Lita del Giúdice – Retrato de una maipucina luchadora
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Por Redacción

Lita del Giúdice – Retrato de una maipucina luchadora



Lita es la presidenta de la Asociación Discapacidad, Amor Esperanza y Fe (ADAEF) que lleva más de 20 años trabajando por las personas con discapacidad en Maipú. En su sede, ubicada en plena ciudad recibe todas las tardes a casi 30 jóvenes y adultos con síndrome de Down y otras discapacidades leves, donde participan de clases de gimnasia, manualidades y danza, recibiendo contención y, sobre todo, mucho amor.


Algunos de los jóvenes están en la organización desde que la misma vio la luz en 1992.


Claro, que detrás de una organización que ha trascendido las fronteras del departamento, hay una mujer que hasta el día de hoy sigue siendo la presidenta y que tiene una historia para contar.


Lita es madre, abuela y bisabuela. A sus 72 años sigue apostando a la inclusión, al amor y, por supuesto, a la esperanza. Esperanzas que no perdió ni en sus momentos más complicados.


Mala praxis


En relación a su discapacidad, Lita viajó en el tiempo: “Fue una cosa de repente. Tenía 15 años y cuando fui a subir a un micro, subí la pierna y me caí y todos pensaron que el micro me había atropellado, pero no, se me fue la pierna y cuando me levanté la extremidad estaba apoyada en el piso y yo sólo sentía mucho dolor.


Así que le hicieron seña al micro que se fuera”, relató la mujer el episodios por el que comenzaron sus problemas de salud y continuó: “Mi papá llamó a un señor que tenía un carrito y me subieron como pudieron, me cortaron la ropa para que estuviera tres días esperando que me atendieran en un hospital porque era el día de Patrón Santiago y no había médicos”.


Luego del feriado que la tuvo postrada, esperando, Lita contó: “En el hospital me dijeron que tenía la cadera rota. Me hicieron una operación donde me pusieron unas pesas para que el hueso se volviera a unir, pero a mí no me pasó. Después me operaron de la cadera y me sacaron de la sala de operaciones enyesada, del cuello hasta la pierna, y así estuve cuatro años. Nunca me picaba ni me molestaba, así que no me hacían radiografías”, explicó la mujer, como antesala de lo que vendría después.


“Cuando me fueron a sacar el yeso, empecé a gritar porque me dolía, cuando terminaron de sacarlo vieron que tenía la pierna podrida, tenía un tumor que se había hecho porque me pusieron el yeso apenas me operaron”, dijo con resignación, después de tantos años.


Volver a empezar


“De ahí estuve cinco años en cama y me operaron seis veces, me dieron cinco años de vida por la gravedad del tumor, cuando vieron que no había nada que hacer, me dijeron que había que amputar la pierna. Me operaron y al tiempo me levantaron. A los ocho días ya estaba caminando con las muletas. Todo esto empezó acá en Mendoza y terminó en Buenos Aires”, relata la dama.


Lita estaba de novia al momento de empezar con los problemas de salud, y fue su novio quien se encargó de visitarla, incluso, cuando estuvo internada en Buenos Aires. También se convirtió, tiempo después, en su esposo y el padre de sus hijos. En relación al hombre, ya fallecido, ella dijo: “Se portó muy bien conmigo, incluso se casó sabiendo que los médicos no me daban más de cinco años de vida”, dada la gravedad de los tumores que le costaron una pierna a la presidenta de ADAEF.

Lita empezó a utilizar su pierna ortopédica para movilizarse y así salió a buscar trabajo.


“Al fallecer mi papá entré yo en su lugar en la Municipalidad”, cuenta, y fue justamente allí donde la por entonces intendente Alicia de Bevilacqua fue quien le ayudó a jubilarse.


“Hablaron con la junta médica, pero al principio no me podían jubilar porque para eso se necesitaba 66% de incapacidad, y que te falte una pierna significa sólo el 24% de una incapacidad. El tema es que sumaron mis problemas de columna y así me pude jubilar por incapacidad”, contó.


Si bien Del Giúdice era muy joven, era el momento de empezar a trabajar por los derechos de los discapacitados en su querido Maipú.


Crónica de una organización


“Una vez jubilada les prometí a mis amigos, y me dije a mí misma, que no me iba a quedar en casa. Y al poco tiempo, tres chicos discapacitados –también de la Municipalidad– me buscaron porque querían armar una institución y querían que fuera la presidenta. En esa época, Adolfo Bermejo era director de Desarrollo Social de la Municipalidad y nos prestó una oficina para que pudiésemos empezar. Ahí empezamos a tener chicos que iban llegando, pero no teníamos profesores.


Después nos prestaron el Sindicato Municipal, el lugar era más grande y empezamos a hacer socios, y con algunos profesores. Luego salió el subsidio que nos permitió comprarnos esta casa, por lo que ADAEF nació oficialmente el 12 de septiembre de 1992”, relató la mujer.


Remar, siempre remar


No sabemos si las organizaciones lo ponen en su balance anual, pero desde esta sección podemos dar fe de que todas las organizaciones sociales que tan útiles son para las comunidades en las que están insertas, se sostienen gracias al esfuerzo de sus voluntarios y al aporte de personas comunes y corrientes. “Nos cuesta mantenernos porque es grande. Los compañeros con los que había empezado me dejaron sola, una vez que nos mudamos acá, después entró Norma con su niño, y ella, además de ser la vicepresidenta es mi mano derecha. Nosotras, además de ser presidenta y vice, somos las que limpiamos ordenamos y llevamos las notas, bueno… últimamente las lleva ella (mirándola a Norma) porque yo puedo caminar poco ahora”, relató Lita.


Una de cal, otra de arena


Lita, como la conocen todos en Maipú, sabe de esfuerzos, de ponerle el pecho a todo lo que se presenta y eso también la llevó a no tener pelos en la lengua, como se dice vulgarmente. Ella, desde su lugar y después de tantos años de servicio a la comunidad, reconoce perfectamente y agradece a quienes colaboran con la institución, como sus padrinos Armando o Martiniano (sólo por citar algunos) de quienes aparecen en época de elecciones con promesas que se lleva el viento, porque la ayuda no se hace efectiva, incluso cuando públicamente un subsidio figura como entregado a la institución.


La historia de Lita es válida para conocer una institución que trabaja hace casi un cuarto de siglo en Maipú, pero sobre todo para entender que todos podemos convertirnos en discapacitados.


Son Alrededor de 800 los certificados de discapacidad que se otorgan cada año en Mendoza, la gran mayoría por accidentes de tránsito o laborales. Todos podemos ser discapacitados, razón más que suficiente para no discriminar.


Quienes deseen sumarse como voluntarios de ADAEF pueden acercarse a Patricias Argentinas 516, de Maipú, o llamar al teléfono 4975349.


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Lita es la presidenta de la Asociación Discapacidad, Amor Esperanza y Fe (ADAEF) que lleva más de 20 años trabajando por las personas con discapacidad en Maipú. En su sede, ubicada en plena ciudad recibe todas las tardes a casi 30 jóvenes y adultos con síndrome de Down y otras discapacidades leves, donde participan de clases de gimnasia, manualidades y danza, recibiendo contención y, sobre todo, mucho amor.

Algunos de los jóvenes están en la organización desde que la misma vio la luz en 1992.

Claro, que detrás de una organización que ha trascendido las fronteras del departamento, hay una mujer que hasta el día de hoy sigue siendo la presidenta y que tiene una historia para contar.

Lita es madre, abuela y bisabuela. A sus 72 años sigue apostando a la inclusión, al amor y, por supuesto, a la esperanza. Esperanzas que no perdió ni en sus momentos más complicados.

Mala praxis

En relación a su discapacidad, Lita viajó en el tiempo: “Fue una cosa de repente. Tenía 15 años y cuando fui a subir a un micro, subí la pierna y me caí y todos pensaron que el micro me había atropellado, pero no, se me fue la pierna y cuando me levanté la extremidad estaba apoyada en el piso y yo sólo sentía mucho dolor.

Así que le hicieron seña al micro que se fuera”, relató la mujer el episodios por el que comenzaron sus problemas de salud y continuó: “Mi papá llamó a un señor que tenía un carrito y me subieron como pudieron, me cortaron la ropa para que estuviera tres días esperando que me atendieran en un hospital porque era el día de Patrón Santiago y no había médicos”.

Luego del feriado que la tuvo postrada, esperando, Lita contó: “En el hospital me dijeron que tenía la cadera rota. Me hicieron una operación donde me pusieron unas pesas para que el hueso se volviera a unir, pero a mí no me pasó. Después me operaron de la cadera y me sacaron de la sala de operaciones enyesada, del cuello hasta la pierna, y así estuve cuatro años. Nunca me picaba ni me molestaba, así que no me hacían radiografías”, explicó la mujer, como antesala de lo que vendría después.

“Cuando me fueron a sacar el yeso, empecé a gritar porque me dolía, cuando terminaron de sacarlo vieron que tenía la pierna podrida, tenía un tumor que se había hecho porque me pusieron el yeso apenas me operaron”, dijo con resignación, después de tantos años.

Volver a empezar

“De ahí estuve cinco años en cama y me operaron seis veces, me dieron cinco años de vida por la gravedad del tumor, cuando vieron que no había nada que hacer, me dijeron que había que amputar la pierna. Me operaron y al tiempo me levantaron. A los ocho días ya estaba caminando con las muletas. Todo esto empezó acá en Mendoza y terminó en Buenos Aires”, relata la dama.

Lita estaba de novia al momento de empezar con los problemas de salud, y fue su novio quien se encargó de visitarla, incluso, cuando estuvo internada en Buenos Aires. También se convirtió, tiempo después, en su esposo y el padre de sus hijos. En relación al hombre, ya fallecido, ella dijo: “Se portó muy bien conmigo, incluso se casó sabiendo que los médicos no me daban más de cinco años de vida”, dada la gravedad de los tumores que le costaron una pierna a la presidenta de ADAEF.
Lita empezó a utilizar su pierna ortopédica para movilizarse y así salió a buscar trabajo.

“Al fallecer mi papá entré yo en su lugar en la Municipalidad”, cuenta, y fue justamente allí donde la por entonces intendente Alicia de Bevilacqua fue quien le ayudó a jubilarse.

“Hablaron con la junta médica, pero al principio no me podían jubilar porque para eso se necesitaba 66% de incapacidad, y que te falte una pierna significa sólo el 24% de una incapacidad. El tema es que sumaron mis problemas de columna y así me pude jubilar por incapacidad”, contó.

Si bien Del Giúdice era muy joven, era el momento de empezar a trabajar por los derechos de los discapacitados en su querido Maipú.

Crónica de una organización

“Una vez jubilada les prometí a mis amigos, y me dije a mí misma, que no me iba a quedar en casa. Y al poco tiempo, tres chicos discapacitados –también de la Municipalidad– me buscaron porque querían armar una institución y querían que fuera la presidenta. En esa época, Adolfo Bermejo era director de Desarrollo Social de la Municipalidad y nos prestó una oficina para que pudiésemos empezar. Ahí empezamos a tener chicos que iban llegando, pero no teníamos profesores.

Después nos prestaron el Sindicato Municipal, el lugar era más grande y empezamos a hacer socios, y con algunos profesores. Luego salió el subsidio que nos permitió comprarnos esta casa, por lo que ADAEF nació oficialmente el 12 de septiembre de 1992”, relató la mujer.

Remar, siempre remar

No sabemos si las organizaciones lo ponen en su balance anual, pero desde esta sección podemos dar fe de que todas las organizaciones sociales que tan útiles son para las comunidades en las que están insertas, se sostienen gracias al esfuerzo de sus voluntarios y al aporte de personas comunes y corrientes. “Nos cuesta mantenernos porque es grande. Los compañeros con los que había empezado me dejaron sola, una vez que nos mudamos acá, después entró Norma con su niño, y ella, además de ser la vicepresidenta es mi mano derecha. Nosotras, además de ser presidenta y vice, somos las que limpiamos ordenamos y llevamos las notas, bueno… últimamente las lleva ella (mirándola a Norma) porque yo puedo caminar poco ahora”, relató Lita.

Una de cal, otra de arena

Lita, como la conocen todos en Maipú, sabe de esfuerzos, de ponerle el pecho a todo lo que se presenta y eso también la llevó a no tener pelos en la lengua, como se dice vulgarmente. Ella, desde su lugar y después de tantos años de servicio a la comunidad, reconoce perfectamente y agradece a quienes colaboran con la institución, como sus padrinos Armando o Martiniano (sólo por citar algunos) de quienes aparecen en época de elecciones con promesas que se lleva el viento, porque la ayuda no se hace efectiva, incluso cuando públicamente un subsidio figura como entregado a la institución.

La historia de Lita es válida para conocer una institución que trabaja hace casi un cuarto de siglo en Maipú, pero sobre todo para entender que todos podemos convertirnos en discapacitados.

Son Alrededor de 800 los certificados de discapacidad que se otorgan cada año en Mendoza, la gran mayoría por accidentes de tránsito o laborales. Todos podemos ser discapacitados, razón más que suficiente para no discriminar.

Quienes deseen sumarse como voluntarios de ADAEF pueden acercarse a Patricias Argentinas 516, de Maipú, o llamar al teléfono 4975349.

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