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Mujeres que pintan su aldea, mujeres que pintan el mundo
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Por Redacción

Mujeres que pintan su aldea, mujeres que pintan el mundo



Para empezar a contar esta historia nos tenemos que remontar al día en el que Elba Ibáñez, una vecina del barrio Huarpes, salió a la puerta de su casa y se encontró con algo que no había visto antes: las auxiliares del jardín pintando la fachada del lugar bajo el abrasador sol de febrero, situación que la llevó a comunicarse con El Ciudadano para contar por qué, según sus propias palabras, “las cosas buenas también hay que contarlas”. Así fue como emprendimos camino al Centro de Desarrollo Infantil y Familiar (CDIyF) Nº 44 y, autorización mediante, accedimos a hablar con las protagonistas de la buena noticia.


Segunda casa


En primer lugar, tuvimos la posibilidad de charlar con Mabel Becerra, quien dirige el Centro desde hace cuatro años, y es ella quien nos acerca un poco más a la realidad de una institución que cumple una función muy importante dentro del barrio, a la que asisten cerca de 40 niños de entre 1 y 4 años. También, algunos de ellos en edad escolar, reciben ayuda con sus tareas. “Nosotros no dependemos de la Dirección General de Escuelas, sino de la DINAF, y somos siete personas las que trabajamos acá. No somos docentes, sino auxiliares, pero nos capacitamos todos los años”, explicó la directora, quien llegó a este centro luego de una larga carrera en la DINAF que comenzó en el Este provincial hace 33 años.


Mabel también relató que la mayoría de los niños del CDIyF tienen mamás que trabajan y por eso pasan toda la mañana con las auxiliares, quienes se encargan de que desayunen, almuercen y hagan actividades recreativas y del aprendizaje, proceso que queda atesorado en las carpetas que cada niño recibe a fin de año.



“Acá las auxiliares son como mamás. Está bueno que se conozca su actividad y todo lo que hacen por los chicos”, dijo la directora, e hizo referencia a todos los festejos que tienen en el año. Gracias a las rifas que organizan, juntan el dinero para que cada mamá tenga un regalo en su día o para alquilar un inflable en alguna fecha especial.


El edificio es compartido con un Centro de Educación Básica para Jóvenes y Adolescentes (CEJBA), por lo que el cuidado y el mantenimiento del mismo dependen de dos grupos distintos de personas que lo habitan a contraturno.


Pinta tu aldea


El motivo de nuestra presencia como medio en el centro de desarrollo nació de la inquietud de Elba, quien consideró que la noticia debía ir más allá de los ojos de quienes pasan habitualmente por la puerta del edificio ubicado en Soldado Baigorria y Barcala. “La iniciativa de pintar nació de las chicas, como cada cosa que hacemos, como arreglar el patio, ordenar y hacer cosas para que sea más lindo. Ellas se encargaron de retirar la pintura que nos donaron en otro CDIyF y lo hicieron durante febrero”, explicó Mabel.


La palabra de ellas


Nos desplazamos desde la Dirección hacia una de las aulas, en las que aún quedaban algunos niños que esperaban que sus mamás los pasaran a buscar, y allí nos encontramos con Mariana Rojas, Valeria Balmaceda, Karina Pérez y Mary López, las “seño” que oficiaron de pintoras para mejorar la apariencia del jardincito.



“Es un incentivo que siempre tenemos. En verano, durante un tiempo los chicos no vienen y eso nos permite hacer cosas en el jardín, decorarlo mejor. Teníamos la idea de brindarles un lugar más cómodo y más bonito, sobre todo para ellos, que son tan chiquitos. Es re importante que vean imágenes y colores lindos”, explicó Mariana, y continuó: “Recibimos la donación de pintura y en un primer momento no pensábamos que íbamos a poder pintar porque eran muchos metros, pero como todas teníamos muchas ganas de pintar nos ayudamos y lo hicimos entre todas. También contamos con la ayuda de Leonardo, que trabaja en otro CDIyF y vino tres días a pintar el mural, que quedó hermoso”.


Las mujeres, que no dudaron en llevar adelante la tarea, vieron que era necesario mejorar la fachada del lugar al que asisten niños muy pequeños, ya que hacía años que no parecía una institución educativa, sino una casa abandonada, llena de pintadas y grafitis. Incluso tuvieron que poner un cartel indicando que no se podía tirar escombros allí.


Cuidar entre todos es el gran objetivo


Mientras desarrollaban la tarea en un verano caluroso, recibieron las palabras de aliento de muchos vecinos de la comunidad. “Las mamás de los chicos fueron las que más nos felicitaron por lo que estábamos haciendo”, cuentan las auxiliares. Ahora, felices por el logro y el reconocimiento, esperan que sea la comunidad la encargada de ayudarles a cuidar y mantener lindo el lugar a donde van sus hijos.



También es cierto que no pretenden que la tarea termine acá, ya que aún falta la pared este del Centro, que al encontrarse más deteriorada necesita de la mano de un albañil antes de ser pintada. “Nosotras nos hemos propuesto el desafío de pintar todo el jardín, y para eso vamos a necesitar ayuda”, dijeron, y dejaron abierta la invitación a quien desee ayudar con pintura, rodillos, pinceles, tonalizadores o, simplemente, con mano de obra.


Claudia, el emblema


El CDIyF está a pocos metros del jardín Estrellitas, en el que el 1º de noviembre de 2004 una de sus maestras encontró la muerte al ser baleada mientras intentaban robarle su auto al salir del jardín. Se llamaba Claudia Oroná y tenía 35 años. Su muerte conmovió a los mendocinos y, a diferencia de lo que sucede con crímenes resonantes que luego se evaporan de la memoria colectiva, Claudia sigue viva en el recuerdo de cada una de las personas que la conoció, en sus compañeras de trabajo, en los vecinos del barrio y también está presente en la vida de quienes no la conocieron pero admiraron su entrega. La foto de Claudia se puede ver, apenas uno ingresa en la dirección del centro de desarrollo Nº 44, como emblema de los docentes que dejan la vida por su vocación y por hacer de la escuela un verdadero lugar de inclusión.


Al terminar la nota, y mientras flota en el aire del jardín un riquísimo olor a comida casera, “las seño” despiden a cada niño con un beso y un abrazo. Parece que desde la foto, desde el mismo corazón del barrio Huarpes, Claudia sonríe al ver el amor de este equipo por sus niños.


Rebeca Rodríguez Viñolo – Diario El Ciudadano online


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Mujeres que pintan su aldea, mujeres que pintan el mundo

Para empezar a contar esta historia nos tenemos que remontar al día en el que Elba Ibáñez, una vecina del barrio Huarpes, salió a la puerta de su casa y se encontró con algo que no había visto antes: las auxiliares del jardín pintando la fachada del lugar bajo el abrasador sol de febrero, situación que la llevó a comunicarse con El Ciudadano para contar por qué, según sus propias palabras, “las cosas buenas también hay que contarlas”. Así fue como emprendimos camino al Centro de Desarrollo Infantil y Familiar (CDIyF) Nº 44 y, autorización mediante, accedimos a hablar con las protagonistas de la buena noticia.

Segunda casa

En primer lugar, tuvimos la posibilidad de charlar con Mabel Becerra, quien dirige el Centro desde hace cuatro años, y es ella quien nos acerca un poco más a la realidad de una institución que cumple una función muy importante dentro del barrio, a la que asisten cerca de 40 niños de entre 1 y 4 años. También, algunos de ellos en edad escolar, reciben ayuda con sus tareas. “Nosotros no dependemos de la Dirección General de Escuelas, sino de la DINAF, y somos siete personas las que trabajamos acá. No somos docentes, sino auxiliares, pero nos capacitamos todos los años”, explicó la directora, quien llegó a este centro luego de una larga carrera en la DINAF que comenzó en el Este provincial hace 33 años.

Mabel también relató que la mayoría de los niños del CDIyF tienen mamás que trabajan y por eso pasan toda la mañana con las auxiliares, quienes se encargan de que desayunen, almuercen y hagan actividades recreativas y del aprendizaje, proceso que queda atesorado en las carpetas que cada niño recibe a fin de año.

“Acá las auxiliares son como mamás. Está bueno que se conozca su actividad y todo lo que hacen por los chicos”, dijo la directora, e hizo referencia a todos los festejos que tienen en el año. Gracias a las rifas que organizan, juntan el dinero para que cada mamá tenga un regalo en su día o para alquilar un inflable en alguna fecha especial.

El edificio es compartido con un Centro de Educación Básica para Jóvenes y Adolescentes (CEJBA), por lo que el cuidado y el mantenimiento del mismo dependen de dos grupos distintos de personas que lo habitan a contraturno.

Pinta tu aldea

El motivo de nuestra presencia como medio en el centro de desarrollo nació de la inquietud de Elba, quien consideró que la noticia debía ir más allá de los ojos de quienes pasan habitualmente por la puerta del edificio ubicado en Soldado Baigorria y Barcala. “La iniciativa de pintar nació de las chicas, como cada cosa que hacemos, como arreglar el patio, ordenar y hacer cosas para que sea más lindo. Ellas se encargaron de retirar la pintura que nos donaron en otro CDIyF y lo hicieron durante febrero”, explicó Mabel.

La palabra de ellas

Nos desplazamos desde la Dirección hacia una de las aulas, en las que aún quedaban algunos niños que esperaban que sus mamás los pasaran a buscar, y allí nos encontramos con Mariana Rojas, Valeria Balmaceda, Karina Pérez y Mary López, las “seño” que oficiaron de pintoras para mejorar la apariencia del jardincito.

“Es un incentivo que siempre tenemos. En verano, durante un tiempo los chicos no vienen y eso nos permite hacer cosas en el jardín, decorarlo mejor. Teníamos la idea de brindarles un lugar más cómodo y más bonito, sobre todo para ellos, que son tan chiquitos. Es re importante que vean imágenes y colores lindos”, explicó Mariana, y continuó: “Recibimos la donación de pintura y en un primer momento no pensábamos que íbamos a poder pintar porque eran muchos metros, pero como todas teníamos muchas ganas de pintar nos ayudamos y lo hicimos entre todas. También contamos con la ayuda de Leonardo, que trabaja en otro CDIyF y vino tres días a pintar el mural, que quedó hermoso”.

Las mujeres, que no dudaron en llevar adelante la tarea, vieron que era necesario mejorar la fachada del lugar al que asisten niños muy pequeños, ya que hacía años que no parecía una institución educativa, sino una casa abandonada, llena de pintadas y grafitis. Incluso tuvieron que poner un cartel indicando que no se podía tirar escombros allí.

Cuidar entre todos es el gran objetivo

Mientras desarrollaban la tarea en un verano caluroso, recibieron las palabras de aliento de muchos vecinos de la comunidad. “Las mamás de los chicos fueron las que más nos felicitaron por lo que estábamos haciendo”, cuentan las auxiliares. Ahora, felices por el logro y el reconocimiento, esperan que sea la comunidad la encargada de ayudarles a cuidar y mantener lindo el lugar a donde van sus hijos.

También es cierto que no pretenden que la tarea termine acá, ya que aún falta la pared este del Centro, que al encontrarse más deteriorada necesita de la mano de un albañil antes de ser pintada. “Nosotras nos hemos propuesto el desafío de pintar todo el jardín, y para eso vamos a necesitar ayuda”, dijeron, y dejaron abierta la invitación a quien desee ayudar con pintura, rodillos, pinceles, tonalizadores o, simplemente, con mano de obra.

Claudia, el emblema

El CDIyF está a pocos metros del jardín Estrellitas, en el que el 1º de noviembre de 2004 una de sus maestras encontró la muerte al ser baleada mientras intentaban robarle su auto al salir del jardín. Se llamaba Claudia Oroná y tenía 35 años. Su muerte conmovió a los mendocinos y, a diferencia de lo que sucede con crímenes resonantes que luego se evaporan de la memoria colectiva, Claudia sigue viva en el recuerdo de cada una de las personas que la conoció, en sus compañeras de trabajo, en los vecinos del barrio y también está presente en la vida de quienes no la conocieron pero admiraron su entrega. La foto de Claudia se puede ver, apenas uno ingresa en la dirección del centro de desarrollo Nº 44, como emblema de los docentes que dejan la vida por su vocación y por hacer de la escuela un verdadero lugar de inclusión.

Al terminar la nota, y mientras flota en el aire del jardín un riquísimo olor a comida casera, “las seño” despiden a cada niño con un beso y un abrazo. Parece que desde la foto, desde el mismo corazón del barrio Huarpes, Claudia sonríe al ver el amor de este equipo por sus niños.

Rebeca Rodríguez Viñolo – Diario El Ciudadano online

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