ciudadanodiario.com.ar
Lo que no muestra la agenda de san política electoral
Cargando...
Por Redacción

Lo que no muestra la agenda de san política electoral



Justo cuando al mundo se le dice que lo habitamos un poco más de 7.500 millones de seres humanos, la República Argentina muestra una dura cara social por altas tasas de: maternidad adolescente, mortalidad materna-infantil, violaciones y mortalidad por abortos clandestinos.


Por eso, la despenalización del aborto es todo un tema que contiene posiciones enfrentadas en la sociedad de nuestro país entre lo religioso-moral, entre lo avanzado y desprejuiciado, entre los derechos de la mujer, del niño por nacer, entre lo legal y lo ilegal, entre la vida y la muerte. En definitiva un mar de fuertes y por momentos irreconciliables posturas por lo poco que se sabe y lo mucho que se ignora. Tema que comenzó a tener importante debate en el parlamento de nuestro país y que sucumbió con la implementación de las reformas del nuevo código civil. De todas maneras “el aborto” son esas cuestiones pendientes que jamás se archivan y que muchos tienen en agenda para echar mano sobre ellas. Sobre todo porque nadie olvida el debate en el parlamento de nuestro país tras el proyecto de ley truncado de la diputada nacional por la provincia de Córdoba Cecilia Merchán. Instrumento legal que llegó a pasar dictamen de comisión en el año 2011 y que decía básicamente que el embarazo se podría interrumpir en la semana número 12 en forma voluntaria, aspecto que el estado debía garantizar a través del sistema seguro, legal y gratuito.


Entre el articulado de la polémica ley también se contemplaba que en casos de violación o que la vida de la mujer o el bebé corran riesgo podría hacerse después de ese tiempo. El proyecto resaltaba que ningún profesional podría someter a una mujer a una práctica como una interrupción de un embarazo sin explicarle lo que ello implicaba, es decir que una mujer que llegara a esa instancia debería saber perfectamente de que se trata dicho procedimiento. Pero bueno, el debate y el tratamiento de la misma sucumbieron en las fuertes posiciones de los que apoyan y los que no apoyan la despenalización del aborto.


Mientras tanto en el país se profundiza la práctica ilegal con letales consecuencias. A propósito, la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires, mostró desgarradoramente lo que ha provocado en nuestra tierra la práctica del aborto clandestino. Trabajo que dice que:” pese a las fuertes restricciones morales, sociales y penalizaciones impuestas por la ley tanto a los que realizan, como a los que solicitan o consciente el aborto, las prácticas clandestinas son de un volumen significativo”. Esto nos dice que la clandestinidad misma del aborto provocado en nuestro país, hace que sea imposible conocer exactamente su magnitud. Sin embargo numerosos estudios basados en análisis estadísticos y encuestas obtenidos en maternidades y aún publicados oficialmente por el Ministerio de Salud y Acción Social, establecen cifras que oscilan entre los 400 mil y 600 mil abortos provocados anuales. Ello significa que se practican  en nuestro medio alrededor de 600 abortos por cada 1200 nacidos vivos.


La muerte materna es el punto final del aborto provocado realizado clandestinamente que conlleva a complicaciones graves sobre todo hemorragias e infecciones. Por eso el aborto es la primera causa de mortalidad materna, ya que se estima que entre el 35 % y el 45 % de dichas muertes se deben a complicaciones al aborto inducido. Eso demuestra que la tasa de mortalidad materna en Argentina que alcanza el 60 de 100 mil nacidos vivos que no se corresponde con el nivel de alfabetización, atención médica y nivel socioeconómico. Las cifras negativas que muestra el país no se condicen con las de otras naciones latinoamericanas que con leyes parecidas al nuestro, pero con buenos programas de planificación familiar las tasas de mortalidad son marcadamente inferiores.


Costa Rica, Chile y Cuba son buenos ejemplos de cómo los programas de planificación familiar que constituyen el aborto  por medios preventivos de regulación de fecundidad, logran bajar la tasa de mortalidad materna. Mientras que en la República Argentina “la tasa de mortalidad materna crece de 60 muertes por cada 100 mil nacidos vivos”. Situación que se agrava en algunas regiones del país como el noroeste y noreste con tasas de mortalidad materna de 89.9 % y 85,7 % respectivamente, las mismas de las que el jueves se refería la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, sin hablar de esta problemática obviamente. Ahora y volviendo a los duros datos, si se considera la edad, la mortalidad materna de las embarazadas menores de 15 años de edad, alcanza en el noroeste a 210 por 100.000 nacidos vivos, doloroso aspecto solo equivalente a la tasa de mortalidad de Kenya (206 por 100 mil) y Honduras (213 por 100 mil).


Como se puede apreciar, la muerte materna por aborto equipara a los bolsones de pobreza de distintos países, se acentúa en las adolescentes embarazadas y solo disminuye cuando se intenta seriamente prevenir los embarazos no deseados.


Pero, la muerte no es la única secuela de un aborto inseguro, clandestino o ilegal. El aborto provocado clandestinamente puede traer como consecuencias infecciones severas, hemorragias graves, lesiones de vísceras abdominales y pelvianas, insuficiencia renal, shock, entre otras complicaciones. Sobre esto, la ciencia médica dice que “el aborto espontáneo raramente se infecta pero, el aborto provocado se infecta con frecuencia”. Mientras que estudios sociológicos expresan que las infecciones en el aborto provocado es mayor cuanto peor es la situación socioeconómica de la mujer que aborta y menor en su edad.


Como se aprecia y ya que la dirigencia en su conjunto, desde la jefa de estado y con algunas excepciones esconden el problema, no lo tratan y si lo tratan solo se ocultan especulaciones electorales y de imagen; creo, que deberían hacer algo de detener ese dantesco número de muertes de mujeres en nuestra tierra. Hacerlo por primera vez con absoluta sinceridad y compromiso, sin hipocresías oficializadas. Donde se aporten soluciones, ideas y acciones para que nuestras familias primero y el estado por el sistema educativo después disminuyan hasta terminar con los espantosos embarazos adolescentes, fuentes importantes de los jugosos ingresos a quienes practican en la clandestinidad el aborto. Y a quienes les importa muy poco el derecho a la vida de cada mujer y de ese niño por nacer.


Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano


comentarios

Compartir en facebook
Compartir en twitter

Lo que no muestra la agenda de san política electoral

Justo cuando al mundo se le dice que lo habitamos un poco más de 7.500 millones de seres humanos, la República Argentina muestra una dura cara social por altas tasas de: maternidad adolescente, mortalidad materna-infantil, violaciones y mortalidad por abortos clandestinos.

Por eso, la despenalización del aborto es todo un tema que contiene posiciones enfrentadas en la sociedad de nuestro país entre lo religioso-moral, entre lo avanzado y desprejuiciado, entre los derechos de la mujer, del niño por nacer, entre lo legal y lo ilegal, entre la vida y la muerte. En definitiva un mar de fuertes y por momentos irreconciliables posturas por lo poco que se sabe y lo mucho que se ignora. Tema que comenzó a tener importante debate en el parlamento de nuestro país y que sucumbió con la implementación de las reformas del nuevo código civil. De todas maneras “el aborto” son esas cuestiones pendientes que jamás se archivan y que muchos tienen en agenda para echar mano sobre ellas. Sobre todo porque nadie olvida el debate en el parlamento de nuestro país tras el proyecto de ley truncado de la diputada nacional por la provincia de Córdoba Cecilia Merchán. Instrumento legal que llegó a pasar dictamen de comisión en el año 2011 y que decía básicamente que el embarazo se podría interrumpir en la semana número 12 en forma voluntaria, aspecto que el estado debía garantizar a través del sistema seguro, legal y gratuito.

Entre el articulado de la polémica ley también se contemplaba que en casos de violación o que la vida de la mujer o el bebé corran riesgo podría hacerse después de ese tiempo. El proyecto resaltaba que ningún profesional podría someter a una mujer a una práctica como una interrupción de un embarazo sin explicarle lo que ello implicaba, es decir que una mujer que llegara a esa instancia debería saber perfectamente de que se trata dicho procedimiento. Pero bueno, el debate y el tratamiento de la misma sucumbieron en las fuertes posiciones de los que apoyan y los que no apoyan la despenalización del aborto.

Mientras tanto en el país se profundiza la práctica ilegal con letales consecuencias. A propósito, la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires, mostró desgarradoramente lo que ha provocado en nuestra tierra la práctica del aborto clandestino. Trabajo que dice que:” pese a las fuertes restricciones morales, sociales y penalizaciones impuestas por la ley tanto a los que realizan, como a los que solicitan o consciente el aborto, las prácticas clandestinas son de un volumen significativo”. Esto nos dice que la clandestinidad misma del aborto provocado en nuestro país, hace que sea imposible conocer exactamente su magnitud. Sin embargo numerosos estudios basados en análisis estadísticos y encuestas obtenidos en maternidades y aún publicados oficialmente por el Ministerio de Salud y Acción Social, establecen cifras que oscilan entre los 400 mil y 600 mil abortos provocados anuales. Ello significa que se practican  en nuestro medio alrededor de 600 abortos por cada 1200 nacidos vivos.

La muerte materna es el punto final del aborto provocado realizado clandestinamente que conlleva a complicaciones graves sobre todo hemorragias e infecciones. Por eso el aborto es la primera causa de mortalidad materna, ya que se estima que entre el 35 % y el 45 % de dichas muertes se deben a complicaciones al aborto inducido. Eso demuestra que la tasa de mortalidad materna en Argentina que alcanza el 60 de 100 mil nacidos vivos que no se corresponde con el nivel de alfabetización, atención médica y nivel socioeconómico. Las cifras negativas que muestra el país no se condicen con las de otras naciones latinoamericanas que con leyes parecidas al nuestro, pero con buenos programas de planificación familiar las tasas de mortalidad son marcadamente inferiores.

Costa Rica, Chile y Cuba son buenos ejemplos de cómo los programas de planificación familiar que constituyen el aborto  por medios preventivos de regulación de fecundidad, logran bajar la tasa de mortalidad materna. Mientras que en la República Argentina “la tasa de mortalidad materna crece de 60 muertes por cada 100 mil nacidos vivos”. Situación que se agrava en algunas regiones del país como el noroeste y noreste con tasas de mortalidad materna de 89.9 % y 85,7 % respectivamente, las mismas de las que el jueves se refería la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, sin hablar de esta problemática obviamente. Ahora y volviendo a los duros datos, si se considera la edad, la mortalidad materna de las embarazadas menores de 15 años de edad, alcanza en el noroeste a 210 por 100.000 nacidos vivos, doloroso aspecto solo equivalente a la tasa de mortalidad de Kenya (206 por 100 mil) y Honduras (213 por 100 mil).

Como se puede apreciar, la muerte materna por aborto equipara a los bolsones de pobreza de distintos países, se acentúa en las adolescentes embarazadas y solo disminuye cuando se intenta seriamente prevenir los embarazos no deseados.

Pero, la muerte no es la única secuela de un aborto inseguro, clandestino o ilegal. El aborto provocado clandestinamente puede traer como consecuencias infecciones severas, hemorragias graves, lesiones de vísceras abdominales y pelvianas, insuficiencia renal, shock, entre otras complicaciones. Sobre esto, la ciencia médica dice que “el aborto espontáneo raramente se infecta pero, el aborto provocado se infecta con frecuencia”. Mientras que estudios sociológicos expresan que las infecciones en el aborto provocado es mayor cuanto peor es la situación socioeconómica de la mujer que aborta y menor en su edad.

Como se aprecia y ya que la dirigencia en su conjunto, desde la jefa de estado y con algunas excepciones esconden el problema, no lo tratan y si lo tratan solo se ocultan especulaciones electorales y de imagen; creo, que deberían hacer algo de detener ese dantesco número de muertes de mujeres en nuestra tierra. Hacerlo por primera vez con absoluta sinceridad y compromiso, sin hipocresías oficializadas. Donde se aporten soluciones, ideas y acciones para que nuestras familias primero y el estado por el sistema educativo después disminuyan hasta terminar con los espantosos embarazos adolescentes, fuentes importantes de los jugosos ingresos a quienes practican en la clandestinidad el aborto. Y a quienes les importa muy poco el derecho a la vida de cada mujer y de ese niño por nacer.

Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

comentarios

Login