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Por Redacción

La final que fue y la finalísima que nos espera



Hace mucho tiempo que el nanoclima futbolero no disfrutaba de una final como la que se vivió este miércoles en Medellín. Es que tenemos el falso concepto, tan instalado, de que esa instancia debe jugarse con dientes apretados, confundiendo intensidad con robustez y defendiendo el cero en el arco propio, y si se puede, solo si se puede, pensar en el del rival.


Lo cierto es que la primera final de la Copa Sudamericana protagonizada por Atlético Nacional y River, destrozó estos preceptos. Primero desde la ideología de los entrenadores y luego desde los protagonistas. Que entienden que el juego necesita de riesgos para poder ser eficaz.


No fue una final impecable, estuvo plagada de errores pero también de aciertos. Ambos asumieron riesgos y los dos pudieron ganar. Porque sustentan su idea en ser protagonistas en arriesgar y en dejar la mezquindad para otros.


Fue 1 a 1 en el Atanacio Girardot, pero podría haber sido 3 a 3 ó 4 a 3 en caso de que los definidores de turno hubiesen estado más precisos. Sin embargo, para los ojos del espectador, la sensación reinante es la de plenitud por lo que entregaron.


El próximo miércoles se define en el Monumental con promesa de partidazo.


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La final que fue y la finalísima que nos espera

Hace mucho tiempo que el nanoclima futbolero no disfrutaba de una final como la que se vivió este miércoles en Medellín. Es que tenemos el falso concepto, tan instalado, de que esa instancia debe jugarse con dientes apretados, confundiendo intensidad con robustez y defendiendo el cero en el arco propio, y si se puede, solo si se puede, pensar en el del rival.

Lo cierto es que la primera final de la Copa Sudamericana protagonizada por Atlético Nacional y River, destrozó estos preceptos. Primero desde la ideología de los entrenadores y luego desde los protagonistas. Que entienden que el juego necesita de riesgos para poder ser eficaz.

No fue una final impecable, estuvo plagada de errores pero también de aciertos. Ambos asumieron riesgos y los dos pudieron ganar. Porque sustentan su idea en ser protagonistas en arriesgar y en dejar la mezquindad para otros.

Fue 1 a 1 en el Atanacio Girardot, pero podría haber sido 3 a 3 ó 4 a 3 en caso de que los definidores de turno hubiesen estado más precisos. Sin embargo, para los ojos del espectador, la sensación reinante es la de plenitud por lo que entregaron.

El próximo miércoles se define en el Monumental con promesa de partidazo.

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