Lejos de Alepo, cerca de la paz
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Por Redacción

Lejos de Alepo, cerca de la paz



El 2 de septiembre de 2015 la imagen de un niño muerto en las costas turcas dio la vuelta al mundo. La crisis humanitaria que atraviesa Medio Oriente no era nueva pero luego de la imagen que conmovió a propios y ajenos, el mundo entero no pudo mirar hacia otro lado y se manifestó.


Los artistas rindieron homenaje a los miles de refugiados que huyen de la guerra con la imagen de Aylan. Bono (líder de la banda U2) aprovechó un concierto en Italia para cambiar la letra de una de sus canciones mientras se proyectaban imágenes para luego preguntarle a los miles de asistentes “¿Qué prefieren, una Europa con su corazón y sus fronteras cerradas a la compasión o una Europa con el corazón abierto?”. No nos sorprende este tipo de iniciativas ya que se trata de un activista de los Derechos Humanos. Lo que si nos sorprendió es como la imagen de Aylan impactó en nuestro país, precisamente en quienes la tomaron como punto de partida para crear una red de ayuda humanitaria que tiene la finalidad de sacar familias del terror que se vive en medio oriente y traerlas a la argentina para que lejos del espanto empiecen una vida nueva.


El puntapié


El Ciudadano mantuvo una charla con Omar Carrasco, quien además de ser un conocido empresario frutihortícola, es maestro de kun fu, director de la escuela Shaolin-Tao y creador del método. Su escuela tiene sedes en catorce provincias del país y en cinco países del mundo. Omar, junto a un grupo de gente, logró lo que parecía una utopía: ofrecer ayuda a los refugiados que huyen de la guerra en Siria.


Aprovechamos la visita a la sede central de la federación Shaolin-Tao para conocer algunos detalles de cómo surgió. “En una reunión de la Unión Frutihortícola Argentina donde participa Mariano Winogrand –presidente de la Asociación 5 al Día, que promueve el consumo de frutas y verduras frescas- justo estábamos viendo una noticia de un niño que estaba muerto a la orilla del mar. Mariano, que es judío, me dijo ‘¿por que no hacemos algo por esta gente? porque es penoso lo que esta pasando’. A él le pasó que sus abuelos tuvieron que venirse de la guerra, y en el caso de mis abuelos también escaparon de Siria”, comenta Omar, y cuenta que inmediatamente después de plantearlo en el Foro Frutihortícola que nuclea a referentes del todo el país, estuvieron de acuerdo en hacer algo. “Teníamos la voluntad de trabajar, lo que no sabíamos era cómo hacerlo”, dice el empresario.


Manos a la obra


Un amigo de Mariano fue clave para llegar al embajador argentino en Siria, quien los conectó con el religioso tucumano David Fernández. “El cura argentino está cumpliendo una misión en Alepo por pedido del Papa, con el objetivo de rescatar a las familias cristianas. El padre nos comentó que tenía varias familias refugiadas en los sótanos del convento. Tenía 19 familias ahí con él pero que en total eran unas 30”, explica Carrasco.


Una vez que tomaron contacto con el sacerdote se conectaron con la Cancillería argentina para saber cómo sacar a esas familias del infierno. “Migraciones y Cancillería se encargaron de todo el papeleo, cada persona es una carpeta así de grande”, dice Omar con un gesto que indica la cantidad de papeles. “El primer filtro que tenemos allá es el padre David. Tenemos audios de WhatsApp de nuestras conversaciones con el padre, donde se escucha silbar las balas, imagínate la situación”, asegura.


Escapando de la guerra


Omar explica que la parte más difícil es sacar a las familias de Alepo porque es una ciudad cercada por la violencia: “Tuvimos que mandar bastante dinero para que los pudieran sacar, porque la gente que te saca en vehículo te cobra por persona, y como te está rescatando de la guerra, te cobran lo que quieren. Sale más cara toda la logística para llevarte hasta Beirut que los pasajes de Beirut a la Argentina”.


A partir de este momento el relato de Omar se va poblando de voluntades, de organismos internacionales, como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la Cancillería argentina, el Gobierno de Mendoza y la voluntad de “Los llamantes”, las personas que expresan su voluntad de recibir a las familias sirias. “Nosotros tomamos una decisión pero nunca pensamos que se iba a magnificar así”, asegura Omar, y cuenta cómo tanto gobernadores como intendentes de diferentes provincias argentinas fueron manifestando su intención de ayudar.

Mendoza es una de ellas y la semana pasada recibió a las primeras familias refugiadas. “Hay muchísima gente involucrada en esto, como el abogado Julio Bellido, Mariela Caviglia y Jimena Pizarro (también ‘llamantes’). Hay gente de todos lados en el grupo de WhatsApp que no conocezmos pero que quiere ayudar. Por eso armamos Abrazo Humanitario, para que quienes puedan ayudar a traer más familias o a darles trabajo a las que llegan”, explica.


Navidad compartida


Desde hace una semana hay refugiados sirios en Mendoza. Familias que escaparon del fuego cruzado, de la sangre derramada, los gritos de espanto y la pérdida diaria de seres queridos. Gente que a miles de kilómetros se encontraron con familias como la de Omar, que abrieron su corazón y las puertas de su hogar para recibirlos.


Desde hace una semana el intercambio cultural es un ejercicio diario, incluso entre personas que no tienen otra cosa en común que su naturaleza humana. Omar, su esposa y sus cuatro hijos varones recibieron a una mujer que huyó de Alepo con tres hijos varones que no tenían más destino que el ejército sirio. Todos ellos, junto a la familia y los amigos, pasaron su primera Navidad argentina.


Carrasco hablo de lo que esto significó para él. “Nuestra familia es muy grande. Había más de 50 personas en la cena, en un lugar nuevo, donde todo es raro. Encima con tanta gente que después de las 12 nos vino a saludar… Conocidos, amigos, parientes… Para mí fue emocionante, una situación nueva. Nos estamos entendiendo con algunas palabras”, dice, y cuenta cómo el intercambio cultural incluyó la comida, con niños envueltos y kepe, entre algunas otras delicias de Medio Oriente, que se han conjugado con la música y la danza de allá pero también de acá.


“Los hicimos bailar tango y cumbia. Tratamos de que tengan actividades en el día, que se sientan acompañados, pero también es cierto que cuando la mujer habla de Siria o de Alepo se le nota la melancolía, se le corren las lágrimas. Porque mas allá de que nosotros hagamos todo para que ellos se sientan bien y en paz, el sentimiento que tienen es tremendo. Nos esforzamos para que sea la voluntad de Dios… Ellos son muy atentos, muy agradecidos”, dice, y agrega: “Como familia hemos sentido una alegría muy grande que me cuesta explicarlo con palabras, porque creo que palabras no hay para esto. Pero sí te puedo decir qué no habíamos descubierto antes y sin duda que tiene que tener relación con alguna vida pasada”.


Cuando dar, es dar


Lunlunta es un lugar por demás lindo, con callecitas semiasfaltadas que obligan abajar la velocidad y a disfrutar del verde, el mismo verde que puede apreciarse a través de una de las ventanas de la habitación que le han preparado a esta familia. “No hemos puesto límite de tiempo, la idea es que se queden acá hasta que ellos encuentren trabajo o se sientan bien como para emprender algo y puedan vivir dignamente”, explica Omar, mientras un aire fresco se cuela por la ventana de la nueva casa de la familia siria, lejos de Alepo y cerca de la paz.


El verde de la vegetación lo invade todo, como la esperanza misma.


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Lejos de Alepo, cerca de la paz

El 2 de septiembre de 2015 la imagen de un niño muerto en las costas turcas dio la vuelta al mundo. La crisis humanitaria que atraviesa Medio Oriente no era nueva pero luego de la imagen que conmovió a propios y ajenos, el mundo entero no pudo mirar hacia otro lado y se manifestó.

Los artistas rindieron homenaje a los miles de refugiados que huyen de la guerra con la imagen de Aylan. Bono (líder de la banda U2) aprovechó un concierto en Italia para cambiar la letra de una de sus canciones mientras se proyectaban imágenes para luego preguntarle a los miles de asistentes “¿Qué prefieren, una Europa con su corazón y sus fronteras cerradas a la compasión o una Europa con el corazón abierto?”. No nos sorprende este tipo de iniciativas ya que se trata de un activista de los Derechos Humanos. Lo que si nos sorprendió es como la imagen de Aylan impactó en nuestro país, precisamente en quienes la tomaron como punto de partida para crear una red de ayuda humanitaria que tiene la finalidad de sacar familias del terror que se vive en medio oriente y traerlas a la argentina para que lejos del espanto empiecen una vida nueva.

El puntapié

El Ciudadano mantuvo una charla con Omar Carrasco, quien además de ser un conocido empresario frutihortícola, es maestro de kun fu, director de la escuela Shaolin-Tao y creador del método. Su escuela tiene sedes en catorce provincias del país y en cinco países del mundo. Omar, junto a un grupo de gente, logró lo que parecía una utopía: ofrecer ayuda a los refugiados que huyen de la guerra en Siria.

Aprovechamos la visita a la sede central de la federación Shaolin-Tao para conocer algunos detalles de cómo surgió. “En una reunión de la Unión Frutihortícola Argentina donde participa Mariano Winogrand –presidente de la Asociación 5 al Día, que promueve el consumo de frutas y verduras frescas- justo estábamos viendo una noticia de un niño que estaba muerto a la orilla del mar. Mariano, que es judío, me dijo ‘¿por que no hacemos algo por esta gente? porque es penoso lo que esta pasando’. A él le pasó que sus abuelos tuvieron que venirse de la guerra, y en el caso de mis abuelos también escaparon de Siria”, comenta Omar, y cuenta que inmediatamente después de plantearlo en el Foro Frutihortícola que nuclea a referentes del todo el país, estuvieron de acuerdo en hacer algo. “Teníamos la voluntad de trabajar, lo que no sabíamos era cómo hacerlo”, dice el empresario.

Manos a la obra

Un amigo de Mariano fue clave para llegar al embajador argentino en Siria, quien los conectó con el religioso tucumano David Fernández. “El cura argentino está cumpliendo una misión en Alepo por pedido del Papa, con el objetivo de rescatar a las familias cristianas. El padre nos comentó que tenía varias familias refugiadas en los sótanos del convento. Tenía 19 familias ahí con él pero que en total eran unas 30”, explica Carrasco.

Una vez que tomaron contacto con el sacerdote se conectaron con la Cancillería argentina para saber cómo sacar a esas familias del infierno. “Migraciones y Cancillería se encargaron de todo el papeleo, cada persona es una carpeta así de grande”, dice Omar con un gesto que indica la cantidad de papeles. “El primer filtro que tenemos allá es el padre David. Tenemos audios de WhatsApp de nuestras conversaciones con el padre, donde se escucha silbar las balas, imagínate la situación”, asegura.

Escapando de la guerra

Omar explica que la parte más difícil es sacar a las familias de Alepo porque es una ciudad cercada por la violencia: “Tuvimos que mandar bastante dinero para que los pudieran sacar, porque la gente que te saca en vehículo te cobra por persona, y como te está rescatando de la guerra, te cobran lo que quieren. Sale más cara toda la logística para llevarte hasta Beirut que los pasajes de Beirut a la Argentina”.

A partir de este momento el relato de Omar se va poblando de voluntades, de organismos internacionales, como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la Cancillería argentina, el Gobierno de Mendoza y la voluntad de “Los llamantes”, las personas que expresan su voluntad de recibir a las familias sirias. “Nosotros tomamos una decisión pero nunca pensamos que se iba a magnificar así”, asegura Omar, y cuenta cómo tanto gobernadores como intendentes de diferentes provincias argentinas fueron manifestando su intención de ayudar.
Mendoza es una de ellas y la semana pasada recibió a las primeras familias refugiadas. “Hay muchísima gente involucrada en esto, como el abogado Julio Bellido, Mariela Caviglia y Jimena Pizarro (también ‘llamantes’). Hay gente de todos lados en el grupo de WhatsApp que no conocezmos pero que quiere ayudar. Por eso armamos Abrazo Humanitario, para que quienes puedan ayudar a traer más familias o a darles trabajo a las que llegan”, explica.

Navidad compartida

Desde hace una semana hay refugiados sirios en Mendoza. Familias que escaparon del fuego cruzado, de la sangre derramada, los gritos de espanto y la pérdida diaria de seres queridos. Gente que a miles de kilómetros se encontraron con familias como la de Omar, que abrieron su corazón y las puertas de su hogar para recibirlos.

Desde hace una semana el intercambio cultural es un ejercicio diario, incluso entre personas que no tienen otra cosa en común que su naturaleza humana. Omar, su esposa y sus cuatro hijos varones recibieron a una mujer que huyó de Alepo con tres hijos varones que no tenían más destino que el ejército sirio. Todos ellos, junto a la familia y los amigos, pasaron su primera Navidad argentina.

Carrasco hablo de lo que esto significó para él. “Nuestra familia es muy grande. Había más de 50 personas en la cena, en un lugar nuevo, donde todo es raro. Encima con tanta gente que después de las 12 nos vino a saludar… Conocidos, amigos, parientes… Para mí fue emocionante, una situación nueva. Nos estamos entendiendo con algunas palabras”, dice, y cuenta cómo el intercambio cultural incluyó la comida, con niños envueltos y kepe, entre algunas otras delicias de Medio Oriente, que se han conjugado con la música y la danza de allá pero también de acá.

“Los hicimos bailar tango y cumbia. Tratamos de que tengan actividades en el día, que se sientan acompañados, pero también es cierto que cuando la mujer habla de Siria o de Alepo se le nota la melancolía, se le corren las lágrimas. Porque mas allá de que nosotros hagamos todo para que ellos se sientan bien y en paz, el sentimiento que tienen es tremendo. Nos esforzamos para que sea la voluntad de Dios… Ellos son muy atentos, muy agradecidos”, dice, y agrega: “Como familia hemos sentido una alegría muy grande que me cuesta explicarlo con palabras, porque creo que palabras no hay para esto. Pero sí te puedo decir qué no habíamos descubierto antes y sin duda que tiene que tener relación con alguna vida pasada”.

Cuando dar, es dar

Lunlunta es un lugar por demás lindo, con callecitas semiasfaltadas que obligan abajar la velocidad y a disfrutar del verde, el mismo verde que puede apreciarse a través de una de las ventanas de la habitación que le han preparado a esta familia. “No hemos puesto límite de tiempo, la idea es que se queden acá hasta que ellos encuentren trabajo o se sientan bien como para emprender algo y puedan vivir dignamente”, explica Omar, mientras un aire fresco se cuela por la ventana de la nueva casa de la familia siria, lejos de Alepo y cerca de la paz.

El verde de la vegetación lo invade todo, como la esperanza misma.

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