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Por Redacción

La conveniencia de no hablar ni venir a Mendoza



La frase puesta de esta manera pinta a campaña sucia contra este Estado provincial cuyano. En realidad deja entrever el duro y sórdido pensamiento del Gobierno nacional en general y de la campaña presidencial de Daniel Scioli en particular. Lejos están aquellos luminosos días donde el Gobierno de Francisco Pérez era digno de nombrar en todo acto del país, donde se ponderaba, por sobre todo, la figura del mandatario mendocino. Cuestión que tenía el “cargoso” aditamento de la permanente visita de todo ministro y funcionario, para mostrarle a los mendocinos ese peldaño dorado donde estaba ubicada su provincia en consideraciones y mimos presidenciables.


Lejos tiempos, decíamos, donde “pan y circo” sepultaba intencionalmente los millonarios intereses de todos los mendocinos, carcomidos por una insuficiente coparticipación federal de impuesto que, tal cual actitud de un casino, el poder ejecutivo nacional nunca perdía y solo distribuía esas migajas en todas las provincias. Entre ellas esa Mendoza que hace grandes aportes en regalías petroleras, impuesto al cheque, retenciones a su producción y la totalidad de los impuestos que la nación creo para acrecentar su “exclusiva caja”.


Pero Buenos Aires no actuó con esa reprochable y sectaria actitud en soledad, por eso y apelando a la jerga popular “la culpa no la tuvo el ciervo, sino el que le dio de comer”. Y allí está la clave de todo lo que hoy le está ocurriendo a la provincia. Una amplia mirada que hay que hacer hacia afuera y hacia adentro. Donde se encontrará que san política (cuándo no) mostró el rostro más mezquino en la vida de los mendocinos. Aquí se priorizó, como ya hemos expresado en otras oportunidades, “sacar provecho a esa impensada gobernación que traería personales ventajas en el escenario del país, promocionando a como dé lugar el poder K y la conveniencia de una re reelección presidencial”.


Entonces no se defendió, mucho menos se detuvo con exigencias el grosero drenaje de millones y millones de pesos de los mendocinos que se llevó por “camionadas” la Casa Rosada. Por lo tanto no se cuidaron regalías que nuestro propio territorio otorga en abundancia con el petróleo. Con ello, tampoco se pensó ni planificó una estructura de explotación petrolera que beneficie el “compre provincial”. Esto último queda al descubierto en el extremo sur mendocino donde se extrae petróleo con todo un andamiaje de empresas de la provincia de Neuquén que se ven beneficiadas.


Así ha sido todo y así se han manejado las cuentas de la Provincia en los últimos años. Con dos administraciones (Jaque y Pérez) que solo tuvieron como única acción de gobierno hacia todos los mendocinos ese “inaceptable verbo pronominal” ¡endeudarse! Aunque lamentablemente no fue con sus respectivos patrimonios, los que contrariamente “acrecentaron”, sino que endeudaron a toda una Provincia. Y con ese endeudamiento dejaron bien en claro que Mendoza, el bienestar de sus habitantes, el crecimiento de su producción primaria y de su industria, en definitiva el desarrollo provincial, no estaba en sus objetivos de gobierno.


Nadie puede refutar todo lo expresado a la luz de los acontecimientos que hoy tiene muy angustiada a la provincia. Un inadmisible muestrario que habla solo de problemas para hoy, para mañana, pasado mañana y vaya uno a saber cuando se le mostrará a la gente de aquí, que Mendoza necesita y merece: “¡progreso y bienestar!”.

Por lo pronto solo queda en la retina del país ese desdibujado y manoseado estado provincial cuyano, que dejó de ser catapulta de los dirigentes políticos que se subieron y pisotearon su prestigio de provincia. Y un lugar, de los que desde la Plaza de Mayo no quieren hablar y del que el candidato oficial hace ingente esfuerzo para evitar visitar, sopesa de quedar pegado con las penurias a las que fue sometida la provincia de Mendoza.


Daniel Gallardo – Periodista y productor de Estudio Cooperativa 91.7 y diario El Ciudadano


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La conveniencia de no hablar ni venir a Mendoza

La frase puesta de esta manera pinta a campaña sucia contra este Estado provincial cuyano. En realidad deja entrever el duro y sórdido pensamiento del Gobierno nacional en general y de la campaña presidencial de Daniel Scioli en particular. Lejos están aquellos luminosos días donde el Gobierno de Francisco Pérez era digno de nombrar en todo acto del país, donde se ponderaba, por sobre todo, la figura del mandatario mendocino. Cuestión que tenía el “cargoso” aditamento de la permanente visita de todo ministro y funcionario, para mostrarle a los mendocinos ese peldaño dorado donde estaba ubicada su provincia en consideraciones y mimos presidenciables.

Lejos tiempos, decíamos, donde “pan y circo” sepultaba intencionalmente los millonarios intereses de todos los mendocinos, carcomidos por una insuficiente coparticipación federal de impuesto que, tal cual actitud de un casino, el poder ejecutivo nacional nunca perdía y solo distribuía esas migajas en todas las provincias. Entre ellas esa Mendoza que hace grandes aportes en regalías petroleras, impuesto al cheque, retenciones a su producción y la totalidad de los impuestos que la nación creo para acrecentar su “exclusiva caja”.

Pero Buenos Aires no actuó con esa reprochable y sectaria actitud en soledad, por eso y apelando a la jerga popular “la culpa no la tuvo el ciervo, sino el que le dio de comer”. Y allí está la clave de todo lo que hoy le está ocurriendo a la provincia. Una amplia mirada que hay que hacer hacia afuera y hacia adentro. Donde se encontrará que san política (cuándo no) mostró el rostro más mezquino en la vida de los mendocinos. Aquí se priorizó, como ya hemos expresado en otras oportunidades, “sacar provecho a esa impensada gobernación que traería personales ventajas en el escenario del país, promocionando a como dé lugar el poder K y la conveniencia de una re reelección presidencial”.

Entonces no se defendió, mucho menos se detuvo con exigencias el grosero drenaje de millones y millones de pesos de los mendocinos que se llevó por “camionadas” la Casa Rosada. Por lo tanto no se cuidaron regalías que nuestro propio territorio otorga en abundancia con el petróleo. Con ello, tampoco se pensó ni planificó una estructura de explotación petrolera que beneficie el “compre provincial”. Esto último queda al descubierto en el extremo sur mendocino donde se extrae petróleo con todo un andamiaje de empresas de la provincia de Neuquén que se ven beneficiadas.

Así ha sido todo y así se han manejado las cuentas de la Provincia en los últimos años. Con dos administraciones (Jaque y Pérez) que solo tuvieron como única acción de gobierno hacia todos los mendocinos ese “inaceptable verbo pronominal” ¡endeudarse! Aunque lamentablemente no fue con sus respectivos patrimonios, los que contrariamente “acrecentaron”, sino que endeudaron a toda una Provincia. Y con ese endeudamiento dejaron bien en claro que Mendoza, el bienestar de sus habitantes, el crecimiento de su producción primaria y de su industria, en definitiva el desarrollo provincial, no estaba en sus objetivos de gobierno.

Nadie puede refutar todo lo expresado a la luz de los acontecimientos que hoy tiene muy angustiada a la provincia. Un inadmisible muestrario que habla solo de problemas para hoy, para mañana, pasado mañana y vaya uno a saber cuando se le mostrará a la gente de aquí, que Mendoza necesita y merece: “¡progreso y bienestar!”.
Por lo pronto solo queda en la retina del país ese desdibujado y manoseado estado provincial cuyano, que dejó de ser catapulta de los dirigentes políticos que se subieron y pisotearon su prestigio de provincia. Y un lugar, de los que desde la Plaza de Mayo no quieren hablar y del que el candidato oficial hace ingente esfuerzo para evitar visitar, sopesa de quedar pegado con las penurias a las que fue sometida la provincia de Mendoza.

Daniel Gallardo – Periodista y productor de Estudio Cooperativa 91.7 y diario El Ciudadano

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