Mendoza y el país bajo el “efecto búmeran”
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Por Redacción

Mendoza y el país bajo el “efecto búmeran”



La grave situación económica de Mendoza se padece en medio de la esperanza de un cambio, y eso sería el motivo de que no se haya producido aún un estallido de bronca. En la Nación crece la sensación de que al candidato oficial lo están dejando cada vez más solo desde su propia trinchera


En Mendoza


Luego de dos años de sucesivos triunfos en la provincia, el frente Cambiemos se apresta a repetir o aumentar la performance del 25 de octubre pasado. El glosario de hechos que perjudican las chances del PJ en Mendoza empiezan por: el peor gobierno que se recuerde en los últimos 32 años; el Gobernador de Mendoza se ha convertido en un negador compulsivo, hoy su palabra está más que devaluada y ninguna de sus promesas es creíble.


Una provincia ganada por el desaliento de una pésima gestión provincial, sumada al desmanejo de algunos departamentos como Guaymallén, Luján o Santa Rosa, por nombrar algunos, donde se vive un clima social bastante grave y que es de esperar no llegue a mayores; deudas a proveedores, sueldos atrasados, hospitales sin insumos básicos, suciedad y asfaltos rotos en varios departamentos; cheques sin fondos librados por el Estado a diestra y siniestra; funcionarios que han dejado de asistir a sus trabajos; saqueos en algunas comunas de bienes del Estado; nombramientos y pases a planta de militantes partidarios, constituyen parte de los muchos problemas y son un peligroso caldo de cultivo que hace pensar en un posible caos social.


Si todos estos problemas  todavía no han hecho eclosión, se debe en gran parte a la expectativa de la ciudadanía en el cambio de gobierno que se realizará en diciembre próximo. Alfredo Cornejo ha trasmitido a los mendocinos una esperanza de ética y eficiencia, algo totalmente opuesto a lo que proponen los popes justicialistas, todos partícipes de la pésima situación de la provincia. Cuando decimos todos, es porque no se salva nadie, los Ciurca, Miranda y Lobos, de la Corriente, aparecen como grandes perdedores por tratarse justamente Las Heras y Guaymallén, dos de los departamentos más poblados de la provincia. Los azules, si bien retuvieron Maipú y San Martín, fueron actores pasivos, que acataron todas las órdenes de la Casa Rosada cuando todavía el Chueco Mazzón tenía ingerencia entre los K. Los autodenominados progres, Anabel Fernández Sagasti y Guillermo Carmona, los ultrakirchneristas,  son los que con su silencio avalaron el aislamiento mendocino, por ser siempre dirigentes obsecuentes a los caprichos de la Presidenta.


Los hermanos Félix quieren diferenciarse, pero siempre por una cosa u otra participaron en las listas de candidatos del oficialismo, lo que los hace partícipes de la debacle. Ni qué hablar del indescifrable Jorge Tanús, la mano que implementaba los designios de Paco Pérez en la Legislatura, pero  que ahora que el barco se hunde quiere ponerse en el rol de principal opositor como si él no tuviera nada que ver con este horrible momento que padece nuestra provincia, o se olvida que fue uno de los que puso los palos en la rueda para obstruir el Acuerdo de Endeudamiento para que Pérez terminara bien su gobierno y Cornejo empezara sin problemas el suyo. Lo de Tanús es grave porque todavía cree que tiene chances de ser candidato el año que viene, creyéndose la mosca blanca del justicialismo, cuando en realidad está terminando embarrado como todos sus compañeros de ruta que empobrecieron a Mendoza. Políticos de vuelo corto que sólo se miran el ombligo y que les importa un rábano el bien común, por eso la sociedad, que no es tonta, ya los castigó y seguramente los seguirá castigando con mayor fuerza el próximo 22 de noviembre, cuando nuestra provincia sea parte del cambio de rumbo que pide el país.


Como en un tobogán


De a poco todos los argentinos estamos viendo al verdadero Daniel Scioli, sin su tranquilidad habitual pero que ahora es parte de una campaña de miedo y difamaciones a Macri como no se había visto nunca; la quema del ‘cajón de Herminio Iglesias’ en el 83 no es nada con la agresividad que vemos en la actualidad y por suerte lo podemos ver ahora antes de emitir nuestro voto.


Lo que verdaderamente da miedo es imaginar a Scioli en el poder con la gran división que hay en el peronismo. Asusta. Difícilmente se puede gobernar con dirigentes que se hacen zancadillas en plena campaña, cuando todavía tienen remotas chances de retener el poder.


A todos estos errores de campaña que están llevando a cabo, se le suma la mochila que significa el kirhnerismo, que todavía no se da cuenta del hartazgo de la gente. La misma Estela de Carlotto reconoce que la ciudadanía está cansada de los K, Florencio Randazzo afirma que se equivocaron con el candidato y ya da por ganador al frente Cambiemos. Si hasta el inefable D’Elía está dando una vuelta en el aire, ahora que se da cuenta que quedan cuarenta días de Gobierno nacional.


Macri emprendió esta segunda vuelta con el entusiasmo y optimismo lógico, después del gran triunfo en la provincia de Buenos Aires que sirve de gran respaldo a sus aspiraciones. En el país, por estos tiempos, se respira un aire de cambio; mientras Scioli baja en tobogán, Mauricio Macri sube en ascensor en la consideración de la gente. Las encuestas parecen indicar que el cambio es irreversible y que es muy posible que el 22 de noviembre los resultados sean parecidos a los difundidos la semana pasada, donde Macri obtendría un 52% y Scioli no superaría el techo de los 40%.


Los argentinos ya no tienen miedo, saben que el cambio está a la vuelta de la esquina. El hecho que una joven mujer, como lo es María Eugenia Vidal, le ganara sin sobresaltos al otrora poderoso e intocable Aníbal Fernández, reafirma este pensamiento. Se vienen dos semanas claves para el futuro de un país que desea despegar y vivir sin divisiones.


Foto: Perfil.


La grave situación económica de Mendoza se padece en medio de la esperanza de un cambio, y eso sería el motivo de que no se haya producido aún un estallido de bronca. En la Nación crece la sensación de que al candidato oficial lo están dejando cada vez más solo desde su propia trinchera


En Mendoza


Luego de dos años de sucesivos triunfos en la provincia, el frente Cambiemos se apresta a repetir o aumentar la performance del 25 de octubre pasado. El glosario de hechos que perjudican las chances del PJ en Mendoza empiezan por: el peor gobierno que se recuerde en los últimos 32 años; el Gobernador de Mendoza se ha convertido en un negador compulsivo, hoy su palabra está más que devaluada y ninguna de sus promesas es creíble.


Una provincia ganada por el desaliento de una pésima gestión provincial, sumada al desmanejo de algunos departamentos como Guaymallén, Luján o Santa Rosa, por nombrar algunos, donde se vive un clima social bastante grave y que es de esperar no llegue a mayores; deudas a proveedores, sueldos atrasados, hospitales sin insumos básicos, suciedad y asfaltos rotos en varios departamentos; cheques sin fondos librados por el Estado a diestra y siniestra; funcionarios que han dejado de asistir a sus trabajos; saqueos en algunas comunas de bienes del Estado; nombramientos y pases a planta de militantes partidarios, constituyen parte de los muchos problemas y son un peligroso caldo de cultivo que hace pensar en un posible caos social.


Si todos estos problemas  todavía no han hecho eclosión, se debe en gran parte a la expectativa de la ciudadanía en el cambio de gobierno que se realizará en diciembre próximo. Alfredo Cornejo ha trasmitido a los mendocinos una esperanza de ética y eficiencia, algo totalmente opuesto a lo que proponen los popes justicialistas, todos partícipes de la pésima situación de la provincia. Cuando decimos todos, es porque no se salva nadie, los Ciurca, Miranda y Lobos, de la Corriente, aparecen como grandes perdedores por tratarse justamente Las Heras y Guaymallén, dos de los departamentos más poblados de la provincia. Los azules, si bien retuvieron Maipú y San Martín, fueron actores pasivos, que acataron todas las órdenes de la Casa Rosada cuando todavía el Chueco Mazzón tenía ingerencia entre los K. Los autodenominados progres, Anabel Fernández Sagasti y Guillermo Carmona, los ultrakirchneristas,  son los que con su silencio avalaron el aislamiento mendocino, por ser siempre dirigentes obsecuentes a los caprichos de la Presidenta.


Los hermanos Félix quieren diferenciarse, pero siempre por una cosa u otra participaron en las listas de candidatos del oficialismo, lo que los hace partícipes de la debacle. Ni qué hablar del indescifrable Jorge Tanús, la mano que implementaba los designios de Paco Pérez en la Legislatura, pero  que ahora que el barco se hunde quiere ponerse en el rol de principal opositor como si él no tuviera nada que ver con este horrible momento que padece nuestra provincia, o se olvida que fue uno de los que puso los palos en la rueda para obstruir el Acuerdo de Endeudamiento para que Pérez terminara bien su gobierno y Cornejo empezara sin problemas el suyo. Lo de Tanús es grave porque todavía cree que tiene chances de ser candidato el año que viene, creyéndose la mosca blanca del justicialismo, cuando en realidad está terminando embarrado como todos sus compañeros de ruta que empobrecieron a Mendoza. Políticos de vuelo corto que sólo se miran el ombligo y que les importa un rábano el bien común, por eso la sociedad, que no es tonta, ya los castigó y seguramente los seguirá castigando con mayor fuerza el próximo 22 de noviembre, cuando nuestra provincia sea parte del cambio de rumbo que pide el país.


Como en un tobogán


De a poco todos los argentinos estamos viendo al verdadero Daniel Scioli, sin su tranquilidad habitual pero que ahora es parte de una campaña de miedo y difamaciones a Macri como no se había visto nunca; la quema del ‘cajón de Herminio Iglesias’ en el 83 no es nada con la agresividad que vemos en la actualidad y por suerte lo podemos ver ahora antes de emitir nuestro voto.


Lo que verdaderamente da miedo es imaginar a Scioli en el poder con la gran división que hay en el peronismo. Asusta. Difícilmente se puede gobernar con dirigentes que se hacen zancadillas en plena campaña, cuando todavía tienen remotas chances de retener el poder.


A todos estos errores de campaña que están llevando a cabo, se le suma la mochila que significa el kirhnerismo, que todavía no se da cuenta del hartazgo de la gente. La misma Estela de Carlotto reconoce que la ciudadanía está cansada de los K, Florencio Randazzo afirma que se equivocaron con el candidato y ya da por ganador al frente Cambiemos. Si hasta el inefable D’Elía está dando una vuelta en el aire, ahora que se da cuenta que quedan cuarenta días de Gobierno nacional.


Macri emprendió esta segunda vuelta con el entusiasmo y optimismo lógico, después del gran triunfo en la provincia de Buenos Aires que sirve de gran respaldo a sus aspiraciones. En el país, por estos tiempos, se respira un aire de cambio; mientras Scioli baja en tobogán, Mauricio Macri sube en ascensor en la consideración de la gente. Las encuestas parecen indicar que el cambio es irreversible y que es muy posible que el 22 de noviembre los resultados sean parecidos a los difundidos la semana pasada, donde Macri obtendría un 52% y Scioli no superaría el techo de los 40%.


Los argentinos ya no tienen miedo, saben que el cambio está a la vuelta de la esquina. El hecho que una joven mujer, como lo es María Eugenia Vidal, le ganara sin sobresaltos al otrora poderoso e intocable Aníbal Fernández, reafirma este pensamiento. Se vienen dos semanas claves para el futuro de un país que desea despegar y vivir sin divisiones.


La grave situación económica de Mendoza se padece en medio de la esperanza de un cambio, y eso sería el motivo de que no se haya producido aún un estallido de bronca. En la Nación crece la sensación de que al candidato oficial lo están dejando cada vez más solo desde su propia trinchera


En Mendoza


Luego de dos años de sucesivos triunfos en la provincia, el frente Cambiemos se apresta a repetir o aumentar la performance del 25 de octubre pasado. El glosario de hechos que perjudican las chances del PJ en Mendoza empiezan por: el peor gobierno que se recuerde en los últimos 32 años; el Gobernador de Mendoza se ha convertido en un negador compulsivo, hoy su palabra está más que devaluada y ninguna de sus promesas es creíble.


Una provincia ganada por el desaliento de una pésima gestión provincial, sumada al desmanejo de algunos departamentos como Guaymallén, Luján o Santa Rosa, por nombrar algunos, donde se vive un clima social bastante grave y que es de esperar no llegue a mayores; deudas a proveedores, sueldos atrasados, hospitales sin insumos básicos, suciedad y asfaltos rotos en varios departamentos; cheques sin fondos librados por el Estado a diestra y siniestra; funcionarios que han dejado de asistir a sus trabajos; saqueos en algunas comunas de bienes del Estado; nombramientos y pases a planta de militantes partidarios, constituyen parte de los muchos problemas y son un peligroso caldo de cultivo que hace pensar en un posible caos social.


Si todos estos problemas  todavía no han hecho eclosión, se debe en gran parte a la expectativa de la ciudadanía en el cambio de gobierno que se realizará en diciembre próximo. Alfredo Cornejo ha trasmitido a los mendocinos una esperanza de ética y eficiencia, algo totalmente opuesto a lo que proponen los popes justicialistas, todos partícipes de la pésima situación de la provincia. Cuando decimos todos, es porque no se salva nadie, los Ciurca, Miranda y Lobos, de la Corriente, aparecen como grandes perdedores por tratarse justamente Las Heras y Guaymallén, dos de los departamentos más poblados de la provincia. Los azules, si bien retuvieron Maipú y San Martín, fueron actores pasivos, que acataron todas las órdenes de la Casa Rosada cuando todavía el Chueco Mazzón tenía ingerencia entre los K. Los autodenominados progres, Anabel Fernández Sagasti y Guillermo Carmona, los ultrakirchneristas,  son los que con su silencio avalaron el aislamiento mendocino, por ser siempre dirigentes obsecuentes a los caprichos de la Presidenta.


Los hermanos Félix quieren diferenciarse, pero siempre por una cosa u otra participaron en las listas de candidatos del oficialismo, lo que los hace partícipes de la debacle. Ni qué hablar del indescifrable Jorge Tanús, la mano que implementaba los designios de Paco Pérez en la Legislatura, pero  que ahora que el barco se hunde quiere ponerse en el rol de principal opositor como si él no tuviera nada que ver con este horrible momento que padece nuestra provincia, o se olvida que fue uno de los que puso los palos en la rueda para obstruir el Acuerdo de Endeudamiento para que Pérez terminara bien su gobierno y Cornejo empezara sin problemas el suyo. Lo de Tanús es grave porque todavía cree que tiene chances de ser candidato el año que viene, creyéndose la mosca blanca del justicialismo, cuando en realidad está terminando embarrado como todos sus compañeros de ruta que empobrecieron a Mendoza. Políticos de vuelo corto que sólo se miran el ombligo y que les importa un rábano el bien común, por eso la sociedad, que no es tonta, ya los castigó y seguramente los seguirá castigando con mayor fuerza el próximo 22 de noviembre, cuando nuestra provincia sea parte del cambio de rumbo que pide el país.


Como en un tobogán


De a poco todos los argentinos estamos viendo al verdadero Daniel Scioli, sin su tranquilidad habitual pero que ahora es parte de una campaña de miedo y difamaciones a Macri como no se había visto nunca; la quema del ‘cajón de Herminio Iglesias’ en el 83 no es nada con la agresividad que vemos en la actualidad y por suerte lo podemos ver ahora antes de emitir nuestro voto.


Lo que verdaderamente da miedo es imaginar a Scioli en el poder con la gran división que hay en el peronismo. Asusta. Difícilmente se puede gobernar con dirigentes que se hacen zancadillas en plena campaña, cuando todavía tienen remotas chances de retener el poder.


A todos estos errores de campaña que están llevando a cabo, se le suma la mochila que significa el kirhnerismo, que todavía no se da cuenta del hartazgo de la gente. La misma Estela de Carlotto reconoce que la ciudadanía está cansada de los K, Florencio Randazzo afirma que se equivocaron con el candidato y ya da por ganador al frente Cambiemos. Si hasta el inefable D’Elía está dando una vuelta en el aire, ahora que se da cuenta que quedan cuarenta días de Gobierno nacional.


Macri emprendió esta segunda vuelta con el entusiasmo y optimismo lógico, después del gran triunfo en la provincia de Buenos Aires que sirve de gran respaldo a sus aspiraciones. En el país, por estos tiempos, se respira un aire de cambio; mientras Scioli baja en tobogán, Mauricio Macri sube en ascensor en la consideración de la gente. Las encuestas parecen indicar que el cambio es irreversible y que es muy posible que el 22 de noviembre los resultados sean parecidos a los difundidos la semana pasada, donde Macri obtendría un 52% y Scioli no superaría el techo de los 40%.


Los argentinos ya no tienen miedo, saben que el cambio está a la vuelta de la esquina. El hecho que una joven mujer, como lo es María Eugenia Vidal, le ganara sin sobresaltos al otrora poderoso e intocable Aníbal Fernández, reafirma este pensamiento. Se vienen dos semanas claves para el futuro de un país que desea despegar y vivir sin divisiones.


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La grave situación económica de Mendoza se padece en medio de la esperanza de un cambio, y eso sería el motivo de que no se haya producido aún un estallido de bronca. En la Nación crece la sensación de que al candidato oficial lo están dejando cada vez más solo desde su propia trinchera

En Mendoza

Luego de dos años de sucesivos triunfos en la provincia, el frente Cambiemos se apresta a repetir o aumentar la performance del 25 de octubre pasado. El glosario de hechos que perjudican las chances del PJ en Mendoza empiezan por: el peor gobierno que se recuerde en los últimos 32 años; el Gobernador de Mendoza se ha convertido en un negador compulsivo, hoy su palabra está más que devaluada y ninguna de sus promesas es creíble.

Una provincia ganada por el desaliento de una pésima gestión provincial, sumada al desmanejo de algunos departamentos como Guaymallén, Luján o Santa Rosa, por nombrar algunos, donde se vive un clima social bastante grave y que es de esperar no llegue a mayores; deudas a proveedores, sueldos atrasados, hospitales sin insumos básicos, suciedad y asfaltos rotos en varios departamentos; cheques sin fondos librados por el Estado a diestra y siniestra; funcionarios que han dejado de asistir a sus trabajos; saqueos en algunas comunas de bienes del Estado; nombramientos y pases a planta de militantes partidarios, constituyen parte de los muchos problemas y son un peligroso caldo de cultivo que hace pensar en un posible caos social.

Si todos estos problemas  todavía no han hecho eclosión, se debe en gran parte a la expectativa de la ciudadanía en el cambio de gobierno que se realizará en diciembre próximo. Alfredo Cornejo ha trasmitido a los mendocinos una esperanza de ética y eficiencia, algo totalmente opuesto a lo que proponen los popes justicialistas, todos partícipes de la pésima situación de la provincia. Cuando decimos todos, es porque no se salva nadie, los Ciurca, Miranda y Lobos, de la Corriente, aparecen como grandes perdedores por tratarse justamente Las Heras y Guaymallén, dos de los departamentos más poblados de la provincia. Los azules, si bien retuvieron Maipú y San Martín, fueron actores pasivos, que acataron todas las órdenes de la Casa Rosada cuando todavía el Chueco Mazzón tenía ingerencia entre los K. Los autodenominados progres, Anabel Fernández Sagasti y Guillermo Carmona, los ultrakirchneristas,  son los que con su silencio avalaron el aislamiento mendocino, por ser siempre dirigentes obsecuentes a los caprichos de la Presidenta.

Los hermanos Félix quieren diferenciarse, pero siempre por una cosa u otra participaron en las listas de candidatos del oficialismo, lo que los hace partícipes de la debacle. Ni qué hablar del indescifrable Jorge Tanús, la mano que implementaba los designios de Paco Pérez en la Legislatura, pero  que ahora que el barco se hunde quiere ponerse en el rol de principal opositor como si él no tuviera nada que ver con este horrible momento que padece nuestra provincia, o se olvida que fue uno de los que puso los palos en la rueda para obstruir el Acuerdo de Endeudamiento para que Pérez terminara bien su gobierno y Cornejo empezara sin problemas el suyo. Lo de Tanús es grave porque todavía cree que tiene chances de ser candidato el año que viene, creyéndose la mosca blanca del justicialismo, cuando en realidad está terminando embarrado como todos sus compañeros de ruta que empobrecieron a Mendoza. Políticos de vuelo corto que sólo se miran el ombligo y que les importa un rábano el bien común, por eso la sociedad, que no es tonta, ya los castigó y seguramente los seguirá castigando con mayor fuerza el próximo 22 de noviembre, cuando nuestra provincia sea parte del cambio de rumbo que pide el país.

Como en un tobogán

De a poco todos los argentinos estamos viendo al verdadero Daniel Scioli, sin su tranquilidad habitual pero que ahora es parte de una campaña de miedo y difamaciones a Macri como no se había visto nunca; la quema del ‘cajón de Herminio Iglesias’ en el 83 no es nada con la agresividad que vemos en la actualidad y por suerte lo podemos ver ahora antes de emitir nuestro voto.

Lo que verdaderamente da miedo es imaginar a Scioli en el poder con la gran división que hay en el peronismo. Asusta. Difícilmente se puede gobernar con dirigentes que se hacen zancadillas en plena campaña, cuando todavía tienen remotas chances de retener el poder.

A todos estos errores de campaña que están llevando a cabo, se le suma la mochila que significa el kirhnerismo, que todavía no se da cuenta del hartazgo de la gente. La misma Estela de Carlotto reconoce que la ciudadanía está cansada de los K, Florencio Randazzo afirma que se equivocaron con el candidato y ya da por ganador al frente Cambiemos. Si hasta el inefable D’Elía está dando una vuelta en el aire, ahora que se da cuenta que quedan cuarenta días de Gobierno nacional.

Macri emprendió esta segunda vuelta con el entusiasmo y optimismo lógico, después del gran triunfo en la provincia de Buenos Aires que sirve de gran respaldo a sus aspiraciones. En el país, por estos tiempos, se respira un aire de cambio; mientras Scioli baja en tobogán, Mauricio Macri sube en ascensor en la consideración de la gente. Las encuestas parecen indicar que el cambio es irreversible y que es muy posible que el 22 de noviembre los resultados sean parecidos a los difundidos la semana pasada, donde Macri obtendría un 52% y Scioli no superaría el techo de los 40%.

Los argentinos ya no tienen miedo, saben que el cambio está a la vuelta de la esquina. El hecho que una joven mujer, como lo es María Eugenia Vidal, le ganara sin sobresaltos al otrora poderoso e intocable Aníbal Fernández, reafirma este pensamiento. Se vienen dos semanas claves para el futuro de un país que desea despegar y vivir sin divisiones.

Foto: Perfil.

La grave situación económica de Mendoza se padece en medio de la esperanza de un cambio, y eso sería el motivo de que no se haya producido aún un estallido de bronca. En la Nación crece la sensación de que al candidato oficial lo están dejando cada vez más solo desde su propia trinchera

En Mendoza

Luego de dos años de sucesivos triunfos en la provincia, el frente Cambiemos se apresta a repetir o aumentar la performance del 25 de octubre pasado. El glosario de hechos que perjudican las chances del PJ en Mendoza empiezan por: el peor gobierno que se recuerde en los últimos 32 años; el Gobernador de Mendoza se ha convertido en un negador compulsivo, hoy su palabra está más que devaluada y ninguna de sus promesas es creíble.

Una provincia ganada por el desaliento de una pésima gestión provincial, sumada al desmanejo de algunos departamentos como Guaymallén, Luján o Santa Rosa, por nombrar algunos, donde se vive un clima social bastante grave y que es de esperar no llegue a mayores; deudas a proveedores, sueldos atrasados, hospitales sin insumos básicos, suciedad y asfaltos rotos en varios departamentos; cheques sin fondos librados por el Estado a diestra y siniestra; funcionarios que han dejado de asistir a sus trabajos; saqueos en algunas comunas de bienes del Estado; nombramientos y pases a planta de militantes partidarios, constituyen parte de los muchos problemas y son un peligroso caldo de cultivo que hace pensar en un posible caos social.

Si todos estos problemas  todavía no han hecho eclosión, se debe en gran parte a la expectativa de la ciudadanía en el cambio de gobierno que se realizará en diciembre próximo. Alfredo Cornejo ha trasmitido a los mendocinos una esperanza de ética y eficiencia, algo totalmente opuesto a lo que proponen los popes justicialistas, todos partícipes de la pésima situación de la provincia. Cuando decimos todos, es porque no se salva nadie, los Ciurca, Miranda y Lobos, de la Corriente, aparecen como grandes perdedores por tratarse justamente Las Heras y Guaymallén, dos de los departamentos más poblados de la provincia. Los azules, si bien retuvieron Maipú y San Martín, fueron actores pasivos, que acataron todas las órdenes de la Casa Rosada cuando todavía el Chueco Mazzón tenía ingerencia entre los K. Los autodenominados progres, Anabel Fernández Sagasti y Guillermo Carmona, los ultrakirchneristas,  son los que con su silencio avalaron el aislamiento mendocino, por ser siempre dirigentes obsecuentes a los caprichos de la Presidenta.

Los hermanos Félix quieren diferenciarse, pero siempre por una cosa u otra participaron en las listas de candidatos del oficialismo, lo que los hace partícipes de la debacle. Ni qué hablar del indescifrable Jorge Tanús, la mano que implementaba los designios de Paco Pérez en la Legislatura, pero  que ahora que el barco se hunde quiere ponerse en el rol de principal opositor como si él no tuviera nada que ver con este horrible momento que padece nuestra provincia, o se olvida que fue uno de los que puso los palos en la rueda para obstruir el Acuerdo de Endeudamiento para que Pérez terminara bien su gobierno y Cornejo empezara sin problemas el suyo. Lo de Tanús es grave porque todavía cree que tiene chances de ser candidato el año que viene, creyéndose la mosca blanca del justicialismo, cuando en realidad está terminando embarrado como todos sus compañeros de ruta que empobrecieron a Mendoza. Políticos de vuelo corto que sólo se miran el ombligo y que les importa un rábano el bien común, por eso la sociedad, que no es tonta, ya los castigó y seguramente los seguirá castigando con mayor fuerza el próximo 22 de noviembre, cuando nuestra provincia sea parte del cambio de rumbo que pide el país.

Como en un tobogán

De a poco todos los argentinos estamos viendo al verdadero Daniel Scioli, sin su tranquilidad habitual pero que ahora es parte de una campaña de miedo y difamaciones a Macri como no se había visto nunca; la quema del ‘cajón de Herminio Iglesias’ en el 83 no es nada con la agresividad que vemos en la actualidad y por suerte lo podemos ver ahora antes de emitir nuestro voto.

Lo que verdaderamente da miedo es imaginar a Scioli en el poder con la gran división que hay en el peronismo. Asusta. Difícilmente se puede gobernar con dirigentes que se hacen zancadillas en plena campaña, cuando todavía tienen remotas chances de retener el poder.

A todos estos errores de campaña que están llevando a cabo, se le suma la mochila que significa el kirhnerismo, que todavía no se da cuenta del hartazgo de la gente. La misma Estela de Carlotto reconoce que la ciudadanía está cansada de los K, Florencio Randazzo afirma que se equivocaron con el candidato y ya da por ganador al frente Cambiemos. Si hasta el inefable D’Elía está dando una vuelta en el aire, ahora que se da cuenta que quedan cuarenta días de Gobierno nacional.

Macri emprendió esta segunda vuelta con el entusiasmo y optimismo lógico, después del gran triunfo en la provincia de Buenos Aires que sirve de gran respaldo a sus aspiraciones. En el país, por estos tiempos, se respira un aire de cambio; mientras Scioli baja en tobogán, Mauricio Macri sube en ascensor en la consideración de la gente. Las encuestas parecen indicar que el cambio es irreversible y que es muy posible que el 22 de noviembre los resultados sean parecidos a los difundidos la semana pasada, donde Macri obtendría un 52% y Scioli no superaría el techo de los 40%.

Los argentinos ya no tienen miedo, saben que el cambio está a la vuelta de la esquina. El hecho que una joven mujer, como lo es María Eugenia Vidal, le ganara sin sobresaltos al otrora poderoso e intocable Aníbal Fernández, reafirma este pensamiento. Se vienen dos semanas claves para el futuro de un país que desea despegar y vivir sin divisiones.

La grave situación económica de Mendoza se padece en medio de la esperanza de un cambio, y eso sería el motivo de que no se haya producido aún un estallido de bronca. En la Nación crece la sensación de que al candidato oficial lo están dejando cada vez más solo desde su propia trinchera

En Mendoza

Luego de dos años de sucesivos triunfos en la provincia, el frente Cambiemos se apresta a repetir o aumentar la performance del 25 de octubre pasado. El glosario de hechos que perjudican las chances del PJ en Mendoza empiezan por: el peor gobierno que se recuerde en los últimos 32 años; el Gobernador de Mendoza se ha convertido en un negador compulsivo, hoy su palabra está más que devaluada y ninguna de sus promesas es creíble.

Una provincia ganada por el desaliento de una pésima gestión provincial, sumada al desmanejo de algunos departamentos como Guaymallén, Luján o Santa Rosa, por nombrar algunos, donde se vive un clima social bastante grave y que es de esperar no llegue a mayores; deudas a proveedores, sueldos atrasados, hospitales sin insumos básicos, suciedad y asfaltos rotos en varios departamentos; cheques sin fondos librados por el Estado a diestra y siniestra; funcionarios que han dejado de asistir a sus trabajos; saqueos en algunas comunas de bienes del Estado; nombramientos y pases a planta de militantes partidarios, constituyen parte de los muchos problemas y son un peligroso caldo de cultivo que hace pensar en un posible caos social.

Si todos estos problemas  todavía no han hecho eclosión, se debe en gran parte a la expectativa de la ciudadanía en el cambio de gobierno que se realizará en diciembre próximo. Alfredo Cornejo ha trasmitido a los mendocinos una esperanza de ética y eficiencia, algo totalmente opuesto a lo que proponen los popes justicialistas, todos partícipes de la pésima situación de la provincia. Cuando decimos todos, es porque no se salva nadie, los Ciurca, Miranda y Lobos, de la Corriente, aparecen como grandes perdedores por tratarse justamente Las Heras y Guaymallén, dos de los departamentos más poblados de la provincia. Los azules, si bien retuvieron Maipú y San Martín, fueron actores pasivos, que acataron todas las órdenes de la Casa Rosada cuando todavía el Chueco Mazzón tenía ingerencia entre los K. Los autodenominados progres, Anabel Fernández Sagasti y Guillermo Carmona, los ultrakirchneristas,  son los que con su silencio avalaron el aislamiento mendocino, por ser siempre dirigentes obsecuentes a los caprichos de la Presidenta.

Los hermanos Félix quieren diferenciarse, pero siempre por una cosa u otra participaron en las listas de candidatos del oficialismo, lo que los hace partícipes de la debacle. Ni qué hablar del indescifrable Jorge Tanús, la mano que implementaba los designios de Paco Pérez en la Legislatura, pero  que ahora que el barco se hunde quiere ponerse en el rol de principal opositor como si él no tuviera nada que ver con este horrible momento que padece nuestra provincia, o se olvida que fue uno de los que puso los palos en la rueda para obstruir el Acuerdo de Endeudamiento para que Pérez terminara bien su gobierno y Cornejo empezara sin problemas el suyo. Lo de Tanús es grave porque todavía cree que tiene chances de ser candidato el año que viene, creyéndose la mosca blanca del justicialismo, cuando en realidad está terminando embarrado como todos sus compañeros de ruta que empobrecieron a Mendoza. Políticos de vuelo corto que sólo se miran el ombligo y que les importa un rábano el bien común, por eso la sociedad, que no es tonta, ya los castigó y seguramente los seguirá castigando con mayor fuerza el próximo 22 de noviembre, cuando nuestra provincia sea parte del cambio de rumbo que pide el país.

Como en un tobogán

De a poco todos los argentinos estamos viendo al verdadero Daniel Scioli, sin su tranquilidad habitual pero que ahora es parte de una campaña de miedo y difamaciones a Macri como no se había visto nunca; la quema del ‘cajón de Herminio Iglesias’ en el 83 no es nada con la agresividad que vemos en la actualidad y por suerte lo podemos ver ahora antes de emitir nuestro voto.

Lo que verdaderamente da miedo es imaginar a Scioli en el poder con la gran división que hay en el peronismo. Asusta. Difícilmente se puede gobernar con dirigentes que se hacen zancadillas en plena campaña, cuando todavía tienen remotas chances de retener el poder.

A todos estos errores de campaña que están llevando a cabo, se le suma la mochila que significa el kirhnerismo, que todavía no se da cuenta del hartazgo de la gente. La misma Estela de Carlotto reconoce que la ciudadanía está cansada de los K, Florencio Randazzo afirma que se equivocaron con el candidato y ya da por ganador al frente Cambiemos. Si hasta el inefable D’Elía está dando una vuelta en el aire, ahora que se da cuenta que quedan cuarenta días de Gobierno nacional.

Macri emprendió esta segunda vuelta con el entusiasmo y optimismo lógico, después del gran triunfo en la provincia de Buenos Aires que sirve de gran respaldo a sus aspiraciones. En el país, por estos tiempos, se respira un aire de cambio; mientras Scioli baja en tobogán, Mauricio Macri sube en ascensor en la consideración de la gente. Las encuestas parecen indicar que el cambio es irreversible y que es muy posible que el 22 de noviembre los resultados sean parecidos a los difundidos la semana pasada, donde Macri obtendría un 52% y Scioli no superaría el techo de los 40%.

Los argentinos ya no tienen miedo, saben que el cambio está a la vuelta de la esquina. El hecho que una joven mujer, como lo es María Eugenia Vidal, le ganara sin sobresaltos al otrora poderoso e intocable Aníbal Fernández, reafirma este pensamiento. Se vienen dos semanas claves para el futuro de un país que desea despegar y vivir sin divisiones.

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