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La semana que pasó, en pocas líneas
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Por Redacción

La semana que pasó, en pocas líneas



Palabras como “peste”, “guerras de religión”, “hambre” se pueden leer en casi todos los titulares de los medios gráficos de la semana que pasó. Mas bien, parecerían ser los encabezados de un diario del Siglo XIV, si es que estos hubieran existido por aquella época.


Sucede que, una vez más, la realidad ha superado a la ficción. Vemos a enfermos ser tratados por médicos vestidos como astronautas. Presenciamos ejecuciones a cuchillo. Nos cuentan que hay miles que mueren de hambre o que perecen ahogados al tratar de emigrar en balsas precarias…


No cabe duda de que el fantasma del caos se enseñorea en todos los niveles posibles de análisis. Pareciera que en todos ellos, el Estado demuestra su incapacidad para garantizar la seguridad y el bienestar de sus súbditos. Se ha instalado la hora de lo no estatal.


Por ejemplo, en el plano nacional, ya no nos enfrentamos a las flotas y ejércitos de un viejo imperio. Un inversor internacional, con el asesoramiento de sus expertos abogados, pretende ponernos de rodillas y cobrarnos una deuda impaga.


Otros, por ejemplo, nos muestran que en el nivel regional las cosas no son muy distintas. Comienza a perfilarse en Chile la amenaza de un conflicto basado en diferencias étnicas e históricas. Son, allí, los mapuches los que se niegan a aceptar la autoridad del Estado. Igual criterio, parecen seguir las huestes resucitadas de Sendero Luminoso, en nombre de una vieja ideología pasada de moda.


Por si cupiera alguna duda, a nivel internacional, el país más poderoso de la Tierra le declara la guerra a un grupo de extremistas desarrapados de los que hace menos de tres meses pocos sabían de su existencia. Es más, no se anima a hacerlo solo, ya que ha pedido el concurso de la comunidad internacional para poder derrotarlos.


Para colmo de males, hay espontáneos privados que se ofrecen alegremente a cumplir con la tarea que supera a los Estados. Compañías militares privadas que se ofrecen a lidiar con el Califato. También, carteles de la droga mexicanos que con complicidad policial hacen desaparecer a un grupo de estudiantes revoltosos.


No cabe duda que el Estado está bajo ataque. Aquellos que pretendan conducirlo, deberán estar alertados al respecto.


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La semana que pasó, en pocas líneas

Palabras como “peste”, “guerras de religión”, “hambre” se pueden leer en casi todos los titulares de los medios gráficos de la semana que pasó. Mas bien, parecerían ser los encabezados de un diario del Siglo XIV, si es que estos hubieran existido por aquella época.

Sucede que, una vez más, la realidad ha superado a la ficción. Vemos a enfermos ser tratados por médicos vestidos como astronautas. Presenciamos ejecuciones a cuchillo. Nos cuentan que hay miles que mueren de hambre o que perecen ahogados al tratar de emigrar en balsas precarias…

No cabe duda de que el fantasma del caos se enseñorea en todos los niveles posibles de análisis. Pareciera que en todos ellos, el Estado demuestra su incapacidad para garantizar la seguridad y el bienestar de sus súbditos. Se ha instalado la hora de lo no estatal.

Por ejemplo, en el plano nacional, ya no nos enfrentamos a las flotas y ejércitos de un viejo imperio. Un inversor internacional, con el asesoramiento de sus expertos abogados, pretende ponernos de rodillas y cobrarnos una deuda impaga.

Otros, por ejemplo, nos muestran que en el nivel regional las cosas no son muy distintas. Comienza a perfilarse en Chile la amenaza de un conflicto basado en diferencias étnicas e históricas. Son, allí, los mapuches los que se niegan a aceptar la autoridad del Estado. Igual criterio, parecen seguir las huestes resucitadas de Sendero Luminoso, en nombre de una vieja ideología pasada de moda.

Por si cupiera alguna duda, a nivel internacional, el país más poderoso de la Tierra le declara la guerra a un grupo de extremistas desarrapados de los que hace menos de tres meses pocos sabían de su existencia. Es más, no se anima a hacerlo solo, ya que ha pedido el concurso de la comunidad internacional para poder derrotarlos.

Para colmo de males, hay espontáneos privados que se ofrecen alegremente a cumplir con la tarea que supera a los Estados. Compañías militares privadas que se ofrecen a lidiar con el Califato. También, carteles de la droga mexicanos que con complicidad policial hacen desaparecer a un grupo de estudiantes revoltosos.

No cabe duda que el Estado está bajo ataque. Aquellos que pretendan conducirlo, deberán estar alertados al respecto.

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