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La dama que cura el alma con las manos
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Por Redacción

La dama que cura el alma con las manos



Viviana Carali vive con psoriasis desde hace más de 30 años, sabe de miradas indiscretas, de preguntas que descalifican y de discriminación, pero lejos de encerrarse en la tristeza de tener una enfermedad a la que se mira de reojo, hizo de su debilidad una fortaleza para ayudar a otras mujeres.

“Cuando yo me vi la primera mancha no tenía idea, ni siquiera, de que existía una enfermedad que se llamaba psoriasis. Las primeras manchas me salieron durante el embarazo y los médicos me trataron con medicación para varicela y eso me produjo contracciones. Imaginate qué poca información había sobre el tema”, contó Viviana.

“Luego pasé por varios médicos, el primero después de un minuciosa mirada se sentó y me dijo: ‘Lo que usted tiene es psoriasis, una enfermedad tan vieja que hasta la Biblia habla de ella. Usted tiene dos caminos, o se sienta a esperar sanarse, o a esperar brotarse.’ Me paré y le dije: ¿Usted, psicología no la aprobó no? Y me fui a casa”, relató Viviana sus comienzos con la enfermedad.

Tiempo después consultó a varios médicos considerados de los mejores que, entre cremas carísimas y recetas de la abuela, intentaron soluciones mágicas para la piel, pero muy lejos de curar el alma, ni siquiera teniendo en cuenta que el origen de esta enfermedad está íntimamente relacionada a la parte emocional de una persona.


ACOVIN

“La Asociación Construyendo Vínculos (ACOVIN) nació hace cuatro años (después de que me jubilaran por incapacidad) y mantiene su espíritu de informar, formar y contener, tanto a los enfermos como a sus familias. Después de una charla con mi médica inmunóloga, a la que le llamaba la atención que aún con mi enfermedad no estuviese deprimida, me preguntó a qué me dedicaba y le hablé del patchwork (trabajo con parches), actividad a la que le dedico gran parte del tiempo desde hace más de 20 años”, recordó Viviana.

La médica se interesó en conocer mejor cuál era esa actividad que la tenía feliz y la incentivó a mostrarla en actividades médicas con profesionales de otros países.

Tiempo después, el trabajo que realizaba llegó a los ojos de personal del Ministerio de Desarrollo cuando participaban de una exposición que Vivi había organizado para mostrar su arte. El interés fue inmediato, la citaron desde el área que incentiva la producción de los artesanos en Mendoza y luego de analizar su trabajo y su historia le preguntaron cómo hacía para crear cosas tan bellas, aún con esa enfermedad que afecta sus manos y la respuesta de la dama fue simple: “En la vida hay dos opciones, o me siento a morir, o me paro y vivo con lo que me toca. Me paré y dije ‘yo quiero vivir’. Me pidieron que llevara mi trabajo, lo evaluaron y me dieron la máxima categorización que se le da a un artesano en Mendoza. Tuve que presentar una breve reseña, ya que se trata de una artesanía no autóctona”, describió la entrevistada.

“La idea de Acovin es captar personas, especialmente mujeres, que tienen un padecimiento inmunológico como artritis, artrosis o psoriasis, enfermedades que si no son tratadas o contenidas conllevan a tristezas profundas, a depresiones y aislamiento, que no ayudan a mejorarte”, contó Viviana.

Además, la mujer agregó que a raíz de las demandas abrieron la asociación a todas aquellas mujeres que están pasando por un mal momento, sea cual fuere la causa.


Patchwork

La actividad, que bien puede verse en la película Donde reside el amor, es una tradición que nació en Europa, en la posguerra, de la mano de las mujeres que ante un escenario de desolación se enfrentaban a la pérdida de sus maridos, el hambre, el frío y el desafío de sacar adelante sus casas y criar a sus hijos. Se reunían una vez por semana a cortar y coser retazos, haciendo prendas nuevas con trozos de tela vieja. “En el patch uno recorta, cose, vuelve a recortar, plancha, vuelve a recortar hasta que vos lográs armar nuevamente algo. Entonces mi intención es transmitir esto que a mí me hizo bien. Yo estaba recortada, estaba desmembrada, uno vuelve a unirse y vuelve a ser una tela nueva, con pedazos que quizás no nos gustan tanto, con colores llamativos que nos agradan y uno conforma una pieza que finalmente te reconforta. Es tu obra y es lo que vos sos”, expresó Viviana.

“Es ilustrativo recortar y volver a armar, ya que empezó a pasar algo mágico hace más de 20 años a los que me dedico al patch, casi diez en forma exclusiva y llevo 5 años enseñándolo”, contó.

Desde hace un tiempo llegan a la casa de Viviana muchas mujeres que no han tenido estas enfermedades, sino otras tristezas y pesares, que han superado enfermedades. “Enarbolo la bandera del pacthwork porque si bien tenemos otras actividades en la asociación (pintura, canto, bordado), todo nació a partir de ésta”


Donde reside el amor

Quien antes de dedicarse a patchwork estudió y trabajó como fotógrafa, reflexiona acerca de lo que significa para alguien que sufre contar con herramientas y afectos que los contengan: “No estamos preparados para asumir una enfermedad, por eso es tan importante que el entorno no sólo sepa de qué se trata, sino que además aprenda y se prepare a vivir con eso y así ayude a la persona que está enferma. En mi caso, el apoyo de mi madre y mi hija es fundamental”, explicó la mujer, hija de modista que se crió con una máquina de coser y que hizo su primera colcha con patchwork a los 16 años.


Cortar, crear y amar

Viviana es una mujer de fe y es la que la impulsa a recibir en su casa a mujeres de edades que van desde los 30 y superan los 70. A todas las moviliza algo distinto, pero todas se reconstruyen aprendiendo una técnica que les permite crear a partir de la reutilización de telas. “En mis clases se comparte una merienda, una pena, una oración por alguien que esté necesitando, alegrías, tristezas y preocupaciones. Pasamos un rato juntas, y es como dicen los psicólogos que cuando tres mujeres se unen se genera una hormona que simula la sensación de un abrazo. De esas clases nacen piezas hechas con amor, eso es lo que la gente compra, cuando adquiere una artesanía, no sólo es un producto único, sino hecho con amor. El artesano plasma su alma en su obra. Una vez leí que ser artesano es saber curar el alma con las manos y eso se nota en el trabajo de mis chicas”, concluyó Viviana./ Rebeca Rodriguez


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La dama que cura el alma con las manos

Viviana Carali vive con psoriasis desde hace más de 30 años, sabe de miradas indiscretas, de preguntas que descalifican y de discriminación, pero lejos de encerrarse en la tristeza de tener una enfermedad a la que se mira de reojo, hizo de su debilidad una fortaleza para ayudar a otras mujeres.
“Cuando yo me vi la primera mancha no tenía idea, ni siquiera, de que existía una enfermedad que se llamaba psoriasis. Las primeras manchas me salieron durante el embarazo y los médicos me trataron con medicación para varicela y eso me produjo contracciones. Imaginate qué poca información había sobre el tema”, contó Viviana.
“Luego pasé por varios médicos, el primero después de un minuciosa mirada se sentó y me dijo: ‘Lo que usted tiene es psoriasis, una enfermedad tan vieja que hasta la Biblia habla de ella. Usted tiene dos caminos, o se sienta a esperar sanarse, o a esperar brotarse.’ Me paré y le dije: ¿Usted, psicología no la aprobó no? Y me fui a casa”, relató Viviana sus comienzos con la enfermedad.
Tiempo después consultó a varios médicos considerados de los mejores que, entre cremas carísimas y recetas de la abuela, intentaron soluciones mágicas para la piel, pero muy lejos de curar el alma, ni siquiera teniendo en cuenta que el origen de esta enfermedad está íntimamente relacionada a la parte emocional de una persona.

ACOVIN
“La Asociación Construyendo Vínculos (ACOVIN) nació hace cuatro años (después de que me jubilaran por incapacidad) y mantiene su espíritu de informar, formar y contener, tanto a los enfermos como a sus familias. Después de una charla con mi médica inmunóloga, a la que le llamaba la atención que aún con mi enfermedad no estuviese deprimida, me preguntó a qué me dedicaba y le hablé del patchwork (trabajo con parches), actividad a la que le dedico gran parte del tiempo desde hace más de 20 años”, recordó Viviana.
La médica se interesó en conocer mejor cuál era esa actividad que la tenía feliz y la incentivó a mostrarla en actividades médicas con profesionales de otros países.
Tiempo después, el trabajo que realizaba llegó a los ojos de personal del Ministerio de Desarrollo cuando participaban de una exposición que Vivi había organizado para mostrar su arte. El interés fue inmediato, la citaron desde el área que incentiva la producción de los artesanos en Mendoza y luego de analizar su trabajo y su historia le preguntaron cómo hacía para crear cosas tan bellas, aún con esa enfermedad que afecta sus manos y la respuesta de la dama fue simple: “En la vida hay dos opciones, o me siento a morir, o me paro y vivo con lo que me toca. Me paré y dije ‘yo quiero vivir’. Me pidieron que llevara mi trabajo, lo evaluaron y me dieron la máxima categorización que se le da a un artesano en Mendoza. Tuve que presentar una breve reseña, ya que se trata de una artesanía no autóctona”, describió la entrevistada.
“La idea de Acovin es captar personas, especialmente mujeres, que tienen un padecimiento inmunológico como artritis, artrosis o psoriasis, enfermedades que si no son tratadas o contenidas conllevan a tristezas profundas, a depresiones y aislamiento, que no ayudan a mejorarte”, contó Viviana.
Además, la mujer agregó que a raíz de las demandas abrieron la asociación a todas aquellas mujeres que están pasando por un mal momento, sea cual fuere la causa.

Patchwork
La actividad, que bien puede verse en la película Donde reside el amor, es una tradición que nació en Europa, en la posguerra, de la mano de las mujeres que ante un escenario de desolación se enfrentaban a la pérdida de sus maridos, el hambre, el frío y el desafío de sacar adelante sus casas y criar a sus hijos. Se reunían una vez por semana a cortar y coser retazos, haciendo prendas nuevas con trozos de tela vieja. “En el patch uno recorta, cose, vuelve a recortar, plancha, vuelve a recortar hasta que vos lográs armar nuevamente algo. Entonces mi intención es transmitir esto que a mí me hizo bien. Yo estaba recortada, estaba desmembrada, uno vuelve a unirse y vuelve a ser una tela nueva, con pedazos que quizás no nos gustan tanto, con colores llamativos que nos agradan y uno conforma una pieza que finalmente te reconforta. Es tu obra y es lo que vos sos”, expresó Viviana.
“Es ilustrativo recortar y volver a armar, ya que empezó a pasar algo mágico hace más de 20 años a los que me dedico al patch, casi diez en forma exclusiva y llevo 5 años enseñándolo”, contó.
Desde hace un tiempo llegan a la casa de Viviana muchas mujeres que no han tenido estas enfermedades, sino otras tristezas y pesares, que han superado enfermedades. “Enarbolo la bandera del pacthwork porque si bien tenemos otras actividades en la asociación (pintura, canto, bordado), todo nació a partir de ésta”

Donde reside el amor
Quien antes de dedicarse a patchwork estudió y trabajó como fotógrafa, reflexiona acerca de lo que significa para alguien que sufre contar con herramientas y afectos que los contengan: “No estamos preparados para asumir una enfermedad, por eso es tan importante que el entorno no sólo sepa de qué se trata, sino que además aprenda y se prepare a vivir con eso y así ayude a la persona que está enferma. En mi caso, el apoyo de mi madre y mi hija es fundamental”, explicó la mujer, hija de modista que se crió con una máquina de coser y que hizo su primera colcha con patchwork a los 16 años.

Cortar, crear y amar
Viviana es una mujer de fe y es la que la impulsa a recibir en su casa a mujeres de edades que van desde los 30 y superan los 70. A todas las moviliza algo distinto, pero todas se reconstruyen aprendiendo una técnica que les permite crear a partir de la reutilización de telas. “En mis clases se comparte una merienda, una pena, una oración por alguien que esté necesitando, alegrías, tristezas y preocupaciones. Pasamos un rato juntas, y es como dicen los psicólogos que cuando tres mujeres se unen se genera una hormona que simula la sensación de un abrazo. De esas clases nacen piezas hechas con amor, eso es lo que la gente compra, cuando adquiere una artesanía, no sólo es un producto único, sino hecho con amor. El artesano plasma su alma en su obra. Una vez leí que ser artesano es saber curar el alma con las manos y eso se nota en el trabajo de mis chicas”, concluyó Viviana./ Rebeca Rodriguez

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