Cargando...
Por Redacción

La alegría hecha servicio



Esta semana, El Ciudadano llegó hasta la escuela Monseñor Scalabrini en el departamento Guaymallén, por donde diariamente pasan cerca de 1.000 alumnos en sus tres niveles: Inicial, Primario y Secundario. La institución posee varios proyectos, pero es válido destacar que desde hace años el equipo pedagógico del colegio promueve actividades sociales en escuelas albergue de Lavalle, pasantías en organizaciones de la sociedad civil y voluntariados como el que han realizado en el Hospital Notti, bajo la supervisión del equipo pedagógico integrado por las docentes Daniela Palmieri, Paula García y Claudia Santander. Si bien este voluntariado es el más nuevo de sus emprendimientos, es merecedor de esta nota.


Dulce espera:


Quien no padeció una larga espera en un hospital no sabe de horas que no pasan, frío y calor inaguantable, conversaciones y llantos ajenos que preferíamos no escuchar. A nadie le gusta esperar y menos cuando se está enfermo. Quizás, pensando en la posibilidad de hacer menos tedioso ese momento, tanto para los niños como para los adultos que los acompañan, es que al equipo de docentes de la escuela Monseñor Scalabrini se le ocurrió diagramar un proyecto donde los alumnos de los últimos años se contactaran con esa realidad y lo hicieran de una forma simpática. Alumnos, que como dicen sus docentes, “están agobiados por las responsabilidades del último año, sus preuniversitarios y casi con un pie afuera de la escuela, a punto de enfrentarse con una realidad totalmente distinta a la que conocen”.


“La experiencia de trabajar con las escuelas del desierto lavallino tuvo tan buenos resultados que la bajamos a los chicos de 4º año y decidimos armar algo nuevo, a modo de puente, para los que cursan el último año. Andrea Allolio, vicepresidenta del voluntariado del Notti, nos ofreció hacer una pasantía durante un mes en las islas de espera del centro asistencial pediátrico y fuimos llevando a los alumnos de los dos cursos, mezclados en grupos de 15. Los alumnos elaboraron juegos y actividades, se disfrazaron y lograron entretener a esos chicos y a sus familias, que estaban desde muy temprano esperando un turno, y llevaron dibujos, crucigramas, tatetí, obras de títeres y se generó un microclima excelente, con gente muy agradecida. Para nosotros, la retribución más grande como escuela es escuchar que un chico te diga que esa actividad le llenó el alma. Me suena fuerte esa reflexión”, apuntó Daniela, coordinadora pedagógica y docente.


“La experiencia está buenísima. El año pasado fue un desafío y este es el segundo año que lo hacemos: ingresar a una institución como el Notti, la posibilidad de trabajar con las voluntarias, el desafío de armarlo (porque no sabíamos con que nos íbamos a encontrar ni cuál iba a ser la respuesta de la gente), que la gente nos agradeciera la presencia de nuestros alumnos ahí, que se animaran a hacerles compañía a personas que están desde las 3 de la mañana para obtener un turno con sus chicos que se ponen molestos… el frío, el calor, el hambre son un montón de factores que incomodan cuando ellos esperan”, resumió la docente Paula García.


Resultados:


Tanto Daniela como Paula, docentes que siguen de cerca todo el proceso, pueden asegurar que la experiencia es positiva por donde se la mire: alumnos que se encuentran haciendo “algo” por “alguien” y sintiendo la retribución de la gente, docentes y directivos felices de ser el puente entre los alumnos y la sociedad, y chicos que han mejorado su nivel de autoestima, su relación con el resto de sus compañeros (incluso de otro curso), además de reconocerse a ellos mismos como uno más en la sociedad, son algunos de los logros que apuntan las responsables.


“Es un trabajo que no sé si se palpa, porque no es medible y parece que todo lo que no se cuantifica en esta sociedad no vale”, reflexionó Daniela y agregó: “Es increíble la retribución que sentís, nos han ofrecido llevar actividades para la semana del niño para que sea una semana distinta”.


Por su parte, Paula explicó: “Para los chicos ha sido excelente para desarrollar la capacidad humanística. Trabajar la solidaridad, el compromiso, la responsabilidad, el respeto por el otro y enfrentarlos a una realidad muy diferente a lo que están acostumbrados. Se han encontrado con casos que no ven diariamente; como una vez con una nena que estaba quemada, toda vendada y lejos de asustarse o poner una resistencia se acercaron y se pusieron a jugar con ella”, relató orgullosa de sus alumnos.


“Como profesora, siempre apunto a la solidaridad porque creo que es una capacidad que tenemos. Sólo hay que desarrollarla y para que el chico sea lo que sea el día de mañana siempre puede aportar su granito de arena, hacer su pequeño aporte a la sociedad. Si yo como profesora se lo puedo transmitir es un logro inmenso”, cerró Paula, quien además de licenciada en Recursos Humanos es la Reina Nacional de la Vendimia 2007.


Los protagonistas:


Aprovechamos la visita a la escuela para charlar unos minutos con un grupo de chicos que ha participado de esta experiencia. Florencia, Nahir ,Valentina, Enzo, Lautaro, Camila, Maira y Facundo coinciden en que la actividad les despertó muchos sentimientos, desde el nerviosismo por no saber con qué respuesta se iban a encontrar, hasta la duda de si a quienes esperaban ser atendidos por los médicos del Notti les iba a gustar hacer algunas actividades. También coinciden en que todos plantearon juegos y entretenimientos diferentes y algunos les costó más y a otros menos, pero si hay algo que los unifica en la respuesta es el entusiasmo, las satisfacción de haber hecho un buen trabajo y el infaltable brillo en los ojos de quien siente la felicidad de haber hecho feliz a otro sin pedir nada más que una sonrisa, o simplemente haber cambiado unas lágrimas por un abrazo.


Entre ellos hay futuros médicos, abogados, profesores, trabajadores  sociales, kinesiólogos, etcétera, futuros adultos que ya aprendieron que uno puede ser un profesional pero sin olvidar el servicio, sin dejar de lado las ganas de ayudar y sin perder de vista las cosas que hacen bien al alma y además contagian.


En primera persona:


Frente al desafío de describir en pocas palabras la experiencia, los chicos desde su visión particular y en representación de los 50 que participaron, la describieron así: “Satisfacción, emoción, felicidad, angustia, gusto a poco, ganas de volver”, y contaron que hasta se encontraron con niños que les preguntaban cuándo iban a volver, así les pedían a sus papás que los llevaran de nuevo al hospital. “Es muy linda la sensación que te deja el trabajo voluntario, te vas con el alma llena”, aseguraron.


comentarios

Compartir en facebook
Compartir en twitter
imagen
imagen
imagen
imagen

La alegría hecha servicio

Esta semana, El Ciudadano llegó hasta la escuela Monseñor Scalabrini en el departamento Guaymallén, por donde diariamente pasan cerca de 1.000 alumnos en sus tres niveles: Inicial, Primario y Secundario. La institución posee varios proyectos, pero es válido destacar que desde hace años el equipo pedagógico del colegio promueve actividades sociales en escuelas albergue de Lavalle, pasantías en organizaciones de la sociedad civil y voluntariados como el que han realizado en el Hospital Notti, bajo la supervisión del equipo pedagógico integrado por las docentes Daniela Palmieri, Paula García y Claudia Santander. Si bien este voluntariado es el más nuevo de sus emprendimientos, es merecedor de esta nota.

Dulce espera:

Quien no padeció una larga espera en un hospital no sabe de horas que no pasan, frío y calor inaguantable, conversaciones y llantos ajenos que preferíamos no escuchar. A nadie le gusta esperar y menos cuando se está enfermo. Quizás, pensando en la posibilidad de hacer menos tedioso ese momento, tanto para los niños como para los adultos que los acompañan, es que al equipo de docentes de la escuela Monseñor Scalabrini se le ocurrió diagramar un proyecto donde los alumnos de los últimos años se contactaran con esa realidad y lo hicieran de una forma simpática. Alumnos, que como dicen sus docentes, “están agobiados por las responsabilidades del último año, sus preuniversitarios y casi con un pie afuera de la escuela, a punto de enfrentarse con una realidad totalmente distinta a la que conocen”.

“La experiencia de trabajar con las escuelas del desierto lavallino tuvo tan buenos resultados que la bajamos a los chicos de 4º año y decidimos armar algo nuevo, a modo de puente, para los que cursan el último año. Andrea Allolio, vicepresidenta del voluntariado del Notti, nos ofreció hacer una pasantía durante un mes en las islas de espera del centro asistencial pediátrico y fuimos llevando a los alumnos de los dos cursos, mezclados en grupos de 15. Los alumnos elaboraron juegos y actividades, se disfrazaron y lograron entretener a esos chicos y a sus familias, que estaban desde muy temprano esperando un turno, y llevaron dibujos, crucigramas, tatetí, obras de títeres y se generó un microclima excelente, con gente muy agradecida. Para nosotros, la retribución más grande como escuela es escuchar que un chico te diga que esa actividad le llenó el alma. Me suena fuerte esa reflexión”, apuntó Daniela, coordinadora pedagógica y docente.

“La experiencia está buenísima. El año pasado fue un desafío y este es el segundo año que lo hacemos: ingresar a una institución como el Notti, la posibilidad de trabajar con las voluntarias, el desafío de armarlo (porque no sabíamos con que nos íbamos a encontrar ni cuál iba a ser la respuesta de la gente), que la gente nos agradeciera la presencia de nuestros alumnos ahí, que se animaran a hacerles compañía a personas que están desde las 3 de la mañana para obtener un turno con sus chicos que se ponen molestos… el frío, el calor, el hambre son un montón de factores que incomodan cuando ellos esperan”, resumió la docente Paula García.

Resultados:

Tanto Daniela como Paula, docentes que siguen de cerca todo el proceso, pueden asegurar que la experiencia es positiva por donde se la mire: alumnos que se encuentran haciendo “algo” por “alguien” y sintiendo la retribución de la gente, docentes y directivos felices de ser el puente entre los alumnos y la sociedad, y chicos que han mejorado su nivel de autoestima, su relación con el resto de sus compañeros (incluso de otro curso), además de reconocerse a ellos mismos como uno más en la sociedad, son algunos de los logros que apuntan las responsables.

“Es un trabajo que no sé si se palpa, porque no es medible y parece que todo lo que no se cuantifica en esta sociedad no vale”, reflexionó Daniela y agregó: “Es increíble la retribución que sentís, nos han ofrecido llevar actividades para la semana del niño para que sea una semana distinta”.

Por su parte, Paula explicó: “Para los chicos ha sido excelente para desarrollar la capacidad humanística. Trabajar la solidaridad, el compromiso, la responsabilidad, el respeto por el otro y enfrentarlos a una realidad muy diferente a lo que están acostumbrados. Se han encontrado con casos que no ven diariamente; como una vez con una nena que estaba quemada, toda vendada y lejos de asustarse o poner una resistencia se acercaron y se pusieron a jugar con ella”, relató orgullosa de sus alumnos.

“Como profesora, siempre apunto a la solidaridad porque creo que es una capacidad que tenemos. Sólo hay que desarrollarla y para que el chico sea lo que sea el día de mañana siempre puede aportar su granito de arena, hacer su pequeño aporte a la sociedad. Si yo como profesora se lo puedo transmitir es un logro inmenso”, cerró Paula, quien además de licenciada en Recursos Humanos es la Reina Nacional de la Vendimia 2007.

Los protagonistas:

Aprovechamos la visita a la escuela para charlar unos minutos con un grupo de chicos que ha participado de esta experiencia. Florencia, Nahir ,Valentina, Enzo, Lautaro, Camila, Maira y Facundo coinciden en que la actividad les despertó muchos sentimientos, desde el nerviosismo por no saber con qué respuesta se iban a encontrar, hasta la duda de si a quienes esperaban ser atendidos por los médicos del Notti les iba a gustar hacer algunas actividades. También coinciden en que todos plantearon juegos y entretenimientos diferentes y algunos les costó más y a otros menos, pero si hay algo que los unifica en la respuesta es el entusiasmo, las satisfacción de haber hecho un buen trabajo y el infaltable brillo en los ojos de quien siente la felicidad de haber hecho feliz a otro sin pedir nada más que una sonrisa, o simplemente haber cambiado unas lágrimas por un abrazo.

Entre ellos hay futuros médicos, abogados, profesores, trabajadores  sociales, kinesiólogos, etcétera, futuros adultos que ya aprendieron que uno puede ser un profesional pero sin olvidar el servicio, sin dejar de lado las ganas de ayudar y sin perder de vista las cosas que hacen bien al alma y además contagian.

En primera persona:

Frente al desafío de describir en pocas palabras la experiencia, los chicos desde su visión particular y en representación de los 50 que participaron, la describieron así: “Satisfacción, emoción, felicidad, angustia, gusto a poco, ganas de volver”, y contaron que hasta se encontraron con niños que les preguntaban cuándo iban a volver, así les pedían a sus papás que los llevaran de nuevo al hospital. “Es muy linda la sensación que te deja el trabajo voluntario, te vas con el alma llena”, aseguraron.

comentarios

imagen imagen
Login