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Jornada decisiva: La UCR aspira a diferenciarse de la mediocridad dominante
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Por Redacción

Jornada decisiva: La UCR aspira a diferenciarse de la mediocridad dominante



Este sábado, el radicalismo se juega su carta más decisiva de cara a las próximas elecciones. No es casualidad que desde todos los sectores políticos del país se mire con expectativa hacia Gualeguaychú. De lo que resulte de esa convención depende no sólo el destino de la UCR, sino lo que ocurra en la política argentina de los próximos meses.


El único partido político

El desorden político del país es muy grave y sin duda responde, en gran medida, a la crisis de los partidos políticos. En su momento, en los comienzos de la década pasada, se habló de la desaparición de los partidos tradicionales. Por supuesto, cuando se arriesgan esas desmesuras, nadie es capaz de mostrar también bajo qué condiciones se puede sostener un sistema democrático carente de partidos políticos. Éstos son una necesidad de la democracia moderna.


En aquella época parecía ser el radicalismo, el partido que más peligro corría de desmembrarse. La fallida experiencia de la ‘Alianza’ había dejado una huella profunda. Una cicatriz que ha tardado en sanar, principalmente, por la fuerza con que se machacó y sacó leña del árbol caído desde distintos sectores de la política nacional. Siempre es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.


Se le quisieron endilgar al radicalismo todos los errores y todas las culpas, como si de pronto, los responsables de una década de fracasos y desencuentros se convirtieran en viajeros recién llegados de otro mundo.


Hoy, afortunadamente, la realidad lo desmiente y la gente ha advertido cuánto de verdad y cuánto de mentira hay en el relato que se ha pretendido instalar y nos encontramos con la UCR como el único partido organizado y con estructura territorial que queda. Tan así es, que se da el lujo de reunir una Convención Nacional para resolver sus diferencias internas de la manera más democrática posible.


Las perspectivas parecen haber cambiado dramáticamente. Sin embargo esto, que es lo más normal del mundo en cualquier partido político democrático que se precie, aquí quiere describirse como desorden o desencuentro, desde sectores que se alinean sin chistar detrás de dirigentes que arman listas a dedo. Nos preguntamos a qué modelo de democracia aspiran los que así se piensan.


La dispersión del peronismo –aunque negada sistemáticamente desde las diversas particiones del propio justicialismo-, está a la vista y ha convertido al partido de Perón en apenas un sello de goma a disputar por vertientes (ismos) y corrientes ideológicas completamente antagónicas.


La Argentina adolece hoy de una democracia precaria, no sólo por carencia de impronta republicana, también por la ausencia de un sistema de partidos políticos verdaderamente representativos de una parte importante de la ciudadanía.


Oportunidad de diferenciarse

Los personalismos y el populismo han apuntado directamente sobre esa construcción verdaderamente republicana, representativa y federal que son los partidos políticos. Por eso, las alternativas que hoy se presentan son todas personalistas, menos una, la de la UCR.


Lo que en otra época era la excepción se ha convertido en regla. Macrismo, Massismo y Sciolismo han reemplazado (están pretendiendo reemplazar) a los partidos políticos. Pero son ismos que ya no alcanzan ni siquiera para interpretar la realidad teórica de nuestra sociedad.


La UCR parece haber advertido esta anomalía que se repite periódicamente en nuestro país y que indefectiblemente cae en populismo, como ha pasado tantas veces. Para cambiar la historia hace falta algo más; hace falta un plus, que no tienen ni Massa ni Macri y, menos aún Scioli, que es la viva imagen de la continuidad. Nada va a cambiar si el próximo presidente no proviene de un partido político plural y legítimamente constituido.


El verdadero cambio procederá del consenso, trabajado y tejido en las entrañas de un partido político fuerte, y que sea capaz de sostener a sus candidatos a la sombra de los principios democráticos y republicanos. Que evite desviaciones y tentaciones. Que marque los andariveles por donde debe discurrir la vida política en democracia.


¿Logrará la UCR superar sus diferencias internas y encaminarse hacia la conquista de ese espacio democrático y plural vacante en la Argentina? Creemos que sí, pero todo dependerá de la inteligencia y la prudencia de los dirigentes reunidos este próximo sábado 14 de marzo en la ciudad de Gualeguaychú.


Para dirimir las internas están las PASO. Mañana, la UCR deberá definir de qué manera se enfrentará a vertientes políticas que responden a partidos que ya no son o que todavía no están consolidados a nivel nacional, y que sólo pueden ofrecer más de lo mismo. Y, de aliarse a algunas de ellas, bajo qué condiciones lo hará.


Una propuesta que satisfaga la voluntad de la gente, que está harta de personalismos y populismo, no necesariamente debe estar referida solamente a candidaturas o a posibles alianzas. Debe, sobre todo, definir los postulados sobre los que se sostendrán esos acuerdos o alianzas electorales.


Si los radicales reunidos en Gualeguaychú, se dejan arrebatar esta oportunidad, es porque habrán cedido a las presiones y el acoso de las otras fuerzas políticas carentes de estructura. Todas las miradas estarán puestas en la Convención, mañana la UCR tendrá la oportunidad de diferenciarse claramente de la mediocridad dominante en toda la política nacional.


Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional


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Jornada decisiva: La UCR aspira a diferenciarse de la mediocridad dominante

Este sábado, el radicalismo se juega su carta más decisiva de cara a las próximas elecciones. No es casualidad que desde todos los sectores políticos del país se mire con expectativa hacia Gualeguaychú. De lo que resulte de esa convención depende no sólo el destino de la UCR, sino lo que ocurra en la política argentina de los próximos meses.

El único partido político
El desorden político del país es muy grave y sin duda responde, en gran medida, a la crisis de los partidos políticos. En su momento, en los comienzos de la década pasada, se habló de la desaparición de los partidos tradicionales. Por supuesto, cuando se arriesgan esas desmesuras, nadie es capaz de mostrar también bajo qué condiciones se puede sostener un sistema democrático carente de partidos políticos. Éstos son una necesidad de la democracia moderna.

En aquella época parecía ser el radicalismo, el partido que más peligro corría de desmembrarse. La fallida experiencia de la ‘Alianza’ había dejado una huella profunda. Una cicatriz que ha tardado en sanar, principalmente, por la fuerza con que se machacó y sacó leña del árbol caído desde distintos sectores de la política nacional. Siempre es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.

Se le quisieron endilgar al radicalismo todos los errores y todas las culpas, como si de pronto, los responsables de una década de fracasos y desencuentros se convirtieran en viajeros recién llegados de otro mundo.

Hoy, afortunadamente, la realidad lo desmiente y la gente ha advertido cuánto de verdad y cuánto de mentira hay en el relato que se ha pretendido instalar y nos encontramos con la UCR como el único partido organizado y con estructura territorial que queda. Tan así es, que se da el lujo de reunir una Convención Nacional para resolver sus diferencias internas de la manera más democrática posible.

Las perspectivas parecen haber cambiado dramáticamente. Sin embargo esto, que es lo más normal del mundo en cualquier partido político democrático que se precie, aquí quiere describirse como desorden o desencuentro, desde sectores que se alinean sin chistar detrás de dirigentes que arman listas a dedo. Nos preguntamos a qué modelo de democracia aspiran los que así se piensan.

La dispersión del peronismo –aunque negada sistemáticamente desde las diversas particiones del propio justicialismo-, está a la vista y ha convertido al partido de Perón en apenas un sello de goma a disputar por vertientes (ismos) y corrientes ideológicas completamente antagónicas.

La Argentina adolece hoy de una democracia precaria, no sólo por carencia de impronta republicana, también por la ausencia de un sistema de partidos políticos verdaderamente representativos de una parte importante de la ciudadanía.

Oportunidad de diferenciarse
Los personalismos y el populismo han apuntado directamente sobre esa construcción verdaderamente republicana, representativa y federal que son los partidos políticos. Por eso, las alternativas que hoy se presentan son todas personalistas, menos una, la de la UCR.

Lo que en otra época era la excepción se ha convertido en regla. Macrismo, Massismo y Sciolismo han reemplazado (están pretendiendo reemplazar) a los partidos políticos. Pero son ismos que ya no alcanzan ni siquiera para interpretar la realidad teórica de nuestra sociedad.

La UCR parece haber advertido esta anomalía que se repite periódicamente en nuestro país y que indefectiblemente cae en populismo, como ha pasado tantas veces. Para cambiar la historia hace falta algo más; hace falta un plus, que no tienen ni Massa ni Macri y, menos aún Scioli, que es la viva imagen de la continuidad. Nada va a cambiar si el próximo presidente no proviene de un partido político plural y legítimamente constituido.

El verdadero cambio procederá del consenso, trabajado y tejido en las entrañas de un partido político fuerte, y que sea capaz de sostener a sus candidatos a la sombra de los principios democráticos y republicanos. Que evite desviaciones y tentaciones. Que marque los andariveles por donde debe discurrir la vida política en democracia.

¿Logrará la UCR superar sus diferencias internas y encaminarse hacia la conquista de ese espacio democrático y plural vacante en la Argentina? Creemos que sí, pero todo dependerá de la inteligencia y la prudencia de los dirigentes reunidos este próximo sábado 14 de marzo en la ciudad de Gualeguaychú.

Para dirimir las internas están las PASO. Mañana, la UCR deberá definir de qué manera se enfrentará a vertientes políticas que responden a partidos que ya no son o que todavía no están consolidados a nivel nacional, y que sólo pueden ofrecer más de lo mismo. Y, de aliarse a algunas de ellas, bajo qué condiciones lo hará.

Una propuesta que satisfaga la voluntad de la gente, que está harta de personalismos y populismo, no necesariamente debe estar referida solamente a candidaturas o a posibles alianzas. Debe, sobre todo, definir los postulados sobre los que se sostendrán esos acuerdos o alianzas electorales.

Si los radicales reunidos en Gualeguaychú, se dejan arrebatar esta oportunidad, es porque habrán cedido a las presiones y el acoso de las otras fuerzas políticas carentes de estructura. Todas las miradas estarán puestas en la Convención, mañana la UCR tendrá la oportunidad de diferenciarse claramente de la mediocridad dominante en toda la política nacional.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional

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