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Juana, la ignota
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Por Redacción

Juana, la ignota



Cuando a quien escribe le dijeron que se proyectaba un documental sobre la fundadora de la Compañía de María, se imaginó una versión extensa llena de años y momentos históricos. Pero Pablo Zubizarreta, director de Juana de Lestonnac, o morir o actuar, se encarga de explicar que esta versión poco tiene que ver con el formato clásico de documental.

“A la hora de armar este trabajo, las premisas fueron dos: contar la vida de Juana y hablar de la realidad hoy de la Compañía de María. Quería mostrar que su obra no es el pasado muerto, sino vivo y está en acción. Así decidimos armarlo… Teníamos que delimitar qué historia contar, porque la Compañía de María tiene 400 años… Elegimos partir desde el pasado reciente, narrando las situaciones y un panorama amplio de qué es lo que sucedió, cómo fue que esas ideas francesas se fueron adaptando”, cuenta el director.

Explayándose un poco sobre el rodaje, Zubizarreta añadió: “Vamos desde el Congo, en la frontera con Ruanda, hasta Tokio, pasando por Francia, España, Inglaterra y Colombia. Es un collage, una visión de lo que significa la Compañía de María”.


-¿Por qué decidiste rodar sobre la Compañía?

-Mi hermana es de la congregación, es religiosa y a mi me intrigaba el tema de la vocación religiosa. Hoy, en el mundo hay cada vez menos vocación. Sin embargo me encontré con que en Paraguay y El Congo, por ejemplo, las vocaciones crecen, pero en Europa no. Era algo que me llamaba la atención, desde lo moderno, entender eso, responder a algunas preguntas. Con motivo de los 400 años, una de las cosas como conclusión, era hacer cine la vida de Juana y mostrarla al mundo. La idea tenía que ver con esa voluntad, me lo propusieron y así se dio.


-Qué podés contar de Juana?

-No es conocida en Burdeos (Francia), su ciudad natal. Fue un personaje de la nobleza, sobrina del célebre escritor humanista Miguel de Montaigne. Sin embargo, antes de morir quemó sus escritos para que sólo continuara su obra. Fue fundada al mismo tiempo que los Jesuitas, tienen puntos de contacto.

Zubizarreta trabajó con Damián Szifrón (creador de Los simuladores y Relatos salvajes), Juan José Campanella (El secreto de sus ojos, Metegol) y Daniel Barone (unitarios de Pol-ka como Poliladron y Son amores). La escuela es interesante, y el aporte en su vida como director es “utilizar un género como la ficción para utilizarlo en el documental, que es informativo, más periodístico. Lo que no está muy explorado es la pelicula-documental. Estos formatos tienen personajes, pueden emocionar, son la misma cosa, pero tienen elaboraciones distintas. Lo tomo y lo aplico desde ese lugar.


-¿Con qué se va a encontrar el público en este trabajo?

-Me parece que es profunda, es interesante porque nos interpela a todos, a través de los tiempos y ‘morir o actuar’ es universal. A la hora de hacerlo tenía muchas preguntas, pero sin embargo, lo que tiene es esa universalidad, nos identificamos todos. Qué hacemos por los demás, de qué se trata, etcétera. Cuenta historias de personas particulares muy puntuales del ambiente latinoamericano.


-¿La Iglesia te limitó en algunas cosas?

-No, me sirvió de guía, tuve mucha libertad y tuve muy cerca a las hermanas de la Compañía. Hubo muchos libros, canciones, de todo. Pero esta es la primera película, tiene esa trascendencia. Hoy lo audiovisual se asemeja a la historia oficial. La masividad de lo audiovisual te acerca mucho a los chicos también.


-La película se proyectó en Medellín y Buenos Aires, ¿qué repercusiones tuvo?

Yo pensé que era como para mayores de 16 años, por la ideología que transmite. Pero me sorprendí porque los chicos entre 6 y 10 años se quedaron mirando todo, atornillados a la silla. Hay algo que se transmite y los chicos lo captan. Es algo muy loco./ Fernanda Verdeslago

La ficha: 20.30, en el teatro La Compañía (San Martín 2494, Ciudad).


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Juana, la ignota

Cuando a quien escribe le dijeron que se proyectaba un documental sobre la fundadora de la Compañía de María, se imaginó una versión extensa llena de años y momentos históricos. Pero Pablo Zubizarreta, director de Juana de Lestonnac, o morir o actuar, se encarga de explicar que esta versión poco tiene que ver con el formato clásico de documental.
“A la hora de armar este trabajo, las premisas fueron dos: contar la vida de Juana y hablar de la realidad hoy de la Compañía de María. Quería mostrar que su obra no es el pasado muerto, sino vivo y está en acción. Así decidimos armarlo… Teníamos que delimitar qué historia contar, porque la Compañía de María tiene 400 años… Elegimos partir desde el pasado reciente, narrando las situaciones y un panorama amplio de qué es lo que sucedió, cómo fue que esas ideas francesas se fueron adaptando”, cuenta el director.
Explayándose un poco sobre el rodaje, Zubizarreta añadió: “Vamos desde el Congo, en la frontera con Ruanda, hasta Tokio, pasando por Francia, España, Inglaterra y Colombia. Es un collage, una visión de lo que significa la Compañía de María”.

-¿Por qué decidiste rodar sobre la Compañía?
-Mi hermana es de la congregación, es religiosa y a mi me intrigaba el tema de la vocación religiosa. Hoy, en el mundo hay cada vez menos vocación. Sin embargo me encontré con que en Paraguay y El Congo, por ejemplo, las vocaciones crecen, pero en Europa no. Era algo que me llamaba la atención, desde lo moderno, entender eso, responder a algunas preguntas. Con motivo de los 400 años, una de las cosas como conclusión, era hacer cine la vida de Juana y mostrarla al mundo. La idea tenía que ver con esa voluntad, me lo propusieron y así se dio.

-Qué podés contar de Juana?
-No es conocida en Burdeos (Francia), su ciudad natal. Fue un personaje de la nobleza, sobrina del célebre escritor humanista Miguel de Montaigne. Sin embargo, antes de morir quemó sus escritos para que sólo continuara su obra. Fue fundada al mismo tiempo que los Jesuitas, tienen puntos de contacto.
Zubizarreta trabajó con Damián Szifrón (creador de Los simuladores y Relatos salvajes), Juan José Campanella (El secreto de sus ojos, Metegol) y Daniel Barone (unitarios de Pol-ka como Poliladron y Son amores). La escuela es interesante, y el aporte en su vida como director es “utilizar un género como la ficción para utilizarlo en el documental, que es informativo, más periodístico. Lo que no está muy explorado es la pelicula-documental. Estos formatos tienen personajes, pueden emocionar, son la misma cosa, pero tienen elaboraciones distintas. Lo tomo y lo aplico desde ese lugar.

-¿Con qué se va a encontrar el público en este trabajo?
-Me parece que es profunda, es interesante porque nos interpela a todos, a través de los tiempos y ‘morir o actuar’ es universal. A la hora de hacerlo tenía muchas preguntas, pero sin embargo, lo que tiene es esa universalidad, nos identificamos todos. Qué hacemos por los demás, de qué se trata, etcétera. Cuenta historias de personas particulares muy puntuales del ambiente latinoamericano.

-¿La Iglesia te limitó en algunas cosas?
-No, me sirvió de guía, tuve mucha libertad y tuve muy cerca a las hermanas de la Compañía. Hubo muchos libros, canciones, de todo. Pero esta es la primera película, tiene esa trascendencia. Hoy lo audiovisual se asemeja a la historia oficial. La masividad de lo audiovisual te acerca mucho a los chicos también.

-La película se proyectó en Medellín y Buenos Aires, ¿qué repercusiones tuvo?
Yo pensé que era como para mayores de 16 años, por la ideología que transmite. Pero me sorprendí porque los chicos entre 6 y 10 años se quedaron mirando todo, atornillados a la silla. Hay algo que se transmite y los chicos lo captan. Es algo muy loco./ Fernanda Verdeslago
La ficha: 20.30, en el teatro La Compañía (San Martín 2494, Ciudad).

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