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Por Redacción

Mendoza tiene libro embajador




Un enamorado de la fotografía y de Mendoza. Así se define Dedé Vargas, un brasileño que durante cinco años ha tomado imágenes de la provincia que fueron publicadas en su libro Mendoza natural. En diálogo con La Platea de El Ciudadano, contó cómo fue esta experiencia.


-¿Con qué se va a encontrar la gente que compre tu obra?


-Es un libro en el que desde hace cinco años vengo pensando. Desde que empecé con las fotos, vi que las que sacaba podrían ser para algo grande. No las publiqué en las redes sociales, lo que me dolió mucho, pero las guardé para este libro.  Ahora están a la luz y creo que sirve para Mendoza. Hay muchas fotos artísticas, es un libro embajador de Mendoza. Además de las imágenes, cuenta con textos de personas importantes como Miguel Rep, y el epílogo de Rodolfo Braceli, un lujanino como yo. Y también trae un relato de una amiga escritora, Luisa Valenzuela. Conté también con Emilio Vera Da Souza que hizo textos técnicos y poéticos para complementar algunas fotos. Desde el principio, él fue fundamental, me presentó a los otros artistas. El libro está hecho como una comunión de amigos, a pulmón, sin sponsors, y soy el editor y distribuidor. El 4 de marzo, por Vendimia, se hizo un prelanzamiento y mañana (por hoy) se hace la presentación formal. La lista de amigos es interminable, sin ellos no hubiese podido hacer nada.


-Conociste muchos lugares en el mundo, ¿qué te cautivó de Mendoza?


-Hice muestras de muchos lugares y a veces la gente dice que otros países son exóticos o distintos. Pero acá, a pocos kilómetros de la ciudad está Potrerillos que es hermoso, más al Sur está la Payunia, San Rafael. Mendoza no pierde para nada en paisajes, incluso como ciudad es preciosa. Siempre fui a sacar esas fotos con fascinación, la Cordillera de los Andes, el Aconcagua, había un plus, una pasión por esos lugares. A algunos fui en varias oportunidades porque a veces estás en el lugar y no hay luz, cuando la hay, estás en el lugar equivocado. De esa forma, es la que creo que podés ser parte de la naturaleza, la fotografía tiene esa cosa mágica. En el medio apareció un fotógrafo español, José María Mellado, un capo de la alta calidad que me asesoró. Eso hizo que el libro tuviera una calidad importante.


-¿Te sorprendió que ningún mendocino haya hecho ese trabajo?


-Yo creo que tengo el plus, tengo otra óptica. El mendocino está  acostumbrado a verla todos los días. Vivo Mendoza como un niño, encantado. No sé si no hay otro libro porque nadie lo pensó, pero tienen fotógrafos fantásticos. Yo creo que el ojo ajeno ayuda mucho al no plasmar las postales clásicas, y siempre busqué salir de eso. El libro nunca fue pensado como turístico. Por ejemplo, no hay fotos de los Portones del Parque. Nunca me salió una foto que me convenciera. Me di ese lujo de fotografiar para mí, a Mendoza. La fotografía habla más de la persona que del paisaje. Entonces, si alguien quiere conocerme, que vea mis fotos, ahí está el trabajo, el amor que tengo.


-¿Con qué lugares de Mendoza te quedás?


-Buena pregunta… Dos, para hacer justicia, a donde regresaría: la Payunia en Malargüe es un lugar que poca gente conoce, ni siquiera los propios mendocinos. Ahí hay como 800 volcanes, parece que estás en Marte, me causó algo muy fuerte. El otro lugar es la Laguna del Diamante, que es mágica. Ahí fui unas cuatro veces y dije: “Acá me tengo que quedar”. Por suerte la gente del lugar me facilitó que pudiera quedarme y sacar las fotos que quería. Imaginate que casi no dormí porque me quedé mirando el cielo. Ustedes no pierden para nada con los lugares que tienen, Argentina como paisaje no pierde para nada.


-Hablás de que tenés muchas fotos, ¿pensás en un segundo libro?


-No sé si un segundo libro, pero sí cambiar una que otra foto y ajustar el libro para que sea definitivo. Hoy no cambiaría nada, por ahí das una vuelta y se te ocurre cambiarle cosas. Hay un proyecto, con un amigo que es astrólogo, de sacar lindas fotos nocturnas.


-Desde tu óptica, ¿el mendocino valora Mendoza?


-Mirá, eso es algo que pasa en todos lados. Hay gente que vive en Rio de Janeiro y nunca subió al Cristo. Es normal, pasa en todos lados. Te dicen que la gente es fría, es montañés, pero conmigo pasó todo lo contrario. En parte los entiendo, porque yo vengo del sur de Brasil, y para el resto del país somos cerrados, siempre sufrí eso. Siempre digo que tendría que haber nacido en Bahía. Soy un blanco sureño, pero quiero ser un negro que toque ‘axe’. Acá encontré cariño y pude desarrollar mi parte, y es recíproco. Hay un enamoramiento con Mendoza.


-Vivís hace varios años acá, pero tu portugués no es bien fluido…


-Al pasar los años hablo peor (risas). Llevo 15 años en la Argentina y siete en Mendoza. Es como que involuciono, contrariamente al libro. Pasa que estoy muy conectado con la gente de Brasil y hablo mucho con amigos. Espero poder mejorar./Fernanda Verdeslago



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Mendoza tiene libro embajador

Un enamorado de la fotografía y de Mendoza. Así se define Dedé Vargas, un brasileño que durante cinco años ha tomado imágenes de la provincia que fueron publicadas en su libro Mendoza natural. En diálogo con La Platea de El Ciudadano, contó cómo fue esta experiencia.

-¿Con qué se va a encontrar la gente que compre tu obra?

-Es un libro en el que desde hace cinco años vengo pensando. Desde que empecé con las fotos, vi que las que sacaba podrían ser para algo grande. No las publiqué en las redes sociales, lo que me dolió mucho, pero las guardé para este libro.  Ahora están a la luz y creo que sirve para Mendoza. Hay muchas fotos artísticas, es un libro embajador de Mendoza. Además de las imágenes, cuenta con textos de personas importantes como Miguel Rep, y el epílogo de Rodolfo Braceli, un lujanino como yo. Y también trae un relato de una amiga escritora, Luisa Valenzuela. Conté también con Emilio Vera Da Souza que hizo textos técnicos y poéticos para complementar algunas fotos. Desde el principio, él fue fundamental, me presentó a los otros artistas. El libro está hecho como una comunión de amigos, a pulmón, sin sponsors, y soy el editor y distribuidor. El 4 de marzo, por Vendimia, se hizo un prelanzamiento y mañana (por hoy) se hace la presentación formal. La lista de amigos es interminable, sin ellos no hubiese podido hacer nada.

-Conociste muchos lugares en el mundo, ¿qué te cautivó de Mendoza?

-Hice muestras de muchos lugares y a veces la gente dice que otros países son exóticos o distintos. Pero acá, a pocos kilómetros de la ciudad está Potrerillos que es hermoso, más al Sur está la Payunia, San Rafael. Mendoza no pierde para nada en paisajes, incluso como ciudad es preciosa. Siempre fui a sacar esas fotos con fascinación, la Cordillera de los Andes, el Aconcagua, había un plus, una pasión por esos lugares. A algunos fui en varias oportunidades porque a veces estás en el lugar y no hay luz, cuando la hay, estás en el lugar equivocado. De esa forma, es la que creo que podés ser parte de la naturaleza, la fotografía tiene esa cosa mágica. En el medio apareció un fotógrafo español, José María Mellado, un capo de la alta calidad que me asesoró. Eso hizo que el libro tuviera una calidad importante.

-¿Te sorprendió que ningún mendocino haya hecho ese trabajo?

-Yo creo que tengo el plus, tengo otra óptica. El mendocino está  acostumbrado a verla todos los días. Vivo Mendoza como un niño, encantado. No sé si no hay otro libro porque nadie lo pensó, pero tienen fotógrafos fantásticos. Yo creo que el ojo ajeno ayuda mucho al no plasmar las postales clásicas, y siempre busqué salir de eso. El libro nunca fue pensado como turístico. Por ejemplo, no hay fotos de los Portones del Parque. Nunca me salió una foto que me convenciera. Me di ese lujo de fotografiar para mí, a Mendoza. La fotografía habla más de la persona que del paisaje. Entonces, si alguien quiere conocerme, que vea mis fotos, ahí está el trabajo, el amor que tengo.

-¿Con qué lugares de Mendoza te quedás?

-Buena pregunta… Dos, para hacer justicia, a donde regresaría: la Payunia en Malargüe es un lugar que poca gente conoce, ni siquiera los propios mendocinos. Ahí hay como 800 volcanes, parece que estás en Marte, me causó algo muy fuerte. El otro lugar es la Laguna del Diamante, que es mágica. Ahí fui unas cuatro veces y dije: “Acá me tengo que quedar”. Por suerte la gente del lugar me facilitó que pudiera quedarme y sacar las fotos que quería. Imaginate que casi no dormí porque me quedé mirando el cielo. Ustedes no pierden para nada con los lugares que tienen, Argentina como paisaje no pierde para nada.

-Hablás de que tenés muchas fotos, ¿pensás en un segundo libro?

-No sé si un segundo libro, pero sí cambiar una que otra foto y ajustar el libro para que sea definitivo. Hoy no cambiaría nada, por ahí das una vuelta y se te ocurre cambiarle cosas. Hay un proyecto, con un amigo que es astrólogo, de sacar lindas fotos nocturnas.

-Desde tu óptica, ¿el mendocino valora Mendoza?

-Mirá, eso es algo que pasa en todos lados. Hay gente que vive en Rio de Janeiro y nunca subió al Cristo. Es normal, pasa en todos lados. Te dicen que la gente es fría, es montañés, pero conmigo pasó todo lo contrario. En parte los entiendo, porque yo vengo del sur de Brasil, y para el resto del país somos cerrados, siempre sufrí eso. Siempre digo que tendría que haber nacido en Bahía. Soy un blanco sureño, pero quiero ser un negro que toque ‘axe’. Acá encontré cariño y pude desarrollar mi parte, y es recíproco. Hay un enamoramiento con Mendoza.

-Vivís hace varios años acá, pero tu portugués no es bien fluido…

-Al pasar los años hablo peor (risas). Llevo 15 años en la Argentina y siete en Mendoza. Es como que involuciono, contrariamente al libro. Pasa que estoy muy conectado con la gente de Brasil y hablo mucho con amigos. Espero poder mejorar./Fernanda Verdeslago

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