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Mientras controlan el dólar, la droga circula libremente
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Por Redacción

Mientras controlan el dólar, la droga circula libremente



Hay alguna sintomatología de nuestro país enfermo que nos lleva a dudar y replantearnos si en realidad los enfermos están en el gobierno o en la sociedad que los elige. Es muy raro que en un país se persiga a quien compra dólares y se deje libre al que transporta droga; al menos no es normal. En cualquier país del mundo la narcocriminalidad se combate y los dólares se usan para adquirir bienes. En Argentina los narcos adquieren propiedades y quienes tienen dólares, deben esconderlos de la vista de la AFIP. ¿No estaremos viviendo a contramano del mundo?.


Un país patas para arriba es aquel donde lo lógico es raro y lo injusto es cotidiano; es un país donde se manifiestan las cosas por su contradicciones permanentes, donde se reconoce al malo como bueno, al ladrón como canchero y al bueno como un boludo. Es un país como Argentina, donde el gobierno no duda en derivar todos los esfuerzos y recursos para perseguir a las cuevas financieras, las mismas que ellos alentaron en su momento y hasta donde muchos funcionarios hicieron grandes negocios, “poda a los arbolitos” de Florida y deja que la cocaína y la droga de diseño pase de mano en mano, transite por la ciudad en el baúl de cualquier vehículo y la consuma el que se le ocurra y pueda comprarla; y si no tiene dinero, pues posiblemente mate o robe para obtenerla, pero aún así, el dólar sigue ocupando un lugar preponderante en el orden de prioridades del gobierno krichnerista.


El país patas para arriba que nos toca vivir, es consecuente con quienes lo representan. Tiene un Vicepresidente con 20 causas abiertas por todo tipo de delito, una presidenta sospechada, junto a sus hijos y al marido fallecido, de lavar dinero con sus empresas, el Sedronar fue cueva de narcos, de hecho su anterior responsable está procesado, el actual es un cura al que le parece bueno despenalizar la droga y él mismo confesó que le dicen “drogón”. Tenemos una presidenta cuya campaña se sustentó en aportes de “empresarios” vinculados al narcotráfico, tres de los cuales terminaron en una zanja por mejicanearle efedrina a los verdaderos narcos y por si alguna duda queda, la familia Zacarías, enquistada en la Presidencia, en Protocolo y en el Sedronar, está procesada por narco. Es decir, toda una joyita, el gobierno y el país que tenemos.


Pero llamativamente, todos, absolutamente todos, siguen libres y gozando de los beneficios que da la impunidad estatal.


Si éste no es un país patas para arriba, ¿qué lo es? No puedo pensar en un país en serio cuando la droga que se descubre es porque una avioneta se cae en salta, como sucedió ayer, cuando uno advierte que en vez de colocar radares se los quitan de las fronteras y en vez de reforzar los límites con los países vecinos, se repliega la Gendarmería y la Prefectura a zonas urbanas, para controlar las protestas sociales. Si todo esto sucede y proporcionalmente aumenta el narcotráfico en este país dado vuelta, es casi una obviedad pensar que se está facilitando la narcocriminalidad desde el mismo poder. Es tarea de los jueces y fiscales, entonces, evitar que esto ocurra, pero como también a ellos se les va la sangre a la cabeza, producto de que viven en un país invertido, no pueden pensar ni actuar.


Pero la cruzada del gobierno para prevenir la fuga de divisas, esa sí que es una lucha épica y titánica en la que están montados con decisión de darla en todos los frentes. Con perros que huelen los bolsillos para detectar si el viajero comete el delito de llevar 100 dólares en sus vacaciones o allanar financieras y bancos que hicieron sus transacciones al calor de la corrupción estatal o perseguir a los exportadores, o evitar que cualquier ciudadano compre por e-bay, el gobierno pretende desarticular la circulación de dólares libres en la Argentina y tal vez sea por eso que no tiene tiempo para ocuparse del tráfico de drogas y de armas, que entran ilegalmente al país por las fronteras-colador, en que se han transformado los límites políticos y territoriales, tan difusos como permeables, de este país patas para arriba, comparado con el resto del mundo, que vive mirando la vida de manera normal./ Fuente: Agencia OPI Santa Cruz


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Mientras controlan el dólar, la droga circula libremente

Hay alguna sintomatología de nuestro país enfermo que nos lleva a dudar y replantearnos si en realidad los enfermos están en el gobierno o en la sociedad que los elige. Es muy raro que en un país se persiga a quien compra dólares y se deje libre al que transporta droga; al menos no es normal. En cualquier país del mundo la narcocriminalidad se combate y los dólares se usan para adquirir bienes. En Argentina los narcos adquieren propiedades y quienes tienen dólares, deben esconderlos de la vista de la AFIP. ¿No estaremos viviendo a contramano del mundo?.

Un país patas para arriba es aquel donde lo lógico es raro y lo injusto es cotidiano; es un país donde se manifiestan las cosas por su contradicciones permanentes, donde se reconoce al malo como bueno, al ladrón como canchero y al bueno como un boludo. Es un país como Argentina, donde el gobierno no duda en derivar todos los esfuerzos y recursos para perseguir a las cuevas financieras, las mismas que ellos alentaron en su momento y hasta donde muchos funcionarios hicieron grandes negocios, “poda a los arbolitos” de Florida y deja que la cocaína y la droga de diseño pase de mano en mano, transite por la ciudad en el baúl de cualquier vehículo y la consuma el que se le ocurra y pueda comprarla; y si no tiene dinero, pues posiblemente mate o robe para obtenerla, pero aún así, el dólar sigue ocupando un lugar preponderante en el orden de prioridades del gobierno krichnerista.

El país patas para arriba que nos toca vivir, es consecuente con quienes lo representan. Tiene un Vicepresidente con 20 causas abiertas por todo tipo de delito, una presidenta sospechada, junto a sus hijos y al marido fallecido, de lavar dinero con sus empresas, el Sedronar fue cueva de narcos, de hecho su anterior responsable está procesado, el actual es un cura al que le parece bueno despenalizar la droga y él mismo confesó que le dicen “drogón”. Tenemos una presidenta cuya campaña se sustentó en aportes de “empresarios” vinculados al narcotráfico, tres de los cuales terminaron en una zanja por mejicanearle efedrina a los verdaderos narcos y por si alguna duda queda, la familia Zacarías, enquistada en la Presidencia, en Protocolo y en el Sedronar, está procesada por narco. Es decir, toda una joyita, el gobierno y el país que tenemos.

Pero llamativamente, todos, absolutamente todos, siguen libres y gozando de los beneficios que da la impunidad estatal.

Si éste no es un país patas para arriba, ¿qué lo es? No puedo pensar en un país en serio cuando la droga que se descubre es porque una avioneta se cae en salta, como sucedió ayer, cuando uno advierte que en vez de colocar radares se los quitan de las fronteras y en vez de reforzar los límites con los países vecinos, se repliega la Gendarmería y la Prefectura a zonas urbanas, para controlar las protestas sociales. Si todo esto sucede y proporcionalmente aumenta el narcotráfico en este país dado vuelta, es casi una obviedad pensar que se está facilitando la narcocriminalidad desde el mismo poder. Es tarea de los jueces y fiscales, entonces, evitar que esto ocurra, pero como también a ellos se les va la sangre a la cabeza, producto de que viven en un país invertido, no pueden pensar ni actuar.

Pero la cruzada del gobierno para prevenir la fuga de divisas, esa sí que es una lucha épica y titánica en la que están montados con decisión de darla en todos los frentes. Con perros que huelen los bolsillos para detectar si el viajero comete el delito de llevar 100 dólares en sus vacaciones o allanar financieras y bancos que hicieron sus transacciones al calor de la corrupción estatal o perseguir a los exportadores, o evitar que cualquier ciudadano compre por e-bay, el gobierno pretende desarticular la circulación de dólares libres en la Argentina y tal vez sea por eso que no tiene tiempo para ocuparse del tráfico de drogas y de armas, que entran ilegalmente al país por las fronteras-colador, en que se han transformado los límites políticos y territoriales, tan difusos como permeables, de este país patas para arriba, comparado con el resto del mundo, que vive mirando la vida de manera normal./ Fuente: Agencia OPI Santa Cruz

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