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La salud que nunca llega al potrero
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Por Redacción

La salud que nunca llega al potrero



El sistema de salud de la provincia sigue presentando falencias. Esta vez en lo referido a la cantidad de ambulancias disponibles para emergencias y fiscalización de aptitudes físicas en clubes y centros recreativos.


Tarde para el olvido

La tarde del lunes estuvo marcada por la muerte del joven Daniel Loyola. Con apenas 16 años, el defensor de la sexta división del Club Atlético Palmira falleció tras un paro cardíaco cuando realizaba ejercicios precompetitivos. Según testigos presenciales, cuando estaba por terminar el encuentro de la quinta división entre Palmira y Maipú y se aprestaban a iniciar el partido de la sexta, todos los integrantes de su equipo comenzaron con los trabajos físicos habituales de cada partido. Pero el joven de 16 años cayó al piso y no pudo reaccionar.


Inmediatamente fue asistido por el médico de Maipú para reanimarlo, mientras esperaban una ambulancia, pero ésta nunca llegó y ante la desesperación del momento, fue trasladado en un auto policial hasta el hospital Paroissien, donde finalmente el Huevo, como le decían sus compañeros, perdió la vida.


Situaciones similares a la relatada, se repiten a lo largo y ancho de la historia y siempre con un mismo motivo en común: la pobreza.


El servicio de ambulancias está colapsado

En las zonas más vulnerables (asentamientos, barrios carenciados, clubes pobres) las ambulancias siempre tardan en llegar o nunca llegan. Ya sea por inseguridad o por falta de recursos, los pobres siempre se quedan sin asistencia médica inmediata.


El tema de la inseguridad es la primera excusa. Al menos cinco empresas privadas que ofrecen servicios de traslados médicos de emergencia no se dirigen a responder los llamados en ‘zonas de riesgo’. Sin embargo, ninguna de las prestadoras consultadas por El Ciudadano pudo determinar con claridad cuáles son estos ‘lugares peligrosos’ y mucho menos dar detalles sobre quién se encarga de determinarlos.


Lo cierto es que si una persona está atravesando una urgencia, y encima tiene la mala suerte de vivir en un barrio carenciado, deberá ‘esperar sentado’ a que algún vecino, familiar o móvil policial (como sucedió con Daniel Loyola) le ofrezca ayuda si es que la muerte no llega antes.


La solución a este problema tal vez sea la compra de más unidades de traslado por parte del Gobierno, ya que según fuentes oficiales, “las que hoy prestan servicio no dan abasto para cubrir la demanda de emergencias diarias y mucho menos para apostar una unidad en cada espacio de recreación y deporte.


Pero lo cierto es que la vida de muchos deportistas depende del club en el que están asociados. Por ejemplo, en el club de rugby y hockey Los Tordos, cada sábado (día en que se juega la mayor cantidad de partidos de inferiores), una ambulancia presta servicio permanente en las canchas. Esta ‘comodidad’ se logra gracias al aporte cooperativo de los padres, pero claro, no todos los clubes cuentan con la misma posibilidad y entonces deben esperar.


“El tiempo de espera para una urgencia no puede pasar de los 20 minutos”, asegura Sergio Mortaloni, director asistencial de la OSEP sobre lo que se considera como un ‘código rojo’ y que se aplica a un infarto o un accidente cerebrovascular. Pero la realidad es que las ambulancias tardan mucho más que lo necesario y un claro ejemplo es la historia relatada al comienzo de esta nota./ Orlando Tirapu


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La salud que nunca llega al potrero

El sistema de salud de la provincia sigue presentando falencias. Esta vez en lo referido a la cantidad de ambulancias disponibles para emergencias y fiscalización de aptitudes físicas en clubes y centros recreativos.

Tarde para el olvido
La tarde del lunes estuvo marcada por la muerte del joven Daniel Loyola. Con apenas 16 años, el defensor de la sexta división del Club Atlético Palmira falleció tras un paro cardíaco cuando realizaba ejercicios precompetitivos. Según testigos presenciales, cuando estaba por terminar el encuentro de la quinta división entre Palmira y Maipú y se aprestaban a iniciar el partido de la sexta, todos los integrantes de su equipo comenzaron con los trabajos físicos habituales de cada partido. Pero el joven de 16 años cayó al piso y no pudo reaccionar.

Inmediatamente fue asistido por el médico de Maipú para reanimarlo, mientras esperaban una ambulancia, pero ésta nunca llegó y ante la desesperación del momento, fue trasladado en un auto policial hasta el hospital Paroissien, donde finalmente el Huevo, como le decían sus compañeros, perdió la vida.

Situaciones similares a la relatada, se repiten a lo largo y ancho de la historia y siempre con un mismo motivo en común: la pobreza.

El servicio de ambulancias está colapsado
En las zonas más vulnerables (asentamientos, barrios carenciados, clubes pobres) las ambulancias siempre tardan en llegar o nunca llegan. Ya sea por inseguridad o por falta de recursos, los pobres siempre se quedan sin asistencia médica inmediata.

El tema de la inseguridad es la primera excusa. Al menos cinco empresas privadas que ofrecen servicios de traslados médicos de emergencia no se dirigen a responder los llamados en ‘zonas de riesgo’. Sin embargo, ninguna de las prestadoras consultadas por El Ciudadano pudo determinar con claridad cuáles son estos ‘lugares peligrosos’ y mucho menos dar detalles sobre quién se encarga de determinarlos.

Lo cierto es que si una persona está atravesando una urgencia, y encima tiene la mala suerte de vivir en un barrio carenciado, deberá ‘esperar sentado’ a que algún vecino, familiar o móvil policial (como sucedió con Daniel Loyola) le ofrezca ayuda si es que la muerte no llega antes.

La solución a este problema tal vez sea la compra de más unidades de traslado por parte del Gobierno, ya que según fuentes oficiales, “las que hoy prestan servicio no dan abasto para cubrir la demanda de emergencias diarias y mucho menos para apostar una unidad en cada espacio de recreación y deporte.

Pero lo cierto es que la vida de muchos deportistas depende del club en el que están asociados. Por ejemplo, en el club de rugby y hockey Los Tordos, cada sábado (día en que se juega la mayor cantidad de partidos de inferiores), una ambulancia presta servicio permanente en las canchas. Esta ‘comodidad’ se logra gracias al aporte cooperativo de los padres, pero claro, no todos los clubes cuentan con la misma posibilidad y entonces deben esperar.

“El tiempo de espera para una urgencia no puede pasar de los 20 minutos”, asegura Sergio Mortaloni, director asistencial de la OSEP sobre lo que se considera como un ‘código rojo’ y que se aplica a un infarto o un accidente cerebrovascular. Pero la realidad es que las ambulancias tardan mucho más que lo necesario y un claro ejemplo es la historia relatada al comienzo de esta nota./ Orlando Tirapu

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