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Por Redacción
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La venta de juguetes no escapa a la recesión



La venta de juguetes se ubica 15% debajo de los niveles del año pasado y, a pesar de que apuestan por la industria nacional, los jugueteros no consiguen desde 2006 los dólares suficientes para importar los productos que completan la oferta y no se producen aquí.


El comercio de juguetes mueve unos 400 millones de dólares anuales en el país y si bien ahora no está en su peor momento, tampoco goza de un pico de actividad, en línea con la mayoría de los rubros de bienes en la economía de la Argentina, mientras su abanico de ofertas se reduce.


Datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) indican que el consumo minorista general cayó en septiembre un 8,8 por ciento y por noveno mes consecutivo, con un panorama para los comerciantes en el corto y mediano plazo de preocupación e incertidumbre.


Afectadas por la inflación, que según las consultoras privadas supera el 30% anual, las familias ajustaron sus gastos y comenzaron a preservar dinero para el caso de tener que poner en marcha un plan de contingencia, y el juguete siempre es uno de los relegados en un primer momento.


Darío Melmestein, presidente de la Asociación Argentina de Empresas de Juguetes y Afines (AADEJA), dijo a NA que el sector enfrenta muchos desafíos, como el aumento de costos operativos mientras la rentabilidad del sector permanece en una meseta. “El problema central de los jugueteros puros está dado ahora por los costos internos, porque mientras nuestro mercado está totalmente regulado, no existe regulación en otros sectores como el de alquiler de locales e insumos: dicen 30 ó 40% de inflación y le dan para adelante”, explica el empresario.


AADEJA representa al sector comercial, integrado por la industria, la distribución, el comercio minoristas y las importadoras, y si bien defiende la industrialización, advierte que no todos los juguetes se pueden producir en el país por lo que se necesita poder importar para no reducir la oferta. Señaló Melmestein que la escasez de dólares para este sector comenzó en 2006, lo que generó la transformación parcial: aumentó la producción local de juguetes pero cayó la importación de artículos que aquí no se pueden fabricar por falta de infraestructura y muchos “desaparecieron de las góndolas”.


“Una de las fuertes advertencias que hizo AADEJA siempre fue: cuidado con quitarle al comerciante minorista la opción de producto, porque el día que esta estructura diversificada no esté solo nos quedará un mercado como el del exterior, que es muy concentrado”, dijo el empresario. Y en ese sentido, señaló que la Argentina se destaca a nivel mundial por tener un comercio de juguetes diversificado, con mucha competencia y sin ningún monopolio que domine el mercado, lo que mejora la calidad de los servicios, lleva alternativas a todos los rincones de las provincias y genera empleo.


Un mercado así, explicó Melmestein, genera una opción de venta para las fábricas locales como no lo hay en otras partes del mundo, porque en España por ejemplo está todo tan concentrado que las corporaciones le venden directamente a los supermercados o grandes retails.


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La venta de juguetes no escapa a la recesión

La venta de juguetes se ubica 15% debajo de los niveles del año pasado y, a pesar de que apuestan por la industria nacional, los jugueteros no consiguen desde 2006 los dólares suficientes para importar los productos que completan la oferta y no se producen aquí.

El comercio de juguetes mueve unos 400 millones de dólares anuales en el país y si bien ahora no está en su peor momento, tampoco goza de un pico de actividad, en línea con la mayoría de los rubros de bienes en la economía de la Argentina, mientras su abanico de ofertas se reduce.

Datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) indican que el consumo minorista general cayó en septiembre un 8,8 por ciento y por noveno mes consecutivo, con un panorama para los comerciantes en el corto y mediano plazo de preocupación e incertidumbre.

Afectadas por la inflación, que según las consultoras privadas supera el 30% anual, las familias ajustaron sus gastos y comenzaron a preservar dinero para el caso de tener que poner en marcha un plan de contingencia, y el juguete siempre es uno de los relegados en un primer momento.

Darío Melmestein, presidente de la Asociación Argentina de Empresas de Juguetes y Afines (AADEJA), dijo a NA que el sector enfrenta muchos desafíos, como el aumento de costos operativos mientras la rentabilidad del sector permanece en una meseta. “El problema central de los jugueteros puros está dado ahora por los costos internos, porque mientras nuestro mercado está totalmente regulado, no existe regulación en otros sectores como el de alquiler de locales e insumos: dicen 30 ó 40% de inflación y le dan para adelante”, explica el empresario.

AADEJA representa al sector comercial, integrado por la industria, la distribución, el comercio minoristas y las importadoras, y si bien defiende la industrialización, advierte que no todos los juguetes se pueden producir en el país por lo que se necesita poder importar para no reducir la oferta. Señaló Melmestein que la escasez de dólares para este sector comenzó en 2006, lo que generó la transformación parcial: aumentó la producción local de juguetes pero cayó la importación de artículos que aquí no se pueden fabricar por falta de infraestructura y muchos “desaparecieron de las góndolas”.

“Una de las fuertes advertencias que hizo AADEJA siempre fue: cuidado con quitarle al comerciante minorista la opción de producto, porque el día que esta estructura diversificada no esté solo nos quedará un mercado como el del exterior, que es muy concentrado”, dijo el empresario. Y en ese sentido, señaló que la Argentina se destaca a nivel mundial por tener un comercio de juguetes diversificado, con mucha competencia y sin ningún monopolio que domine el mercado, lo que mejora la calidad de los servicios, lleva alternativas a todos los rincones de las provincias y genera empleo.

Un mercado así, explicó Melmestein, genera una opción de venta para las fábricas locales como no lo hay en otras partes del mundo, porque en España por ejemplo está todo tan concentrado que las corporaciones le venden directamente a los supermercados o grandes retails.

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