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Mendoza y el país en el escenario menos querido
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Por Redacción

Mendoza y el país en el escenario menos querido



Pasado el cargoso y extenuante ruido del año electoral donde abundaron esquemas electores de las PASO y generales de toda índole y jurisdicción. Y tras haber asumido esas responsabilidades de gobierno de quienes fueron elegidos, la nación penetrará en un terreno raro por lo que dejarán las administraciones de Francisco Pérez y Cristina Fernández de Kirchner. Un cúmulo de delicadas cuestiones políticas, institucionales, económicas y sociales que deberán ser resueltas con estratégicas conductas de estado sin dilación alguna. Sobre todo los aspectos económicos y sociales donde el campo productivo, industrial y laboral ha quedado seriamente lesionado por las caprichosas y hasta dictatoriales formas de cómo fueron tratados. Fundamentalmente de cómo fueron “estrujados” para acrecentar las arcas del clientelismo político que han dominado el escenario argentino de la última década.


La mayoría de los estados provinciales  como Mendoza tienen a la vuelta de la esquina delicados problemas en sus finanzas y en el esquema económico y social de la vida provinciana. Efecto directo de la “monumental esquilmada” que hizo el estado nacional sobre las cuentas públicas e impuestos que derivan del aporte generalizado de ciudadanos, comerciantes, industriales y productores. Pero también, como ya lo hemos expresado aquí, de esa inadmisible falta de actitud de primeros mandatarios que en la mayoría de los casos prefirieron el “servilismo político” al poder central, que fuertes resistencia y defensa de los adinerados intereses de sus provincias. En todos los casos legaron profundos déficit y graves deudas que acondicionan “maniobrabilidades de gobierno” para quienes asuman el próximo 10 de diciembre. Y allí nuestra provincia tiene reservado un preocupante aspecto de turbulencias que pondrían a prueba al gobernador electo Alfredo Cornejo a la hora de tomar decisiones. En él y sobre él están esas determinaciones de administrar una crisis que se circunscriba a lo público, o por el contrario, salir de ella con un postergado crecimiento de una Mendoza que sabe por historia como crecer con un amplio esquema del sector privado.


El panorama nacional no es menos preocupante. Para muchos observadores la Argentina está dentro del lote de países latinos con desaceleración en sus economías. Al respecto es bueno recordar que a principios de año Standard & Poor’s ajustó significativamente a la baja sus proyecciones para el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 2015 en la región. Para la consultora internacional: “su pronóstico se basaba en observar la tensión política y social que en aumento se presentaba en Brasil, México y Venezuela por corrupción, autoritarismo y narcotráfico. Mientras que a la  Argentina se la notaba en un clima enrarecido previo a las elecciones generales, entre otros factores”. Standard & Poor’s consideraba que “La combinación de factores externos macroeconómicos y geopolíticos adversos con factores específicos de cada país están provocando un menor crecimiento económico en América Latina. Por eso nuestra proyección base de crecimiento del PIB en América Latina es de 0.8% en 2015, cuando desde nuestra proyección previa era del 2.1%. Entonces, mantenemos nuestra proyección de crecimiento de 2.7% para 2016, respaldada por nuestras expectativas de una menor aversión al riesgo global y un crecimiento más fuerte del comercio”, resaltaba en su amplio informe la consultora, a principios de año.


A la visión internacional le agregamos una de las tantas visiones internas de nuestro país, como la que hacía en el mes de junio pasado el colega Martín Kanenguiser del segmento económico del diario La Nación. En un exhaustivo análisis basado en el informe de  LatinFocus Consensus Forecast, se expresaba que la Argentina “comenzaría a mostrar un suave crecimiento de solo 1 por ciento en el inicio del 2016, aunque los niveles inflacionarios serían aún más altos de este 2015, entre el 32 % y el 45 %º. Que la ciudadanía comenzaba a tener ciertas posturas positivas, porque miraba con ciertas expectativas de cambios con el próximo gobierno”, apuntaba el artículo.


El colega de La Nación resaltaba también un aspecto que se debería tener en cuenta y que engloba todo lo anteriormente expresado: “en los equipos económicos de los principales precandidatos presidenciales se reconoce que el año próximo será duro y que habrá que implementar medidas que nadie difundirá hasta ganar la elección general”.


Así estamos y así se va a enfrentar el tiempo que viene. Con una nación que ya cuenta con un presupuesto que increíblemente el gobierno saliente se lo impone al que elija la ciudadanía por una cifra global de  $ 1.569.412.091.951. Donde Mendoza no tiene ningún apartado especial sobre obra alguna, cuestión que se viene repitiendo en las dos gestiones de Cristina Fernández de Kirchner. Pero que sin embargo le continúan drenando desde sus entrañas económicas y financieras $ 1.800 millones por impuesto al cheque, entre otras abultadas cifras en las que no se reconocen beneficios algunos para uno de los estados provinciales que mayor aporta a la “descarada caja” del autoritario erario nacional. Provincia que muestra en absoluta e inadmisible soledad, uno de los momentos más duros de su historia económica y social. Segmento del que la estrategia política, más con habilidades que con mezquindades y debilidades,  deberá salir de uno de los escenarios menos querido de la vida de los mendocinos.


Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano on line


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Mendoza y el país en el escenario menos querido

Pasado el cargoso y extenuante ruido del año electoral donde abundaron esquemas electores de las PASO y generales de toda índole y jurisdicción. Y tras haber asumido esas responsabilidades de gobierno de quienes fueron elegidos, la nación penetrará en un terreno raro por lo que dejarán las administraciones de Francisco Pérez y Cristina Fernández de Kirchner. Un cúmulo de delicadas cuestiones políticas, institucionales, económicas y sociales que deberán ser resueltas con estratégicas conductas de estado sin dilación alguna. Sobre todo los aspectos económicos y sociales donde el campo productivo, industrial y laboral ha quedado seriamente lesionado por las caprichosas y hasta dictatoriales formas de cómo fueron tratados. Fundamentalmente de cómo fueron “estrujados” para acrecentar las arcas del clientelismo político que han dominado el escenario argentino de la última década.

La mayoría de los estados provinciales  como Mendoza tienen a la vuelta de la esquina delicados problemas en sus finanzas y en el esquema económico y social de la vida provinciana. Efecto directo de la “monumental esquilmada” que hizo el estado nacional sobre las cuentas públicas e impuestos que derivan del aporte generalizado de ciudadanos, comerciantes, industriales y productores. Pero también, como ya lo hemos expresado aquí, de esa inadmisible falta de actitud de primeros mandatarios que en la mayoría de los casos prefirieron el “servilismo político” al poder central, que fuertes resistencia y defensa de los adinerados intereses de sus provincias. En todos los casos legaron profundos déficit y graves deudas que acondicionan “maniobrabilidades de gobierno” para quienes asuman el próximo 10 de diciembre. Y allí nuestra provincia tiene reservado un preocupante aspecto de turbulencias que pondrían a prueba al gobernador electo Alfredo Cornejo a la hora de tomar decisiones. En él y sobre él están esas determinaciones de administrar una crisis que se circunscriba a lo público, o por el contrario, salir de ella con un postergado crecimiento de una Mendoza que sabe por historia como crecer con un amplio esquema del sector privado.

El panorama nacional no es menos preocupante. Para muchos observadores la Argentina está dentro del lote de países latinos con desaceleración en sus economías. Al respecto es bueno recordar que a principios de año Standard & Poor’s ajustó significativamente a la baja sus proyecciones para el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 2015 en la región. Para la consultora internacional: “su pronóstico se basaba en observar la tensión política y social que en aumento se presentaba en Brasil, México y Venezuela por corrupción, autoritarismo y narcotráfico. Mientras que a la  Argentina se la notaba en un clima enrarecido previo a las elecciones generales, entre otros factores”. Standard & Poor’s consideraba que “La combinación de factores externos macroeconómicos y geopolíticos adversos con factores específicos de cada país están provocando un menor crecimiento económico en América Latina. Por eso nuestra proyección base de crecimiento del PIB en América Latina es de 0.8% en 2015, cuando desde nuestra proyección previa era del 2.1%. Entonces, mantenemos nuestra proyección de crecimiento de 2.7% para 2016, respaldada por nuestras expectativas de una menor aversión al riesgo global y un crecimiento más fuerte del comercio”, resaltaba en su amplio informe la consultora, a principios de año.

A la visión internacional le agregamos una de las tantas visiones internas de nuestro país, como la que hacía en el mes de junio pasado el colega Martín Kanenguiser del segmento económico del diario La Nación. En un exhaustivo análisis basado en el informe de  LatinFocus Consensus Forecast, se expresaba que la Argentina “comenzaría a mostrar un suave crecimiento de solo 1 por ciento en el inicio del 2016, aunque los niveles inflacionarios serían aún más altos de este 2015, entre el 32 % y el 45 %º. Que la ciudadanía comenzaba a tener ciertas posturas positivas, porque miraba con ciertas expectativas de cambios con el próximo gobierno”, apuntaba el artículo.

El colega de La Nación resaltaba también un aspecto que se debería tener en cuenta y que engloba todo lo anteriormente expresado: “en los equipos económicos de los principales precandidatos presidenciales se reconoce que el año próximo será duro y que habrá que implementar medidas que nadie difundirá hasta ganar la elección general”.

Así estamos y así se va a enfrentar el tiempo que viene. Con una nación que ya cuenta con un presupuesto que increíblemente el gobierno saliente se lo impone al que elija la ciudadanía por una cifra global de  $ 1.569.412.091.951. Donde Mendoza no tiene ningún apartado especial sobre obra alguna, cuestión que se viene repitiendo en las dos gestiones de Cristina Fernández de Kirchner. Pero que sin embargo le continúan drenando desde sus entrañas económicas y financieras $ 1.800 millones por impuesto al cheque, entre otras abultadas cifras en las que no se reconocen beneficios algunos para uno de los estados provinciales que mayor aporta a la “descarada caja” del autoritario erario nacional. Provincia que muestra en absoluta e inadmisible soledad, uno de los momentos más duros de su historia económica y social. Segmento del que la estrategia política, más con habilidades que con mezquindades y debilidades,  deberá salir de uno de los escenarios menos querido de la vida de los mendocinos.

Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano on line

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