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Por Redacción

La semana que pasó, en pocas líneas



El tiempo es el factor que mejor permite interpretar la realidad a nivel nacional durante esta semana. Como tal, el tiempo es el único recurso verdaderamente no renovable. Su marcha inexorable le pone término a absolutamente todo. Por ejemplo, sabemos que la actual administración tiene su fecha de vencimiento.

Al parecer, este hecho, no sólo le pone fin, sino que también le impone su objetivo a lograr. A saber: conservar, a partir de esa fecha, la mayor cantidad posible de poder una vez abandonado el Gobierno.

Aunque, simultáneamente, y en forma paradójica, sea ese mismo poder real el que se les escape entre las manos. No sólo por el reconocimiento de este término ineluctable, sino además por una catarata de decisiones mal tomadas, muy probablemente influenciadas por la propia mezquindad del objetivo de retener algo de poder residual.

Por otro lado, esta fecha es percibida por la oposición como una oportunidad en el que las cosas cambiarán definitivamente. Percepción que produce calma y que, al parecer, le resta la lógica agresividad contra las decisiones de quienes no tienen otra alternativa más que la de irse.

En forma similar, las realidades regionales se encuentran marcadas por el paso del tiempo, aunque en forma no tan taxativa como en el nuestro. Por ejemplo, el proceso de paz colombiano parece ser inexorable. Pero, sus actores –especialmente las FARC– se resisten a su finalización rápida y concreta, ya que esperan maximizar sus ganancias en el proceso, para lo cual necesitan tiempo.

Igualmente, el factor tiempo es el más importante a la hora de analizar la amenaza que plantea el Califato a nivel internacional. Si admitimos que sólo hace escasas semanas éramos pocos los que alertábamos sobre este peligro, y hoy ya tenemos a jefes de Estado, como el de Turquía, que exigen acciones inmediatas para detenerlo. Vemos que su progreso temporal, al igual que el espacial, ha sido exponencial.

Sólo el conocimiento de la historia nos podría haber anticipado, en alguna medida, lo que efectivamente está ocurriendo. En este último sentido, hay que reconocer que el Islam supo tener, en el pasado, la capacidad de conquistar grandes espacios en poco tiempo.

Los interrogantes actuales giran en torno a si esa capacidad puede, en alguna medida, reeditarse hoy. Y si los contendientes de hoy reaccionarán como los del pasado. Porque como ya los hemos dicho, muy bien el resurgir de Mahoma puede traer el de Cristo, pero no ya en alguna de sus versiones pacifistas.

(Preparado por el Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa ‘Santa Romana’)


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La semana que pasó, en pocas líneas

El tiempo es el factor que mejor permite interpretar la realidad a nivel nacional durante esta semana. Como tal, el tiempo es el único recurso verdaderamente no renovable. Su marcha inexorable le pone término a absolutamente todo. Por ejemplo, sabemos que la actual administración tiene su fecha de vencimiento.
Al parecer, este hecho, no sólo le pone fin, sino que también le impone su objetivo a lograr. A saber: conservar, a partir de esa fecha, la mayor cantidad posible de poder una vez abandonado el Gobierno.
Aunque, simultáneamente, y en forma paradójica, sea ese mismo poder real el que se les escape entre las manos. No sólo por el reconocimiento de este término ineluctable, sino además por una catarata de decisiones mal tomadas, muy probablemente influenciadas por la propia mezquindad del objetivo de retener algo de poder residual.
Por otro lado, esta fecha es percibida por la oposición como una oportunidad en el que las cosas cambiarán definitivamente. Percepción que produce calma y que, al parecer, le resta la lógica agresividad contra las decisiones de quienes no tienen otra alternativa más que la de irse.
En forma similar, las realidades regionales se encuentran marcadas por el paso del tiempo, aunque en forma no tan taxativa como en el nuestro. Por ejemplo, el proceso de paz colombiano parece ser inexorable. Pero, sus actores –especialmente las FARC– se resisten a su finalización rápida y concreta, ya que esperan maximizar sus ganancias en el proceso, para lo cual necesitan tiempo.
Igualmente, el factor tiempo es el más importante a la hora de analizar la amenaza que plantea el Califato a nivel internacional. Si admitimos que sólo hace escasas semanas éramos pocos los que alertábamos sobre este peligro, y hoy ya tenemos a jefes de Estado, como el de Turquía, que exigen acciones inmediatas para detenerlo. Vemos que su progreso temporal, al igual que el espacial, ha sido exponencial.
Sólo el conocimiento de la historia nos podría haber anticipado, en alguna medida, lo que efectivamente está ocurriendo. En este último sentido, hay que reconocer que el Islam supo tener, en el pasado, la capacidad de conquistar grandes espacios en poco tiempo.
Los interrogantes actuales giran en torno a si esa capacidad puede, en alguna medida, reeditarse hoy. Y si los contendientes de hoy reaccionarán como los del pasado. Porque como ya los hemos dicho, muy bien el resurgir de Mahoma puede traer el de Cristo, pero no ya en alguna de sus versiones pacifistas.
(Preparado por el Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa ‘Santa Romana’)

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