades abarcarán todos los ámbitos del Estado, acarreando problemas políticos, económicos y sociales. Llegar a este escenario de largo plazo no sólo significará el fracaso del Estado, sino la imposibilidad de revertir el problema.

No será fácil

Tomar el problema a tiempo significa empezar ya mismo a combatir el narcotráfico desde todas sus aristas, pensando tanto en el tiempo presente (la coyuntura), como en el futuro. Hay que construir un escenario donde sea inviable o, por lo menos, difícil el negocio de la droga. Hacérselas difícil a los narcotraficantes. Donde existan barreras al ingreso y la circulación de drogas, a la producción y el fraccionamiento, al lavado de dinero de cualquier origen y, también, al consumo.

No se trata sólo de frenar a la droga en la frontera –como algunos parecen creer–, hay que penalizar severamente el lavado de dinero, investigar casas de juego, controlar los negocios inmobiliarios de dudoso origen, combatir el tráfico de armas y personas. Se debe obstaculizar la circulación del formidable producto financiero que este negocio origina. Hace falta legislar para controlar la corrupción estatal y privada.

Crear barreras al consumo de drogas no significa castigar al adicto, significa educar sobre el daño que producen; fortalecer y apoyar a la familia, desde la escuela y desde las instituciones del Estado, para que pueda cumplir con el rol preventivo y profiláctico que le corresponde. Crear instituciones que permitan la rehabilitación y reinserción del adicto.

Debemos hacerlo cuanto antes, con imaginación y coraje, porque no será fácil. Ya hemos perdido mucho tiempo. Este es un tema en el que todos los políticos del País, del gobierno y la oposición, más allá de los tiempos electorales y sin mezquindades, deben ponerse rápidamente de acuerdo. Hay mucho que hacer, y no hay tiempo que perder.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional “Santa Romana”. Autor de “El momento es ahora” y “El ABC de la Defensa Nacional”.

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