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Por Redacción

Leptospirosis: enemiga bajo el agua



Se creía que la leptospirosis es una enfermedad propia de los climas cálidos hasta que hubo casos en la Patagonia. Desde entonces, la atención sobre ella por parte de las autoridades sanitarias del país se modificó, sobre todo después del aumento de casos que se registra en los últimos años.


Los estudios demográficos dejan a Mendoza fuera de las provincias afectadas, no obstante, tanto por la movilidad de personas motivada por las vacaciones como por la vinculación de la enfermedad a la pobreza, es preciso conocerla y prevenirla.


Por años, Argentina consideró a la leptospirosis como una enfermedad rara con claros límites geográficos; sin embargo, en 2010 expertos de la División de Zoonosis del Hospital Muñiz, de Buenos Aires, advierten que es una enfermedad de alcance nacional. En principio, se consideraba  a provincias como Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires las más vulnerables por estar expuestas en forma continua a lluvias e inundaciones; pero luego se diagnosticó en la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y hasta la Patagonia. Esta expansión es un punto de preocupación para los sistemas sanitarios pero el que más inquieta, es el que se relaciona con su letalidad, la que es cada vez mayor.


La leptospirosis es una enfermedad causada por una bacteria llamada leptospiria, que puede estar  presente en la orina de ciertos animales como roedores, perros, vacas, cerdos, caballos y animales silvestres. Entra al organismo a través de  la piel, los ojos o las membranas mucosas que toman contacto directo con la orina de un animal infectado o en contacto con agua, alimentos, barro, suelo húmedo o ambientes contaminados. Dado que la bacteria sobrevive en lugares húmedos y protegidos de la luz, el riesgo de contraerla aumenta si se producen inundaciones o al desarrollar actividades recreativas en ríos, lagos, lagunas y arroyos; tales como nadar, pescar, acampar o realizar deportes náuticos.


En las áreas rurales, la transmisión suele asociarse con tareas de agricultura y ganadería, con un mayor riesgo durante los meses cálidos y húmedos; mientras que en las urbanas, la infección se vincula al hacinamiento, una higiene deficiente, servicios sanitarios inadecuados y la pobreza. Por lo tanto, las poblaciones más expuestas son las que padecen peores condiciones de vida en urbanizaciones desorganizadas, con deficiencias en el acceso a los servicios de agua, cloacas y recolección de residuos.


Este cuadro de situación que suele darse en mayor o menor medida en todas las provincias es lo que impulsa a los infectólogos a pedir especial atención sobre la enfermedad en todo el territorio del país, en especial, en aquellos lugares donde las personas tienen contacto prolongado con inundaciones o actividades que se relacionen a ocupaciones rurales. También se considera en riesgo a veterinarios, trabajadores de mataderos, cazadores, personas que trabajan en alcantarillas y/o saneamiento cloacal.


Estas situaciones se constituyen como factores de riesgo porque las inundaciones facilitan la proliferación de roedores incluso en las redes de agua y saneamiento, lo que implica elevar el riesgo de infección. Pero hay que recalcar que no sólo los roedores portan la bacteria, sino que algo similar ocurre con los perros y otros animales domésticos. Tal es así, que si bien en Mendoza no hay casos de leptospirosis denunciados, sí se conoce la existencia de la bacteria en perros; por ello es fundamental vacunar y controlar muy bien a las mascotas. Es preciso tener en cuenta que la Leptospirosis no se propaga de persona a persona, excepto en casos muy raros, cuando se transmite a través de la leche materna o de una madre a su feto.


Ahora bien, una vez que la bacteria ingresó al organismo, la persona infectada puede padecer un cuadro similar al de la gripe, con fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares, boca seca, escalofríos, náuseas, vómitos y diarrea. Por otro lado, existen síntomas que aparecen en raras ocasiones, como dolor abdominal, ruidos pulmonares anormales, dolor de huesos, conjuntivitis, inflamación de ganglios linfáticos, dolores articulares y erupciones cutáneas, entre otros.


Estos malestares suelen mejorar al cabo de unos días con la ayuda de antibióticos, pero de no hacerlo, se puede arribar a una complicación de gravedad, como por ejemplo, a una hemorragia pulmonar. Los expertos del Hospital Muñiz, advirtieron hace tiempo, que el aumento de la letalidad de esta enfermedad en Argentina, se debe a esta hemorragia que se desencadena a partir de la presencia de sangre en el pulmón y tiene una tasa de mortalidad del 50 %. Al respecto, refieren que antes la leptospirosis no causaba más que fiebre y dolencias leves, pero que en la última década el 65 % de los afectados en nuestro país ingresa a hospitalización por neumonía y la mitad de ellos no sobrevive.


Por ello, es de vital importancia prevenir la enfermedad desde las acciones individuales:



  • Evitar la inmersión en aguas estancadas que puedan estar contaminadas y procurar que los niños no jueguen en charcos o barro.

  • Combatir los roedores en domicilios y alrededores.

  • Utilizar guantes y botas de goma para realizar tareas de desratización, desmalezado, cosecha, limpieza de baldíos, caminar sobre tierra húmeda, atravesar aguas estancadas o caminar por zonas inundadas.

  • Mantener patios y terrenos libres de basura, escombros y todo lo que pueda ser refugio de roedores.


Que Mendoza esté exenta de casos, no implica abandonar los recaudos sino aplicarlos en presencia de aguas que podrían estar expuestas a la bacteria. Los meses de verano resultan los más peligrosos porque muchas personas deciden refrescarse en cauces de agua, aguas estancadas, ríos y arroyos; cuanto más aquellos que en vacaciones visitan otras latitudes del país. Nuestra provincia presenta diferentes paisajes en ese sentido: niños que se bañan rodeados de gusarapos en el agua estancada del parque que bordea la Lateral Norte del Acceso Este; otros que lo hacen en la fuente de la plaza que se ubica frente al Hospital Central; y también están aquellos que deciden refrescarse en el canal Cacique Guaymallén, los que lejos de morir por un cuadro complicado de leptospirosis se acercan a la misma posibilidad sólo por bañarse allí.



 


 


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Leptospirosis: enemiga bajo el agua

Se creía que la leptospirosis es una enfermedad propia de los climas cálidos hasta que hubo casos en la Patagonia. Desde entonces, la atención sobre ella por parte de las autoridades sanitarias del país se modificó, sobre todo después del aumento de casos que se registra en los últimos años.

Los estudios demográficos dejan a Mendoza fuera de las provincias afectadas, no obstante, tanto por la movilidad de personas motivada por las vacaciones como por la vinculación de la enfermedad a la pobreza, es preciso conocerla y prevenirla.

Por años, Argentina consideró a la leptospirosis como una enfermedad rara con claros límites geográficos; sin embargo, en 2010 expertos de la División de Zoonosis del Hospital Muñiz, de Buenos Aires, advierten que es una enfermedad de alcance nacional. En principio, se consideraba  a provincias como Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires las más vulnerables por estar expuestas en forma continua a lluvias e inundaciones; pero luego se diagnosticó en la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y hasta la Patagonia. Esta expansión es un punto de preocupación para los sistemas sanitarios pero el que más inquieta, es el que se relaciona con su letalidad, la que es cada vez mayor.

La leptospirosis es una enfermedad causada por una bacteria llamada leptospiria, que puede estar  presente en la orina de ciertos animales como roedores, perros, vacas, cerdos, caballos y animales silvestres. Entra al organismo a través de  la piel, los ojos o las membranas mucosas que toman contacto directo con la orina de un animal infectado o en contacto con agua, alimentos, barro, suelo húmedo o ambientes contaminados. Dado que la bacteria sobrevive en lugares húmedos y protegidos de la luz, el riesgo de contraerla aumenta si se producen inundaciones o al desarrollar actividades recreativas en ríos, lagos, lagunas y arroyos; tales como nadar, pescar, acampar o realizar deportes náuticos.

En las áreas rurales, la transmisión suele asociarse con tareas de agricultura y ganadería, con un mayor riesgo durante los meses cálidos y húmedos; mientras que en las urbanas, la infección se vincula al hacinamiento, una higiene deficiente, servicios sanitarios inadecuados y la pobreza. Por lo tanto, las poblaciones más expuestas son las que padecen peores condiciones de vida en urbanizaciones desorganizadas, con deficiencias en el acceso a los servicios de agua, cloacas y recolección de residuos.

Este cuadro de situación que suele darse en mayor o menor medida en todas las provincias es lo que impulsa a los infectólogos a pedir especial atención sobre la enfermedad en todo el territorio del país, en especial, en aquellos lugares donde las personas tienen contacto prolongado con inundaciones o actividades que se relacionen a ocupaciones rurales. También se considera en riesgo a veterinarios, trabajadores de mataderos, cazadores, personas que trabajan en alcantarillas y/o saneamiento cloacal.

Estas situaciones se constituyen como factores de riesgo porque las inundaciones facilitan la proliferación de roedores incluso en las redes de agua y saneamiento, lo que implica elevar el riesgo de infección. Pero hay que recalcar que no sólo los roedores portan la bacteria, sino que algo similar ocurre con los perros y otros animales domésticos. Tal es así, que si bien en Mendoza no hay casos de leptospirosis denunciados, sí se conoce la existencia de la bacteria en perros; por ello es fundamental vacunar y controlar muy bien a las mascotas. Es preciso tener en cuenta que la Leptospirosis no se propaga de persona a persona, excepto en casos muy raros, cuando se transmite a través de la leche materna o de una madre a su feto.

Ahora bien, una vez que la bacteria ingresó al organismo, la persona infectada puede padecer un cuadro similar al de la gripe, con fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares, boca seca, escalofríos, náuseas, vómitos y diarrea. Por otro lado, existen síntomas que aparecen en raras ocasiones, como dolor abdominal, ruidos pulmonares anormales, dolor de huesos, conjuntivitis, inflamación de ganglios linfáticos, dolores articulares y erupciones cutáneas, entre otros.

Estos malestares suelen mejorar al cabo de unos días con la ayuda de antibióticos, pero de no hacerlo, se puede arribar a una complicación de gravedad, como por ejemplo, a una hemorragia pulmonar. Los expertos del Hospital Muñiz, advirtieron hace tiempo, que el aumento de la letalidad de esta enfermedad en Argentina, se debe a esta hemorragia que se desencadena a partir de la presencia de sangre en el pulmón y tiene una tasa de mortalidad del 50 %. Al respecto, refieren que antes la leptospirosis no causaba más que fiebre y dolencias leves, pero que en la última década el 65 % de los afectados en nuestro país ingresa a hospitalización por neumonía y la mitad de ellos no sobrevive.

Por ello, es de vital importancia prevenir la enfermedad desde las acciones individuales:

  • Evitar la inmersión en aguas estancadas que puedan estar contaminadas y procurar que los niños no jueguen en charcos o barro.
  • Combatir los roedores en domicilios y alrededores.
  • Utilizar guantes y botas de goma para realizar tareas de desratización, desmalezado, cosecha, limpieza de baldíos, caminar sobre tierra húmeda, atravesar aguas estancadas o caminar por zonas inundadas.
  • Mantener patios y terrenos libres de basura, escombros y todo lo que pueda ser refugio de roedores.

Que Mendoza esté exenta de casos, no implica abandonar los recaudos sino aplicarlos en presencia de aguas que podrían estar expuestas a la bacteria. Los meses de verano resultan los más peligrosos porque muchas personas deciden refrescarse en cauces de agua, aguas estancadas, ríos y arroyos; cuanto más aquellos que en vacaciones visitan otras latitudes del país. Nuestra provincia presenta diferentes paisajes en ese sentido: niños que se bañan rodeados de gusarapos en el agua estancada del parque que bordea la Lateral Norte del Acceso Este; otros que lo hacen en la fuente de la plaza que se ubica frente al Hospital Central; y también están aquellos que deciden refrescarse en el canal Cacique Guaymallén, los que lejos de morir por un cuadro complicado de leptospirosis se acercan a la misma posibilidad sólo por bañarse allí.

 

 

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