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Por Redacción

Lo que pasó en la semana



En esta semana que pasó, a nivel nacional se hicieron más evidentes las consecuencias ocultas del default. Las mismas se enciman sobre las ya planteadas por la recesión económica a través de síntomas concretos, tales como un aumento en la tasa del desempleo, la suba en la cotización del dólar blue y una persistente inflación, que si no se espiraliza es precisamente debido a la recesión ya señalada. Lo que anticipa una mayor y, por otro lado, ya anunciada conflictividad social por parte de distintas centrales sindicales y las autodenominadas organizaciones obreras de base.


Por su parte, en la evolución externa de las negociaciones de nuestra deuda soberana, comienzan a corporizarse los espectros de las cláusulas de aceleración y la figura inédita del desacato. Lo que aleja la certeza respecto de un default corto con un final más o menos feliz para fines de este año, cuando el fantasma de la RUFO se desvanezca.


Lo regional transita sin mayores novedades. Salvo por la búsqueda de una solución, por parte de los EE.UU. y de los países afectados, al problema serio que plantea la inmigración infantil ilegal. Una que tiene su origen en el triángulo de oro del narcotráfico sudamericano (Honduras, El Salvador y Guatemala) y que marcha lenta, pero sin pausa hacia las ciudades del sur de los EE.UU. como otro efecto no deseado de la guerra contra las drogas.


Aunque este último país parece más interesado –y después de una larga siesta que lo retuvo de intervenir en forma directa en Siria y más intensamente en Libia- en atender sus más urgentes problemas internacionales en otras zonas de este conflictivo mundo. Entre estos últimos se destaca el desafío planteado por el Califato del Levante, un grupo islámico extremista que luego de operar en Siria, se proyecta con fuerza, ahora, sobre el norte y centro de Irak con posibilidades ciertas de alzarse con el control de extensas zonas de ese país, incluyendo su capital, Bagdad.


Como si esto fuera poco, y si no bastara para recordarles a los norteamericanos su abandono de Saigón en otra época ominosa de su historia. El grupo ha demostrado una ferocidad extrema contra cristianos y otras minorías religiosas. Esto último, ha levantado la condena internacional. Pero, aún más importante, puede que impulse el envolvimiento moral del papa Francisco con todo lo que ello implica, reeditando la alianza entre la política vaticana y la de la Casa Blanca en épocas de Juan Pablo II y Ronald Reagan. A la par de estar realineando de nuevo todo el complicado sistema de alianza de la región más conflictiva del mundo./ Fuente: Prensa Centro de Estudios Santa Romana


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Lo que pasó en la semana

En esta semana que pasó, a nivel nacional se hicieron más evidentes las consecuencias ocultas del default. Las mismas se enciman sobre las ya planteadas por la recesión económica a través de síntomas concretos, tales como un aumento en la tasa del desempleo, la suba en la cotización del dólar blue y una persistente inflación, que si no se espiraliza es precisamente debido a la recesión ya señalada. Lo que anticipa una mayor y, por otro lado, ya anunciada conflictividad social por parte de distintas centrales sindicales y las autodenominadas organizaciones obreras de base.

Por su parte, en la evolución externa de las negociaciones de nuestra deuda soberana, comienzan a corporizarse los espectros de las cláusulas de aceleración y la figura inédita del desacato. Lo que aleja la certeza respecto de un default corto con un final más o menos feliz para fines de este año, cuando el fantasma de la RUFO se desvanezca.

Lo regional transita sin mayores novedades. Salvo por la búsqueda de una solución, por parte de los EE.UU. y de los países afectados, al problema serio que plantea la inmigración infantil ilegal. Una que tiene su origen en el triángulo de oro del narcotráfico sudamericano (Honduras, El Salvador y Guatemala) y que marcha lenta, pero sin pausa hacia las ciudades del sur de los EE.UU. como otro efecto no deseado de la guerra contra las drogas.

Aunque este último país parece más interesado –y después de una larga siesta que lo retuvo de intervenir en forma directa en Siria y más intensamente en Libia- en atender sus más urgentes problemas internacionales en otras zonas de este conflictivo mundo. Entre estos últimos se destaca el desafío planteado por el Califato del Levante, un grupo islámico extremista que luego de operar en Siria, se proyecta con fuerza, ahora, sobre el norte y centro de Irak con posibilidades ciertas de alzarse con el control de extensas zonas de ese país, incluyendo su capital, Bagdad.

Como si esto fuera poco, y si no bastara para recordarles a los norteamericanos su abandono de Saigón en otra época ominosa de su historia. El grupo ha demostrado una ferocidad extrema contra cristianos y otras minorías religiosas. Esto último, ha levantado la condena internacional. Pero, aún más importante, puede que impulse el envolvimiento moral del papa Francisco con todo lo que ello implica, reeditando la alianza entre la política vaticana y la de la Casa Blanca en épocas de Juan Pablo II y Ronald Reagan. A la par de estar realineando de nuevo todo el complicado sistema de alianza de la región más conflictiva del mundo./ Fuente: Prensa Centro de Estudios Santa Romana

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