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Por Redacción
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Los últimos cristianos escapan de Mosul



Los pocos cristianos que seguían residiendo en Mosul han emprendido la huida de la segunda ciudad más grande de Irak, cumpliendo con el ultimátum lanzado por el Estado Islámico, que gobierna la urbe desde el pasado junio. Los yihadistas han amenazado de muerte a los fieles que no se conviertan al Islam, y los que se nieguen debían pagar un impuesto o retirarse del enclave entregando posesiones y bienes antes del mediodía de este sábado.


En una circular distribuida por la ciudad el pasado viernes, la organización, que declaró a finales del mes pasado la instauración de un califato que se extiende entre la frontera de Siria e Irak, anunció que permitiría hasta este sábado el éxodo de aquellos que rehúsen abrazar el islam o pagar la “jiziya” (un impuesto muy alto a los no musulmanes). Vencido el plazo, “la única opción , advirtió el líder del grupo Abu Bakr al Bagdadi, será la espada”. El Estado Islámico (IS, por sus siglas en inglés) publicó su edicto después que los representantes de la comunidad cristiana no acudieran el jueves por la noche a una reunión en la que debía discutirse su situación, cada vez más precaria desde que el 9 de junio los escuadrones del IS capturaran Mosul , hogar de miles de cristianos hasta hace poco.


Desde entonces, los altavoces de las mezquitas y los vehículos que patrullan la ciudad no han dado tregua a la comunidad cristiana, que se ha visto asediada y cada vez más restringida en sus derechos civiles. Entre otras sanciones, a los funcionarios cristianos se les ha retirado el sueldo y se ha dejado de distribuir alimentos a las familias no musulmanas. Sus casas han sufrido, además, cortes de electricidad. En las últimas horas del sábado, decenas de familias, los últimos representantes cristianos de la ciudad, han abandonado el lugar rumbo a las localidades de la provincia de Nínive fuera del control del Estado Islámico, o a la vecina región autónoma del Kurdistán, que ha acogido a los cientos de miles de desplazados por el conflicto. En su huida han padecido los puestos de control de los yihadista , que, según los testimonios de algunas víctimas, han confiscado bienes y dinero a casi todos ellos.


Tras dejar sus viviendas, los insurgentes suníes escribían en sus fachadas “Nasrani”, una palabra usada para referirse a los cristianos, y una advertencia en negro: “Propiedad del Estado Islámico”. Además, los nuevos gobernantes de Mosul han comunicado a los vecinos musulmanes que viven en casas arrendadas a cristianos que a partir de ahora no tendrán que pagar el alquiler.


Desde junio, Irak vive hundido en la violencia tribal y religiosa, y abocado a la fragmentación del país. En un informe publicado este pasado viernes, la ONU denunció que 1.531 personas fallecieron y 1.763 resultaron heridas el mes pasado y acusó a los militantes del Estado Islámico y las fuerzas de seguridad iraquíes de haber cometido violaciones de derechos humanos.


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Los últimos cristianos escapan de Mosul

Los pocos cristianos que seguían residiendo en Mosul han emprendido la huida de la segunda ciudad más grande de Irak, cumpliendo con el ultimátum lanzado por el Estado Islámico, que gobierna la urbe desde el pasado junio. Los yihadistas han amenazado de muerte a los fieles que no se conviertan al Islam, y los que se nieguen debían pagar un impuesto o retirarse del enclave entregando posesiones y bienes antes del mediodía de este sábado.

En una circular distribuida por la ciudad el pasado viernes, la organización, que declaró a finales del mes pasado la instauración de un califato que se extiende entre la frontera de Siria e Irak, anunció que permitiría hasta este sábado el éxodo de aquellos que rehúsen abrazar el islam o pagar la “jiziya” (un impuesto muy alto a los no musulmanes). Vencido el plazo, “la única opción , advirtió el líder del grupo Abu Bakr al Bagdadi, será la espada”. El Estado Islámico (IS, por sus siglas en inglés) publicó su edicto después que los representantes de la comunidad cristiana no acudieran el jueves por la noche a una reunión en la que debía discutirse su situación, cada vez más precaria desde que el 9 de junio los escuadrones del IS capturaran Mosul , hogar de miles de cristianos hasta hace poco.

Desde entonces, los altavoces de las mezquitas y los vehículos que patrullan la ciudad no han dado tregua a la comunidad cristiana, que se ha visto asediada y cada vez más restringida en sus derechos civiles. Entre otras sanciones, a los funcionarios cristianos se les ha retirado el sueldo y se ha dejado de distribuir alimentos a las familias no musulmanas. Sus casas han sufrido, además, cortes de electricidad. En las últimas horas del sábado, decenas de familias, los últimos representantes cristianos de la ciudad, han abandonado el lugar rumbo a las localidades de la provincia de Nínive fuera del control del Estado Islámico, o a la vecina región autónoma del Kurdistán, que ha acogido a los cientos de miles de desplazados por el conflicto. En su huida han padecido los puestos de control de los yihadista , que, según los testimonios de algunas víctimas, han confiscado bienes y dinero a casi todos ellos.

Tras dejar sus viviendas, los insurgentes suníes escribían en sus fachadas “Nasrani”, una palabra usada para referirse a los cristianos, y una advertencia en negro: “Propiedad del Estado Islámico”. Además, los nuevos gobernantes de Mosul han comunicado a los vecinos musulmanes que viven en casas arrendadas a cristianos que a partir de ahora no tendrán que pagar el alquiler.

Desde junio, Irak vive hundido en la violencia tribal y religiosa, y abocado a la fragmentación del país. En un informe publicado este pasado viernes, la ONU denunció que 1.531 personas fallecieron y 1.763 resultaron heridas el mes pasado y acusó a los militantes del Estado Islámico y las fuerzas de seguridad iraquíes de haber cometido violaciones de derechos humanos.

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