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La necesidad de tomar conciencia
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Por Redacción

La necesidad de tomar conciencia



A pesar de que, en la superficie, parece que se hacen esfuerzos, la realidad nos muestra que el negocio de la droga ha crecido enormemente en los últimos años en el país, y que no para de hacerlo. Todos los días, los medios de comunicación dan cuenta del crecimiento de este delito.


En la sociedad argentina hay una suerte de resignación –para algunas cosas-, que no tiene una explicación desde la ciencia política. Nos acostumbramos rápidamente a las anomalías e incluso al delito. Ahora existe el peligro a que nos estemos acostumbrando a convivir con la realidad del narcotráfico y a que se hable de la lucha contra ese flagelo como a la de una lucha definitivamente perdida.


Un problema complejo

Este estado de cosas ha llevado al propio papa Francisco a advertir sobre el crecimiento exponencial del tráfico de drogas en el país. Evidentemente preocupado por las vicisitudes en su patria, dejó de pensar como Papa universal y se largó a hablar como argentino que es; no lo pudo evitar: “…Ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización de la Argentina”, dijo. Una expresión desafortunada para los mexicanos, pero muy acertada para describir la realidad de las cosas en nuestra tierra. Antes ya lo había hecho desde la Iglesia vernácula, a través de los obispos.


Es indudable que la exhortación de Francisco no iba dirigida a los mexicanos, sino a los argentinos. Rápidamente reconoció y rectificó su error. “En ningún momento se pretendió herir los sentimientos del pueblo mexicano”, aseguraron desde el Vaticano.


Atacar al narcotráfico de una manera eficaz significa cerrarles los pasos y las puertas de todos los caminos por donde se cuelan sus innumerables actividades delictivas colindantes; en cada punto de la cadena, desde la producción hasta el consumo de sustancias, pasando por la comercialización mayorista, el ingreso al país, la distribución, la obtención y el uso de precursores y, fundamentalmente, el lavado de dinero.


¿Por qué es un problema complejo? Porque el consumo de drogas no distingue clases sociales y el narcotráfico ejerce sus actividades en forma territorial. En una de sus últimas fases se lanza a disputar con el Estado la apropiación del territorio. Antes que eso ocurra, le habrá ganado a las autoridades legítimas, la iniciativa frente a la sociedad. Entre sus actividades colaterales, la asistencia social es una de las que le proporciona la necesaria libertad de acción y seguridad, para moverse entre la gente.


No se introduce sólo en las villas, ingresa en los barrios de clase media y alta. Infiltra la burocracia estatal, las policías, las organizaciones sociales intermedias y la propia política. Esto lo hace en las primeras etapas. Lo que no logra con la adicción a la droga, lo compra con la enorme cantidad de dinero que produce la actividad.


Detener al incendiario

La ya vasta experiencia de los especialistas nacionales en este tema, nos enseña que no sirve de mucho correr detrás de los narcotraficantes, vendedores y sicarios. Tampoco ensañarse contra el último escalón de la cadena de ese delito, el consumidor. Es como correr, manguera en mano, detrás de los incendios que produce esta actividad. Para seguir con la metáfora: no se trata de apagar los incendios, sino atrapar al incendiario. Y siempre nos pasa lo mismo.


Hoy pareciera que ya no es posible elegir entre una cosa u otra. Hay que apagar los incendios y, a la vez, es urgente adoptar las medidas que permitan controlar y detener al incendiario.


Con esto queremos señalar que es preciso aunar y coordinar los esfuerzos a nivel federal e, incluso, regional. El narcotráfico no reconoce fronteras, ni nacionales ni provinciales y menos aún comunales. Diversificar la operación, la supervisión y el control de las fuerzas de seguridad, de alguna manera, ayuda a los narcotraficantes en su tarea de crecer en el dominio del territorio.


Es importante convocar a aquellos que más saben sobre el tema. Porque se necesitan leyes, disposiciones y organizaciones adecuadas para luchar contra el lavado de dinero. La libre circulación del dinero, producto del tráfico de drogas, es una de las principales facilidades, que le permite al narcotráfico crecer y expandirse territorialmente.


El tema cultural y educativo, aunque se orienta siempre a alcanzar sus objetivos en el mediano y el largo plazo, es de fundamental importancia. Hay que empezar ya, a través de la educación, en todos los niveles del sistema, para generar la conciencia en los jóvenes sobre el daño que produce el consumo de drogas y sobre el peligro que representa el narcotráfico para el futuro de todos.


No descansaremos en advertir sobre este grave problema. Porque no es sólo el daño que produce el consumo, el narcotráfico daña irremediablemente el tejido social, se adueña de las instituciones, de las finanzas y de la política. Sólo una profunda toma de conciencia permitirá aunar los esfuerzos para enfrentar este flagelo que es una cuestión de Estado.



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La necesidad de tomar conciencia

A pesar de que, en la superficie, parece que se hacen esfuerzos, la realidad nos muestra que el negocio de la droga ha crecido enormemente en los últimos años en el país, y que no para de hacerlo. Todos los días, los medios de comunicación dan cuenta del crecimiento de este delito.

En la sociedad argentina hay una suerte de resignación –para algunas cosas-, que no tiene una explicación desde la ciencia política. Nos acostumbramos rápidamente a las anomalías e incluso al delito. Ahora existe el peligro a que nos estemos acostumbrando a convivir con la realidad del narcotráfico y a que se hable de la lucha contra ese flagelo como a la de una lucha definitivamente perdida.

Un problema complejo
Este estado de cosas ha llevado al propio papa Francisco a advertir sobre el crecimiento exponencial del tráfico de drogas en el país. Evidentemente preocupado por las vicisitudes en su patria, dejó de pensar como Papa universal y se largó a hablar como argentino que es; no lo pudo evitar: “…Ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización de la Argentina”, dijo. Una expresión desafortunada para los mexicanos, pero muy acertada para describir la realidad de las cosas en nuestra tierra. Antes ya lo había hecho desde la Iglesia vernácula, a través de los obispos.

Es indudable que la exhortación de Francisco no iba dirigida a los mexicanos, sino a los argentinos. Rápidamente reconoció y rectificó su error. “En ningún momento se pretendió herir los sentimientos del pueblo mexicano”, aseguraron desde el Vaticano.

Atacar al narcotráfico de una manera eficaz significa cerrarles los pasos y las puertas de todos los caminos por donde se cuelan sus innumerables actividades delictivas colindantes; en cada punto de la cadena, desde la producción hasta el consumo de sustancias, pasando por la comercialización mayorista, el ingreso al país, la distribución, la obtención y el uso de precursores y, fundamentalmente, el lavado de dinero.

¿Por qué es un problema complejo? Porque el consumo de drogas no distingue clases sociales y el narcotráfico ejerce sus actividades en forma territorial. En una de sus últimas fases se lanza a disputar con el Estado la apropiación del territorio. Antes que eso ocurra, le habrá ganado a las autoridades legítimas, la iniciativa frente a la sociedad. Entre sus actividades colaterales, la asistencia social es una de las que le proporciona la necesaria libertad de acción y seguridad, para moverse entre la gente.

No se introduce sólo en las villas, ingresa en los barrios de clase media y alta. Infiltra la burocracia estatal, las policías, las organizaciones sociales intermedias y la propia política. Esto lo hace en las primeras etapas. Lo que no logra con la adicción a la droga, lo compra con la enorme cantidad de dinero que produce la actividad.

Detener al incendiario
La ya vasta experiencia de los especialistas nacionales en este tema, nos enseña que no sirve de mucho correr detrás de los narcotraficantes, vendedores y sicarios. Tampoco ensañarse contra el último escalón de la cadena de ese delito, el consumidor. Es como correr, manguera en mano, detrás de los incendios que produce esta actividad. Para seguir con la metáfora: no se trata de apagar los incendios, sino atrapar al incendiario. Y siempre nos pasa lo mismo.

Hoy pareciera que ya no es posible elegir entre una cosa u otra. Hay que apagar los incendios y, a la vez, es urgente adoptar las medidas que permitan controlar y detener al incendiario.

Con esto queremos señalar que es preciso aunar y coordinar los esfuerzos a nivel federal e, incluso, regional. El narcotráfico no reconoce fronteras, ni nacionales ni provinciales y menos aún comunales. Diversificar la operación, la supervisión y el control de las fuerzas de seguridad, de alguna manera, ayuda a los narcotraficantes en su tarea de crecer en el dominio del territorio.

Es importante convocar a aquellos que más saben sobre el tema. Porque se necesitan leyes, disposiciones y organizaciones adecuadas para luchar contra el lavado de dinero. La libre circulación del dinero, producto del tráfico de drogas, es una de las principales facilidades, que le permite al narcotráfico crecer y expandirse territorialmente.

El tema cultural y educativo, aunque se orienta siempre a alcanzar sus objetivos en el mediano y el largo plazo, es de fundamental importancia. Hay que empezar ya, a través de la educación, en todos los niveles del sistema, para generar la conciencia en los jóvenes sobre el daño que produce el consumo de drogas y sobre el peligro que representa el narcotráfico para el futuro de todos.

No descansaremos en advertir sobre este grave problema. Porque no es sólo el daño que produce el consumo, el narcotráfico daña irremediablemente el tejido social, se adueña de las instituciones, de las finanzas y de la política. Sólo una profunda toma de conciencia permitirá aunar los esfuerzos para enfrentar este flagelo que es una cuestión de Estado.

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