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El voluntariado se siente
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Por Redacción

El voluntariado se siente



En las últimas semanas, Liliana Sánchez, representante en Mendoza de la organización internacional Missing Children, despertó la atención de todos los medios a raíz de una denuncia sobre la desaparición de 18 chicos albergados en hogares de la Dinaf. El Ciudadano mantuvo un mano a mano con la mujer que es pura vocación, pero que ante todo es madre, esposa y abuela, con una linda historia para compartir.


Liliana es acompañante terapéutica, lo que la ha llevado a ser voluntaria de organizaciones como la casa de Ronald Mc Donald, pero su vínculo con Missing Children comenzó cuando se comunicó con la organización para colaborar con la búsqueda de Sofía Herrera, la pequeña de casi 4 años que desapareció en Tierra de Fuego. En realidad, esa historia movilizó a Liliana y le hizo revivir su propia historia, cuando le secuestraron a Juan, su hijo.


“Un martes, hace 23 años, secuestraron a mi hijo, lo llevaba de la mano y afortunadamente está hoy conmigo, pero esa experiencia de ver en 150 metros que se lo llevaban fue terrible.” Así, sin anestesia, comenzó su relato la mujer. “Se me había roto el coche, íbamos a buscar a Romina, mi hija mayor, al colegio y llevaba a Julieta en brazos y a Juan de la mano. En un recorrido que hacíamos habitualmente se acerca una señora y me dijo si le podía indicar dónde quedaba una calle, yo le di todos los datos (que iba a buscar a mi hija a la calle Olascoaga y que de ahí tenía tres o cuatro cuadras más) y la mujer me dijo ‘bueno voy con vos’”, relató Liliana, recordando cada minuto de ese día.


“Cuando tenés hijos chicos es muy común que se te acerque alguna persona y colabore en ayudarte a bajar del colectivo o cederte el espacio, no lo vi mal, pero sí me llamó la atención que caminara con Juan delante mío, siendo que había espacio para ir a la par, yo pensaba que podríamos ir hablando y ella, sin embargo, iba adelante con mi hijo de la mano. En un momento, mi hijo de 3 años tropieza y la mujer lo levanta sin fijarse si le había pasado algo, y ese fue el primer click, porque Juan se dio vuelta y me miró con una mirada tan especial, fue un alerta que hizo que yo empezara a dudar de esa persona”, contó la mujer, mientras reflexionaba acerca de lo que fueron las primeras señales de que algo no era normal ese día. “Siguió caminando adelante, al mismo ritmo, y cuando Juan me miró le dije: ‘Señora’ y ella empezó a caminar mas rápido, miré a mi alrededor y no había nadie, así que dejé a mi hija Julieta en la vereda y comencé a caminar mas rápido. La mujer empezó a correr y a arrastrar a mi hijo, esto fue en 150 metros, en una cuadra larga; cuando llegó a la esquina, la mujer empezó a gritar: ‘hija de puta, dejame, ¡Por favor, ayúdenme!’, y pedía ayuda diciendo que yo le quería robar a su hijo”, recordó Liliana.


Luego de un silencio, la mujer siguió su relato: “Yo estaba totalmente shockeada y sin poder abrir la boca, lo único que hacía era tratar de sacarle a mi hijo, la mujer trastabilló y logré sacarle a Juan, ahí pensé en Julieta y me volví a buscarla. Vi un auto que paró y pensé que iba a auxiliarme, pero no, la mujer fue la que corrió hacia él. Entonces comenzamos a correr, tomé a Julieta y pensé en la mayor, Romina, que estaba en la escuela. Llegué y estaba todo bien con ella”, resumió esta madre que atravesó por una catarata de sensaciones. “El objetivo era Juan, eso me lo dijeron después los investigadores que llevaban el caso y, además, por el identikit me confirmaron que se trataba de una mujer de nacionalidad paraguaya que robaba niños”, contó la mujer, recordando ese angustioso día.


En el relato de la responsable de Missing Children se reconocen sensaciones encontradas: el terror de pensar que no vas a ver más a un hijo y el alivio de volver a abrazarlo. Pero aunque hayan pasado más de 20 años de ese suceso, la madre cuenta cada uno de los sentimientos de se día y cómo modificó varias cosas en su vida. Ya no volvió a ser la misma, de eso no hay dudas, las secuelas fueron muchas y variadas, desde las pesadillas en donde se despertaba gritando el nombre de su hijo en la mitad de la noche, el sentir que en un espacio público todo el mundo estaba mirando a sus hijos para llevarlos, hasta el creer reconocer en la calle a la mujer que hace 23 años se acercó para pedir una dirección con la intención de llevarse lo más importante que una madre tiene.


Fueron años de terapia para sobrellevar esa situación, pero lo cierto es que Juan apenas se lo quitaron unos minutos, que parecieron siglos, pero hoy lo disfruta no sólo a él, sino también a sus cuatro hijas mujeres y a su pequeño nieto. Y sabe que no todos los padres tienen la suerte de volver a abrazar a sus hijos.


Transformación del dolor en servicio

“Cuando se perdió Sofía Herrera, en Tierra del Fuego, en 2008, empecé a interiorizarme en el caso, entonces como me sentí identificada, llamé a la organización y dije que era de Mendoza y que quería colaborar con su búsqueda en nuestra provincia. Me hicieron una serie de preguntas, después me dijeron que no tenían representante en Mendoza y que si deseaba capacitarme y pertenecer a la organización iba a estar dos meses a prueba”, relató, y al año siguiente y, después de pasar las pruebas que la organización establece para ser parte de la misma, Liliana tuvo que pasar otro tipo de pruebas, algunas bellas como el llamado de un padre contando que su hijo había aparecido, como así también desenlaces tristes: “En mi primera experiencia, el niño que buscábamos lo encontramos muerto en Luján de Cuyo, ahí pensé que no iba a poder con esto, pero me apoyaron mucho desde Buenos Aires, seguí con capacitaciones y así logré estar hoy donde estoy”, resumió la mujer que bien sabe de angustias, mientras se intenta dar con el paradero de un menor perdido.


Missing Mendoza

Mendoza tiene un aeropuerto internacional y un paso fronterizo, dos razones más que importantes para que tenga representación directa de la ONG, que desde 1999 colabora con la búsqueda de niños que desaparecen de su hogar, y que asume como tareas la de orientar a las familias en los pasos a seguir en lo que respecta a las búsquedas, colaborar con la Justicia y la Seguridad haciendo el seguimiento de cada una de las instancias de la investigación, difundir las fotografías de los niños y niñas perdidos en medios de comunicación, trabajar en red con organizaciones públicas y privadas, además de crear conciencia en la sociedad acerca de la gravedad de la problemática.


“Es loco esto de buscar chicos, sólo conocemos su rostro a través de una fotografía, incluso la contención que hacemos con los papás de los chicos es por teléfono porque tampoco nos conocemos, y se crea un vínculo tan fuerte porque están pasando por un momento tan terrible, a veces escuchás que lloran, a veces que están muy enojados, y después, cuando se encuentran sabemos que hasta allí llega nuestra labor, el caso se cierra, nos alegramos muchísimo y compartimos esa alegría con ellos y después de eso no nos vemos nunca más. Y hemos tenido una relación que a veces ha durado días, semanas o meses”, relató Liliana, y agregó:“Los papás a los que se les desaparece un hijo están enojados con la vida, con Dios, con la Seguridad, con el poder político y con ellos mismos, por lo que para nosotros crear un vínculo de confianza es muy difícil, por ahí no te quieren contar muchas cosas, pero siempre terminan agradeciéndonos por haber estado con ellos en este período, aún encontrando a los chicos muertos”


De esto sí se habla

“Muchas veces nos sentimos impotentes frente a la imagen de otro chico perdido, no somos policías, tampoco investigadores y no tenemos formas de ayudar a que ese chico aparezca y calmar la angustia de la familia. Ese saber y creer que no podemos hacer nada nos angustia”, describió Liliana, pero atenúa la angustia con una propuesta: “Muchas veces hay situaciones sospechosas en la que los protagonistas son niños, por ejemplo, recibimos denuncias a nuestro 0800 donde nos indican situaciones raras en colectivos de larga distancia, niños que lloran mucho o niños subidos a vehículos a la fuerza. Es importante hacer la denuncia porque hemos comprobado que en menos de 4 horas se puede sacar un niño del país, por lo que actuar rápido es importantísimo”.


Voluntariado

Liliana trabaja desde su casa con su teléfono y no recibe ningún incentivo por hacerlo. Es voluntaria y le alcanza saber que desde su lugar puede contener a padres que sufren, visibilizar una problemática grave, pero también colaborar desde la experiencia para que aprendamos a cuidarnos y no tengamos que lamentar ninguna pérdida más de chicos en el mundo. “Asocio el voluntariado con la fe, que no se puede definir, se siente”, concluyó.


Más información en http://www.missingchildren.org.ar


Denuncias: 0800 333 5500


Consejos a seguir apenas sospecha que su hijo está perdido


Apenas sospecha que su hijo está perdido, comience a llamar a los amigos y compañeros del colegio para averiguar cuándo lo vieron por última vez y qué información le pueden brindar.

Llame a todos los familiares contándoles la situación y viendo si ellos tienen alguna información.

Haga la denuncia en la comisaría más cercana:

– Si se negaran a tomársela con la excusa que hay que esperar 24 o 48 horas, diga que sabe que su hijo está en “situación de riesgo” e insista en que se la tomen.

– Solicite copia de la denuncia.

– Averigüe en la comisaría qué Juzgado de Menores le corresponde, incluyendo el nombre del juez y/o secretario y domicilio del juzgado.

Vaya al juzgado y, aunque la causa no haya llegado de la comisaría, solicite realizar la exposición del hecho denunciado, brindándole todos los detalles y aportando una foto del menor, lo más actualizada posible.

Para poder informarle de los pasos a seguir, una vez realizadas las etapas anteriores, comuníquese a los teléfonos: 0800 333 5500.


Mail: info@missingchildren.org.ar

Fuente: http://www.missingchildren.org.ar


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El voluntariado se siente

En las últimas semanas, Liliana Sánchez, representante en Mendoza de la organización internacional Missing Children, despertó la atención de todos los medios a raíz de una denuncia sobre la desaparición de 18 chicos albergados en hogares de la Dinaf. El Ciudadano mantuvo un mano a mano con la mujer que es pura vocación, pero que ante todo es madre, esposa y abuela, con una linda historia para compartir.

Liliana es acompañante terapéutica, lo que la ha llevado a ser voluntaria de organizaciones como la casa de Ronald Mc Donald, pero su vínculo con Missing Children comenzó cuando se comunicó con la organización para colaborar con la búsqueda de Sofía Herrera, la pequeña de casi 4 años que desapareció en Tierra de Fuego. En realidad, esa historia movilizó a Liliana y le hizo revivir su propia historia, cuando le secuestraron a Juan, su hijo.

“Un martes, hace 23 años, secuestraron a mi hijo, lo llevaba de la mano y afortunadamente está hoy conmigo, pero esa experiencia de ver en 150 metros que se lo llevaban fue terrible.” Así, sin anestesia, comenzó su relato la mujer. “Se me había roto el coche, íbamos a buscar a Romina, mi hija mayor, al colegio y llevaba a Julieta en brazos y a Juan de la mano. En un recorrido que hacíamos habitualmente se acerca una señora y me dijo si le podía indicar dónde quedaba una calle, yo le di todos los datos (que iba a buscar a mi hija a la calle Olascoaga y que de ahí tenía tres o cuatro cuadras más) y la mujer me dijo ‘bueno voy con vos’”, relató Liliana, recordando cada minuto de ese día.

“Cuando tenés hijos chicos es muy común que se te acerque alguna persona y colabore en ayudarte a bajar del colectivo o cederte el espacio, no lo vi mal, pero sí me llamó la atención que caminara con Juan delante mío, siendo que había espacio para ir a la par, yo pensaba que podríamos ir hablando y ella, sin embargo, iba adelante con mi hijo de la mano. En un momento, mi hijo de 3 años tropieza y la mujer lo levanta sin fijarse si le había pasado algo, y ese fue el primer click, porque Juan se dio vuelta y me miró con una mirada tan especial, fue un alerta que hizo que yo empezara a dudar de esa persona”, contó la mujer, mientras reflexionaba acerca de lo que fueron las primeras señales de que algo no era normal ese día. “Siguió caminando adelante, al mismo ritmo, y cuando Juan me miró le dije: ‘Señora’ y ella empezó a caminar mas rápido, miré a mi alrededor y no había nadie, así que dejé a mi hija Julieta en la vereda y comencé a caminar mas rápido. La mujer empezó a correr y a arrastrar a mi hijo, esto fue en 150 metros, en una cuadra larga; cuando llegó a la esquina, la mujer empezó a gritar: ‘hija de puta, dejame, ¡Por favor, ayúdenme!’, y pedía ayuda diciendo que yo le quería robar a su hijo”, recordó Liliana.

Luego de un silencio, la mujer siguió su relato: “Yo estaba totalmente shockeada y sin poder abrir la boca, lo único que hacía era tratar de sacarle a mi hijo, la mujer trastabilló y logré sacarle a Juan, ahí pensé en Julieta y me volví a buscarla. Vi un auto que paró y pensé que iba a auxiliarme, pero no, la mujer fue la que corrió hacia él. Entonces comenzamos a correr, tomé a Julieta y pensé en la mayor, Romina, que estaba en la escuela. Llegué y estaba todo bien con ella”, resumió esta madre que atravesó por una catarata de sensaciones. “El objetivo era Juan, eso me lo dijeron después los investigadores que llevaban el caso y, además, por el identikit me confirmaron que se trataba de una mujer de nacionalidad paraguaya que robaba niños”, contó la mujer, recordando ese angustioso día.

En el relato de la responsable de Missing Children se reconocen sensaciones encontradas: el terror de pensar que no vas a ver más a un hijo y el alivio de volver a abrazarlo. Pero aunque hayan pasado más de 20 años de ese suceso, la madre cuenta cada uno de los sentimientos de se día y cómo modificó varias cosas en su vida. Ya no volvió a ser la misma, de eso no hay dudas, las secuelas fueron muchas y variadas, desde las pesadillas en donde se despertaba gritando el nombre de su hijo en la mitad de la noche, el sentir que en un espacio público todo el mundo estaba mirando a sus hijos para llevarlos, hasta el creer reconocer en la calle a la mujer que hace 23 años se acercó para pedir una dirección con la intención de llevarse lo más importante que una madre tiene.

Fueron años de terapia para sobrellevar esa situación, pero lo cierto es que Juan apenas se lo quitaron unos minutos, que parecieron siglos, pero hoy lo disfruta no sólo a él, sino también a sus cuatro hijas mujeres y a su pequeño nieto. Y sabe que no todos los padres tienen la suerte de volver a abrazar a sus hijos.

Transformación del dolor en servicio
“Cuando se perdió Sofía Herrera, en Tierra del Fuego, en 2008, empecé a interiorizarme en el caso, entonces como me sentí identificada, llamé a la organización y dije que era de Mendoza y que quería colaborar con su búsqueda en nuestra provincia. Me hicieron una serie de preguntas, después me dijeron que no tenían representante en Mendoza y que si deseaba capacitarme y pertenecer a la organización iba a estar dos meses a prueba”, relató, y al año siguiente y, después de pasar las pruebas que la organización establece para ser parte de la misma, Liliana tuvo que pasar otro tipo de pruebas, algunas bellas como el llamado de un padre contando que su hijo había aparecido, como así también desenlaces tristes: “En mi primera experiencia, el niño que buscábamos lo encontramos muerto en Luján de Cuyo, ahí pensé que no iba a poder con esto, pero me apoyaron mucho desde Buenos Aires, seguí con capacitaciones y así logré estar hoy donde estoy”, resumió la mujer que bien sabe de angustias, mientras se intenta dar con el paradero de un menor perdido.

Missing Mendoza
Mendoza tiene un aeropuerto internacional y un paso fronterizo, dos razones más que importantes para que tenga representación directa de la ONG, que desde 1999 colabora con la búsqueda de niños que desaparecen de su hogar, y que asume como tareas la de orientar a las familias en los pasos a seguir en lo que respecta a las búsquedas, colaborar con la Justicia y la Seguridad haciendo el seguimiento de cada una de las instancias de la investigación, difundir las fotografías de los niños y niñas perdidos en medios de comunicación, trabajar en red con organizaciones públicas y privadas, además de crear conciencia en la sociedad acerca de la gravedad de la problemática.

“Es loco esto de buscar chicos, sólo conocemos su rostro a través de una fotografía, incluso la contención que hacemos con los papás de los chicos es por teléfono porque tampoco nos conocemos, y se crea un vínculo tan fuerte porque están pasando por un momento tan terrible, a veces escuchás que lloran, a veces que están muy enojados, y después, cuando se encuentran sabemos que hasta allí llega nuestra labor, el caso se cierra, nos alegramos muchísimo y compartimos esa alegría con ellos y después de eso no nos vemos nunca más. Y hemos tenido una relación que a veces ha durado días, semanas o meses”, relató Liliana, y agregó:“Los papás a los que se les desaparece un hijo están enojados con la vida, con Dios, con la Seguridad, con el poder político y con ellos mismos, por lo que para nosotros crear un vínculo de confianza es muy difícil, por ahí no te quieren contar muchas cosas, pero siempre terminan agradeciéndonos por haber estado con ellos en este período, aún encontrando a los chicos muertos”

De esto sí se habla
“Muchas veces nos sentimos impotentes frente a la imagen de otro chico perdido, no somos policías, tampoco investigadores y no tenemos formas de ayudar a que ese chico aparezca y calmar la angustia de la familia. Ese saber y creer que no podemos hacer nada nos angustia”, describió Liliana, pero atenúa la angustia con una propuesta: “Muchas veces hay situaciones sospechosas en la que los protagonistas son niños, por ejemplo, recibimos denuncias a nuestro 0800 donde nos indican situaciones raras en colectivos de larga distancia, niños que lloran mucho o niños subidos a vehículos a la fuerza. Es importante hacer la denuncia porque hemos comprobado que en menos de 4 horas se puede sacar un niño del país, por lo que actuar rápido es importantísimo”.

Voluntariado
Liliana trabaja desde su casa con su teléfono y no recibe ningún incentivo por hacerlo. Es voluntaria y le alcanza saber que desde su lugar puede contener a padres que sufren, visibilizar una problemática grave, pero también colaborar desde la experiencia para que aprendamos a cuidarnos y no tengamos que lamentar ninguna pérdida más de chicos en el mundo. “Asocio el voluntariado con la fe, que no se puede definir, se siente”, concluyó.

Más información en http://www.missingchildren.org.ar

Denuncias: 0800 333 5500

Consejos a seguir apenas sospecha que su hijo está perdido

Apenas sospecha que su hijo está perdido, comience a llamar a los amigos y compañeros del colegio para averiguar cuándo lo vieron por última vez y qué información le pueden brindar.
Llame a todos los familiares contándoles la situación y viendo si ellos tienen alguna información.
Haga la denuncia en la comisaría más cercana:
– Si se negaran a tomársela con la excusa que hay que esperar 24 o 48 horas, diga que sabe que su hijo está en “situación de riesgo” e insista en que se la tomen.
– Solicite copia de la denuncia.
– Averigüe en la comisaría qué Juzgado de Menores le corresponde, incluyendo el nombre del juez y/o secretario y domicilio del juzgado.
Vaya al juzgado y, aunque la causa no haya llegado de la comisaría, solicite realizar la exposición del hecho denunciado, brindándole todos los detalles y aportando una foto del menor, lo más actualizada posible.
Para poder informarle de los pasos a seguir, una vez realizadas las etapas anteriores, comuníquese a los teléfonos: 0800 333 5500.

Mail: info@missingchildren.org.ar
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