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Por Redacción

Los billetes de 100 pesos generan más costos a sus tenedores



El singular ritmo de la inflación a una tasa de más 40 por ciento cada doce meses, pero que desde el fin de la convertibilidad se ha multiplicado por unas diez veces, sea medida por la variación del tipo de cambio oficial, o más aún el libre; el aumento de los salarios y las jubilaciones, el gasto público o la base monetaria, amén del precio de los bienes y servicios, ha hecho que el billete de mayor nominación en circulación perdiera más del 90% de su valor.


Así, mientras que veinte años atrás con pocos billetes de mayor nominación se podía pagar el haber mínimo jubilatorio o el salario promedio de la economía, al punto que el receptor le pedía al cajero cambio chico, por temor a perderlo y para facilitar las transacciones al menudeo, ahora demandan varios fajos de diez, y en algunos casos, hasta uno o dos “ladrillos” de cien billetes.


La contrapartida de ese fenómeno se manifiesta de diversas maneras, con claros trastornos para el conjunto de las familias y empresas.


En primer lugar, cada vez es más difícil disponer de cambio chico, porque la Casa de la Moneda o sus sucedáneas, entregan sólo billetes grandes porque no dan abasto con el pedido de la autoridad monetaria para responder a la demanda de las transacciones y reponer el deterioro físico que cada vez cambia de manos más rápido.


En segundo término, los bancos deben enfrentar mayores costos en el contrato de traslado de los billetes por parte de las transportadoras de caudales para reponer las cajas y cajeros de todas las sucursales y puntos de atención al cliente. Se estima que la aceleración de la frecuencia de esos viajes elevó el costo para los bancos en más de un cincuenta por ciento en términos reales.


En tercer lugar, las entidades deben ampliar la disponibilidad de billetes en cajas y cajeros, así como dedicar mayor tiempo de los empleados para contar los pesos que reciben en depósito o pagan, más allá de que disponen del auxilio de máquinas contadoras y detectoras de falsificaciones.


Para las familias y empresas también disponer de un billete que perdió la mayor parte de su valor les provoca tener que salir con un volumen de dinero creciente para transacciones que aún no están bancarizadas, como las compras en la verdulería del barrio.


Para peor, la existencia del impuesto a las transacciones financieras con medios de pago, como el uso del cheque, con 1,2% del valor y la acreditación en 48 horas si no es de la entidad donde tiene cuenta, hace que cada vez más empleados y monotributistas que cobran sus trabajos con cheque acudan al banco para hacerlo efectivo, en lugar de depositarlo, y eso fuerza mayor rotación del dinero.


Pero también para los bancos representa una mayor repetición de la reposición de los cajeros, tanto de la línea de atención al cliente, como en los automáticos.


Y si bien las entidades vienen haciendo inversiones en cambio de las máquinas por otras no sólo más modernas y con mayores prestaciones, sino también con capacidad para almacenar mayor cantidad de billetes, por la aceleración de la inflación, cada vez rinden menos y por tanto son sometidas a un desgaste apresurado. Se estima en el sistema bancario que de una tasa de indisponibilidad histórica del orden de 8% saltó en la actualidad a más de 22 por ciento.


No toda la culpa de semejante aumento de la salida de servicio de los cajeros automáticos se explica por el incremento de la tasa de reposición de billetes, sino que en parte obedece a la falta de partes importadas para arreglar algún mecanismo mecánico o placa electrónica.


Y como si todas esas dificultades no fueran suficientes, advierten en los bancos que la certeza de que en las cajas de las sucursales cada vez se maneja mayor cantidad de billetes ha derivado en un inquietante aumento de los robos exprés, en diversos puntos del país, “aunque no se publiciten”.


Pese a ese cuadro, en las entidades aseguran que la mayor parte de la banca está abocada a invertir en mejorar los servicios para clientes y no clientes. Pero la ecuación de costos, donde a las regulaciones se suman crecientes controles que han llevado a reducir drásticamente la rentabilidad de las operaciones con clientes, impiden avanzar más rápido y reducir los tiempos de espera.


Además, aseguran que están preparadas para recibir los nuevos billetes de 200 y 500 pesos, los cuales ya habrían pasado por todas las pruebas habituales previas para autorizar su impresión y presentarlos al mercado. /Fuente: Infobae.com


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Los billetes de 100 pesos generan más costos a sus tenedores

El singular ritmo de la inflación a una tasa de más 40 por ciento cada doce meses, pero que desde el fin de la convertibilidad se ha multiplicado por unas diez veces, sea medida por la variación del tipo de cambio oficial, o más aún el libre; el aumento de los salarios y las jubilaciones, el gasto público o la base monetaria, amén del precio de los bienes y servicios, ha hecho que el billete de mayor nominación en circulación perdiera más del 90% de su valor.

Así, mientras que veinte años atrás con pocos billetes de mayor nominación se podía pagar el haber mínimo jubilatorio o el salario promedio de la economía, al punto que el receptor le pedía al cajero cambio chico, por temor a perderlo y para facilitar las transacciones al menudeo, ahora demandan varios fajos de diez, y en algunos casos, hasta uno o dos “ladrillos” de cien billetes.

La contrapartida de ese fenómeno se manifiesta de diversas maneras, con claros trastornos para el conjunto de las familias y empresas.

En primer lugar, cada vez es más difícil disponer de cambio chico, porque la Casa de la Moneda o sus sucedáneas, entregan sólo billetes grandes porque no dan abasto con el pedido de la autoridad monetaria para responder a la demanda de las transacciones y reponer el deterioro físico que cada vez cambia de manos más rápido.

En segundo término, los bancos deben enfrentar mayores costos en el contrato de traslado de los billetes por parte de las transportadoras de caudales para reponer las cajas y cajeros de todas las sucursales y puntos de atención al cliente. Se estima que la aceleración de la frecuencia de esos viajes elevó el costo para los bancos en más de un cincuenta por ciento en términos reales.

En tercer lugar, las entidades deben ampliar la disponibilidad de billetes en cajas y cajeros, así como dedicar mayor tiempo de los empleados para contar los pesos que reciben en depósito o pagan, más allá de que disponen del auxilio de máquinas contadoras y detectoras de falsificaciones.

Para las familias y empresas también disponer de un billete que perdió la mayor parte de su valor les provoca tener que salir con un volumen de dinero creciente para transacciones que aún no están bancarizadas, como las compras en la verdulería del barrio.

Para peor, la existencia del impuesto a las transacciones financieras con medios de pago, como el uso del cheque, con 1,2% del valor y la acreditación en 48 horas si no es de la entidad donde tiene cuenta, hace que cada vez más empleados y monotributistas que cobran sus trabajos con cheque acudan al banco para hacerlo efectivo, en lugar de depositarlo, y eso fuerza mayor rotación del dinero.

Pero también para los bancos representa una mayor repetición de la reposición de los cajeros, tanto de la línea de atención al cliente, como en los automáticos.

Y si bien las entidades vienen haciendo inversiones en cambio de las máquinas por otras no sólo más modernas y con mayores prestaciones, sino también con capacidad para almacenar mayor cantidad de billetes, por la aceleración de la inflación, cada vez rinden menos y por tanto son sometidas a un desgaste apresurado. Se estima en el sistema bancario que de una tasa de indisponibilidad histórica del orden de 8% saltó en la actualidad a más de 22 por ciento.

No toda la culpa de semejante aumento de la salida de servicio de los cajeros automáticos se explica por el incremento de la tasa de reposición de billetes, sino que en parte obedece a la falta de partes importadas para arreglar algún mecanismo mecánico o placa electrónica.

Y como si todas esas dificultades no fueran suficientes, advierten en los bancos que la certeza de que en las cajas de las sucursales cada vez se maneja mayor cantidad de billetes ha derivado en un inquietante aumento de los robos exprés, en diversos puntos del país, “aunque no se publiciten”.

Pese a ese cuadro, en las entidades aseguran que la mayor parte de la banca está abocada a invertir en mejorar los servicios para clientes y no clientes. Pero la ecuación de costos, donde a las regulaciones se suman crecientes controles que han llevado a reducir drásticamente la rentabilidad de las operaciones con clientes, impiden avanzar más rápido y reducir los tiempos de espera.

Además, aseguran que están preparadas para recibir los nuevos billetes de 200 y 500 pesos, los cuales ya habrían pasado por todas las pruebas habituales previas para autorizar su impresión y presentarlos al mercado. /Fuente: Infobae.com

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