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“Me tiré al suelo, mordí mi corbata y esperé ser rematada”
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Por Redacción

“Me tiré al suelo, mordí mi corbata y esperé ser rematada”



Los supervivientes relataron el horror vivido durante el asalto talibán en el que alrededor de 150 personas perdieron la vida y más de doscientas resultaron heridas, en la ciudad de Peshawar en Pakistán.


Algunos no pudieron reconocer a sus seres queridos debido al estado en el que habían quedado los cuerpos después de que los asaltantes detonaran sus cinturones de explosivos, según los testimonios recogidos por las agencias internacionales y los medios locales que se acercaron al centro sanitario.


Era una mañana cualquiera, con los niños y niñas uniformados con sus jerséis de color verde y pantalones grises sentados en los pupitres de este centro gestionado por militares, pero al que también acuden niños de familias no vinculadas al ejército, hasta que a las diez comenzó uno de los ataques más sangrientos que ha sufrido Pakistán en los siete años de guerra entre el gobierno y Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP). El mayor número de bajas parece que se produjo en las primeras horas en las que los asaltantes “no tomaron rehenes, ni plantearon exigencias, se pusieron a disparar directamente”, informó el general Asim Bajwa.


De eso se dio cuenta rápidamente Shahrukh Khan, de quince años, que tras recibir disparos en sus dos piernas logró salvar la vida tras esconderse detrás de su pupitre. “Una de mis profesoras lloraba, recibió un tiro en la mano y lloraba de dolor hasta que uno de los terroristas se le acercó y le empezó a gritar. Yo estaba rodeado de mis amigos, todos heridos o muertos”, relató Shahrukh a Reuters. Khalid Khan, de trece años, declaró a esta misma agencia que se encontraba en medio de una lección de primeros auxilios cuando los yihadistas “entraron a clase, abrieron fuego y se fueron, entonces cerramos las puertas desde dentro, pero volvieron pronto, rompieron las puertas y volvieron a dispararnos”.


Salman, de 16 años, confesó desde la cama en la que se recuperaba en el hospital a la agencia AFP que “vi la muerte muy cerca”. Esta alumna estaba en el auditorio del centro cuando “alguien nos gritó que nos agacháramos y nos escondiéramos entre las butacas. Entonces entró un hombre armado y gritó ‘Allahu akbar’ (Dios es grande) antes de abrir fuego”. Salman recibió dos balazos en la pierna y desde su posición pudo escuchar a uno de los agresores ordenar a otro “¡hay muchos niños escondidos, ve a buscarlos!”, al poco rato “vi un par de botas que se acercaban a donde yo estaba, me metí la corbata en la boca para no gritar. El hombre de las botas buscaba estudiantes y disparaba a todos. Me tumbé inmóvil y cerré los ojos a la espera de ser rematada”. Pero no le dispararon y al rato, cuando dejó de escuchar disparos en el auditorio, se puso de pie para escapar, cruzó a una clase contigua y allí vio el cuerpo ardiendo de una profesora. Salman perdió el conocimiento y se despertó más tarde en la cama del hospital.


A su vez, un niño de nueve años relató a Reuters, bajo condición de anonimato, que “en cuanto empezó el tiroteo los profesores lograron sacarnos por una puerta trasera del colegio y nos pidieron que recitáramos el Corán en voz baja”. Al otro lado de esa puerta esperaba una multitud de parientes y su padre le abrazó entre lágrimas.



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“Me tiré al suelo, mordí mi corbata y esperé ser rematada”

Los supervivientes relataron el horror vivido durante el asalto talibán en el que alrededor de 150 personas perdieron la vida y más de doscientas resultaron heridas, en la ciudad de Peshawar en Pakistán.

Algunos no pudieron reconocer a sus seres queridos debido al estado en el que habían quedado los cuerpos después de que los asaltantes detonaran sus cinturones de explosivos, según los testimonios recogidos por las agencias internacionales y los medios locales que se acercaron al centro sanitario.

Era una mañana cualquiera, con los niños y niñas uniformados con sus jerséis de color verde y pantalones grises sentados en los pupitres de este centro gestionado por militares, pero al que también acuden niños de familias no vinculadas al ejército, hasta que a las diez comenzó uno de los ataques más sangrientos que ha sufrido Pakistán en los siete años de guerra entre el gobierno y Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP). El mayor número de bajas parece que se produjo en las primeras horas en las que los asaltantes “no tomaron rehenes, ni plantearon exigencias, se pusieron a disparar directamente”, informó el general Asim Bajwa.

De eso se dio cuenta rápidamente Shahrukh Khan, de quince años, que tras recibir disparos en sus dos piernas logró salvar la vida tras esconderse detrás de su pupitre. “Una de mis profesoras lloraba, recibió un tiro en la mano y lloraba de dolor hasta que uno de los terroristas se le acercó y le empezó a gritar. Yo estaba rodeado de mis amigos, todos heridos o muertos”, relató Shahrukh a Reuters. Khalid Khan, de trece años, declaró a esta misma agencia que se encontraba en medio de una lección de primeros auxilios cuando los yihadistas “entraron a clase, abrieron fuego y se fueron, entonces cerramos las puertas desde dentro, pero volvieron pronto, rompieron las puertas y volvieron a dispararnos”.

Salman, de 16 años, confesó desde la cama en la que se recuperaba en el hospital a la agencia AFP que “vi la muerte muy cerca”. Esta alumna estaba en el auditorio del centro cuando “alguien nos gritó que nos agacháramos y nos escondiéramos entre las butacas. Entonces entró un hombre armado y gritó ‘Allahu akbar’ (Dios es grande) antes de abrir fuego”. Salman recibió dos balazos en la pierna y desde su posición pudo escuchar a uno de los agresores ordenar a otro “¡hay muchos niños escondidos, ve a buscarlos!”, al poco rato “vi un par de botas que se acercaban a donde yo estaba, me metí la corbata en la boca para no gritar. El hombre de las botas buscaba estudiantes y disparaba a todos. Me tumbé inmóvil y cerré los ojos a la espera de ser rematada”. Pero no le dispararon y al rato, cuando dejó de escuchar disparos en el auditorio, se puso de pie para escapar, cruzó a una clase contigua y allí vio el cuerpo ardiendo de una profesora. Salman perdió el conocimiento y se despertó más tarde en la cama del hospital.

A su vez, un niño de nueve años relató a Reuters, bajo condición de anonimato, que “en cuanto empezó el tiroteo los profesores lograron sacarnos por una puerta trasera del colegio y nos pidieron que recitáramos el Corán en voz baja”. Al otro lado de esa puerta esperaba una multitud de parientes y su padre le abrazó entre lágrimas.

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