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Las manos vacías del trabajador argentino
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Por Redacción

Las manos vacías del trabajador argentino



Una nueva recordación de la vital función del trabajador trae consigo esas necesarias reflexiones de un tiempo para nada fácil a la hora de evaluar esa tarea y de que nuestros golpeados ciudadanos la consigan.


La tarea laboral se ha desdibujado intencionalmente al compás de los tiempos políticos, económicos y sociales de un país, que no siempre tiene estos ítems con viento en popa en pos del beneficio generalizado de sus habitantes. Es más, con los tiempos de san política electoral en danza, ocultamientos, mentiras y amagadas de verdad se mezclan descaradamente ante los “ojos del laburante” para no hablar claro sobre lo que está sucediendo con el empleo en nuestro país. Porque mientras el INDEC sostiene con la estructura embustera de siempre que la desocupación baja, a pesar que no puede argumentar porqué el muestrario ocupacional dice que el empleo tiene la tasa más baja de los últimos cinco años. Para organismos privados que con lógica desconfían de los datos oficiales, tienen por seguro que la República Argentina se ha instalado en los niveles más altos de la desocupación de América Latina.


Las cifras oficiales hablan de un 7,5 de desocupación, mientras que en el contexto internacional se sabe que nuestra nación está al tope de las dolorosas posiciones con un 10,6 % y en alza. Delicada situación del trabajo donde se ve que en otro país el tema se intenta controlar con algunos importantes resultados que delatan por ejemplo que Uruguay tiene el 6,8 %, Chile el 6,6 %, Bolivia el 6,3 % y Perú el 6,0 % de tasa de desempleo entre las naciones latinas.


Increíbles datos arrojados en el análisis anual del año 2014 sobre países de la región de donde muchos empleados, sobre todo rurales migran a la Argentina mientras trabajadores de nuestro país emigran a otras latitudes. En el caso de los primeros porque el fenómeno  de manos para la agricultura, increíblemente siempre faltan. Fenómeno ligado a paupérrimos pagos y pésimas condiciones a las que son sometidos peones y campesinos en el país de la riqueza de la tierra. Cuestión que deriva en el inadmisible empleo en negro y en la aborrecible esclavitud laboral a la que son sometidos bolivianos, peruanos, chilenos y migrantes de otras latitudes. Mientras que para aquellos argentinos que emigran a otros países la cuestión es clara y como en el anterior caso incompresible que en esta tierra que hay de todo por hacer, cultivar y crecer, la nación padece de una cruel desinversión que se muestra en todo el campo productivo y repercute en la cara laboral de Argentina. Por ello es que en todo el ejercicio 2014 nuestro país tuvo resultados negativos de 70 millones de dólares en inversión extranjera directa, transformándonos en la única nación con mayor caída abrupta de Latinoamérica.


La otra cara es lo que se refleja en el aparato productivo interno argentino donde competitividad, presión impositiva y esa mezcla maquiavélica de inflación y recesión han perjudicado a quienes invierten en nuestro país.


Por todo esto la industria sigue mostrando un rojo en esta imparable caída libre que en los últimos meses ha sido de 4,5 %, con fábricas como la automotriz con solo un 51,3 % de utilización de su capacidad productiva. A propósito, a principios de este 2015 una análisis del diario La Nación expresaba lapidariamente que: “Hay problemas generales en todas las provincias que derivan de la macroeconomía: inflación de costos (alrededor de 26%), atraso cambiario, baja tasa de inversión (17% del PBI) tanto en el sector privado como en el público, congestión regulatoria en el comercio exterior, restricciones a las importaciones que permiten completar procesos productivos y alta presión fiscal” Dura radiografía en la que también se destacaba que “existen problemas puntuales en las economías regionales: baja economía de escala, altos costos de logística y transporte, deficientes servicios de promoción internacional para productos provenientes de pymes en el interior”.


Como se puede apreciar en este contexto sobrevive en un nivel absolutamente de precariedad el trabajo, el poco trabajo que hay para ese empobrecido ciudadano. El mismo que aquí en Mendoza debe aportar a su humilde hogar la suma de seis mil novecientos ochenta y seis pesos, con cuarenta y tres centavos para no caer por debajo de la línea de la pobreza y un poco más de tres mil pesos para estar el nivel de flotación de la línea de la indigencia. Situación real que pone de manifiesto con total crudeza altos índices de desocupación, de indigencia y de pobreza en la que subsisten miles de familias mendocinas por cobrar mucho menos que eso y porque son el caso testigo de las manos vacías de los trabajadores argentinos.


Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano


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Las manos vacías del trabajador argentino

Una nueva recordación de la vital función del trabajador trae consigo esas necesarias reflexiones de un tiempo para nada fácil a la hora de evaluar esa tarea y de que nuestros golpeados ciudadanos la consigan.

La tarea laboral se ha desdibujado intencionalmente al compás de los tiempos políticos, económicos y sociales de un país, que no siempre tiene estos ítems con viento en popa en pos del beneficio generalizado de sus habitantes. Es más, con los tiempos de san política electoral en danza, ocultamientos, mentiras y amagadas de verdad se mezclan descaradamente ante los “ojos del laburante” para no hablar claro sobre lo que está sucediendo con el empleo en nuestro país. Porque mientras el INDEC sostiene con la estructura embustera de siempre que la desocupación baja, a pesar que no puede argumentar porqué el muestrario ocupacional dice que el empleo tiene la tasa más baja de los últimos cinco años. Para organismos privados que con lógica desconfían de los datos oficiales, tienen por seguro que la República Argentina se ha instalado en los niveles más altos de la desocupación de América Latina.

Las cifras oficiales hablan de un 7,5 de desocupación, mientras que en el contexto internacional se sabe que nuestra nación está al tope de las dolorosas posiciones con un 10,6 % y en alza. Delicada situación del trabajo donde se ve que en otro país el tema se intenta controlar con algunos importantes resultados que delatan por ejemplo que Uruguay tiene el 6,8 %, Chile el 6,6 %, Bolivia el 6,3 % y Perú el 6,0 % de tasa de desempleo entre las naciones latinas.

Increíbles datos arrojados en el análisis anual del año 2014 sobre países de la región de donde muchos empleados, sobre todo rurales migran a la Argentina mientras trabajadores de nuestro país emigran a otras latitudes. En el caso de los primeros porque el fenómeno  de manos para la agricultura, increíblemente siempre faltan. Fenómeno ligado a paupérrimos pagos y pésimas condiciones a las que son sometidos peones y campesinos en el país de la riqueza de la tierra. Cuestión que deriva en el inadmisible empleo en negro y en la aborrecible esclavitud laboral a la que son sometidos bolivianos, peruanos, chilenos y migrantes de otras latitudes. Mientras que para aquellos argentinos que emigran a otros países la cuestión es clara y como en el anterior caso incompresible que en esta tierra que hay de todo por hacer, cultivar y crecer, la nación padece de una cruel desinversión que se muestra en todo el campo productivo y repercute en la cara laboral de Argentina. Por ello es que en todo el ejercicio 2014 nuestro país tuvo resultados negativos de 70 millones de dólares en inversión extranjera directa, transformándonos en la única nación con mayor caída abrupta de Latinoamérica.

La otra cara es lo que se refleja en el aparato productivo interno argentino donde competitividad, presión impositiva y esa mezcla maquiavélica de inflación y recesión han perjudicado a quienes invierten en nuestro país.

Por todo esto la industria sigue mostrando un rojo en esta imparable caída libre que en los últimos meses ha sido de 4,5 %, con fábricas como la automotriz con solo un 51,3 % de utilización de su capacidad productiva. A propósito, a principios de este 2015 una análisis del diario La Nación expresaba lapidariamente que: “Hay problemas generales en todas las provincias que derivan de la macroeconomía: inflación de costos (alrededor de 26%), atraso cambiario, baja tasa de inversión (17% del PBI) tanto en el sector privado como en el público, congestión regulatoria en el comercio exterior, restricciones a las importaciones que permiten completar procesos productivos y alta presión fiscal” Dura radiografía en la que también se destacaba que “existen problemas puntuales en las economías regionales: baja economía de escala, altos costos de logística y transporte, deficientes servicios de promoción internacional para productos provenientes de pymes en el interior”.

Como se puede apreciar en este contexto sobrevive en un nivel absolutamente de precariedad el trabajo, el poco trabajo que hay para ese empobrecido ciudadano. El mismo que aquí en Mendoza debe aportar a su humilde hogar la suma de seis mil novecientos ochenta y seis pesos, con cuarenta y tres centavos para no caer por debajo de la línea de la pobreza y un poco más de tres mil pesos para estar el nivel de flotación de la línea de la indigencia. Situación real que pone de manifiesto con total crudeza altos índices de desocupación, de indigencia y de pobreza en la que subsisten miles de familias mendocinas por cobrar mucho menos que eso y porque son el caso testigo de las manos vacías de los trabajadores argentinos.

Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

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