Cargando...
Por Redacción

Lobos, enfrentado con la Tupac Amaru



Lo que tendría que haber sido un reclamo normal y pacífico, como los muchos que realizan los ciudadanos comunes, derivó en hechos de violencia incalificables, que de algún modo tienen que comenzar a detenerse, para que estas acciones delictivas no se propaguen en el futuro.


El viernes pasado, integrantes de la organización Tupac Amaru se acercaron a la Municipalidad de Guaymallén para reclamar fondos para la construcción de viviendas. Estando en el municipio, y porque el intendente tardó un tiempo en atenderlos, se creyeron con derecho a romper cuanto estuvo a su alcance como muebles, vidrios y plantas.


Entre otras cosas, la misma jefa ‘piquetera’ Nélida Rojas, reconocía que no son “una organización de mucha paciencia”, algo que tendrán que rever en el futuro, porque si cada vez que la impaciencia los domina van a creerse con derecho de romper bienes del Estado, lesionar a ciudadanos o insultar y echar a los gritos a periodistas. No van por muy buen camino. Los reclamos, por más justos que sean, en épocas de democracia no se resuelven a los golpes.


Amparados por la Nación

Lo de la Tupac Amaru es un acontecimiento más de los muchos hechos de violencia que cometen agrupaciones que funcionan bajo el amparo del Gobierno nacional. Por eso es común ver a sus integrantes protestar con largas cañas, que en algunos momentos son usadas como armas de ataque. Y el argentino común se pregunta: “¿Por qué para reclamar ayuda, fondos de un municipio o del IPV, tienen que concurrir encapuchados? ¿Con qué elementos lograron romper el blindex de ingreso a la Municipalidad? ¿Quién pagará esos destrozos?”. Seguramente serán los vecinos de Guaymallén los que finalmente costearán los desmanes producidos por una organización que, por momentos, está al filo de la democracia.


Denuncias cruzadas

Como es costumbre en estos casos, luego de protagonizar el hecho vandálico, los agresores denunciaron que fueron golpeados por preventores, y realizaron la correspondiente denuncia en la Fiscalía de la Comisaría 9ª del departamento. Varios empleados contaron, aún con miedo, cómo la horda de más de cuarenta encapuchados subía hasta el quinto piso del edificio municipal para encontrarse cara a cara con el intendente Luis Lobos, que si algo lo caracteriza es justamente siempre dar la cara, aún en los momentos más difíciles, y esta no fue una excepción.


Pero desde el otro lado le respondían con improperios y no atendían a ninguna explicación que les daba el jefe comunal. ¿Se imaginan si todos los proveedores del Estado a los que el Gobierno les debe servicios actuaran como esta masa de inadaptados? Tienen que aprender que en democracia tampoco pueden empujar e insultar a los periodistas, como lo hicieron con profesionales de un medio digital de la provincia que cubrían el reclamo.


La toma del quinto piso

Lo ocurrido es un hecho gravísimo, comparable a lo realizado por el piquetero Luis D’Elía en una comisaría de la Boca, hace ya diez años. La Justicia tendría que actuar con severidad ante estos actos para no padecer peores consecuencias en el futuro.


Todos los reclamos son válidos, siempre que se hagan en el marco de la legalidad. Lo peor de todo es que las autoridades provinciales cedieron, y ante la extorsión se produjo la entrega del dinero que reclamaba la Tupac Amaru, una muy mala señal para otras entidades que se manejan con “paciencia” y en la legalidad.


Si todos empezaran a manejarse al estilo de La Cámpora o Milagros Sala, seguramente caeríamos en una sociedad violenta que creíamos erradicada. La ciudadanía en pleno sabe que “la culpa no la tiene el chancho”, y en este caso, la culpa la tiene el kirchnerismo, que provee los fondos para que estas organizaciones, que supuestamente son ONGs, sean un brazo político más del Gobierno nacional.


Lobos actuó con mesura

Sin duda, no debe haber sido fácil para el intendente Luis Lobos, un cacique sanguíneo y pasional, estar al frente de estos inadaptados y tratar de conservar la calma que su cargo requiere. Como viejo político y conocedor de las características de estas agrupaciones, mantuvo la mesura y la paciencia que Nélida Rojas dice no tener, y después de los álgidos momentos decía: “No es la primera vez que esto sucede. Según me dicen, son formas de protestar que tienen instituidas”, agregando que “le pegaron a preventores. Tengo lesionados que han hecho la denuncia en la Fiscalía, rompieron el blindex, los vidrios y los teléfonos también; hace tres meses pasó lo mismo”.


La Justicia tendrá que seguir con mucho cuidado “los métodos” que utilizan estos encapuchados para efectuar sus reclamos, y el Gobierno deberá ser un poco más duro y no salir a pagar obligado por las circunstancias y ante la extorsión.

Porque eso fue lo que cometió la agrupación, una extorsión. Basta con abrir el diccionario y leer la descripción de la palabra: “Obtención por la fuerza o intimidación de una cosa de alguien”.


Cualquier parecido con lo ocurrido en la Municipalidad de Guaymallén, es la pura realidad.


comentarios

Compartir en facebook
Compartir en twitter
imagen
imagen
imagen
imagen

Lobos, enfrentado con la Tupac Amaru

Lo que tendría que haber sido un reclamo normal y pacífico, como los muchos que realizan los ciudadanos comunes, derivó en hechos de violencia incalificables, que de algún modo tienen que comenzar a detenerse, para que estas acciones delictivas no se propaguen en el futuro.

El viernes pasado, integrantes de la organización Tupac Amaru se acercaron a la Municipalidad de Guaymallén para reclamar fondos para la construcción de viviendas. Estando en el municipio, y porque el intendente tardó un tiempo en atenderlos, se creyeron con derecho a romper cuanto estuvo a su alcance como muebles, vidrios y plantas.

Entre otras cosas, la misma jefa ‘piquetera’ Nélida Rojas, reconocía que no son “una organización de mucha paciencia”, algo que tendrán que rever en el futuro, porque si cada vez que la impaciencia los domina van a creerse con derecho de romper bienes del Estado, lesionar a ciudadanos o insultar y echar a los gritos a periodistas. No van por muy buen camino. Los reclamos, por más justos que sean, en épocas de democracia no se resuelven a los golpes.

Amparados por la Nación
Lo de la Tupac Amaru es un acontecimiento más de los muchos hechos de violencia que cometen agrupaciones que funcionan bajo el amparo del Gobierno nacional. Por eso es común ver a sus integrantes protestar con largas cañas, que en algunos momentos son usadas como armas de ataque. Y el argentino común se pregunta: “¿Por qué para reclamar ayuda, fondos de un municipio o del IPV, tienen que concurrir encapuchados? ¿Con qué elementos lograron romper el blindex de ingreso a la Municipalidad? ¿Quién pagará esos destrozos?”. Seguramente serán los vecinos de Guaymallén los que finalmente costearán los desmanes producidos por una organización que, por momentos, está al filo de la democracia.

Denuncias cruzadas
Como es costumbre en estos casos, luego de protagonizar el hecho vandálico, los agresores denunciaron que fueron golpeados por preventores, y realizaron la correspondiente denuncia en la Fiscalía de la Comisaría 9ª del departamento. Varios empleados contaron, aún con miedo, cómo la horda de más de cuarenta encapuchados subía hasta el quinto piso del edificio municipal para encontrarse cara a cara con el intendente Luis Lobos, que si algo lo caracteriza es justamente siempre dar la cara, aún en los momentos más difíciles, y esta no fue una excepción.

Pero desde el otro lado le respondían con improperios y no atendían a ninguna explicación que les daba el jefe comunal. ¿Se imaginan si todos los proveedores del Estado a los que el Gobierno les debe servicios actuaran como esta masa de inadaptados? Tienen que aprender que en democracia tampoco pueden empujar e insultar a los periodistas, como lo hicieron con profesionales de un medio digital de la provincia que cubrían el reclamo.

La toma del quinto piso
Lo ocurrido es un hecho gravísimo, comparable a lo realizado por el piquetero Luis D’Elía en una comisaría de la Boca, hace ya diez años. La Justicia tendría que actuar con severidad ante estos actos para no padecer peores consecuencias en el futuro.

Todos los reclamos son válidos, siempre que se hagan en el marco de la legalidad. Lo peor de todo es que las autoridades provinciales cedieron, y ante la extorsión se produjo la entrega del dinero que reclamaba la Tupac Amaru, una muy mala señal para otras entidades que se manejan con “paciencia” y en la legalidad.

Si todos empezaran a manejarse al estilo de La Cámpora o Milagros Sala, seguramente caeríamos en una sociedad violenta que creíamos erradicada. La ciudadanía en pleno sabe que “la culpa no la tiene el chancho”, y en este caso, la culpa la tiene el kirchnerismo, que provee los fondos para que estas organizaciones, que supuestamente son ONGs, sean un brazo político más del Gobierno nacional.

Lobos actuó con mesura
Sin duda, no debe haber sido fácil para el intendente Luis Lobos, un cacique sanguíneo y pasional, estar al frente de estos inadaptados y tratar de conservar la calma que su cargo requiere. Como viejo político y conocedor de las características de estas agrupaciones, mantuvo la mesura y la paciencia que Nélida Rojas dice no tener, y después de los álgidos momentos decía: “No es la primera vez que esto sucede. Según me dicen, son formas de protestar que tienen instituidas”, agregando que “le pegaron a preventores. Tengo lesionados que han hecho la denuncia en la Fiscalía, rompieron el blindex, los vidrios y los teléfonos también; hace tres meses pasó lo mismo”.

La Justicia tendrá que seguir con mucho cuidado “los métodos” que utilizan estos encapuchados para efectuar sus reclamos, y el Gobierno deberá ser un poco más duro y no salir a pagar obligado por las circunstancias y ante la extorsión.
Porque eso fue lo que cometió la agrupación, una extorsión. Basta con abrir el diccionario y leer la descripción de la palabra: “Obtención por la fuerza o intimidación de una cosa de alguien”.

Cualquier parecido con lo ocurrido en la Municipalidad de Guaymallén, es la pura realidad.

comentarios

imagen imagen
Login